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La guerra en Irán. Deseos y realidades

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por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Se dicen muchas cosas, pero no se sabe a ciencia cierta si la decisión de atacar Irán
ha sido un error de cálculo sobre la base de información que la CIA le entregó a
Trump afirmando que Irán era frágil y en esa medida, un objetivo fácil de derrotar. O
podría haber sido todo lo contrario, que el Pentágono le alertara en torno a los riesgos
que significaba una operación militar de gran alcance en términos de la estabilidad
estratégica de Estados Unidos y que Trump lo desechara habida cuenta de su obsesiva
disposición de poner al mundo bajo sus pies.

También se dice que Netanyahu le informó a Trump que el sábado 28 en la mañana el
líder de Irán se reuniría con el Alto Mando en un lugar que la inteligencia israelí había
detectado y que era la oportunidad de suprimirlo definitivamente. Esta información
habría sido corroborada por la CIA llevando a Trump a tomar la decisión.

Lo que si está claro es que la principal fuente de información de Estados Unidos en el
Asia Occidental es Israel que utiliza tal instrumento como herramienta de manejo de
las decisiones de Estados Unidos. Por supuesto, el Mosad sionista guarda como un
tesoro las miles de fotos y videos que durante años le proporcionó Jeffrey Epstein, lo
cual le permite manejar a favor de sus intereses a cualquier líder mundial de la
política, las finanzas, la economía y la diplomacia, Trump incluido.

En esa medida, Israel “convenció” a Trump de que la capacidad misilística iraní era
exigua cuando en realidad el país persa tiene decenas de miles de ellos, de 18 tipos
distintos, con diferente potencial, capacidad de carga, distancia y velocidad de vuelo.
Desde 2003 cuando se produjo el ataque de Estados Unidos a Irak, el liderazgo iraní
comprendió que un enfrentamiento directo con Estados Unidos era inevitable en el
tiempo y comenzó a prepararse con celeridad pero con paciencia para ello. Por esto,
procedió al diseño y construcción de las ciudades misilísticas móviles subterráneas.

Es inevitable preguntarse ¿Cómo pueden ser móviles? Lo son porque al tener múltiples
entradas y salidas comunicadas entre si por kilómetros de túneles, los misiles pueden
emerger por cualquier lugar para ser disparados. De igual manera, Irán ha producido
durante más de 20 años una cantidad indefinida de drones que se supone son varios
cientos de miles que le garantizan la realización de un ataque permanente durante
varias semanas y meses en contra de un potencial enemigo.

Otro error de cálculo en el que incurrió Trump fue la suposición de que existían
fuertes contradicciones en la cúpula iraní ya que la gran mayoría de la población
rechazaba el liderazgo de la república islámica. Si había dudas al respecto, al precio
de su propia vida, el mismo ayatola Khamenei se encargó de demostrar la falsedad de
esta aseveración. Pudo haberse escondido bajo tierra, sabía que estaba en la mira del
odio sionista y estadounidense pero haciendo una última contribución a la lucha de su
pueblo y de los musulmanes chiitas de todo el mundo, prefirió inmolarse para erigirse
en bastión indestructible de unidad nacional para su país y para el chiismo en general.
Hoy Irán enfrenta la agresión como un puño único que incluye también a sunitas,
católicos y hasta judíos que viven y son ciudadanos de la república islámica.

Trump equivocadamente supuso que el martirio de Khamenei supondría el descalabro y
la desaparición de la república islámica. Sócrates afirmó que: “La verdadera sabiduría
está en reconocer la propia ignorancia”. Algo que Trump jamás haría. Su personalidad
no se lo permite. Por eso, antes del inicio de la agresión del 28 de febrero le preguntó
a su negociador con Irán, Steve Witkoff porque Irán no “había capitulado” ante la
enorme presión a la que estaba sometido cuando se había producido el mayor
despliegue militar estadounidense en la historia desde la invasión de Irak.

Hoy, cuando la agresión militar se hizo efectiva e Irán está siendo sometido a una
brutal campaña de bombardeos, se sigue preguntando lo mismo sin entender que el
proceso de sustitución de los líderes en Irán es casi automático. Es parte de la
preparación que han venido realizando desde hace más de 20 años.

¿Cree alguien que el entramado de instituciones formadas por el Líder Supremo, las
Asambleas de Discernimiento, de Convivencia del Estado y de Sabios, así como el
Consejo de Guardianes y los tres poderes del Estado establecidos en la Constitución y
que sustentan el sistema puede ser destruido por el asesinato de su líder, de sus
dirigentes principales o incluso de toda la cúpula de dirección del país? En Irán cada
puesto de responsabilidad tiene definido de antemano, los siguientes cuatro sustitutos
en caso de desaparición del titular.

Si se quisiera establecer una comparación con la democracia occidental que propone la
separación de poderes, en Irán el sistema apunta al equilibrio de los poderes. Así, la
Asamblea de Sabios puede destituir al Líder Supremo. Éste designa a los ayatolás del
Consejo de Guardianes y a la máxima autoridad del Poder Judicial. A su vez, el líder
del Poder Judicial es quien propone a los constitucionalistas que van a formar parte
del Consejo de Guardianes. Y de igual manera los candidatos a la Asamblea de Sabios

deben ser aprobados por el Consejo de Guardianes. Se puede concluir que no hay
ninguna autoridad con poder eterno, no hay autoridad que no haya sido electa y no hay
autoridad que posea el poder absoluto. El mismo debe ser compartido a través del
equilibrio en el funcionamiento de todos para que no haya ninguno que esté por encima
de los demás.

Intentando dar una mirada de mediano y largo plazo del conflicto, primero nos
deberíamos preguntar ¿Qué está ocurriendo ahora? Tras la agresión sionista-
estadounidense y tal como fue anunciado previamente por el gobierno iraní, ante esa
eventualidad, el estrecho de Ormuz fue cerrado por la fuerza naval persa para el paso
de embarcaciones no autorizadas. Sin embargo, hasta ahora lo que se ha informado es
acerca del poder dominante de la Armada de Estados Unidos, cuando la realidad es
que el mismo tiene severas limitaciones que se pondrán en efecto en las próximas
semanas.

Vale decir que ese poder superlativo no ha podido impedir la paralización de Ormuz
por donde transita el 21% de la energía del planeta. Trump incluso anunció que su
Gobierno ofrecerá seguros de riesgo político “a un precio razonable” y, en algunos
casos, escolta militar para el comercio marítimo que transite por el estrecho de
Ormuz, paralizado por Irán en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel.
Como respuesta, un alto jefe naval persa lo conminó a hacerlo. Esta situación se
seguirá tensionando, sobre todo porque la principal fuente logística de la Armada de
Estados Unidos en la región era la base de la V Flota en Bahréin que fue destruida o
severamente dañada por Irán. Incluso los barcos que están represados al interior del
Golfo no la pueden utilizar.

La alternativa para los que están fuera, en el golfo de Omán o el mar Arábigo, es ir a
repostar a la base naval estadounidense de Diego García en un territorio usurpado
ilegalmente por el Reino Unido y perteneciente a Mauricio, una nación insular en el
Océano Índico. Esta base se encuentra a tres días de navegación de ida y tres de
vuelta lo cual le daría a Irán una valiosa semana en caso de que el conflicto se
prolongara.

Por otro lado, un factor a favor de Irán es que está combatiendo en territorio propio
mientras que Estados Unidos depende del extranjero sobre todo ahora que su red de
bases militares en la región ha sido destruida o duramente deteriorada. Eso también
es un componente que manifiesta vulnerabilidad.

En otro ámbito, en lo que parece ser el elemento que definirá el conflicto, que a mi
entender es el de la mejor utilización de los medios de combate y el despliegue más
adecuado de la logística, se está desarrollando una fuerte campaña mediática con la
cual Estados Unidos pretende sembrar una realidad que solo el tiempo validará. Esta
guerra se desarrolla en un ámbito del uso del componente bélico aéreo como base
fundamental para golpear al enemigo. Así, en la medida que no hay tropas sobre el
terreno, la aviación, los misiles, los drones y las baterías antiaéreas juegan el papel
fundamental.

En este sentido, la superioridad de la alianza sionista-estadounidense en materia de
aviación es avasalladora y es comprensible porque esa es un arma ofensiva por
excelencia que Estados Unidos ha desarrollado acorde a sus principios doctrinarios
agresivos e intervencionistas. Esto es lo que le permitió al secretario de Guerra Pete
Hegseth afirmar ayer 3 de marzo que: “En menos de una semana, Estados Unidos. e
Israel tendrán el control total del espacio aéreo iraní”.

Pero en el campo de drones, misiles y armamento antiaéreo que juegan un papel
relevante como instrumentos defensivos -aunque los dos primeros también pueden
jugar un papel ofensivo- la situación se empareja y es donde Irán puede sacar
ventajas por estar combatiendo en su territorio.

La aviación sionista-estadounidense debe servirse de las bases militares de Estados
Unidos en la región para su reposición en combustible y municiones. En tanto tales
instalaciones han sido duramente golpeados por Irán, los ataques aéreos provenientes
de bases terrestres deben ser repostados en vuelo una y hasta dos veces, lo cual
obliga a una logística de gran nivel que no se sabe hasta cuando serán capaces de
sostener habida cuenta de las nefastas experiencias del pasado.

En materia de combate antiaéreo se necesitan 2-3 misiles interceptores Patriot PAC-
3 o THAAD para derribar un misil o un dron iraní. El inventario total de THAAD
asciende a 646 misiles (esto incluye las reservas que Estados Unidos necesita para su
propia defensa) con una capacidad de producción anual de solo 96. En junio de 2025,
150 misiles (23%) fueron gastados en 12 días en la guerra contra Irán. Sólo se trata
de extrapolar esta cifra considerando que los combates, son hoy muy superiores a los
del año pasado.

Aunque Washington ha instado al complejo militar industrial a elevar aceleradamente
la producción, lo más elevado a lo que se ha comprometido la industria es a fabricar
400 anuales. Reponer esos inventarios tomaría más de cuatro años. En el caso de los

Patriot PAC-3 en 2025 se produjeron alrededor de 800 unidades, con planes de
elevarla a 1.130 solo en 2027. En cuanto a los misiles de ataque Tomahawk, el
inventario es de menos de 1.200, solo un tercio del pico de 2020 que fue de
aproximadamente 3.600.

El propio Marco Rubio afirmó que "los iraníes fabrican 100 misiles mensualmente,
mientras que nosotros producimos entre 6 a 7 interceptores al mes". En resumen, si
Estados Unidos enviara toda su producción a Israel, lo cual es imposible porque el
propio Alto Mando de las Fuerzas Armadas lo impediría, se podría decir que en los
próximos días la dotación de misiles interceptores estará totalmente mermada, toda
vez que la táctica de Irán es enviar enjambres de drones para saturar las defensas
antiaéreas sionistas y agotar las existencias. Solo entonces, Irán sacará lo mejor y
más moderno de su arsenal para atacar.

Supongo que esto es lo que ha llevado a Trump a ir modificando su discurso. El 28 de
febrero dijo: "Ya hemos ganado. Así es como luce un ejército competente". Al día
siguiente 1° de marzo, afirmó: "Teherán en 3-4 días". El lunes 2 de marzo: "4-5
semanas por delante" y ayer 3 de marzo: “Las guerras se pueden librar para siempre".
Esta guerra será larga pero no eterna, es una guerra de desgaste, ganará el que tenga
mejor logística y haga un uso más racional de recursos. Así mismo, influirá el hecho de
que Irán la planificó durante 23 años. Esta es su guerra. No lo fue la de Irak de 2003,
ni la del Líbano de 2006, ni la respuesta a la mal llamada primavera árabe de 2011, ni la
guerra de Arabia Saudita contra Yemen iniciada en 2014, ni siquiera la guerra de Gaza
en 2023. En todas, se vio obligado a involucrarse indirectamente, pero no era su
guerra. Esta si lo es. Es todo o nada.

En esta situación, ¿qué puede hacer Trump? Por supuesto no se rendirá aunque podría
retirarse reivindicando una victoria tal como hizo en junio del año pasado. Podría
buscar un acuerdo negociado, pero Irán se ha sentado en la mesa tres veces y tres
veces ha sido engañado y traicionado como lo ha podido testificar el mundo eterno. La
parte decente del planeta que es la aplastante mayoría y que no está en la “Lista
Epstein” puede además dar fe de la voluntad pacifista de los persas.
Irán ha actuado con total transparencia, confiaron tres veces que estaban negociando
con un interlocutor serio, los lamentables hechos pusieron en evidencia la falsedad y la
perfidia de Estados Unidos, demócratas y republicanos por igual. Y ahora están
haciendo lo que dijeron que iba a hacer si eran atacados. Si Estados Unidos golpea sus
terminales petroleras y sus refinerías , harán lo mismo en todo el Asia Occidental.

Estados Unidos tendrá dificultades en escalar sin correr un riesgo mayor. Lo cierto es
que al día de hoy, 4 de marzo, el plan de Estados Unidos no se ha cumplido: no lograron
producir un cambio de régimen, no han podido evitar la acción de los misiles y los
drones iraníes, no han logrado sostener una cobertura antiaérea eficiente, no han
podido desarrollar la capacidad industrial para suplir las pérdidas y abastecer
adecuadamente a sus fuerzas armadas y no han conseguido paralizar la acción del eje
de la resistencia que en Líbano, Irak, Yemen y otros países se prepara para
contratacar, entre varias razones porque Khamenei era también un líder para ellos.
Con una capacidad industrial limitada, en alguna medida porque las restricciones de
tierras raras de China le impiden un avance más acelerado en la producción, lo que le
queda es desplegar mayor cantidad de aviones, pero las fuerza aéreas no ganan
guerras. No pueden destruir las ciudades subterráneas, tienen que ocuparlas y ya los
hutíes yemenitas con muchos menos recursos, demostraron que un pueblo valiente,
consciente y decidido, puede evitarlo. El que quiera ganar tiene que desplegar fuerzas
terrestres. Irán tiene 1.370.000 hombres y mujeres sobre las armas, sin contar los
millones que desean incorporarse. Si se aplica la clásica relación de 3:1 para la
ofensiva, Estados Unidos necesitaría más de 4 millones de soldados para asegurarse
una victoria. ¿De dónde los saca? ¿Soportaría esto la sociedad estadounidense sin que
antes se produzca una hecatombe interna?

Solo les quedaría el expediente nuclear, pero ahí entramos en otra conversación
porque obligaría a involucrarse a China y a Rusia y a todo la humanidad sana y decente
que es la mayoría. Y no estamos en 1945 , tampoco el liderazgo iraní es la mediocre,
inescrupulosa y cobarde élite japonesa de fines de la segunda guerra mundial.

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