Inicio Análisis y Perspectivas ¡¡¡ “LA GRAN TRAMPA” !!! ¡¡¡ “CON MI PLATA NO!!…” Y...

¡¡¡ “LA GRAN TRAMPA” !!! ¡¡¡ “CON MI PLATA NO!!…” Y “CON MI PLATA SÍ!!” !!!

2
0
por Franco Machiavelo
 
Durante años se instaló una de las campañas psicológicas más eficaces del poder económico: convencer al trabajador de que el verdadero peligro no era el empresario que vive de su esfuerzo, sino el vecino pobre que recibe una ayuda estatal. La operación fue brillante. Se reemplazó la conciencia de clase por el miedo individual. Ya no importaba quién concentraba la riqueza, quién especulaba con la vivienda, quién saqueaba los recursos naturales o quién convertía derechos en negocios; lo importante era repetir como mantra: “que no toquen mi bolsillo”.

Y ahí apareció el ciudadano ideal para el mercado: un individuo aislado, sobreendeudado, agotado, pero convencido de que pertenece moralmente al club de los ricos porque tiene una tarjeta de crédito y un automóvil en 48 cuotas. Un sujeto entrenado para indignarse más por el subsidio ajeno que por la evasión tributaria multimillonaria. El sueño perfecto de las élites: pobres defendiendo privilegios que jamás tendrán.

La ultraderecha entendió algo esencial: no necesitaba educar políticamente a la población; bastaba con estimular el narcisismo social. Convertir cada discusión colectiva en una paranoia privada. “Te quitarán lo tuyo”, decían. Como si el trabajador chileno estuviera sentado sobre una montaña de oro y no sobre décadas de salarios precarizados, pensiones miserables y servicios básicos convertidos en casinos financieros.

Pero la trampa siempre tuvo letra chica.

Porque mientras gritaban “Con mi plata no”, avanzaban silenciosamente las verdaderas manos metidas en los bolsillos populares: el alza de servicios básicos, la privatización de derechos, la desregulación empresarial, los beneficios tributarios para grandes grupos económicos, la reducción del gasto social y el fortalecimiento de monopolios que convierten necesidades humanas en mercancías obligatorias.

La llamada “reconstrucción nacional” no busca reconstruir a la nación; busca reconstruir la tasa de ganancia de quienes sienten nostalgia de un país obediente, barato y silencioso. Un país donde la gente trabaje más, cobre menos y agradezca el abuso como si fuera patriotismo.

El sarcasmo es brutal: quienes repiten “el Estado te roba” terminan entregando muchísimo más dinero a bancos, AFP, clínicas privadas, autopistas y grandes cadenas. Se asustan por los impuestos progresivos, pero aceptan sin protestar intereses usureros, medicamentos inflados y tarifas diseñadas para enriquecer accionistas. Parecen odiar al Estado… excepto cuando el Estado subsidia empresarios.
La gran victoria cultural del poder fue convencer a muchos trabajadores de que defender millonarios es “defender la libertad”. Y así, mientras algunos celebran discursos sobre orden, patria y seguridad, el bolsillo popular vuelve a financiar la fiesta de siempre: ganancias privadas arriba, sacrificios colectivos abajo.
Porque al final, sí tocarán el bolsillo. Pero no para distribuir riqueza ni garantizar derechos. Lo tocarán para seguir transfiriendo recursos desde quienes producen hacia quienes acumulan. Esa es la verdadera arquitectura del modelo: socializar el esfuerzo y privatizar el beneficio.

Y cuando llegue la cuenta —porque siempre llega— volverán a decir que la culpa es del inmigrante, del pobre, del estudiante, del dirigente social o del empleado público. Nunca del poder económico que convirtió el país en un gran centro comercial administrado por patrones que hablan de libertad mientras viven de la dependencia ajena.
Ahí está la ironía más amarga de todas: millones defendiendo con pasión un sistema que los considera reemplazables, endeudables y descartables. 
 
 
 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.