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La CUT duerme en profundo sueño; ¿despertará algún día?

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Muerto Clotario Blest, muerto Luis Figueroa, muerto el ‘huaso’ Bustos (aquel valiente batallador Manuel Bustos Huerta) la CUT deambuló del entreguismo a la nada misma.

Arturo Alejandro Muñoz

Las nuevas generaciones de chilenos ven en las organizaciones sindicales, y principalmente en las grandes confederaciones de trabajadores, sólo armatostes inservibles de lento accionar y nula influencia en el quehacer nacional. “Una absoluta inutilidad”, dirán muchos. Y tal vez no se equivocan.

El miedo a la libertad (asunto sobre el cual escribió de manera brillante Erich Fromm) ha alcanzado su expresión máxima en nuestro país, no solamente en algunas tiendas políticas otrora izquierdistas y hoy entregadas a los efluvios emanados del dinero dulce, sino, también, en la mismísima principal organización de los trabajadores de Chile, la CUT, organización que ni siquiera se ha transformado en una correa de transmisión de alguna tienda partidista, sino que, definitivamente, sus cuadros directivos junto a sus asesores han arriado banderas que no les pertenecen –ellas son entregadas por la masa laboral en calidad de préstamo y representación- dejando campo libre al avance sin contención de poderosos grupos económicos dispuestos a transformar nuestro país en una especie de “far-west” empresarial, donde el más fuerte (léase ‘más rico’) impone los términos de la convivencia.

Hoy, el sindicalismo prácticamente no existe en Chile. No posee peso específico y ningún sector de la vida nacional lo considera medianamente significativo. Y eso es responsabilidad exclusiva de las dos últimas directivas  CUT y de sus patrones concertacionistas entregados al amansamiento económico de la derecha neoliberal. Y si ello no es ‘incapacidad’ de los dirigentes, entonces se trata, simplemente, de traición a las bases, a la historia y a las luchas del sindicalismo chileno que tuvo momentos gloriosos con la FOCH, la CTCH, la vieja CUT y el Comando Nacional de Trabajadores.

Por cierto, los actuales dirigentes negarán estas afirmaciones. Quizá sea sólo palabra contra palabra…pero la mía es también opinión basada en hechos acontecidos en el pasado cercano y que hoy estructuran un oscuro presente para los trabajadores. Mucha y turbia agua ha corrido bajo los puentes del sindicalismo desde el año 1987 al día de hoy.

Entre esa fecha y hoy, falleció el tripartismo laboral. Entre una y otra fecha se asfixió la historia del sindicalismo, y se ahogó la presión que el mundo del trabajo sabía ponerle a los gobiernos de turno, en beneficio de la dignidad laboral y de mejoras salariales que -se supone a través de Negociaciones Colectivas (hoy en absoluta retirada)- permitían estrechar la brecha económica y mejorar la distribución del ingreso. Si nos basamos en los hechos concretos más allá de los discursos, la actual CUT nunca movió un dedo por ello.

 Lo que nadie en la CUT puede negar, es que definitivamente la directiva que encabezó  Arturo Martínez fue la que comenzó a ceder dócilmente a los requerimientos de la entonces gobernante Concertación, bloque político que como bien sabemos se jugó a rajatabla en contra de los trabajadores para preservar el modelo económico y tener un puesto en la mesa de las repartijas que atiende, sirve y administra la derecha dura.

Muerto Clotario Blest, muerto Luis Figueroa, muerto aquel valiente batallador Manuel Bustos Huerta, la CUT deambuló del entreguismo a la nada misma, que es lo que hoy representa en el concierto nacional gracias a la meliflua administración de una directiva que pretende actuar con ’academicismo político’, pero en honor a la verdad lo hace sólo con  pusilanimidad tal, que incluso arranca aplausos de la parte patronal.

La directiva que encabeza la elocuente y discursiva Bárbara Figueroa brilló por su ausencia durante las semanas del estallido social. Al parecer, no le agradó que fuera el pueblo unido, sin partidos, quien llevara las banderas y lenguajeara las demandas. Lo mismo sucedió con la CTC (Confederación de Trabajadores del Cobre). Un mutismo que indignó al respetable. Es que ambos, CUT y CTC, sienten ser miembros de la aristocracia del sindicalismo planetario y estar muy por encima de federaciones y sindicatos de variopintas áreas de la producción de bienes y servicios.

Doña Bárbara tampoco ha extremado sus esfuerzos en cuanto a acosar a un gobierno que incumple vergonzosamente los acuerdos firmados por el estado chileno en la OIT. Ha optado por soslayar el “tripartismo laboral”, permitiendo a los diferentes ministros de la cartera desprenderse de tales acuerdos, metiéndose en el bolsillo las recomendaciones acordadas por el estado con la Organización Internacional del Trabajo.

Ese sospechoso inmovilismo allanó el camino a la Moneda para que el presidente de la república enviara un proyecto de ley  al Senado tendiente a postergar más de 800 procesos de negociación colectiva. Está bien que lo haga, está bien que envíe ese proyecto pues la situación económica actual provocada por la pandemia lo amerita, pero la CUT debería hacerse presente exigiendo que al término de la situación de emergencia sanitaria tales negociaciones  realmente se reiniciarán, y que en el ínterin los trabajadores contarán con el fuero que esos procesos negociadores poseen, con lo cual refuerzan sus permanencias en los lugares de trabajo y no quedan a la intemperie voluntariosa de sus empleadores, quienes podrían poner fin a varios contratos para ‘alivianar” la carga que en un par de meses podría significarles la negociación colectiva.  Es un simple ejemplo, uno de tantos en los que la CUT no ha estado presente, ni tampoco interesada en abordarlos.

Hoy, quizás más que ayer, se requiere la presencia y actividad de la Central Unitaria de Trabajadores, ya que para millones de chilenos resulta imperioso contar con su liderazgo y sus propuestas, es imprescindible –para los trabajadores y para el pueblo en general-  constatar que cuentan con representación y defensa ante el avance arrollador y predador de la alianza empresarios-estado, a la cual se han unido  algunos partidos políticos que engatusan a la gente diciendo ser opositores al actual gobierno derechista,  pero en la estricta realidad son socios activos del sistema neoliberal salvaje.

La CUT ya no es esa organización que fundara Clotario Blest, ni tampoco aquella que ayudara a estructurar Manuel Bustos…ella está al debe, y lo sabe.  Es momento de reconocer pecados y falencias, e izar nuevamente las históricas banderas del sindicalismo.

Lo dicho, hoy más que ayer la presencia y trabajo activo de organizaciones como la CUT son vitales en la defensa no sólo de los trabajadores sindicalizados, sino de todos los habitantes del país. Chile y el mundo se encuentran en una situación de gravedad innegable, ya que  los gobiernos han administrado el temor que tiene la población por su seguridad sanitaria, y lo han hecho amañando datos, tergiversando situaciones, mintiendo a destajo…todo ello, para aplacar las manifestaciones y movilizaciones populares  que demandan cambios profundos.

La CUT lo sabe, ¿y no hará nada al respecto? ¿Despertará por fin…o seguirá en sueño profundo?

 

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