José Antonio Kast dijo en su campaña que el primer día de gobierno iba a expulsar a 300.000 inmigrantes. Quiso imitar a Trump, pero no ha podido cumplir semejante barbaridad. Trump ha deportado a unas 600.000 personas, pues lleva más tiempo en el cargo y porque en Estados Unidos hay muchos más inmigrantes que en Chile.
Ahora me entero por el diario mexicano La Jornada de 17 de mayo, que Kast les ha exigido a los dirigentes de jardines infantiles, escuelas, hospitales y consultorios, que delaten a extranjeros indocumentados.
Pero no todos los funcionarios ni menos los médicos, son unos infames nazis y muchos se han negado a cumplir la función de delatores. En particular la Ministra de Salud, May Chomali, declaró que “No podemos desde el Ministerio de Salud informar de esos temas, porque esa es información que se está entregando en el contexto de una atención sanitaria. Eso está resguardado por el Código Sanitario y por la Ley de Deberes y Derechos de los Pacientes, y eso lo vamos a defender absolutamente.”
Bien por la Ministra y por todos los funcionarios que se han negado a delatar a los migrantes. Es que en Chile muchos de los que estuvieron con Kast lo hicieron por motivos equivocados y ahora se están dando cuenta de que cometieron un gran error y no lo van a acompañar en sus medidas nazis o pinochetistas.
En Chile siempre se ha repudiado la delación, el espionaje. Supongo que en otros países también, pero no en todos. En Alemania la gente delataba a su vecino que era judío y cuyos niños jugaban con los propios. En cambio en Chile, al menos en los colegios públicos, les cantábamos a los delatores que eran unos acusetes. La canción no decía gran cosa, pero el tildado de acusete era despreciado por todos, se moría de vergüenza y si quería seguir teniendo al menos un amigo, debía pedir perdón de rodillas.
Hubo una excelente película que se llamó “Perfume de mujer”, en que un joven universitario eligió el camino correcto al negarse a delatar a sus compañeros. Por el magnífico discurso contra la delación, Al Pacino ganó el Oscar al mejor actor el año 1993. Eso demuestra que los delatores o chivatos son detestados y despreciados en todas partes, pero en Chile lo son especialmente.
Quizás en los colegios privados no era así, sobre todo en el colegio alemán donde estudió Kast. Por eso se ha atrevido a pedirles a sus subordinados que se conviertan en delatores, espías o sea en acusetes como se decía en los colegios de Chile. Pero no lo ha logrado, ya lo estamos viendo porque los médicos, aunque sean subordinados de Kast, deben ser chilenos que obedecen a las normas de decencia que rigen en su profesión y no a las infamias de Kast.
El apellido Kast es famoso en Paine porque se vincula a su familia con unos 70 asesinatos y desapariciones perpetradas a pocos días de instaurada la dictadura de Pinochet, tan admirado por nuestro actual presidente. Toda la familia, se alineó contra el gobierno de Allende y sobre todo contra la reforma agraria. Facilitaron los camiones de su empresa e inclusive denunciaron a varios campesinos que fueron luego asesinados.(1)
Compañeros, comiencen a entender que Kast no merece ser presidente de Chile y que en el mundo entero están extrañados y espantados de que un nazi sea presidente de la patria de Salvador Allende.
Ahora, lo que hay que hacer es unir a todas las izquierdas dispersas y a todo el pueblo, para que este hombre no pueda seguir aplicando sus malvadas propuestas, por ejemplo contra los migrantes. Porque toda la familia de Kast fue migrante. Él nació en Chile, pero su padre era oficial del ejército de Hitler y militante del partido nazi. Tuvo un hermano mayor, ya fallecido, Michel Kast Rist, nacido en Alemania, que fue ministro de Pinochet, presidente del Banco Central de Chile y otros cargos durante la dictadura. Llegaron a Chile porque el padre, Michael Kast Schindele logró escaparse de la prisión en que lo había recluido el ejército norteamericano y llegaron a Chile antes de que los ubicara el Mossad. Porque militante del partido nazi alemán no era cualquiera, había que cumplir numerosos requisitos muy desagradables y enojosos.
Nadie tiene que responder de lo que es o hace su familia, pero es evidente que el ambiente familiar influye. José Antonio Kast se ha declarado admirador de Pinochet, uno de los personajes más odiados y despreciados en el mundo entero. Qué más quieren. Supongo que el presidente Kast era menor de edad en esa época, pero como ya dije, la formación familiar importa.
- Libro de los periodistas Javier Rebolledo y Nancy Guzmán “Los cómplices civiles de la dictadura” (Ceibo Editores).











