Lo que en un momento pareció una primera señal de unidad de la izquierda brasileña tras la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil se volvió preocupación y zozobra tras la votación para definir el nuevo presidente de la Cámara de Diputados.

Que además es un viejo político: el elegido fue Rodrigo Maia (nacido en Chile, pero de padres brasileños), que logra su tercer mandato consecutivo comandando la casa, con 334 votos (de un total de 513) a su favor. En su discurso tras la victoria, Maia afirmó que “es necesaria ahora una unión parlamentaria capaz de reunir a todos los partidos, de todos los sectores, para impulsar las reformas que el país necesita”, refiriéndose sobre todo a las reformas laboral y previsional – esta segunda, por el plan de Bolsonaro, significaría abandonar el sistema de reparto y seguridad social vigente en Brasil por un modelo similar al existente en Chile.

Pero la nota sorpresiva quizás fue la conformación de un bloque de izquierda entre los sectores de oposición a Bolsonaro, reuniendo a los dos partidos más emblemáticos de ese sector en Brasil: el PT (Partido de los Trabajadores) y el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), que por primera vez en la historia logran conformar una alianza, dejando atrás sus diferencias históricas – de hecho, hay que recordar que el PSOL nació de una disidencia del PT que rompió con el partido en 2005. La nueva coalición, que también incluye a otros partidos como PSB (Partido Socialista Brasileño) y Red Sostenibilidad (otra disidencia del PT, liderada por la ex-ministra de Lula, Marina Silva) cuenta con 97 diputados, y adoptó un nombre que suena conocido en Chile: Unidad Popular.

También fue sorpresiva la actitud de aceptar que otro partido indicara el líder del bloque. En este caso, el diputado psolista Marcelo Freixo (padrino político de la concejala Marielle Franco) fue presentado como candidato de Unidad Popular a la disputa por la presidencia de la Cámara, pero ya en esa primera votación sufrió un duro revés, porque Freixo quedó tercero en esa disputa contra Maia. La derrota era algo esperado, pero la cantidad de votos del candidato de la izquierda fue lo que sorprendió: 50, casi la mitad del total de miembros del bloque.

Algo que permitió tamaña infidelidad ya en la primera noche fue la votación secreta, un expediente que ya se consideraba extinto en las prácticas del Congreso – fueron rarísimos los casos durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, pero que volvió a ser usado con Michel Temer y ahora con Jair Bolsonaro. Esa maniobra permite a los candidatos favoritos ofrecer cargos a los diputados de las alianzas menores para ganar más votos, lo que probablemente llevó a muchos posibles aliados de Freixo a votar por Maia.

Aunque es imposible saber quienes fueron los diputados del bloque que no votaron por el candidato de la izquierda, sí es posible averiguar que al menos en el PT hubo traiciones. Eso porque el partido cuenta con 56 diputados, es decir, más que la votación que obtuvo Marcelo Freixo. Se estima que al menos 20 legisladores del histórico partido de Lula y Dilma no siguieron la recomendación de votar por Freixo. Al final de la sesión, algunos líderes del partido, como el diputado Paulo Pimenta, aseguraron a los colegas del PSOL que el asunto será tratado internamente por el PT, y no descartó aplicar sanciones a los díscolos.