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Estados Unidos lleva años anexionándose pedazos enormes del océano fuera de sus aguas territoriales. Legalmente

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El principal motivo es que el lecho marino es rico en minerales, esenciales para la industria tecnológica

22 Enero 2024 Actualizado 23 Enero 2024

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Albert Sanchis

Desde la década de los 2000, Estados Unidos busca ampliar su territorio por el mar. En su lista de deseos está el Ártico, la costa este del Atlántico, el mar de Bering, la costa oeste del Pacífico, el Golfo de México o las Islas Marianas. El principal motivo es que el lecho marino en esos lugares es rico en minerales, esenciales para la industria tecnológica. Esta semana, enmarcada en esa estrategia, el país ha llevado a cabo una ampliación de su territorio en más de un millón de kilómetros cuadrados en siete regiones. Una maniobra que es legal según el derecho internacional y que ha levantado cierta polémica internacional.

La estrategia. Ningún comunicado de Joe Biden, ningún discurso ni diplomacia internacional. Un disimulado comunicado que de no ser por los expertos geológicos hubiera pasado por alto ha informado al resto del mundo que de la noche a la mañana Estados Unidos se ha anexado unilateralmente nada menos que un millón de metros cuadrados (dos veces el territorio español).

«Hoy, el Departamento de Estado ha actualizado las coordenadas geográficas que definen los límites exteriores de la plataforma continental de los EEUU en áreas más allá de las 200 millas náuticas desde la costa, conocida como la plataforma continental extendida», explicaba la institución.

¿Qué es? Para entender por qué ha podido llevar a cabo esta expansión hay que conocer el concepto de «Plataforma Continental Ampliada». Se define en el artículo 76 de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982 y se refiere al lecho marino y el subsuelo que se extiende 340 kilómetros más allá de la Zona Económica Exclusiva (ZEE). Lo importante aquí es que esta extensión puede ser vital en temas de derechos de soberanía, pero, sobre todo, en el reparto de recursos marinos entre países.

¿Hasta dónde?  De hecho, esta gigantesca incorporación se extiende a lo largo de siete regiones oceánicas distintas: el Ártico, la costa este del Atlántico, el Mar de Bering, la costa oeste del Pacífico, las Islas Marianas y dos regiones del Golfo de México. «No es exactamente la Compra de Luisiana. No se trata exactamente de la compra de Alaska, pero la nueva superficie de tierra y recursos subterráneos bajo el control de Estados Unidos es dos Californias más grande», bromeaba Mead Treadwell, ex vicegobernador de Alaska y ex presidente de la Comisión de Investigación del Ártico de Estados Unidos.

Mapa que muestra el territorio anexado por Estados Unidos.Mapa que muestra el territorio anexado por Estados Unidos | Departamento de Estado de EEUU.

¿Por qué? Extender sus dominios oceánicos es una oportunidad esencial para el país a la hora de controlar más recursos marinos. Hay que tener en cuenta que esta colosal superficie posee vastas materias primas, incluidas petróleo, gas y minerales, claves para desarrollar dispositivos tecnológicos y, por ende, impulsar la economía del país drásticamente.

¿Es legal? El Departamento de Estado de EEUU asegura que simplemente han seguido al pie de la letra el derecho internacional para redefinir estas nuevas fronteras, señalando que su plataforma continental llega más lejos de lo que hasta ahora se reconocía. Y sí, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), los países pueden tener derechos sobre esta área si pueden demostrar que la prolongación natural de su plataforma continental se extiende más allá de la ZEE.

Eso sí, tiene que haber un proceso científico minucioso. En este caso, el país debe presentar datos geológicos e hidrográficos detallados a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLCS), que demuestren la extensión natural de la plataforma. Este proceso implica estudios oceanográficos avanzados y análisis rigurosos. Los estadounidenses afirman haber dedicado 20 años para recabar todos esos datos.

La polémica. El problema aquí está en que ,aunque Estados Unidos impulsó la mencionada Convención, aún no la ha ratificado por una guerra política interna en el Capitolio. Y por lo tanto no ha tenido que mandar ninguna propuesta o aviso a la ONU para anexionarse ese terreno submarino. De hecho, según explica Jan Jakub Solski, profesor en la Universidad Ártica de Noruega y analista en el Instituto Ártico, al no tener que acudir al organismo competente en la ONU, «EEUU socava el proceso internacional establecido, generando incertidumbre sobre la credibilidad y aceptabilidad de los límites de su plataforma continental extendida».

Además, el experto hace hincapié en que tanto Rusia como China tienen planes expansionistas más allá de sus costas y ambos sí son signatarios de la Convención de la ONU. Sin embargo, según defiende el Departamento de Estado norteamericano en el informe sobre esta anexión, la maniobra no entra en conflicto con un acuerdo de 1990 que establece el límite marítimo con Rusia: «La posición geográfica de los puntos fijos que delinean los límites exteriores de la plataforma continental de EE.UU no se encuentra al oeste del límite acordado entonces con la Federación Rusa».

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