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El panóptico de Foucault y el post-panóptico de Bauman

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El Sigma.com 04/11/2018

Por Jazmín Santiere

El presente escrito versa acerca de las interpretaciones y críticas que Zygmunt Bauman y David Lyon, en su libro “Vigilancia Líquida”, expresan sobre el modelo de panoptismo desarrollado por Michel Foucault en su libro “Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión”.

 Imagen: “Sociedades líquidas” de Pablo Zweig*

  Luego de una presentación del modelo panóptico según Foucault, se destacarán -entre otros- el concepto de vigilancia líquida de Baumanque parte del surgimiento de las redes sociales en Internet y la relación entre vida online/vida offline; la autopromoción y autodisciplina y el procesamiento de datos para el control en espacios abiertos y para el marketing.

  Se intentará dilucidar en qué contexto, o bajo qué mecanismos Bauman y Lyon interpretan que se ha pasado de sociedades disciplinarias en estructuras cerradas, a sociedades líquidas donde prima la autodisciplina; y por qué las personas acceden a redes de vigilancia de sus datos personales por propia iniciativa, difuminando la diferencia entre lo público y lo privado.

Vigilar y Castigar. El Panoptismo

  Michel Foucault fue un filósofo, profesor, psicólogo, sociólogo e historiador, nacido en 1926 en París, Francia. Se lo conoce principalmente por sus estudios críticos sobre las instituciones (la medicina, la psiquiatría, los hospitales, las cárceles, las escuelas), y sus trabajos sobre la sexualidad humana, el poder, los discursos del saber y la subjetividad. Definió a su propio pensamiento como una crítica histórica de la modernidad. Foucault murió en 1984, a los 57 años, a causa del SIDA.

  En el citado libro de 1975 Foucault quiere dar cuenta de cuáles son los mecanismos y las teorías que subyacen a la transformación de los sistemas penales y la noción de castigo que se produjo en occidente en la modernidad.

  El panóptico es una figura arquitectónica introducida por Jeremy Bentham a fines del siglo XVIII. Su construcción se organiza en forma de anillo dividido en celdas con una ventana que da al exterior (y permite pasar la luz) y otra que da al interior, donde se encuentra una torre central.

  En esta torre hay un vigilante que puede ver todas las celdas sin ser visto por las personas que yacen en ellas, produciendo la sensación de omnipresencia de la vigilancia que vuelve dóciles a los cuerpos, sin la necesidad de que esa vigilancia sea concreta constantemente.

  Este esquema es aplicable a todos los establecimientos donde haya que mantener vigiladas a cierto número de personas, siempre y cuando el espacio no sea demasiado amplio; y según Foucault (1975), permite perfeccionar el ejercicio del poder porque reduce el número de personas que lo ejercen a la vez que aumenta el número de personas sobre las cuales se ejerce (p.238).

  El Panoptismo presenta la disciplina-mecanismo, que vuelve más rápido, ligero y eficaz el ejercicio del poder (más económico, invisible, extenso y útil) conformando una sociedad disciplinaria que busca desempeñar un papel no ya negativo y aumentar la utilidad de los individuos. Es decir, fabricar individuos con su fuerza política reducida y su fuerza útil maximizada.

  Esta “disciplina” no es en sí una institución: es más bien una modalidad o un tipo de ejercicio de poder que implica a su vez instrumentos, técnicas, metas, etc., y que se ha infiltrado entre las otras formas de poder en la edad moderna (p.248).

  En esta máquina panóptica nosotros y nosotras mismas seríamos engranajes que reproducen su funcionamiento. Las disciplinas son todos esos mecanismos desiguales que subyacen a un sistema de derechos en apariencia igualitario; y que garantizan de alguna manera la sumisión de los cuerpos incluso con una fachada de libertades como la que describe Foucault respecto del programa político de las burguesías (p.255).

  En este sentido las disciplinas funcionan como un contra derecho, justamente porque implícitamente suspenden los derechos, reforzando las desigualdades. Son una forma de poder que los individuos ejercen sobre otros individuos.

  Este momento histórico se plantea el paso de la comunidad y la vía pública al Estado y los individuos privados (p. 250). Para él “el esquema panóptico, sin anularse ni perder ninguna de sus propiedades, está destinado a difundirse en el cuerpo social; su vocación es convertirse en él una función generalizada” (Foucault, 1975: 240).

Vigilancia líquida. La vigilancia líquida como diseño post-panóptico

  Zygmunt Bauman fue un sociólogo, filósofo y docente, nacido en 1925 en Poznan, Polonia. Realizó aportes a la conceptualización de la posmodernidad, que él denomina “modernidad líquida”, y desarrolló ese concepto en relación al consumismo, las redes sociales y la globalización. Bauman murió en 2017, a los 91 años.

  En este libro de 2013, David Lyon y Zygmunt Bauman examinan, en una conversación, en qué medida la noción de vigilancia líquida es útil para analizar los cambios que se producen en el mundo respecto del control monitorizado, el seguimiento, el rastreamiento, la clasificación, la comprobación y la observación sistemática que denominan vigilancia, en un contexto en el cual todas las formas sociales desaparecen a mayor velocidad de la que se establecen las nuevas.

  La “vigilancia líquida” se propone como una forma de orientarnos para ubicar los cambios de la vigilancia a lo largo de la modernidad actual (Bauman, 2013: 10).

  Bauman caracteriza a la modernidad líquida por cierta fragilidad de los vínculos y fragmentación social que permite que se imponga el poder. Las redes sociales son producto de esta fragmentación y simultáneamente estos nuevos medios son responsables de la fluidez de las relaciones sociales (p.14).

  En relación al método panóptico, lo define como un medio clave para mantener el control, pero le atribuye ciertas falencias si se analiza en la actualidad. Este modelo pertenecería a la época que llama “modernidad sólida”.

  Para él, el mundo hoy es post-panóptico: no hay necesidad de un vigilante presente, no hay compromiso mutuo y presentan los rasgos de flexibilidad y diversión propios del entretenimiento y el consumo (p.12). En otras palabras explica que esa rigidez en la fijación de los cuerpos se ha disuelto (p.20).

  La nueva vigilancia, basada en el procesamiento de información, implica un control constante que excede los modelos cerrados de vigilancia; y esto proporcionado por voluntad propia mediante nuestro documento, teléfono celular, GPS, tarjeta de crédito, redes sociales y más.

  Se presenta una relación entre el mundo online y el mundo offline, como aspectos separados y con reglas distintas, pero a la vez relacionados entre sí. Se busca la seducción en vez de la coerción, y cada vez más las personas se ven impulsadas a compartir su cotidianeidad y aceptar las sugerencias de internet.

  Hoy en día Google Maps puede, mediante el GPS, saber dónde vivimos, qué lugares frecuentamos y nos invita a compartir fotos y opiniones de lugares y comercios con las otras personas de la comunidad virtual; Facebook nos recomienda productos con la excusa de que “a tus amigos les gusta esto”.

  Amazon y Netflix nos ofrecen contenidos relacionados a nuestros gustos personales sobre cine y literatura, y todas estas plataformas comparten datos entre sí (es común que luego de buscar precios sobre pasajes de avión en Google, más ofertas aparezcan en Facebook y otros sitios que frecuentamos).

  Como aclarábamos en el apartado sobre el panóptico, se pasaba de la comunidad y la vía pública al Estado y a los individuos privados. Pues bien, Bauman plantea un pasaje de lo privado hacia lo público, celebrado y consumido por el resto de los usuarios de redes sociales (p.23). Esta sociedad que denomina confesional marca el final de la privacidad, que es también un invento moderno.

  Plantea también la idea de la vigilancia detrás de la seducción que genera el consumismo, con sus herramientas de marketing para recomendarle al usuario productos relacionados con compras anteriores, mientras genera categorías que le permitan orientar más efectivamente sus productos.

  Por otro lado, “con la pesadilla panóptica (<nunca estoy solo>) ahora refundida en la esperanza de <no volver a estar solo otra vez> (abandonado, ignorado y olvidado, boicoteado y excluido), el miedo a ser observado ha sido vencido por la alegría de ser noticia” (Bauman, 2013: 32).

  Esta promesa de visibilidad y de ser visto por todos encaja con la búsqueda de reconocimiento o aprobación social, es decir, de reafirmación de la existencia. Se trata entonces de la autopromoción permanente, de ser el agente de márketing de uno mismo, siendo uno la mercancía que atraiga al consumo, que lo convierte en miembro de derecho de esa sociedad. Consumir pasa de ser un placer a ser una inversión para la pertenencia social, ya que le aporta valor social a quien consume (p.40).

  También se establece la diferencia entre la pertenencia a una comunidad, que implica un estado más seguro y fiable pero con restricciones y obligaciones, y una red, que está más dedicada a compartir la diversión y provee más libertad de maniobra, pero se preocupa poco y nada por el individuo.

  Bauman rescata el modelo panóptico pero le quita el rótulo de patrón universal que en su época Foucault le brindaba; desplazándolo hacia las partes inmanejables de la sociedad (las prisiones, los campos, los psiquiátricos), con personas excluidas clasificadas como inútiles, y donde el objetivo no es volverlas útiles si no incapacitar los cuerpos (p.65).

  En esta modernidad líquida no se busca la supresión de todo lo personal, por ejemplo, dentro de una compañía. Lo que se busca es aprovechar la totalidad de la personalidad del empleado y la disponibilidad de todo su tiempo (por ejemplo, se espera que el subordinado tenga siempre el celular a mano aunque esté fuera del horario laboral). Se presenta la idea de un panóptico individual que sería responsabilidad de cada empleado manejar sin interrupciones (p.68).

  De esta manera, dejan de ser necesarias las torres de control y aparece el autocontrol y la autogestión. Esto implica una competencia constante sin largos plazos que mantiene a los empleados en un movimiento continuo, tratando todo el tiempo de aumentar su productividad para demostrar que están dentro; y de buscar oportunidades de servidumbre (lo que Zygmunt llama servidumbre del hazlo-tú-mismo).

A modo de cierre

  Hemos recorrido brevemente las características del modelo panóptico aplicable, para Foucault, a todos los establecimientos donde sea necesario y generalizable a un modelo de sociedad disciplinaria; en el que hay una jerarquización que produce relaciones desiguales entre quienes pueden ver y quienes son vistos, dinámica que introduce la posibilidad de estar siendo vigilado constantemente y que conforma un recurso económico y eficaz para el control y la docilidad de los cuerpos.

  Luego hemos destacado algunas de las críticas que plantean Lyon y Bauman a ese modelo, considerando desde el concepto de modernidad líquida los cambios en las modalidades de vigilancia universal en espacios abiertos y en redes sociales. Estos autores presentan una realidad post-panóptico, donde los vínculos se encuentran debilitados y rige la autopromoción y la autodisciplina, llevada a la auto-servidumbre.

  Los motivos de este cambio de paradigma, aunque no tan claros, parecen ser el surgimiento de las nuevas tecnologías, la globalización, el crecimiento del mercado en la red y la capacidad de este aparato de reproducirse a sí mismo tanto en espacios abiertos como cerrados, y traspasando las fronteras.

  Cabe aclarar que, si bien Bauman y Foucault nacieron con un año de diferencia, los estudios de Foucault se enmarcaron en el siglo XVIII y XIX, y Bauman trabajó específicamente los últimos dos siglos. A su vez, Foucault murió antes del lanzamiento de la World Wide Web y bastante antes de las redes sociales como Facebook o los soportes comerciales como Amazon, tecnologías en las que Bauman basa muchos de sus argumentos.

  En relación a estos temas, la literatura y el cine que mostraban sociedades controladas mediante chips implantados quedan descolocadas frente a los teléfonos celulares, que cumplen la misma función pero ofrecen tantos “beneficios” que, al menos en la cultura occidental, casi todas las personas quieren poseer aunque eso signifique la supresión de su privacidad.

  Finalmente se abre una pregunta sobre el futuro de la sociedad globalizada: ¿quedarán huecos en estas redes que permitan escaparse sino subvertir esta vigilancia universal? Y si es así ¿quedarán sujetos que quieran luchar para escapar de algo tan atractivo?

Imagen*: tomada del blog del autor  

                 http://pablozweig.blogspot.com/2011/05/blog-post.html

Pablo Zweig es Ilustrador e historietista argentino contemporáneo (1964). Ha publicado en numerosos medios locales e internacionales, y es autor de libros infantiles.

Bibliografía

. Foucault, M. (2008ª) [1975]. “El cuerpo de los condenados”. En Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.
. Foucault, M. (2008ª) [1975]. “El panoptismo”. En Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.
. Bauman, Z. & Lyon, D. (2013). “Introducción”. En Vigilancia Líquida. Buenos Aires: Paidós.
. Bauman, Z. & Lyon, D. (2013). “Drones y medios sociales”. En Vigilancia Líquida. Buenos Aires: Paidós.
. Bauman, Z. & Lyon, D. (2013). “La vigilancia líquida como diseño post-panóptico”. En Vigilancia Líquida. Buenos Aires: Paidós.

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