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El oficialismo pavimentó el camino de la ultraderecha cada vez que prefirió quedar bien con el poder antes que cumplir con el pueblo

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por Franco Machiavelo

¡NO FUE FRAUDE, FUE EL FRACASO DE LA PSEUDO IZQUIERDA PROGRE, CONTINUISTA Y ARRODILLADA, LAMEBOTAS, QUE LE ENTREGÓ EL TRIUNFO A LA ULTRADERECHA!

No hubo fraude electoral. Esa explicación cómoda solo sirve para ocultar una verdad mucho más incómoda: el único fraude real fue político, moral y social, cometido por un oficialismo que se autodenominó “progresista” mientras administró, con disciplina y obediencia, el mismo modelo que decía cuestionar.
 
Desde una mirada dialéctica, la derrota no es un accidente ni una conspiración externa: es la consecuencia lógica de las contradicciones internas de una pseudo izquierda que renunció a la lucha de clases, vació de contenido popular su discurso y sustituyó la transformación social por marketing, gestos simbólicos y obediencia institucional. Cuando la política se separa de las condiciones materiales del pueblo, el resultado es inevitable: el pueblo se aleja, se frustra o castiga.

El oficialismo no fue derrotado por la ultraderecha; fue el oficialismo quien la fabricó como alternativa, al gobernar para los mercados, tranquilizar a las élites y pedirle paciencia eterna a quienes viven en precariedad. Se habló de derechos, pero se garantizó la ganancia. Se prometió dignidad, pero se administró endeudamiento. Se invocó al pueblo, pero se le temió cuando exigió cambios reales.

Desde una perspectiva crítica, el poder no necesita fraude cuando controla los márgenes de lo posible. La pseudo izquierda aceptó ese marco, internalizó sus límites y los defendió como “realismo”. Así, desmovilizó, despolitizó y desarmó al campo popular. El resultado fue una ciudadanía cansada de promesas incumplidas, que ya no ve diferencia sustantiva entre quienes dicen representarla y quienes abiertamente la desprecian.

La ultraderecha no ganó por su fuerza ideológica, sino por el vacío dejado por quienes abandonaron cualquier proyecto popular. Cuando la izquierda deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en gestora del orden existente, el sistema busca reemplazos más duros, más autoritarios y más honestos en su desprecio por la igualdad.
Por eso no fue fraude. Fue continuidad.

No fue manipulación externa. Fue claudicación interna.
No fue un robo electoral. Fue una traición política.
 

El oficialismo pavimentó el camino de la ultraderecha 


El oficialismo pavimentó el camino presidencial de la ultraderecha con cada renuncia, cada concesión y cada vez que prefirió quedar bien con el poder antes que cumplir con el pueblo. Y esa es una verdad que ningún relato, ningún eslogan y ninguna excusa podrá borrar.
 
Al renunciar a confrontar el poder real —económico, mediático, empresarial— termina protegiéndolo. Y cuando el pueblo deja de sentirse representado, cuando descubre que sus demandas fueron administradas pero no cumplidas, el vacío político se llena con lo peor: el autoritarismo que promete orden, identidad y castigo.

Entonces aparece la ultraderecha, no como accidente, sino como consecuencia. No llega porque el pueblo sea irracional, sino porque fue abandonado. El discurso reaccionario se nutre del fracaso de quienes se creían moralmente superiores, casi mesiánicos, convencidos de que el pueblo siempre les debía gratitud por “lo posible”.

La tragedia es esta: al negar el conflicto social, al domesticar la política y arrodillarse ante el neoliberalismo, ese sector pavimentó el camino para quienes ya no fingen. Los que no prometen derechos, sino obediencia. No igualdad, sino jerarquía. No democracia viva, sino orden impuesto.

Y todavía se preguntan cómo pasó. 
 
 
 

1 COMENTARIO

  1. Quedó de manifiesto que todo el pueblo no es anti capitalista. Pueblo es un término ambiguo. La lucha de clases es entre capitalistas y anti capitalistas. Todo lo demás es puro catecismo. Creer en otra cosa es creer que la sémola se «masca», como decía una tía mía. Tarde o temprano le darán la razón al viejo. La diferencia entre la izquierdita y la extrema izquierda, es que esta última es anti capitalista y anti propiedad privada. La lucha es anti capitalista, porque el sistema capitalista es el que sostiene, mantiene, fortalece, protege, y alimenta la estratificación. El enfrentamiento entre la ultra derecha y la extrema izquierda es inminente. No hay tiempo para discusiones, si este se equivocó o dijo algo que no debía, ya fue.

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