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Dos Incendios, dos tragedias, un mismo modelo forestal: la urgencia de cambios reales

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En Cartas a Resumen

22 de febrero de 2024

Febrero ya termina, y con él acabará la parte más dura de la temporada de incendio forestales, pero no tenemos nada que celebrar, todo lo contrario. Estas semanas hemos leído bastante sobre las mismas viejas y oxidadas ideas en la materia, pero no tanto del factor principal que subyace en esta tragedia vivida, del elefante en la habitación, lo obvio.

Por: Jorge Félez-Bernal, Geógrafo

Este verano, derivado del contexto climático previo asociado a El Niño, y una confluencia de factores: mayor precipitación durante invierno y primavera, mayor disponibilidad de combustible, y esperada aparición de temperaturas anormalmente altas en verano, esperábamos incendios virulentos, grandes superficies quemadas, y niveles de daño destacados. Pero no contábamos con tener que presentar datos tan horrorosos y dantescos como la muerte de 133 compatriotas, o la afectación de más de 7.000 viviendas. Un verdadero infierno. 

Chile tiene mala memoria (y la mala costumbre de usar demasiados eufemismos), y resulta necesario recordar de manera objetiva, aunque duela. El mes de febrero ha sido nefasto en materia de incendios en los dos últimos veranos: 2023 y 2024, y nefasto ha sido también el día 2 de febrero para ambos periodos, punto recurrente de inicio de dos desastres que quedarán marcadas en la historia, una dolorosa efeméride.

El 2 de febrero de 2024 partió, en las cercanías de la Reserva Peñuelas en la quinta región, un incendio (de 3), que terminó quemando 8698 hectáreas de las comunas de Valparaíso, Viña del Mar y Quilpué. Este evento, que duró tres días, mató a 133 personas, y, en Viña del Mar, quemó 6952 viviendas, casi un tercio de las cuales corresponden a campamentos. 

Además calcinó 3592 hectáreas de bosque nativo, principalmente renoval, pero también bosque adulto; esclerófilo, y palma chilena. Con diferentes niveles de severidad, se vieron afectadas varias áreas protegidas de alta relevancia ambiental en la quinta región: la totalidad del Santuario de la Naturaleza Palmar El Salto, y, para la Reserva de la Biósfera La Campana – Peñuelas, 1656 hectáreas de su zona núcleo (entre otras zonas). Aunque el agente causal inicial no ha trascendido oficialmente, es vox populi que la mano del ser humano está detrás.

El 2 de febrero de 2023, un año atrás, y unos grados más al Sur, en las regiones de ñuble, Biobío y Araucanía, se iniciaron una serie de eventos que terminaron definiendo la segunda Tormenta de Fuego experimentada en la zona Centro Sur del país en el lapso de 6 años (recordemos, la primera fue en enero de 2017). Sesgó la vida de 26 personas, y quemó 341.605 hectáreas, el 68,5% de las cuales se calcinaron durante los primeros 5 días.

Notorio fue el caso del incendio de Santa Ana, generado por la confluencia de 2 focos iniciales, en Nacimiento, y Santa Juana, que en poco más de 24 horas se unieron y fueron capaces de desplazarse y devastar parte del territorio biobiano a lo largo de casi 80 km lineales. Este evento quemó por si solo 100.333 ha. Según fue declarado tras las investigaciones oficiales pertinentes, se inició por negligencias asociadas al mantenimiento de líneas de baja y/o media tensión.

Este evento quemó por si solo 100.333 hectáreas. Según fue declarado después de las investigaciones oficiales pertinentes, se inició por una negligencia asociada al mantenimiento de líneas de baja y/o media tensión.

También puedes ver: DOCUMENTAL | «La Importancia de las Vegas y Humedales ante Incendios Forestales»

Ambos fenómenos son muy distintos entre sí, especialmente en relación a las causas que subyacen en su propagación, y, sobretodo, a los impactos que generan, y ambos permiten recopilar un compendio de los principales problemas ligados a la ausencia real de Ordenación del Territorio en el Estado chileno, en el ámbito urbano, pero especialmente en el rural, donde derechamente no existen Instrumentos de Planificación Territorial. Mucho se ha hablado de esto en las últimas semanas, y, para no redundar, no me referiré a ello.

Si quiero detenerme en un hecho común a ambos eventos, vinculado con el combustible. Para que un incendio se genere y propague, hace falta eso, combustible, aquello que se quema y hace que el fuego se desplace por (y bajo), la superficie. Tanto en Valparaíso, Viña del Mar y Quilpué, como en la Tormenta de Fuego de 2023, ha destacado la presencia de especies pirófitas (traducción literal del griego: amigas del fuego): pino y eucalipto. Denominadas así porque han desarrollado, en sus ambientes nativos, mecanismos de adaptación al fuego. Ligadas al modelo forestal, ambas se expresan espacialmente con una continuidad horizontal pasmosa, a lo largo de cientos de miles (sino millones), de hectáreas, y además con una falta casi total de manejo que reduzca la continuidad vertical.

También puedes ver: Pino y Eucalipto: las especies inflamables detrás de los incendios forestales

En nuestra biobiana región, tenemos casi 900.000 hectáreas (o un 40% de la superficie regional aprox.) de estos clones plantados, y otro dato más alarmante, esta superficie corresponde un tercio del total del monocultivo existente en el país. Si a esto le sumamos las nuevas y complejas condiciones que impone el Cambio Climático, obtenemos un cóctel extremadamente peligroso. Y por cierto ambas especies, a pesar de que han sido denominadas de nuevo con varios eufemismos en las últimas semanas, adquieren en nuestros ambientes la condición de Especies Exóticas Invasoras. Instalan problemas a corto plazo; los incendios son el más tétrico ejemplo (entre varios), pero generan situaciones aún más complejas a medio y largo plazodesplazando y ahogando al Bosque Nativo.

También puedes ver: Estructura uniforme de las plantaciones: el factor primordial que incide en la propagación de grandes incendios forestales

Por todo lo anterior, no cabe duda que el modelo forestal impuesto en el Chile Central gracias al DL701, que en octubre cumplirá medio siglo, es realmente dañino y peligroso, y por cierto así lo ha reconocido el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, en su sesión local celebrada el pasado mes de enero en Concepción. Esta instancia dictaminó de forma preliminar que el modelo forestal, «…ha provocado un ecocidio en el territorio…», «…viola los derechos de la naturaleza..», y más preocupante todavía «…ha constatado la ausencia del Estado chileno en la regulación y fiscalización de la propia normativa existente… (declarada)…completamente insuficiente». El veredicto genera algunas propuestas muy potentes y valientes, que sientan un precedente y quieren cimentar las bases para el cambio del paradigma: «…se insta (al Estado)…a generar un reconocimiento de los derechos de la naturaleza…», también «…exige con urgencia un plan de restauración..», y, punto focal desde la óptica de quien suscribe estas lineas, «…exige una moratoria o prohibición de establecimiento …(de nuevas superficies con)…especies invasoras y pirófitas…». Bravo por esto.

El escenario es realmente dantesco y la progresión de personas fallecidas lapidaria: 11 vidas perdidas en enero de 2017, 26 en febrero de 2023, y 133 en febrero de 2024. Y una oscura pregunta; ¿Qué nos espera el  2 de febrero de 2025?

Urge hacer efectiva la Ordenación del Territorio, urge la valentía, urgen las medidas disruptivas, urge derogar completamente el denostado DL701 y todas sus normas asociadas, y urge definir un nuevo Modelo Productivo para el agro chileno, acorde a los complejos tiempos que vivimos, a las bases del Buen Vivir, de la sostenibilidad. Todo esto, por cierto, de manera transparente e inclusiva, no entre cuatro paredes.

Son tiempos de urgencia. Debemos abandonar los eufemismos, debemos tomar medidas para que nuestro territorio, con ciudades y personas incluidas, no sea de nuevo mutilado por el fuego, AHORA, YA!!

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