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Brasil – Bolsonaro se debilita

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Esquerda Online, editorial, 1-4-2021

Traducción de Correspondencia de Prensa

De forma inédita en la historia de Brasil, la renuncia del ministro de Defensa (Fernando Azevedo) y de los comandantes de las Fuerzas Armadas – Edson Pujol, del Ejército, Ilques Barbosa, de la Marina, y Carlos Bermúdez, de la Fuerza Aérea – se produjo de una sola vez. Ordenado por Bolsonaro, el inesperado cambio en el alto mando militar se produjo tras otros cambios ministeriales. Hubo la salida del olavista Ernesto Araújo del Ministerio de Asuntos Exteriores, la entrada de la diputada centrista Flávia Arruda (Partido Liberal) al frente de la Secretaría de Gobierno y la toma de posesión de Anderson Torres, amigo de la familia Bolsonaro, como nuevo ministro de Justicia y Seguridad Pública. La semana pasada, se anunció la salida de Eduardo Pazzuelo del Ministerio de Salud, que fue sustituido por Marcelo Queiroga, un médico vinculado a Flávio Bolsonaro.

Esta improvisada reforma ministerial, para ser correctamente entendida, debe ser evaluada en el contexto de la crisis sanitaria, económica y social que se agrava cada día. Con la pandemia fuera de control y el colapso del sistema hospitalario, Brasil ha alcanzado las 3.000 muertes diarias en la media móvil semanal. Y la tendencia para las próximas semanas es a empeorar, y también puede haber colapso del sistema funerario. Ya son más de 322.000 las vidas perdidas oficialmente por el covid-19. Junto con la catástrofe pandémica, la economía sufre un nuevo revés recesivo y la crisis social se extiende por todo el país, con el regreso del hambre y el rápido aumento del desempleo, la pobreza y la miseria.

En este terrible escenario, el gobierno de Bolsonaro se debilita tanto en la sociedad civil (clases sociales) como en el ámbito político-institucional (partidos, instituciones y liderazgos políticos). Las decisiones del STF (Supremo Tribuinal Federal) que anularon las condenas de Lula, la carta de banqueros y grandes empresarios atacando la calamitosa gestión de la pandemia por parte del gobierno y la amenaza pública de impeachment hecha por Artur Lira la semana pasada son demostraciones inequívocas de este proceso de debilitamiento político de Jair Bolsonaro. También es importante destacar el enorme aislamiento internacional del gobierno, que perdió su principal punto de apoyo externo con la derrota de Trump. Además, los sondeos de opinión muestran un creciente rechazo al gobierno en todos los estratos sociales, desde los de menor ingreso hasta los de mayor poder adquisitivo.

Así, la remodelación ministerial expresa, en primer lugar, la creciente debilidad política y social del gobierno. Al mismo tiempo, expone y potencia los conflictos entre las alas que la componen. Los centristas, liderados por los presidentes de la Cámara y el Senado, exigen cambios en la gestión de la pandemia y buscan ocupar ministerios y cargos. El ala ultraliberal de Paulo Guedes, vinculada al capital financiero, choca con el centro para defender el ajuste fiscal cuestionado por el proyecto de Presupuesto definido en el Congreso. Bolsonaro, a su vez, compra una pelea con el mando de las Fuerzas Armadas para intentar alinear a los militares activos con la defensa del gobierno. Por último, hay una crisis dentro del propio gobierno, que puede dar un salto con tendencia a agravar la multifacética crisis nacional.

En este momento, por todas las razones enumeradas anteriormente, Bolsonaro no tiene la fuerza -ni política ni social- para dar un (auto)golpe, provocando una ruptura institucional. La crisis con el mando de las Fuerzas Armadas revela que la actual cúpula militar activa quiere distanciarse del gobierno, al que cada vez más se le responsabiliza -en Brasil y en el mundo- de la catástrofe histórica que vive el país. Por otro lado, no se dan las condiciones necesarias para un impeachment inmediato. El capital financiero y los grandes empresarios difundieron una carta con exigencias y duras críticas al gobierno, pero no pidieron la cabeza de Bolsonaro. Los centristas han subido el tono y han hecho amenazas públicas, pero dan prioridad a la lucha por los puestos ministeriales y mantienen, por ahora, el apoyo parlamentario de Bolsonaro. La clase trabajadora y el pueblo pobre están cada vez más descontentos con Bolsonaro, pero la situación de altísimo riesgo sanitario dificulta las acciones masivas en las calles en este momento. Por último, el gobierno, aunque más desgastado, aún conserva un considerable apoyo en la sociedad y en los sectores políticos e institucionales.

Debido a la gravedad y la dinámica de la crisis nacional, es posible que la crisis política evolucione a pasos agigantados en los próximos meses, abriendo quizás las condiciones para la caída del gobierno. La izquierda debe estar atenta a esta situación crítica, actuando de manera conjunta y decisiva para el derrocamiento de Bolsonaro.

Fora Bolsonaro no puede esperar a 2022

El actual genocidio pandémico, que afecta especialmente a la población negra y más pobre, la recesión económica, la crisis social galopante y las reiteradas amenazas autoritarias exigen el derrocamiento de Jair Bolsonaro.

El país no puede vivir con semejante barbarie y destrucción hasta 2022. La mejor manera -y la más efectiva- de hacerlo sería convocar manifestaciones masivas en las calles para el derrocamiento inmediato de Bolsonaro. Pero el alto peligro de contagio por covid-19, en un escenario de colapso hospitalario, exige que se eviten las aglomeraciones por el momento. Pero la izquierda no puede quedarse quieta esperando el momento en que sean posibles las acciones con millones en las calles.

Es necesario intensificar la campaña para sacar a Bolsonaro de la presidencia de todas las maneras posibles, tanto en el Congreso como en la sociedad, presionando a todos los sectores sociales, a los diputados, a los gobiernos estatales y a las instituciones para que hagan un impeachment a Bolsonaro. La lucha por el derrocamiento del ideólogo genocida debe ir acompañada de la defensa de la renta de emergencia de R$ 600 (110 dólares), la ampliación de la vacunación, la adopción del lockdown nacional, la estabilidad laboral, la ayuda financiera a las pequeñas empresas y el congelamiento de los precios de los artículos de la canasta básica y de los combustibles.

También es fundamental el compromiso de la izquierda en todas las acciones de solidaridad con los más necesitados, que son promovidas por movimientos sociales, sindicatos, asociaciones de vecinos, movimiento negro, movimiento de mujeres, mandatos parlamentarios, entre otros. También son importantes las acciones de lucha directa, como las realizadas por el movimiento sindical y estudiantil y el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) el 24 de marzo.

Por último, cabe destacar la responsabilidad de los principales líderes de la izquierda brasileña en este momento, especialmente Lula, por su relevante influencia en el pueblo trabajador. En efecto, es necesario discutir el proyecto y el programa de la izquierda para las elecciones de 2022. Pero hay una tarea inmediata: la lucha para derrocar a este gobierno genocida, para salvar vidas y derechos sociales y democráticos. Lula debe comprometerse en la defensa de Fuera Bolsonaro.

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