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Boric se pronuncia por un rumbo de conciliación de clases

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por Olivia Campos

Fuerza 18 de Octubre

Tras el triunfo del candidato centroizquierdista Gabriel Boric el pasado domingo, rápidamente comenzaron las reacciones: en la derecha, en los sectores de la burguesía y en el propio seno de “Apruebo Dignidad”. En la derecha la dura derrota sufrida por José Antonio Kast profundiza la crisis en que se encuentra sumergida tras el estallido y las divisiones entre los distintos partidos de la coalición se han agravado tras los reproches cruzados. Es que el apoyo al candidato republicano, que rehusó a participar en las primarias del sector, tiene un costo político difícil de cuantificar a mediano y largo plazo, pero por lo pronto la tentativa de los últimos años de presentarse como una derecha “moderna y democrática” ha sido sepultada, tras la expectativa de revertir las sucesivas derrotas de la mano del ultraderechista Kast.

La urgencia de dar “tranquilidad al mercado”

Si bien las estimaciones coincidían en presentar a Boric como ganador, no se esperaba que lo fuera por un amplio margen como finalmente sucedió. El mercado reaccionó al día siguiente con una violenta caída de la Bolsa de Santiago de un 7,45% y un alza del dólar que no se registraba desde el 2008 que lo llevó a 876 pesos chilenos.

Mientras los medios ponderaban el récord de participación del electorado y la alta votación que obtuvo Boric, el capital hace una demostración de poder real a modo de advertencia al gobierno electo. Nada nuevo bajo el sol, pero queda en evidencia que las amplias garantías brindadas por “Apruebo Dignidad” al empresariado en cada oportunidad que tuvo, empezando por su programa de gobierno, no serán respondidas con condiciones de gobernabilidad si los poderes concentrados de la economía ven peligrar sus intereses. Es una advertencia de que pueden tratar de imitar el camino adoptado por la burguesía y la derecha en Perú ante el inesperado triunfo electoral de Pedro Castillo, teniendo en cuenta además la falta de mayoría parlamentaria propia de Boric.

El presidente electo se apresuró entonces declarando: “quiero dar una señal de tranquilidad de que las certezas, las certidumbres en materia económica son importantes” reafirmando su pleno compromiso con “la convergencia fiscal, con los equilibrios macroeconómicos, y la gradualidad de las grandes reformas”. La Bolsa y el dólar “se recuperaron” en los días siguientes pero ahora los ojos están puestos en las definiciones en torno al Ministerio de Hacienda. La académica Andrea Repetto, con suficientes credenciales para dar certidumbres al mercado, ya descartó estar disponible para asumir la titularidad del ministerio en cuestión y comenzó a hablarse de Roberto Zahler, Guillermo Larraín (ambos economistas ligados a la DC) y Eduardo Engel (con antecedentes en el gobierno de Bachelet). En todo caso se busca un perfil moderado para calmar los ánimos de la burguesía, que en todo este tiempo se dedicó a fugar capitales.

El desembarco oficial de la ex Concertación

La alianza del FA con la ex Concertación no es nueva y como ejemplos más recientes basta con ver lo que sucede en la convención constituyente, donde funcionan como un bloque con el PS; la incorporación de cuadros políticos y técnicos del PS y la DC de cara a la segunda vuelta; así como puntos programáticos de este sector que quedó fuera de carrera en la primera vuelta. En el caso del PC cuenta con el precedente de haber integrado el segundo gobierno de Bachelet, más allá de las rivalidades que se inflan para la tribuna.

Sobran entonces antecedentes por lo que las conversaciones que han tenido lugar en las últimas horas con los partidos de la ex Concertación, así como las deliberaciones internas para definir el carácter de la integración y ultimar los detalles del arribo de estos partidos a la coalición gobernante, no deben sorprender a nadie. Así como rescataron al gobierno de Piñera y lo sostuvieron hasta el final, lo harán igualmente con la izquierda del orden de los 30 años repudiada por el pueblo chileno. “Los desafíos que nos estamos planteando como gobierno entrante son gigantescos, hay absoluta conciencia, de manera unánime, de que no basta solo con Apruebo Dignidad…”, ratificó Giorgio Jackson, ensayando una suerte de justificación para presentar en sociedad la alianza política que ya opera en los hechos y que seguramente se volverá a evidenciar en la integración del gabinete.

¿Cómo enfrentamos el nuevo escenario político?

Pese a la conclusión interesada de ciertos medios y sectores políticos -funcional a la política capituladora y entreguista de Apruebo Dignidad- que presenta el giro a la derecha del discurso y los planteos programáticos del ahora electo presidente como determinantes del triunfo, lo que deja en claro la votación del domingo es que fueron los sectores populares, particularmente la juventud, los que aparecieron en escena y frenaron la llegada de la derecha pinochetista al gobierno.

En comunas como la Pintana, Boric pasó de 16 mil votos a casi 50 mil en segunda vuelta, en San Ramón de 10 mil a 30 mil, Cerro Navia de 15 mil a 42 mil votos. Este crecimiento se verificó también en comunas periféricas del Gran Concepción como Coronel -de 8 mil votos en primera vuelta a 26 mil votos en la segunda- o en Lota -de 3 mil a 13 mil-. En Antofagasta (23% al 60%) o Calama (15% al 54%) en el Norte, o en Copiapó (del 21% a 61%). Mientras Boric se derechizaba, organizaciones sociales, ambientales, estudiantiles, del movimiento de mujeres, sindicatos, etc protagonizaron acciones concretas para enfrentar el avance de la ultraderecha. Lamentablemente, el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora -que integramos como Fuerza 18 de Octubre y que presentó candidaturas parlamentarias con banderas de independencia obrera- no fijó una posición unitaria llamando a usar como herramienta el voto a Boric para aplastar en el terreno electoral la amenaza de un triunfo del pinochetista Kast. Nuestra agrupación -y otras del frente- lo hicimos y consideramos un error esta falta de definición, pues nos privó de la posibilidad de intervenir en este proceso como un frente único alternativo, cediendo de esta manera el terreno y la iniciativa a las fuerzas que actúan bajo la tutela directa de Boric y su coalición política.

El despliegue de diversos sectores populares demuestra la capacidad organizativa y las reservas de lucha del pueblo trabajador. En la comprensión que los derechos negados en todas estas décadas debemos conquistarlos a fuerza de movilización ya que los compromisos asumidos con la burguesía por parte del gobierno electo son incompatibles con la posibilidad de dar respuesta a las demandas populares. En primer lugar está la lucha por la libertad de las y los compañeros presos políticos, así como justicia y reparación para las víctimas del estado terrorista.

El de Boric pretende ser un gobierno frentepopulista de “conciliación de clases”, lo que significa la defensa del orden burgués, lo que incluye el respeto de gran parte de los avances reaccionarios del pinochetismo, aggiornados por los gobiernos de la concertación. Las declaraciones de Boric en materia internacional se colocan en el terreno de los Biden y de la expresidenta y actual alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Bachelet, contra Venezuela, Nicaragua y Cuba. La llegada de Boric al gobierno no representa un ascenso de una fuerza que estuvo al frente de la extraordinaria irrupción de la rebelión popular de octubre del 2019. Por el contrario, siempre jugó un papel de morigeración de la lucha de las masas. De hecho negoció una “salida” que impidió la caída revolucionaria de Piñera y se jugó porque finalice su mandato.

Es fundamental que la vanguardia obrera, luchadores y quienes se reclaman de la izquierda revolucionaria saquen las conclusiones de la experiencia en curso. La necesidad de crear un partido obrero, independiente del gobierno, de la burguesía y de los partidos burgueses (y pequeñoburgueses), que tenga por objetivo estratégico la lucha por un gobierno de las y los trabajadores y que intervenga en todas las luchas del pueblo explotado.

En primer lugar sería oportuno convocar a un plenario nacional de todos los que luchamos por la libertad incondicional de todos los presos políticos para arrancar este reclamo. Asimismo abrir la deliberación sobre la convocatoria de un Congreso de Trabajadores con delegados elegidos por asambleas de fábricas, barriales, estudiantiles, etc. para discutir una agenda propia del pueblo trabajador y explotado, que levante los reclamos reales de las grandes luchas populares y que solo se podrán imponer mediante la acción directa.

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