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Argentina – la reforma laboral mileísta

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Hicieron todo para convalidar la reforma laboral. Porque el aumento de la precarización, del monotributismo, de la tercerización, de la pérdida de derechos y condiciones de trabajo, vienen desde hace mucho y sostenidas. Porque hoy el salario no alcanza no importa cuantos empleos acumules, porque el trabajo escasea a medida que la recesión se impone.

Porque el deterioro de las condiciones de vida no es de ayer ni de antes de ayer. Vivimos en un país sin historia, sin memoria, sin análisis de lo vivido. Basta ver como, incluso en la década ganada, aumentó exponencialmente la precarización laboral como forma de contratación. Porque buscaron aumentar la tasa de ganancia de las patronales reventando los derechos de la clase trabajadora y resolver la crisis de un capitalismo argentino que tambalea hace más de trece años. 

Entonces hablar de la futura reforma laboral mileísta implica hablar de un proceso de deterioro que busca consolidarse ahora pero que está lejos de surgir o emerger con el gobierno libertario. Basta ver y analizar como cambió la composición de la clase trabajadora tras el neoliberalismo. Porque el kirchnerismo le lavó la cara al menemismo y después el macrismo buscó retomar una agenda que nunca se abandonó. Ni siquiera durante ese gobierno autodenominado, cínicamente, de todos. Porque en Argentina, son todos gobiernos de clase. Reparten distinto, pero ajustan parecido. Y el problema siempre es la clase trabajadora. Sus aumentos de sueldos, sus derechos laborales, sus condiciones de vida. Porque hay que reducirnos a la mera sobrevivencia. Porque no se piden los balances de las empresas pero se auditan planes miserables. 

Y hoy se pagan las consecuencias. Porque la propia UTEP es un emergente de esa precarización y sub-empleo constitutivo de la argentina post 2001. Porque toda la concepción reaccionaria (y a tono con la doctrina social de la Iglesia) de la «economía popular», tuvo más de convalidación de la auto-explotación y el subempleo tercerizado que de formas asociativas de trabajo colectivo. Porque la UTEP convalidó la precarización dándole entidad gremial. Porque la sacralizó y buscó hacerla permanente, al disociar a los trabajadores de las distintas ramas de sus respectivos convenios colectivos de trabajo. 

Porque la CGT acompañó ese proceso que le resolvía el quilombo de como integrar a diez millones de laburantes desconveniados, sumándole la posibilidad de crear empresas subsidiarias a los gremios que los explotaran. 

Porque le resolvió el problema al Estado, creando categorías que los eximiera de la responsabilidad de contrariar la precarización creciente. Y ni que hablar de aprovechar esa mano de obra regalada para hacer todo el mantenimiento del espacio urbano, construcción, producción, y diversos trabajos municipales anteriormente más caros. 

Y porque le resolvió el problema a la burguesía, que usó y abusó de esas posibilidades de contratación y salarios por debajo de la canasta de indigencia. En términos actuales, «empredurismo» y «economía popular» son dos caras de una misma moneda de superexplotación.

La reforma laboral en ciernes no se explica sin esas agachadas permanentes de los organismos obreros (manejados por empresarios, todos los gordos justicialistas de la CGT son empresarios), pero tampoco se explica sin el carácter de clase de los «gobiernos populares». 

Porque el mileísmo retoma el programa que hace tiempo viene unificando a las patronales para llevarlos a fondo. Y ese programa no puede ser más que un ataque frontal contra una clase trabajadora prácticamente desguarnecida.

Nunca se puso/pone arriba de la mesa, cuando se habla de «modernización» que el aumento exorbitante de la productividad por el aumento tecnológico, la IA, la robótica, etc. abre caminos de reforma en los convenios colectivos progresivos hacia la clase trabajadora. Que modernizar y «adaptarse» no es reproducir condiciones de contratación y empleos propias del siglo XIX. Que podemos trabajar todos, pero menos. Que la rentabilidad está cada vez más concentrada. Un país donde el 10% más rico concentra el 59% de la riqueza, mientras la mitad de la población más pobre (¡la mitad!) nos quedamos el 4%. Un país donde acceder a bienes elementales como una vivienda resulta un lujo imposible.

Podemos trabajar menos, podemos trabajar todos, podemos apuntalar una sociedad que no esté anclada ni en la especulación de los mercados, ni en la rentabilidad del capital, sino en las necesidades socialmente necesarias para nuestra reproducción, tanto material como social y cultural. En fin, una sociedad que centre su atención en la humanidad y no en la mercancía.

Milei no se explica sin el PJ. La reforma laboral libertaria no se explica sin las décadas de brutalización de las condiciones de vida y trabajo. 

En vez de estupideces de recambio, de ese juego de la buena pipa político, lo que hay que debatir y pensar, es en las necesidades humanas. Y actuar en consecuencia.

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