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Análisis de la coyuntura y sus implicancias estratégicas

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Eduardo Gutierrez

1.- La derrota del Apruebo en las últimas elecciones del 17 de diciembre promovido por la derecha, un sector de la ultraderecha y sectores del centro político (ex DC, amarillos) como también de sectores importantes de la burguesía y del capital financiero constituye una clara victoria de la centro izquierda (ex Concertación, ex Nueva Mayoría) y la izquierda extraparlamentaria.

2.- El rechazo a los dos últimos textos de constitución expresa en todo caso una situación de correlación de fuerzas no resuelta. Los intentos de resolver la crisis económica y política por medio de un texto constitucional fracasaron. Lo que abre una nueva coyuntura de disputa. ¿Cómo se
articularán las diferentes clases y fracciones de clase? ¿Cuáles serán sus apuestas? HE AHÍ EL TEMA DE LA POLITICA.

3.- La persistencia de la crisis económica y la crisis política obliga a analizarlas en profundidad para evaluar las distintas opciones en vías de su resolución y esto está ligado directamente con la disputa que se abre con la actual coyuntura, de ahí sus implicancias estratégicas.

LA CRISIS ECONOMICA

¿Cuál es la profundidad de la crisis económica más allá de los datos de los dos últimos años y de la proyección del PIB para los años 2024 y 2025? (1).
¿Cuál es el nivel de la crisis del modelo neoliberal? ¿Derrumbe o ilegitimidad?
Analizar en profundidad el nivel de la crisis económica nos servirá para responder estas ultimas preguntas.
¿Qué nos dicen los datos estadísticos (INE, Banco Central, Banco Mundial)?
El PIB promedio de los últimos diez años fue del 2.32% y en el de los últimos cinco años es 1.74. Por otro lado, los datos de la última década muestran que el proyecto de las clases dominantes de hacer del país uno desarrollado ha fracasado en forma rotunda y de paso la promesa de un Estado de Bienestar también.

No obstante, esa evaluación, el modelo neoliberal está lejos de su derrumbe aun cuando sus niveles de ilegitimidad son importantes tal como lo demuestran los resultados de la última elección. Claro que esa ilegitimidad proviene fundamentalmente de la crisis política, es decir de la
inexistencia de mecanismos democráticos para resolverla; en el fondo de una crisis del sistema político representativo donde dominan las castas.

Que el modelo económico neoliberal no se ha derrumbado lo demuestra el hecho de que el sistema privado de pensiones se mantiene e incluso hay acuerdo transversal – derecha gobierno- de aumentar en 0.5% las cotizaciones de los y las trabajadoras, que las normas laborales que
aseguran la sobre explotación siguen vigentes (trabajos precarios, dos millones cuatrocientas mil “trabajadores” informales); al tiempo que continúa la desigualdad donde el índice de Gini es 0.44 y el 1% de los más ricos se llevan 25% de la riqueza total del país y el 50% más pobre el 2.1%.

Si bien es cierto el PIB en los hechos demuestra que estamos en recesión, donde según estadísticas oficiales ha caído en empleo en la construcción ( -9.9%) y la cesantía se empina por sobre el 9,7% y el poder adquisitivo de salarios ha retrocedido producto del aumento del Índice de precios al consumidor, existen rubros de la economía donde se ha crecido como la industria manufacturera metálica (2), donde laboran 828.268 personas. No obstante, la producción minera ha retrocedido en un -6,8%. Con todo, según datos del Banco Central las exportaciones versus importaciones están equilibradas (3).

En este contexto, a veces contradictorio, lo que resalta es que los trabajadores precarios, los bajos salarios, las jubilaciones irrisorias no tienen soluciones concretas de parte de las clases dominantes, las que solo atinan a políticas de subsidios donde resaltan la Pensión Única Garantizada que en buenas cuentas es un subsidio también al sistema privado de pensiones (las AFP) lo que sumado al deterioro del poder adquisitivo de los salarios como consecuencia de la inflación, sean vistos como factores de inestabilidad y de temor ante la posibilidad de nuevas rebeliones como la existente en octubre de 2019.

En este sentido la clase gobernante tiene como objetivo asegurar la estabilidad y tasas de ganancias del sistema financiero y los monopolios a cambio – como se ha dicho – de generar consensos sobre los subsidios para los sectores populares, pero también tienen el desafío de impedir que los sectores medios sigan siendo perjudicados por las altas tasas de los créditos hipotecarios y el encarecimiento de la salud y la educación privada.

Proyecciones estratégicas de la crisis

Las clases dominantes se han mostrado hasta ahora incapaces de mostrar un camino de solución a la crisis. Sobre la crisis económica han insistido en el tema de las condiciones políticas para revertir los bajos niveles de inversión, pero ellas se han apresurado a sacar sus capitales fuera y esperan que las inversiones vengan del capital transnacional (4). Y tal como se ha dicho tales condiciones políticas se expresan en la estabilidad del sistema político: un verdadero circulo vicioso. De tal forma que, al parecer, salvo que ocurriera una suerte de milagro, el IMACEC y el PIB seguirán a la baja, estrechando los márgenes para una mayor capacidad de entrega de subsidios que impidan nuevas rebeliones.

Al respecto hay que seguir de cerca los ingresos provenientes del litio que según estimaciones rondarán por cerca de los seis mil quinientos cincuenta millones de dólares para el periodo 2024- 2026 que pueden ser una herramienta para aumentar gastos sociales donde la perspectiva está centrada en la Pensión Única Garantizada. La derecha y la ultraderecha han puesto sus esfuerzos en ganar las próximas elecciones presidenciales (2025) y previamente obtener resultados promisorios en esa dirección en las elecciones de concejales y alcaldes que se realizarán en octubre de 2024. La ultraderecha quedó herida y la derecha tradicional está a la espera del apoyo del capital transnacional. Este ultimo tendrá que apostar también al o la candidata del actual gobierno en dirección de la ansiada estabilidad y, desde ese punto de vista, los dos últimos años serán administrativos pero importantes para mostrar al menos que el gobierno es capaz de lograr esa estabilidad e impedir nuevas rebeliones.

Con todo y a pesar de la debilidad del gobierno y su escaso nivel de apoyo (que ronda el 38% de aprobación) tiene la iniciativa en sus manos producto del triunfo del rechazo, sin embargo, a dos semanas de ese evento continúa entrampado en llegar a acuerdos con la derecha en el tema de las pensiones y el pacto tributario, producto de su menor representatividad parlamentaria algo de lo cual la derecha está consciente. Su opción está entonces en ordenar sus fuerzas y alianzas para las elecciones del 2024 y su proyección a las presidenciales del año siguiente.

Su alternativa de ampliarse hacia el centro está seriamente dificultada por la debilidad de la DC y su opción de alianzas hacia la izquierda extraparlamentaria debiera pasar la prueba de acuerdos por omisión en las elecciones de alcaldes y concejales, en concreto con los nuevos y viejos pequeños partidos legalizados. Pero no está para nada claro que de uno y otro sector estén dispuestos a esas alianzas electorales.

Los desafíos de la izquierda extraparlamentaria
A pesar de la debilidad de esta izquierda es una buena señal los esfuerzos que desde distintas miradas se estén generando condiciones para legalizar partidos y de este modo participar en las próximas elecciones; es una clara señal de que las vías institucionales en nuestra cultura de
izquierda vuelven a posicionarse sin dejar de considerar los necesarios momentos de lucha fuera de la institucionalidad que constituyen factores imprescindibles para aumentar sus fuerzas, donde destacan las huelgas, paros parciales y las políticas de autodefensa del pueblo nación mapuche.

Al respecto existe un tema estratégico que hasta ahora ha motivado la debilidad de esa izquierda cual es la carencia de un proyecto alternativo, debilidad acrecentada por la inexistencia de una dirección política y de un movimiento social disperso y agotado. Sobre este tema es necesario
despejar la diferencia entre programa de gobierno y proyecto. Es cierto que elementos de programa han surgido con claridad después de la rebelión del 2019 como son el poner fin a las AFP y asegurar que los cuantiosos montos financieros sirvan al desarrollo del país, terminar con las onerosas concesiones mineras, potenciar la industria nacional del litio y también la convocatoria a una Asamblea constituyente, donde esta última demanda objetivamente ha perdido fuerza; pero, lo que ha faltado es la identificación de un proyecto de sociedad, de Estado y de régimen político distinto. Es decir, uno que dé respuesta en qué tipo de sociedad se inscribe ese programa, o en qué tipo de transición. Donde la contradicción principal se ubica entre sistema político neofascistas de democracias restringidas versus democracias ampliadas incidentes en las economías de sus países. Por lo pronto, surgen ideas que proponen rescatar el allendismo como proyecto nacional, popular, democrático y antimperialista como transición a un nuevo y necesario tipo de socialismo, posible de identificar con la República Democrática de Trabajadores (5) todo lo cual permitiría – entre otras cosas – tener más claridad sobre las políticas de alianzas futuras.

Hay que considerar también que cualquier diseño estratégico o de proyecto debe contemplar el nuevo contexto mundial muy diferente al existente hace cincuenta años, donde la actual contradicción está situada entre el mundo unipolar liderado por Estados Unidos y el multipolar con una alianza que considera a China, Rusia y los BRICS, que ha dejado atrás (no se sabe por cuanto tiempo más) la contradicción entre socialismo y capitalismo.

Un diseño de tal naturaleza requiere como condición imprescindible resolver el abismo entre esa izquierda y el movimiento social o de masas; tener propuestas concretas sobre los principales aspectos que aquejan a nuestra sociedad como la delincuencia, el narcotráfico, los bajos salarios y la inmigración descontrolada, uniendo estas propuestas a la defensa de todo lo colectivo, tanto en lo que se refiere a la institucionalidad (defensa de la educación, salud, transporte, etc.) como en el rol de las organizaciones de la sociedad civil, todo esto con vistas a “prefigurar” las concreción de las ideas socialistas.

(1).- Las principales caídas del PIB se ubicaron en las últimas seis décadas en los años 1972 (-1%), 1973 (-5%), 1975 (-12.9%), 1982 (-11%), 1999 (-0,3%), 2009 (-1,1%), 2020 (-6.1); cada una de ellas produjo contrarrevoluciones , insurrecciones populares o caída del apoyo electoral.
Paradojalmente la rebelión del 2019 no estuvo precedida por ninguna crisis de esta naturaleza en forma manifiesta; el promedio del PIB de los años 2015 al 2018 fue de 1,5%.

(2). Datos del Banco Central y del Boletín de ASIMET https://www.asimet.cl/
(3). Banco Central. Ver también los datos aportado por El Ciudadano, sección economía. El
ciudadano.com
(4). Ver Revista SurAndino Número 129.página 10(5) propuesta de Eugenio González, ex rector de la Universidad de Chile en el programa socialista
de 1947.

Eduardo Gutiérrez González / enero 2024.

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