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A 50 años del triunfo de la Unidad Popular en Chile

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Chile entre dos traiciones

No deja de llamar la atención que el Chile de hoy sea el resultado de dos grandes traiciones. La primera del ultra mediocre general Ramón Pinochet Ugarte quien siendo nombrado comandante en jefe del ejército de Chile por Salvador Allende lo traiciona y a última hora se une al golpe que estaban organizado un grupo de generales de todas las fuerzas armadas, policía, políticos y empresarios de la derecha que siempre estuvieron detrás de los militares. El general Ramón pliega al golpe y se pone a la cabeza, pero tenía que demostrarles a los generales golpistas que él era más fiero que ellos, porque durante algún tiempo lo vieron esquivo y reticente al golpe, eso explica en parte la extrema dureza de la asonada que llegó al extremo de bombardear el palacio presidencial para dar una clara señal de que estaba dispuesto a todo. Y en realidad su vesania no se detuvo ante nada.

Vale decir que tanto militares como los partidos de la derecha y la ultraderecha actuaban con el respaldo y la financiación del gobierno norteamericano.

La segunda traición fue una traición más bien colectiva la del partido del Presidente Allende con algunos de sus ex ministros, así como también ex militantes y ex dirigentes del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU). Una traición nefasta a los trabajadores y a los pobres del campo y la ciudad que son la inmensa mayoría de la nación.

Cuando sale Pinochet del gobierno dejando intacta su estructura de poder toma la posta un conglomerado político compuesto por los  demócratas cristianos que en su mayoría apoyaron el golpe, el Partido Socialista, el Partido Radical  y El Partido por la Democracia un partido instrumental de ex izquierdistas renovados hacia ese progresismo ambiguo y rosado, en definitiva neoliberal y otros grupos menores que se llamó Concertación por la Democracia la que una vez en el gobierno en vez de terminar con la estructura dictatorial se dedicaron a remozarla y perfeccionar el modelo neoliberal dejando de lado todas las banderas por las cuales murió Salvador allende,  se sometieron a una democracia totalmente retaceada,  regida por la constitución del 80 que un grupo de civiles de ultraderecha le hicieron al dictador para que siguiera ejerciendo su influencia incluso cuando ya no estuviera en el gobierno y hasta después de muerto. Hasta que ocurrió la rebelión popular del 18 de octubre del 2019. Pero eso es otra historia. 

Los leves cambios que iba haciendo la Concertación eran al ritmo de la tortuga – además casi todo consensuado con la derecha – y a golpe de la presión de los movimientos sociales. 

La gestación del gobierno popular

En rigor la gestación de un gobierno como el de la Unidad Popular tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX con la organización de las primeras organizaciones obreras, primero mutualistas y después sindicales, que luchaban por mejorar sus pésimas condiciones de vida producto de sus bajos salarios y la inexistencia de seguridad social, utilizaron la huelga como una de sus principales herramientas de lucha. El movimiento obrero está vinculado a la economía de enclave y al desarrollo del capitalismo minero dependiente.

La primera gran ola de huelgas se produce a fines del siglo XIX, el bandidaje social y la revuelta primitiva son poco a poco reemplazados por la huelga general.  En esta época, los obreros dejan su marginalidad total para intervenir directamente en la escena política nacional.

Desde la creación de las Mancomunales y de las sociedades de resistencia a fines del siglo XIX y el surgimiento de la Central Única de trabajadores  (CUT) en febrero de 1953, el movimiento obrero se constituyó en un protagonista esencial en desarrollo histórico chileno gracias, principalmente, a un poderoso movimiento sindical.

El devenir del movimiento obrero chileno va pasando por períodos diferentes en ciertas etapas se caracteriza por la independencia de clase y la autonomía, en otras por la subordinación a las instituciones estatales y

 partidos políticos que participan en el campo estatal, así como hay otros momentos de alianzas parciales que a veces pasan a una oposición decidida y frontal con ciertas fracciones de las clases dominantes.

La brutal represión a los trabajadores, es una características de la dominación de las clases pudientes en Chile, las grandes masacres que hacen parte de la memoria colectiva chilena que van del Mitin de la carne en Santiago de Chile en octubre de 1905 pasando por la masacre de la Escuela Santa María de Iquique en 1907 hasta llegar a la masacre de los pobladores en Puerto Montt en 1969 durante el gobierno Eduardo Frei Montalva no son sino algunos jalones de esta historia.     

Nace el partido Comunista (1922) primero y después el Partido Socialista (1933) como expresiones políticas del movimiento obrero que buscan canalizar y dirigir la transformación social que entonces encarnaba el proletariado chileno orientando al movimiento obrero en función de las tareas del momento.

Existe un hito poco conocido y estudiado que se produce entre el año 1918-1919 que es la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN). Producto de la miseria social en la que viven en ese entonces las sectores populares organizan marchas del hambre, contra el alza del costo de la vida y de varias reivindicaciones más, se unen en esta Asamblea elementos de protesta y solidaridad siendo esta una gran muestra de la capacidad de respuesta organizada de la clase frente al Estado oligárquico. Esta asamblea puede considerarse como una experiencia de poder popular que se gesta al calor de lucha.

También aparecieron formas de auto organización popular durante la ocupación de Puerto Natales en enero de 1919 y durante la llamada república Socialista en 1932 a lo que se agregan otras experiencias que muestran las expresiones latentes de poder popular.

La llegada del gobierno del Frente Popular (1936) permite una industrialización parcial por un proceso de sustitución de exportaciones   que genera lo que algunos cientistas políticos han llamado  “Estado de compromiso” que se caracteriza como una herramienta de control social

en manos de la burguesía industrial hegemónica que gracias a la entrega de ciertas concesiones económico-sociales hacia fracciones reducidas y específicas de las clases dominadas logran mantener cierto equilibrio inestable y transitorio entre sectores dominantes y fracciones de las capas medias y obreras y que explica la aparente estabilidad de régimen político chileno.  Periodo que no ha sido ni estable ni sereno.

El año 1964 llega al poder la Democracia Cristiana con su llamada “revolución en libertad” con una fuerte ayuda económica del gobierno de los Estados Unidos y con un programa de reformas destinado a detener el comunismo. A pesar del apoyo popular que concitó el carácter reformista burgués del gobierno de Eduardo Frei Montalva no fue suficiente para detener el proceso de cambios que exigían los trabajadores y fracasa, ya que no cumple sino a medias lo prometido en la campaña electoral.

En este período la izquierda reafirma sus posiciones en la Central Única de Trabajadores y ejerce su hegemonía a pesar de que participan en ella algunos sindicatos controlados por la democracia cristiana.  

Tendríamos que decir para culminar esta parte que la suma, resta multiplicación, y división de muchas luchas y procesos en un movimiento dialéctico, contradictorio y complejo tuvo como resultante el fenómeno de la Unidad Popular. 

El gobierno popular

“El gobierno de la Unidad Popular, fue a la vez, fiesta, drama y derrota

Tomás Moulian

El régimen de la Unidad Popular es concebido como un gobierno antimperialista, anti oligárquico, anti terrateniente de liberación social y nacional que abriría las puertas al socialismo. Es decir, en el fondo estaba impregnado de una concepción etapista de la revolución.

Se hace necesario hacer una breve constatación de la correlación de fuerzas a nivel internacional, la Revolución Cubana estaba en su pleno apogeo y prestigio ejerciendo una fuerte influencia sobre la izquierda y el movimiento de los trabajadores y campesinos en Latinoamérica. También

existían con cierta fuerza y presencia movimientos guerrilleros en varios países de nuestra América morena.  Todavía existía la Unión Soviética y el campo socialista y se caracterizaba esta época por cuatro frentes de confrontación: la pugna de los Estados obreros burocráticos con los Estados capitalistas avanzados, los trabajadores que enfrentaban en las metrópolis desarrolladas a sus burguesías nacionales, los movimientos de liberación nacional anticolonial en los países del tercer mundo y estaba planteada también por los trabajadores una revolución política al interior de los Estados obreros para recuperar el socialismo.

El proceso revolucionario chileno parte de una victoria electoral que muchos creían imposible, pero se dio por la división en el bloque dominante y también por la forma de la institucionalidad chilena que implicaba que el candidato ganador no necesitaba una mayoría absoluta para acceder al cargo ya que la Unidad popular sacó en las elecciones de septiembre de 1970 el 36,63% de la votación y las normas constitucionales estipulaban que en caso de no haber mayoría absoluta era el Congreso Nacional el que elegía entre los dos candidatos que tenían  la mayor cantidad de votos,  después de una serie de maniobras e intentos de impedir que Salvador Allende asumiera el mando de la nación incluido el asesinato del René Schneider comandante en jefe del ejército, la Unidad Popular y  la Democracia Cristiana firmaron un pacto de garantías constitucionales que pretendía garantizar el sistema burgués. Dicho pacto permitió a Salvador Allende acceder al gobierno.

Una vez en el gobierno este, en un hecho sin precedentes, comenzó a cumplir su programa que contemplaba las 40 primeras medidas cuyas disposiciones más emblemáticas era repartir medio litro de leche diario a todos los niños de Chile, junto a un alza general de sueldos y salarios. Después se logró nacionalizar la gran minería del cobre, del salitre y otras actividades mineras como el carbón, se profundizó la reforma agraria, se estatizaron la Banca y los seguros, es decir, comenzaron a tomar forma profundos cambios estructurales en la sociedad chilena.

Estos cambios dieron como resultado la ampliación de la base de apoyo del presidente Allende y en unas elecciones municipales realizadas al año del mandato los candidatos de la Unidad Popular obtuvieron en total el 51% de la votación.

Las clases dominantes sorprendidas, espantadas y paralizadas al comienzo con lo que estaba ocurriendo sobre todo por la creación del Área del Propiedad Social de la Economía que significaba la expropiación de las industrias que se consideraban estratégicas. Además de la participación de los trabajadores en la administración de las empresas públicas, concertada entre el gobierno y la CUT, poco a poco empiezan a articular una oposición sediciosa y golpista llegando a formar un frente único con la Democracia Cristiana que en definitiva constituyó la base política del golpe militar.

El primer año de gobierno la gente pobre lo vivió como una fiesta del pueblo., por primera vez los trabajadores eran tratados como sujetos y empezaban a tener acceso a campos que en la dominación corriente le están vedadas, comenzaron entonces a disfrutar junto a mejores condiciones de vida,  de la cultura y el arte, la literatura, el cine,  vacaciones, y muchas otras cosas.

¿Qué es lo que falló?, ¿Por qué no fuimos capaces de derrotar a la derecha coaligada con el imperio?

En términos generales y abstractos diremos que el proceso revolucionario chileno se topó en lo interno con una contradicción que nunca pudo resolver adecuadamente, entre una concepción etapista que no tomó nunca en cuenta la dinámica de las masas y las leyes de la revolución permanente, en definitiva, existió una aguda crisis de dirección revolucionaria. 

Lo que mejor demuestra lo que hemos dicho, es algo de lo cual hoy se habla poco, la cuestión del poder popular, que pasaremos a examinar a continuación.

El poder popular

“Yo me recuerdo…como una experiencia para los comandos populares caso de Tomé, donde allí a partir de las industrias Textiles se constituyó ese comando, cuando comenzó el paro del comercio de Tomé.

Los trabajadores textiles dijeron: les damos 6 horas para abrir los locales, si no los abrimos nosotros. Y se acabó el paro del comercio de Tomé.” Decía Oscar Guillermo Garretón en un foro el año 1972.

El poder popular en Chile nació de un agudo enfrentamiento, la clase patronal lanza un paro contra el gobierno de Allende con fines desestabilizadores y el proletariado chileno responde magníficamente a la ofensiva empresarial.

La burguesía utilizando las fisuras del programa económico de la Unidad Popular lanza una ofensiva económica, que se concreta en el acaparamiento de los productos básicos, café, papel higiénico, cigarrillos y otros productos, generando un mercado negro, especulación, sabotaje, y aumento de los precios, trataban de crear un clima insoportable para provocar la intervención militar  y ahora junto a esto un paro de la producción, es decir pasaron al nivel de pretender un boicot económico generalizado. La oposición al gobierno popular aglutina a los gremios patronales y a los profesionales, abogados, arquitectos, ingenieros, médicos, incluidos algunos sectores de trabajadores como los mineros del “El Teniente”, junto a los partidos de derecha incluida la Democracia Cristiana y conforman la Confederación Democrática (CODE) y se lanzan a la aventura golpista.

Pero el paro patronal de octubre les fracasó por la respuesta heroica de la clase obrera chilena. El paro patronal contaba con el apoyo del gobierno norteamericano e iba acompañado de las acciones terroristas de Patria y Libertad más la oposición parlamentaria que estaba dedicada a destituir ministros e intendentes.

La respuesta de la clase surge de la base Carmen Silva una militante socialista cuenta: “Fue una cosa maravillosa ¡casi todas las fábricas de Santiago funcionando sin patrones! Los obreros poniendo a andar las cosas más sofisticadas, diseñando zapatos, en fin…”

Así, los Cordones Industriales constituyen uno de los hechos más originales de la respuesta de la clase obrera que ninguna dirección sindical ni política creó sino que surgieron desde abajo en las principales zonas industriales del país, eran organizaciones unitarias y transversales que funcionan sobre una base territorial y permiten la unión entre diferentes sindicatos de un sector industrial determinado, también se llamaron Comandos Comunales, Comandos de trabajadores, y Comités Coordinadores. Estas agrupaciones, de carácter horizontal, responderán de forma masiva al boicot patronal mediante una serie de ocupaciones de fábricas. Los trabajadores de los “Cordones” logran así mantener parcialmente la producción haciendo funcionar las fábricas sin sus propietarios, la mayor parte del tiempo con la ayuda de pocos técnicos y sobre bases completamente nuevas (cuestionamiento de la división del trabajo, de la jerarquía de la fábrica, de la legitimidad para dirigir de la patronal). Organizan también formas paralelas de abastecimientos, especialmente con ayuda de las Juntas de Aprovisionamiento y Control de precios (JAP), multiplican las brigadas de vigilancia y defensa de las fábricas.

Como se puede apreciar estas formas de poder popular expresaron un alto nivel de conciencia de clase. Su proceso quedó trunco por el golpe de Estado. Ahora, lo que pudimos constatar es que hubo un proceso de transcrecimiento del movimiento de masas que dejo descolocados a todas las direcciones políticas, sindicales y asociativas, por todas partes el programa de la unidad popular era desbordado por la actividad, creatividad, e iniciativas de los trabajadores, cuestión que demuestra en la realidad que la revolución no se puede hacer por etapas porque cuando los explotados despiertan es imposible contener su empuje hacia la liberación, por ejemplo el proyecto de reforma agraria sostenía que al antiguo dueño del fundo debían respetárseles 40 hectáreas, en la reforma agraria de la Democracia Cristiana se les dejaban 80, pero los campesinos se preguntaban por qué hay que respetarles nada y se tomaban también las 40 hectáreas patronales. Los trabajadores de las pequeñas y medianas industrias que no estaban incluidas en el área estratégica decían porque nosotros vamos a continuar en las formas de explotación cuando nuestros compañeros están siendo liberados y procedían a tomarse sus centros de trabajo. 

Las direcciones reformistas de los partidos políticos junto a las directivas sindicales hacían todo lo posible por contener la movilización en los marcos del programa y el movimiento de masas iba más allá.

Estas mismas direcciones intentaron subordinar y contener a los Cordones Industriales y no pudieron. Los cordones que nacieron para defender al gobierno popular, pero pronto se empezaron a mostrar críticos con las medidas vacilantes del gobierno, la incorporación de militares al gabinete y los intentos de detener el proceso para después avanzar.

La tragedia última fue que no existió una dirección y una fuerza revolucionaria que llevara el proceso a la victoria. Las organizaciones que constituyeron una especie de polo revolucionario no alcanzaron a superar la camisa de fuerza de su centrismo.

Quizás visto desde la perspectiva de 50 años los grandes errores de la dirección política de la Unidad Popular fueron esencialmente tres: primero la visión etapista de los procesos revolucionarios, dos no haber convocado a una Asamblea Constituyente Soberana inmediatamente después del primer año de gobierno con el objeto de desarticular la institucionalidad burguesa,  y,   tres no haber preparado seriamente un plan de defensa militar, popular y de masas del gobierno para enfrentar la ofensiva reaccionaria. Junto con ser los grandes errores quedan también como las grandes lecciones para el futuro. 

Bibliografía.

  • Gaudichaud, Franck, “CHILE 1970-1973. MIL días que estremecieron al mundo. Poder popular, cordones industriales y socialismo durante el gobierno de Salvador Allende”, LOM ediciones, Santiago Chile 2016.
  • Pinto Vallejos, Julio (Coordinador editor) Varios Autores

“Cuando hicimos historia” La experiencia de Unidad Popular LOM ediciones, Santiago Chile, 2005.

  • Revista Punto Final. N· 175 Santiago- Chile

https://www.alainet.org/es/articulo/208973

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