Inicio Análisis y Perspectivas ¡De rodillas nunca – de pie siempre!

¡De rodillas nunca – de pie siempre!

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por Franco Machiavelo

En el movimiento real de la historia, donde las contradicciones no se esconden sino que estallan, ningún proceso político puede ser comprendido desde la superficie de los hechos. Hoy, la situación de Venezuela exige precisamente eso: una mirada crítica, materialista, sin concesiones ni fetichismos del poder.
La reciente reconfiguración del escenario político —marcada por la captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro tras una intervención extranjera— no es un hecho aislado, sino la expresión concreta de la disputa entre fuerzas hegemónicas por el control de recursos estratégicos y de la dirección política del país. 
The Guardian +1

La reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas, después de años de ruptura, no puede leerse como un gesto inocente de “normalización diplomática”, sino como un signo evidente de recomposición del dominio imperial sobre un territorio históricamente disputado por su petróleo y sus riquezas minerales. 
Cuando el capital transnacional vuelve a instalar sus oficinas, no lo hace por cortesía: lo hace porque percibe condiciones favorables para su expansión.
The Guardian

En ese marco, los guiños de la nueva administración hacia el poder estadounidense —incluyendo la apertura del sector petrolero a inversiones externas y el restablecimiento de relaciones políticas— revelan una tensión profunda entre soberanía y dependencia. 

La aparente “estabilización” es, en realidad, una reconfiguración del bloque de poder: nuevas alianzas, nuevas subordinaciones.
New York Post

Aquí surge la contradicción central: ¿puede un proyecto que se dice heredero de procesos emancipatorios avanzar de la mano de quienes históricamente han intervenido, bloqueado y condicionado a los pueblos de América Latina?
La duda no es traición: es conciencia crítica.
Porque el problema no es solo quién administra el Estado, sino qué intereses estructurales expresa. Cuando se elogian actores que han ejercido presión económica, intervención militar o captura de dirigentes políticos, como ha ocurrido en este caso, se abre un campo de sospecha legítima sobre la orientación real del proceso. 
The Guardian +1

Más aún, el hecho de que el antiguo jefe de Estado permanezca encarcelado en el extranjero, bajo jurisdicción de la misma potencia que hoy restablece relaciones y negocios, instala una pregunta incómoda:
¿estamos ante una transición soberana o ante una reconfiguración tutelada?
La historia enseña que las clases dominantes no renuncian al control: lo transforman. Cambian los rostros, moderan los discursos, reordenan las alianzas… pero mantienen intacta la lógica de acumulación y subordinación. En ese sentido, el ingreso del capital extranjero al petróleo y los recursos estratégicos no es un simple “acuerdo económico”: es una redefinición del poder material.

Por eso, el apoyo acrítico, incondicional, se vuelve peligroso.
Porque desarma la capacidad del pueblo de ejercer vigilancia sobre sus propios procesos.
No se trata de negar la complejidad ni de idealizar el pasado, sino de sostener una posición firme: los pueblos no pueden arrodillarse ante ninguna forma de dominación, venga de donde venga, ni siquiera cuando se presenta disfrazada de pragmatismo o reconstrucción.

La dignidad política no se negocia.
La soberanía no se terceriza.
Y la conciencia crítica no se silencia.
Porque solo un pueblo que piensa, duda y cuestiona… puede mantenerse de pie. 
 
 
 

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