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Chile – EL OTRO PLEBISCITO   

Chile – EL OTRO PLEBISCITO  

 

por Coral Pey

MDP Comunal La Reina

En estas semanas, nuestra larga y angosta franja de tierra ha sido protagonista de dos iniciativas tendientes a superar el déficit democrático que ha caracterizado a esta “democracia de baja intensidad” o “post dictadura”, mediante una de las expresiones de participación directa: el plebiscito por No más AFP y el del Frente Amplio.

Sin embargo, más allá de llamarse de la misma forma, de haberse realizado en fechas cercanas y de tener propósitos similares, ambas iniciativas fueron muy distintas. Con cientos de miles de votos, se puede afirmar que los reiterados llamados de la Coordinadora tuvieron resultado: lograron convocar a sectores que usualmente no se movilizan, pero que son afectados por un sistema irracional e indigno de pensiones por jubilación, heredado de la dictadura. Y ello, desde ya, representa un tremendo éxito no sólo para los convocantes, sino para todos aquéllos que participaron en el proceso.

En el caso de la consulta del FA, la cosa no está tan clara: la votación alcanzada, efectivamente, fue mucho menor de la esperada, como han dicho varios. Las cifras son fluctuantes, y se habla desde siete a alrededor de veinte mil votos (las cifras oficiales reconocen un poco más de 16 mil). No obstante, en cualquier caso, los resultados dan cuenta de un universo ínfimo de la población total de Chile, de las que votaron por un sistema de seguridad social en las pensiones, un poco más amplio que la suma de adherentes de las diferentes orgánicas que participan en el Frente Amplio. Y  muy inferior  si se la compara con las primarias del FA donde participaron trescientas mil personas. Entonces, una primera constatación, más allá de las mitologías tejidas al respecto, es que la iniciativa no cumplió con el objetivo de darle espacio a un programa “participativo, desde abajo, popular y democrático”. Si acaso, aquéllos que participaron en este ejercicio representaron una cifra similar a la alcanzada en los encuentros programáticos tres meses atrás.

Y, cual comedia de equivocaciones, en el FA no siempre lo que empieza bien termina de igual forma: en una evaluación objetiva y desapasionada, la consulta está indisolublemente ligada a las jornadas, realizadas hace unos meses: con más de cien encuentros, muchos de ellos en comunas pobres o en zonas alejadas, junto a la calidad de sus informes (más allá de problemas de organización u otros), dan cuenta efectivamente de un proceso de construcción, en el que estaba presente la descentralización, y el abrir cauces de participación local en la toma de decisiones.

Un segundo elemento, como se ha dicho reiteradamente respecto de la consulta del FA fue su carácter ampuloso y tecnocrático: se diseñó un voto en base a conceptos  altamente complejos, como “financiamiento basal” de la Educación; falsas dicotomías (Estado protector vs. Estado fiscalizador o “restitución y cogobierno Estado-pueblos originarios”, vs. “restitución y autonomía de los Pueblos originarios”), o francamente errores: en el caso de relaciones internacionales, en las alternativas sobre integración regional con énfasis en lo económico, o en lo político, se incluye la moratoria a los TLC (propuesta de Mayol) en los segundos.

En torno a esta sección, la generalización de la integración latinoamericana (cuestión que lo dicen la mayoría de los candidatos), junto a la ausencia de una descripción más clara, podría encajar perfectamente tanto en el Mercosur como en la Alianza del Pacífico (AP). No se hace mención, aunque sea brevemente, qué diferencias existen entre ambos esquemas, en relación a la influencia de Estados Unidos para “hibridizar” el Mercado Común del Sur, a través de los países signatarios de TLC, que es la esencia de la AP.

En relación a RR.II., es inexplicable e inexcusable la omisión de las relaciones vecinales, obedeciendo a la decisión de la candidata al respecto: “no es posible plantear ninguna propuesta, mientras el juicio esté en La Haya”, confundiendo el rol y las limitaciones de los gobiernos con los de la sociedad civil. Por supuesto, tampoco se entiende que la candidata no se refiera a temas cruciales, como el cambio climático, o la importancia de construir bases sustentables para la paz a nivel multilateral. Como también lo es el que en época de globalización, en un país tan transnacionalizado como Chile, no haya una sola mención a la situación internacional. Esta carencia se extiende al plebiscito, ya que no se señala una sílaba del contexto multilateral, ni de las asimetrías de poder como causas de la situación de alta vulnerabilidad que vive el orbe en estos tiempos. Las preguntas sobre el tema son acépticas, salvo la moratoria a los TLC, que aparece poco comprensible si es que no va acompañado de una aclaración contextual.

En síntesis, la consulta, como acertadamente ha dicho Izquierda Autónoma, entre otros, es acéptica, no fija domicilio conocido. Pareciera como si hubieran confundido su rol, cual debiera haber sido  el elevar la conciencia de los votantes y constituir una elemento de movilización a nivel popular, y se identificaran con un estudio de opinión, sin sesgo (tipo Ipsos, o Adimark) por más imposible que sea esto último.

El no partir de los derechos sociales y centrarse en la mejor forma de implementar los mismos, llevó al error garrafal de plantear la variable de migraciones desde seguridad, como una de las preguntas. Al respecto, es muy cierta la crítica de Osvaldo Noriega, presidente de la Coordinadora Nacional Migrante: el incluir una pregunta desde un enfoque conservador y xenófobo conllevaba el peligro de que esa pregunta hubiera tenido mayoría. De hecho, hay cerca de un 9% de los votantes que eligieron esta variable, lo que no es de despreciar, considerando el perfil de los votantes.

Entonces, la pregunta lógica al respecto es qué pasó con el proceso posterior a los encuentros y qué clase de extraña mutilación se produjo, de las conclusiones emanadas de éstos para que textos llenos de fuerza y energía creativa se convirtieran en preguntas aguachentas, llenas de omisiones y las distorsiones que ya hemos señalado.

 

Sin embargo, pese a lo anterior, a que varias de las preguntas ellas eran poco comprensibles para muchos votantes, la gran mayoría de ellos optaron por una opción alternativa frente a aquélla ligada a la socialdemocracia con visos de neoliberalismo (¿qué es eso de “consumo cultural”?). Entonces, sería altamente deseable y de la mayor importancia, que en el trabajo que está por venir tales opciones programáticas sean respetadas. Ello, si algún sentido tiene el FA, más allá de la obsesión por la segunda vuelta y de cuanto sube o baja Beatriz en las encuestas.

Ello, junto con avanzar en una línea de construcción política que permita colaborar al desarrollo político de los actores sociales, a su capacidad de propuesta, coordinación, autonomía y unidad.

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