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Quino, por Paco Urondo

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Quino por Paco Urondo, una entrevista rescatada en el libro «La hermosa gente»… Se trata de una antología del trabajo periodístico del poeta en el semanario «Juan», entre mayo y septiembre de 1967
Quino
Quino, por Paco Urondo

Con un diseño que no desentonaba al de «Panorama», «Primera Plana» o «Siete Días», su temprana desaparición y su exigua tirada propiciaron su olvido. Este adelanto del libro que rescata el trabajo de Urondo en la publicación incluye un fragmento del prólogo del volumen, que recorre la historia del semanario.

Por Paco Urondo – 21 de abril de 2024
Quino -paco1 mayo 1967Urondo entrevista a Quino en mayo de 1967
Cuando Joaquín Lavado llega en taxi a su casa, lo primero que hace es lavarse las manos prolijamente. Y no es por el taxi: otras veces lo toma sin que necesariamente deba recaer en estas medidas higiénicas. La explicación es más de fondo, más trágica: hace años su padre llegó en un taxi víctima de un infarto y murió pocos minutos después.

Era empleado de comercio, republicano español, joven, alegre. Tres años antes había muerto su mujer y Joaquín Lavado –Quino– quedaba a cargo de su tío Joaquín Tejón que ya a los 2 años lo iniciara en los secretos del dibujo. Desde ese día “tengo bastante terror a la muerte, cualquier cosa me relaciona con eso”.

Hubo otras cosas dramáticas: un zanjón en Mendoza “lo arrastró” y lo sacaron medio ahogado. Y la timidez que subsiste aunque “ahora estoy mucho mejor”; “se me ha ido pasando: cuando adolescente, antes de entrar a comprar un lápiz, me paraba delante de la vidriera y daba vueltas. Hasta que al final me decidía y entraba”.

En la escuela “conducta diez”: “la escuela me angustiaba tanto que los tres primeros meses tenía malas notas, pero después terminaba el año con notas altas, aunque no era el primer alumno y eso me daba bronca”.

Actualmente le pasa algo parecido; no se considera el mejor dibujante: “están Oski, Brascó”. A Landrú le envidia “la guita”. Otro trauma fue: “la colimba: pensaba que nunca iba a salir de allí y tenía ganas de matar a todos. Tenía las armas en la mano, pero uno no se anima”.

Hubo cosas buenas: “Eduardo, un hijo que el tío Joaquín tuvo cuando ya era grande”; “lo quiero mucho, fue para mí una especie de hijito”. Después de “la colimba” se vino a Buenos Aires, seis años después se casó con Alicia y con ella vive: “prácticamente es mi única amiga”.

Su maestro fue Sergio Sergi, “como artista me gusta muchísimo” aunque el estilo grotesco del maestro se conecte un poco con el de su alumno: “le pedimos la receta de las cebollitas en vinagre, que hace magníficamente, pero no la quiere largar”.
Quino 1967Quino en una fotografía publicada en el semanario Juan, 1967
MUNDO QUINO

–No tengo hijos ni los pienso tener. No quiero porque soy un amargueta; veo las noticias éstas de ahora, lo que dice U-Thant de que la guerra de Vietnam es el comienzo de la Tercera Guerra Mundial y ya con eso no quiero. Aparte no sé, no creo que valga mucho la pena vivir; ya que uno está, no se va a pegar un tiro, pero traer tipos, así, y meterlos en este bodrio…

–¿Y su mujer que opina?

–Opina más o menos lo mismo. Es más, a mí me interesan los chicos, pero ella ni siquiera les da bolilla.

–¿No le parece un poco romántica su posición?

–¿Romántica? A mí no me parece. La parte romántica seria el miedo a no saber cómo educarlos, si uno los va a educar bien; pensar que uno se va a morir y quién sabe qué va a ser de su hijo.

–¿Una nueva versión de la timidez o el miedo?

–Sí, en el fondo es un miedo, una timidez muy agrandada. Además, nos cambiaría la vida completamente y no tengo ningún interés.

–¿Es un problema de comodidad?

–Claro, imagínese: yo trabajo en casa, si tuviéramos un chico, ella no podría irse a trabajar en todo el día o yo tendría que atenderlo: no podría pensar una sola idea.–¿No es un planteo burgués, convencional el que hace? Más concretamente, ¿no hay contradicción entre esto y la no convencionalidad que expresan sus dibujos?

–No; me parece que no, porque para resolver el problema tendría que caer en un esquema más burgués: tomar una niñera, por ejemplo, y llamarla con una campanita: «Fulanita, ¿dónde está el nene?».

–¿Ustedes no tienen ninguna persona que los ayude con las tareas domésticas?–Tenemos, por horas.

–¿La llaman con una campanita? Quiero significar si no es un pretexto para no tener hijos eso de la niñera: tener a una mujer por horas, es lo mismo que tener una niñera.

–Sí, podríamos tener una niñera. ¿Usted quiere convencerme?

–No, no quiero convencerlo. Quiero saber si hay una contradicción o no. Le gustan los chicos, sus personajes son niños y por otro lado no quiere tenerlos.

–Bueno, otra causa es que yo pienso que los chicos joroban el matrimonio en cuanto a los problemas de celos que se crean. Yo, al menos, soy un tipo muy celoso.

–¿Tiene una relación muy edípica con su mujer?

–Sí, un poco. Podría ser.

–¿Ella es muy maternal?

–Sí, sí, bastante…

–¿Y a usted le gusta?

–Preferiría que no fuera así, pero…–…ya que está…

–…me resuelve todos los problemas y se preocupa por todo; si hay que hacer los réditos, me junta todo; yo de esas cosas no entiendo un pito.

–Ella es el hombre de la casa.

–Es el hombre de la casa.

–Y su rol es el del huerfanito; todavía.

–El del huerfanito genio que dibuja.

–¿Y eso le hace gracia o le da rabia?

–Las dos cosas.

–Así que ustedes no tienen hijos porque ya tienen el nene en casa…

–Yo vengo a ser el nene.
Mafalda
 

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