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¿Podría tener Chile un presidente similar a, por ejemplo, Pepe Mujica?

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QUIZA, LA PREGUNTA que intitula este articulillo esté mal planteada, ya que la sociedad civil de nuestro país no acostumbra imitar lo que ocurre en naciones hermanas, sitas en nuestro subcontinente… pues, a decir verdad, la mayoría de las imitaciones que en Chile huelgan corresponden a estándares y eventos propios de territorios ubicados en el hemisferio norte. Y despabílese amigo, ya que ello no está circunscrito exclusivamente a nosotros, los «paisas», pues también –y con mayor enjundia- ocurre en nuestras fuerzas armadas. Subdesarrollo le dicen; dependencia, le llaman. Otros, más audaces, lo califican lisa y llanamente de «yanaconismo», o de sociedad aún en proceso de colonización.

No es objeto de estas líneas realizar un análisis respecto de la coherencia ideológica ni de la consecuencia ‘revolucionaria’ del señor José ‘Pepe’ Mujica, expresidente de la República Oriental del Uruguay. Esa es materia que debe ser atacada por personas expertas en el asunto, lo cual no es mi caso. Mi interés atraviesa otros terrenos. Mire usted; Mujica –con un estilo de vida sencillo y con declaraciones llenas de asertividad- conquistó a más de la mitad del planeta (y de su país también), lo cual le franqueó caminos para llevar adelante algunas reformas e innovaciones que difícilmente la gente del país de la banda oriental habría aceptado si hubiesen provenido de gobiernos ‘clásicos’. Y cuando digo «gobiernos clásicos», estoy aludiendo a aquellas administraciones que destacan por un entreguismo sin ambages cuando se trata de capitales transnacionales, o de «indicaciones» explicitadas por el patroncito norteño de habla inglesa.

Es que Mujica no fue tan ostensiblemente obvio en esas materias, toda vez que nunca atacó de manera frontal a los emperadores del capitalismo, pero supo restarles algo de poder sin haber provocado pánicos financieros ni corridas bancarias. Tal vez no avanzó mucho si de beneficios para la mayoría del pueblo se trata, pero avanzó, y lo hizo sin colgarse un letrero de «enemigo total del imperio», aunque también se encargó de dejar claro que él y el Uruguay son parte activa de la hermandad latinoamericana, defensores de la paz, la democracia, la libertad y la justicia social.

No obstante, hay que poner ojo al ‘fenómeno’ Mujica (lo dije y reitero, esta materia debe ser atacada por personas expertas en el asunto), pues más allá de palabras floridas y opiniones que provocan sorpresa, en Uruguay continúa existiendo la misma realidad que asfixia a muchos. Cuando nos enteramos de los quehaceres de mandatarios que gobiernan en la otra banda, más allá de los Andes, nos asiste la certeza de que vamos a toparnos con líderes con buen espíritu latinoamericanista, pero, también estamos seguros que ninguno de ellos poseía esa cualidad que distinguió a nuestro recordado Salvador Allende: el internacionalismo.

El año 2010, Pepe Mujica concedió una entrevista a la revista VEJA, la más importante del Brasil, y en algunas de sus opiniones se observa un cambio notorio desde su época guerrillera… pero no al extremo de traicionar sus valores esenciales y engrosar las filas de quienes fueron y siguen siendo sus adversarios. Lea usted parte de esa entrevista:

-La presencia intensa del Estado en la economía y en otros sectores es uno de los fundamentos de la ideología de izquierda. ¿No es una paradoja que usted se considere socialista y antiestatizante al mismo tiempo?
-La estatización es una solución que fue abandonada. Se trata de una receta perfecta para el desarrollo de una burocracia opresora. Continúo siendo socialista porque soy enemigo de la explotación del hombre por el hombre. Eso no incluye defender un Estado grande y una administración pública hinchada. Sería un desastre.

-¿Qué principios deben ser respetados por un gobierno, sea cual sea su orientación ideológica?
-Lo ideal es tener una política muy estable, previsible y cuidadosa, con reglas claras y definidas. Ciertas medidas no deben cambiar de un gobierno a otro. Por ejemplo: cuidar el equilibrio fiscal, mantener una política económica austera y no jugar con la inflación. Son factores que no deberían entrar más en discusión, sea por la izquierda, por la derecha o por el centro. Las divergencias ideológicas se deberían limitar a la mejor manera de distribuir la riqueza (nota del autor: ¿entonces, la propiedad de los medios de producción quedan fuera de todo análisis y no resultan ser factores intervinientes en la lucha contra la pobreza y la desigualdad?).

Por estos rumbos, algunos de nuestros «revolucionarios» anti dictadura –al menos los más destacados mediáticamente- ni siquiera se ruborizaron cuando decidieron pasarse de un sopetón y de cuerpo entero al mismo sector que habían combatido hace años. ¿Quiénes, en Chile, podrían semejarse políticamente a lo que fue Pepe Mujica en Uruguay?

¿Marcelo Schilling, Max Marambio… o tránsfugas como Roberto Ampuero, Fidel Espinoza, Fernando Flores, además de algunas decenas de exrevolucionarios que ocupan y ocuparon cargos bien pagos en instituciones públicas? Esos revolucionarios nuestros, los de antes (como decía Neruda), ya no son los mismos… se pasaron al enemigo, de frentón. No ocurrió así con Pepe Mujica, quien dio un par de pasos hacia ese lado… pero se mantuvo fiel a sus valores esenciales. He ahí la diferencia.

No obstante, ni siquiera un Mujica podría cambiar sustantivamente este sistema neoliberal salvaje en Chile. Ese cambio, guste o no, debe ser continental, no exclusivamente centrado en un solo país, pues carecería de posibilidades de permanencia, ya que tampoco basta con la presencia de una persona o de un bloque político en el poder ejecutivo de una sola nación para hacerlo. Por ello, el internacionalismo de Allende cobra mayor vigencia cada día. Pero, la acción de José ‘Pepe’ Mujica fue, sin dudarlo, una ayuda, un buen comienzo para modificar de verdad el sistema y dar varios pasos en ese sentido.

En Chile no se avizora un personaje de tales características, voluntad y honestidad, por ello, al cerrar estas líneas, viene a mi mente un par de frases expresadas por el expresidente uruguayo que me parecen adecuadas para cerrar esta nota.

«A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política»

«El presidente es un funcionario que eligió la gente para un momento y una etapa, nadie es más que nadie»

 

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