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Topología de una Crisis Perfecta

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Conversación con Rafael Kries, Octubre 2020

Conversamos con este intelectual, difícil de clasificar en el actual panorama filosófico. Su teoría de la Ekopoiesis se alimenta tanto del marxismo consejista como de la lectura crítica de Nietzsche o Heidegger que realizan Foucault y Derrida. Su propia identidad se reparte entre una raíz judía y mapuche, europea e indoamericana. De lectura y conversación grata que rescata al Marx joven de Marcuse y Dussuel, Moshe Postone y Robert Kurz, se afinca sin embargo en el estudio de los nuevos procesos en desarrollo de economía digital y control. Constructor de ideas en Filosofía Política profana y macro – economía internacional; militante en diversos esfuerzos de renovación en América Latina, que se iniciaron con su participación en los Cordones Industriales en el Chile de Allende de 1972.

Coordina actualmente el Centro de Reflexión Herbert Marcuse.   <rakries@yahoo.com>

Buenas tardes profesor Kries. Gracias por recibirnos esta tarde, en este lugar que sus amigos denominan el Jardín de Epicuro.

Si, es un nombre grato que le pusieron a este pequeño lugar unos estudiantes, a quienes se les ocurrió grabarme y con ese material editar un pequeño libro con el nombre de “Conversaciones en el Jardín de Epicuro”. Es una historia simpática, pues yo ignoraba de su intento…

Pregunta: En una de sus últimas entrevistas “La Humanidad como Rehén”, Ud señala que la crisis mundial no sería una simple coincidencia de procesos, sino expresión inminente e inevitable del derrumbe de la síntesis social que ha servido de base a la modernidad. Si no es al cuadro de estructuras políticas ¿a qué se refiere con síntesis social y en qué sentido ella es o ha sido eje o base de la modernidad?

RK: Con la noción de síntesis social me refiero a una articulación de actividades sostenidas por el fetichismo mercantil y el poder de fuerzas sociales favorables a su reproducción, que habitualmente denominamos Capitalismo. Una forma de reproducción de la vida social en torno a la realización y expansión del valor social, que se auto-valora, en un ciclo y procesos de producción del capital. Karl Korsch y Alfred Sohn-Rethel la rescatan en su crítica a Kant, y yo simplemente la amplío al ámbito de la acción y no sólo de la tekhne.

Es la reproducción de esa Síntesis Social, la que ha estado encontrando cada vez más dificultades como eje rector, arrastrando a la humanidad a un período, no sólo de cambio paradigmático, sino epistémico y social. La evidencia de esa situación de decadencia, me permitió afirmar hace años el carácter ilusorio de las propuestas de sostenibilidad que se ofrecían a nivel internacional.

No se trata de ser catastrofista, sino de constatar la evidencia de que las mercancías han venido perdiendo progresivamente su referencia al valor y trabajo social contenido en ellas yen consecuencia, aquello que fue una relación central ordenadora y síntesis directora no logra progresivamente imponer su ilusión epistémica, basada en la forma del valor y del capital como despliegues del intercambio humano.

La precariedad del pensamiento, la difuminación de la Episteme., el debilitamiento de la aspiración a la verdad y a los interrogantes que su historia comporta, son evidencias de que no sólo los grupos dominantes la abandonan como preocupación central, sino que la vida social misma se oscurece y limita, anunciando el derrumbe de una era.

La forma del valor como manera de entender la realidad, el despliegue de la contrastación y el análisis, de la lógica y la comparación, así como toda suerte de artilugios con los que este sistema superó a la semejanza, la simpatía o la similitud, del Episteme anterior, se muestran solo como herramientas conceptuales de una relación sujeto – objeto que será superada.

La creación masiva de valor ficticio, así como la transformación de gran parte del capital social en virtualidades del mundo de internet, anuncian que la sobre-acumulación que se constata no es un problema económico o financiero, sino una expansión de esta relación de abstracción y universalidad, más allá de los mercados, en su desesperado intento de subsumir no sólo la socialidad sino la vida misma.

Crisis económica-financiera, recesión y desempleo estructural, contaminación y epidemias, destrucción del medio ambiente, descomposición político-social y de los estados-naciones, sobrepoblación y su control en campos de concentración, con su eventual exterminio, se han venido denunciando desde el s. XX sin que las amenazas de derrumbe climático, del sistema monetario, de la robotización militar o del cyber control sean detenidas.

El derrumbe de diversos estados nacionales, declarados como no viables por las potencias imperiales, incapaces de asegurar una norma de relacionamiento de sus mercados internos con la acumulación a escala global se hace evidente, en tanto 70 millones de desplazados vive en verdaderos campos concentracionarios.

Pregunta: Ud. habla de una Crisis de la Síntesis social, como eje de la acumulación de valor y expresión del capital, pero su descripción parece abarcar más planos que los de la propia modernidad y la economía ¿De qué crisis se trata, en definitiva? pues una generalidad no permite construir nada como respuesta.

RK: El proceso de Crisis abarca niveles estructurales de las sociedades del planeta, con antecedentes concomitantes previos y efectos y mecanismos multiplicadores, que desequilibran al centro económico y de poder mundial. Pero no estamos ante una simple confrontación por la hegemonía, ni de niveles estructurales del sistema, tal como las confrontaciones del Capital Corporativo vs el financiero, aunque ellos aparezcan como sus aristas.

Así mismo enfrentamos una convergencia de presiones sobre el entorno, cuyo efecto combinado parece moverse hacia un espacio fuera de control. ¿Podemos olvidar los inmigrantes y desplazados, a los empobrecidos o afectados por la actual epidemia, o el asalto a los niveles de relación o creencias que pensábamos definitivamente establecidas, tales como el laicismo, los derechos humanos o del Ciudadano?

Sin embargo, la crisis a la que me refiero es aún más profunda, por lo cual la denomino “Crisis Perfecta”. Ella afecta a la Síntesis de los procesos estructurantes y estructurales de este modo de producción, de reproducción y de vida. Abarca, desde luego, los elementos de una Crisis Cíclica Sistémica, pero así mismo el agotamiento de formas de dominio y metabolismos que exigirán e impondrán nuevas formas de reproducción de la vida.

La crisis actual no está reducida a los planos de la economía, sino que muestra de inmediato, el derrumbe y paralización progresiva de elementos precursores o concomitantes al ciclo del capital social. Crisis en estructuras y procesos, geopolíticos, ambientales o ya directamente sociales, que no son sostenibles en sus anteriores límites, y que le impiden al Estado-Nación, al Yo-Cartesiano, así como a los mercados, funcionar como lo hicieron durante 500 años.

Todo ello junto a una crisis epistémica paralela al agravamiento de los desequilibrios de nuestras sociedades con el entorno y afectada por la debilidad de la propia categorización de los fenómenos para manipular, manejar o controlar los aspectos de la realidad que nos surgen como centrales.

Asimismo, las epidemias que nos amenazan no sólo son generadas por el cambio climático que generamos en el entorno, el que favorece sus transmisores, produce sequías y episodios climáticos extremos, incluso en el centro del sistema mundial, sino que expresan el propio carácter enajenado y expoliador de esta relación de intercambio con la naturaleza, lo que permite que se expandan enfermedades científicamente controlables en áreas de pobreza, polución y procesos productivos desequilibrantes del entorno, con un efecto de rebote global.

Existe un malestar y una descomposición desarrolladas en el más exitoso, prolongado y vigoroso período de expansión continuada de las fuerzas y posibilidades productivas, así como de la comunicación, intercambio e industria que conoce la humanidad desde la revolución industrial.

Pregunta : ¿Es acaso que el Capitalismo ha concluido su ciclo o lo que Ud. desea es resaltar aspectos de su reproducciónhoy en problema? En las crisis de los últimos 30 años, como las dot.com, en los años 90 del s XX, la crisis financiera de 2008, o la de recesión y del COVID 19, ha sido evidente que el Capitalismo Chino, o como se lo denomine, ha manejado mejor sus respuestas que el capitalismo Occidental tradicional. Ud. mismo ha aseverado que nadie es dueño del mañana.

R.K. La Síntesis social no es simplemente un punto de encuentro y resolución de contradicciones del capitalismo en tanto sistema, sino un punto dinámico de la realidad, en la que se reúnen posibilidades y conflictos de este modo de producción, –el capitalismo–, así como la historia cultural y de sentido de los poderes y los dispositivos de intercambio. La síntesis social no es una globalidad plana sino cultural y contradictoria. Remite, dicho en términos de Foucault, tanto a una arqueología como una genealogía. Hoy ella reúne una crisis del Biopoder y del Capital.

Desde luegofalta en la síntesis, en tanto síntesis de procesos, algo que no es menor y que ella aspira a reducir y a controlar: lo inesperado. Lo cual es tema de otras reflexiones ya sea hacia una genealogía de los saberes tal como lo reflexionan Jacques Derridá y Moshe Postone o hacia la arqueología de los escenarios del presente como lo intentan Lenín o Robert Kurz, para no traer a estas reflexiones a Korsch y a Benjamin respecto al futuro.

Si en el centro sistémico y sectores adyacentes, la expansión industrial del pasado siglo afecta la sostenibilidad y capacidad de reproducción de un estilo de vida y de consumo basado en la infinita absorción de recursos y de tiempo de trabajo, en abierta contradicción con su nivel tecnológico y forma productiva, su efecto en la periferia no es sólo ambiental o ecosistémico.

La expansión de la producción industrial y de mercados, realizada en la periferia y publicitada como expresión de buena voluntad y apoyo a la modernización de estructuras por los poderes centrales, trae consigo desempleo, concentración de ingresos, destrucción de comunidades y otras enfermedades sociales, tal como puede observarse en África y regiones de América Latina.

No sólo la subsistencia de millones de personas se ha hecho más precaria y miserable, sino que la reproducción de la vida misma del planeta se ha debilitado. La vida comunitaria y no sólo la sociedad, se han hecho más lábiles y fuera de equilibrio o resiliencia, convocando a multitudes de diverso carácter a una protesta, migración y/o rebelión aún desestructurada, pero que están ya afectando naciones, espacios culturales y regiones, de conjunto, generando una multifacética desagregación y  demanda en la que se reconocen y suman crecientemente diferentes sectores.

Si ayer, los movimientos sociales en el s XX poseían un carácter articulado, en torno a fuerzas sociales y clases reconocibles en sus deseos y aspiraciones de cambio, hoy sólo expresan variadas demandas y actividades en torno a un posible logro.  Esta desagregación, desde luego, es solamente previa a su recomposición como fundamento de las nuevas y/o viejas confrontaciones.

Pregunta: Ud estará de acuerdo en que hoy existe, independientemente de cualquier juicio de valor, un orden mundial funcionando, una estructura de relaciones, que denominamos habitualmente modernidad o capitalismo. Que estas relaciones están en problemas es evidente, pero no es igualmente diáfano si sólo hay problemas en el actual modelo neo-liberal o ello se genera en un nivel más profundo y constitutivo.

Algunos denominan ese nivel con la palabra sistema y Ud. en sus escritos parece otorgarle un doble carácter referido a la estructura del ciclo del capital y a veces a la cultura. ¿Qué es lo que se está derrumbando o qué es lo que podría colapsar, y qué aprecia como alternativa a ese primer nivel de derrumbe y a ese posterior colapso?

R.K. Lo que habitualmente se denomina Orden mundial es el despliegue de un conjunto de relaciones sociales que expresan la acumulación del capital y las formas de control que son necesarias a su síntesis. Ese Orden es, indudablemente, una estructura cuyos niveles y elementos guardan relaciones entre sí y con el umbral de la realidad en que se juega su reproducción.

Pero en tanto síntesis, –muy real por cierto y por ello accesible en el entendimiento–, guarda en sí sólo uno de los planos de correspondencia con la realidad, la de ser generada por los procesos ya constituidos. Es en cierto sentido la expresión de la posibilidad de reproducción de la estructura de la realidad, pero no la realidad misma como determinación concreta.

No desarrollaré acá una discusión sobre qué es la realidad y porqué esta es mucho más amplia que los hechos, incluso, del lenguaje.

Esa síntesis –el Orden Mundial– ha conocido diversas fases de desarrollo, en las cuales se inscribe este modelo último de relaciones económicas que denominamos neoliberal y los paradigmas consistentes con el ascenso de las finanzas, a fuerza-eje de la acumulación.

Hay ciertamente problemas en el empleo, la demanda efectiva y agregada, así como deterioro de las condiciones generales de vida, que ya eran evidentes antes de la epidemia COVID19, la tasa de ganancia continuaba su caída tendencial y la emisión inorgánica buscaba sostener la economía de casino.

No obstante, todas ellas por sí mismas, no explican a plenitud los niveles de violencia, marginación y progresivo control directo y concentracionario de multitudes, la multi-polarización y descomposición social, la agresiva polución y la perdida de todo encaje entitativo entre el valor y el dinero.

A inicios de esta década eran tres las amenazas que se cernían sobre la reproducción sistémica, la estanflación, el default de la deuda privada y soberana, y la globalización inversa, todas las cuales concitaban la concurrencia y conflicto de las fuerzas estructurales del sistema. Ellas estaban detrás del ascenso de Trump en EEUU, de los conflictos de esa potencia con China, y de las políticas monetarias globales implementadas a nivel de los estados-nación y del conjunto.

El fundamento de la disputa aparecía como el del ritmo de la globalización, la redistribución de roles y cuál sería su gendarme. Sin embargo, aunque aparecían problemas en los ámbitos del dominio de áreas, la nuclearización y el rearme, lo verdaderamente nuevo era el ascenso de la intervención de las mujeres y de otros movimientos sociales no sólo estructurales sino tras objetivos ideológicos diversos.

¿Cuál era su significado? ¿Eran ellos sólo expresión del derrumbe del modelo neo-liberal y del descrédito de los paradigmas que lo habían acompañado, –entre ellos el ascenso de modelos abstractos de formulación y control de variables objetivas, probabilísticas o no– hecho evidente con el primer crack de la Bolsa de NY en este nuevo siglo?

La profundización y ampliación de la crisis sobrepasa la reflexión a nivel del entendimiento. No se trata sólo del significado de los desbalances y la desagregación sino de que ellos expresan una descomposición aún más profunda de relaciones que afectan a la Síntesis Social y a su Episteme, al valor que se auto-valora y a la forma valor del intercambio y del control, sino también al sentido de la cultura y a la estructuración de la consciencia misma y el lenguaje.

No se trata de la transición de un paradigma a otro, sino de que la actividad central de un período histórico está dejando de funcionar, y con ella su episteme, dejando al descubierto estructuras de dominio y control que son hoy insostenibles.

En el plano central para este sistema, el escenario de corto plazo hacía esperable la caída de demanda de mercados externos y una nueva recesión con contracción industrial y del empleo, con conflictos en desarrollo por el control de recursos y divisas que preceden otros conflictos en el ámbito monetario.

Por ello, el uso de políticas monetarias expansivas se generaliza para estimular el consumo, para sostener la apariencia de normalidad de mercados que se ha ido perdiendo, así́ mismo juega su rol la ampliación crediticia y el endeudamiento, para movilizar una capacidad de producción cada vez más constreñida.  

En un mundo con visibles tendencias inflacionarias/deflacionarias y especulativas sobre los alimentos, bienes y títulos bursátiles, y con una visible sobre – acumulación dinerariase adiciona una crisis inédita pero surgida de las entrañas de una sobre – expansión de la economía sobre los sistemas del entorno natural: el COVID 19.

Entonces, morigerar las fluctuaciones del mercado, fortalecer la intervención del estado, controlar las comunicaciones, ampliar el control psicológico y mental sobre la población y sus respuestas, son esfuerzos sistémicos inmediatos para volver hacia una normalidad perdida, que se siguen haciendo por las fuerzas del capital, pero sin grandes resultados.

Hoy contemplamos una pugna cruzada por la hegemonía del sistema global, entre los sectores Financieros vs Corporativos así como entre EEUU y China. Sin embargo, cualquiera sea su resolución de corto o mediano plazo, el derrumbe climático y de las estructuras de género obligarán a rediseñar el uso que los mecanismos de poder y la reproducción económica otorgaron a la mujer y al ambiente, en una forma de vivir, que cruje en agonía con la forma de producción capitalista.

Otros conflictos, ya sea que han quedado como herencia geo-política de la 2ª Guerra o la Guerra Fría, así como del período de reconstitución de naciones, son de menor incidencia global, aunque no de menor peligro sobre nuestro futuro.

Pregunta : Ud parece trasladar la microfísica del poder de Foucault a un enfoque topológico en que las fuerzas se multiplican en vez de simplificarse. Siguiendo su argumento, si hay algo que diferencia a la actual crisis de las anteriores es que afecta las condiciones de autovaloración del valor en condiciones específicas que impiden progresivamente su reproducción. Lo cual estaría dado por decisiones y correlaciones históricas específicas, así como por un entorno que no es ilimitado. ¿No ve Ud, entonces, transición sino caos?

R.K. Veo un inevitable y sostenido aumento de entropía. Con un cierre de la fase financiera, y un intento de control digital, que obligará a la humanidad a responder en consecuencia. Algunos perderán su base de apoyo e intentarán sostenerla en los poderes que controlen, pero la inmensa mayoría exigirá seguir comiendo y pensando, así como reordenar el juego social de otras maneras.

En los años 70 Alain Touraine fue uno de los primeros intelectuales marxistas en advertir que la constitución de clases no bastaba para interpretar y definir un proceso como el de la Unidad Popular en Chile. Sin embargo, su respuesta estructuralista reforzaba el desconocimiento del fenómeno de base que había vinculado a trabajadores con otros grupos populares y que había llevado a Allende a la Presidencia. Desde luego esa incomprensión llegó a la caricatura con Regis Debray y el foquismo.

Con la ruptura del patrón oro, en la década de los 70 del s XX, se comienza a gestar una nueva globalidad, que acentuó un conjunto de relaciones asimétricas al interior de los países, así como a nivel mundial. Desde luego esa integración de mercados y alianzas era hecha posible así mismo por una masiva introducción de nuevas tecnologías que cerraban el período expansivo del Estado de Bienestar en el núcleo sistémico e intensificaban la relación centro-periferia.

Lo anterior desencadenó no sólo una nueva racionalización de procesos y una recuperación de la tasa de ganancia sino un mayor control desde el capital hacia la fuerza de trabajo y la vida como, así mismo una intensificación del despojo de unos países hacia otros. Al moverse las relaciones de explotación también se dinamizan las de hegemonía.

La evolución de esos procesos no sólo reordena el cuadro geo-político, sino que afecta a la propia relación que hace de síntesis social global. Las condiciones de inestabilidad, hechas evidentes en el nuevo siglo XXI, encuentran su base en la confluencia de procesos con viejas y nuevas síntesis que emergen como aspirantes a nuevos ordenamientos, aunque al surgir aparezcan en forma negativa (como activos tóxicos, ausencia de espacios de inversión o temas ecológicos).

 Debido a lo cual, determinar la salida actual de esta crisis no parece ser posible con la simple intervención de los Estados-nación contemporáneos o acciones de las entidades internacionales y de gestión económica globales, porque no estamos ante un desbalance económico, sino de un desajuste del conjunto de la formación social del planeta, en que se ha puesto en juego su reproducción global.

He ahí un dilema a nivel de lo real: o la posible salida es fundamentalmente determinada por cambios en las relaciones de dominio y reproducción, o ésta estará determinada en lo esencial por un nuevo factor en que incide la tecnología, la autonomía e inter-comunicación de multitudes y fuerzas, que a su vez determinarán las estructuras y contenidos del resultado.

El conjunto del planeta y la sociedad avanza a una sociedad trans-fronteriza con un sustrato computacional de una nueva síntesis ordenadora. Pero siempre cabe lo impensable pues lo real es sólo una fotografía de una realidad en la que también actúan otras fuerzas

Pregunta: ¿Qué es salvable en la debacle que describe y cómo hacerlo? Entre las visiones pesimistas o las iluminadas usted parece elegir un justo medio, ¿es ello posible? En especial dado que, según usted mismo señala, estamos ante una crisis perfecta.

R.K. La crisis pone de manifiesto un estado de agonía de prácticas y cosmovisiones estructurantes, así como de nuestra experiencia directa. No sólo hay una quiebra de modelos de entendimiento sino un vaciamiento de sentido, lo cual nos dice de un nuevo carácter de la Crisis que vivimos. Ello no surge de la velocidad en la innovación ni de la globalidad de su impacto.

Si bien la crisis actual ha emergido desde el ámbito financiero, con el crash del 2008, éste solo dejó al descubierto el fracaso del sistema en su totalidad, visibilizando que la crisis no sólo abarca aristas políticas, medioambientales, energética, sociales y morales, sino, civilizatorias.

Este sistema no sólo ya no es sostenible en sus condiciones y modalidades de reproducción, sino que su derrumbe arrastra consigo la amenaza de una extinción masiva de la vida y logros culturales.

Si no basta el reordenamiento de las estructuras de dominio, ni las utopías del deber serserá necesario construir una nueva visión de totalidad y de síntesis; tarea a la cual denominamos actividad ekopoiética, la cual se ubica más allá de los niveles de constatación, abstracción y contraste de los enfoques y actividades del sistema.

Pregunta: ¿No piensa que la crisis se nos ha venido encima antes de que dispusiéramos de instrumentos de reflexión sobre ella? El debate filosófico se enriquece, junto a una merma de la creación y aportes de la Sociología y Economía, por ejemplo.

R.K.: Ello sólo es reflejo de la incapacidad del paradigma reinante en Economía y Sociología de dar cuenta de la crisis, tal como lo advirtió y señaló la propia Reina de Inglaterra al asistir al London School of Economics en el 2008. En el caso de la Filosofía Política no se trataba de mantener la discusión en la Teo-metafísica, sino en deconstruir, en  pensar qué es lo que se estaba destruyendo y ello era, indudablemente, un paso hacia la realidad.

La evolución de las Bolsas de Títulos y Valores ha reflejado, con cierta nitidez, las fuerzas del capital a lo largo de la presente fase de la crisis perfecta.  Una eventual caída, seguida por una deflación puede ser el prolegómeno de un problema mayor en el sistema monetario, con pérdidas de valor, calidad de vida y riqueza de países y multitudes que pueden abrir situaciones de caos y guerras.

La economía mundial en el siglo XXI no está, progresivamente, en capacidad de generar estructuras de utilidad e ingresos en magnitud suficiente para evitar las llamadas burbujas financieras. Eso se expresa en la insolvencia en ascenso de sus diversos agentes.

El sistema no puede impedir la evidencia financiera de activos tóxicos, de empresas sin capacidad de producir ganancias, ni eludir la expansión inorgánica de masa dineraria. Tampoco está en capacidad de evitar una contracción de empleo y producción, y de sortear en consecuencia una recesión económica generalizada como panorama indefinido.

Hoy la estructura, cualidad y forma de la producción y el consumo provocan polución en tanto los agrupamientos sociales expresan procesos culturales y socio- políticos en torno a la voluntad de poder y maneras de vivir cada vez más difíciles de sostener por los seres humanos bajo este sistema.

La crisis ambiental, el cambio climático o el COVID19 surgen de unas relaciones de contraposición de las actividades de producción y el consumo con el entorno, que muestran las reales condiciones de la reproducción de capital y no las de un modelo y episteme erróneas.

Los desbalances ambientales, al igual que los sociales de demanda, pobreza y destrucción de países considerados no viables, se generan de visiones de reequilibrio y manejo cuantitativo de la economía y la vida social bajo orientaciones que surgen de la Acumulación y la forma-valor del intercambio social.

El desorden de mercados y el cambio climático afectarán también amplios grupos de firmas y entidades urbanas y rurales, lo que se expresará en países enteros. Una parte importante de empresas de diverso tipo, conocidas como empresas personales o familiares serán pronto también arrastradas al borde de la supervivencia, en tanto comunidades enteras aumentarán sus presiones en el centro y la periferia, acentuando el fenómeno migratorio y la marginalidad.

Sin embargo, hay que tener presente que la crisis del entorno y del metabolismo social con el entorno, evolucionan –a lo largo de periodos y niveles de intercambio metabólico– a un tempo y ritmo diferente. Por lo cuallas consideraciones del entendimiento político o psicológicas poco pueden decirnos inicialmente sobre esa imbricación y sinergia de conjunto.

 El sistema y los regímenes del capital han culminado, a través de una formidable generación de fuerzas productivas-destructivas disponibles y en aplicación, en una descomposición y depredación que está llegando a sus límites.

¿Es posible detener la crisis perfecta? La multiplicidad de sus planos fenomenológicos sólo oculta la profunda unidad sintética de la cual surge. Así como los griegos clásicos advirtieron que el triunfo absoluto de la Razón trae consigo el derrumbe definitivo de la conciencia, tras los problemas de la reproducción económica, social y ecológica se esconde una fuerza productiva/destructiva que exige la occisión ritual y busca hacernos pagar el costo de lo sagrado en las formas del relacionamiento social.

El totalitarismo de la forma-Capital es el lado oscuro de la socialidad contemporánea, frente al cual sólo cabe revincular la subjetividad con la tarea del cambio y la transformación social. Una nueva re-subjetivación y no sólo una nueva militancia, puede permitirnos superar nuestra reducción a ese cyborg que está siendo impuesto por el dominio autonomizado, en medio de esta crisis

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