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SALVADOR, LA PELÍCULA: UNA CUENTA PENDIENTE

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Pepe Gutiérrez-Álvarez, Estado Español

La producción “Salvador (Puig Antich) fue un encargo del productor Jaume Roures para Manuel Huerga, y contribuyó extraordinariamente al que el asesinato y la historia de Salvador fue recordada entre los mayores y conocida entre los más jóvenes… La conexión viene de lejos ya que el productor Jaume Roures como “jefe” de Mediapro ya tenía puesto el ojo en el tema. Quizás no esté de más anotar que Mediapro ha asumido en el cine un perfil de “compromiso” que la liga con la trayectoria de Querejeta, y que, entre otras cosas, ha producido títulos como Los lunes al sol, las películas-entrevistas de Oliver Stone con Fidel Castro, así como los arriesgados y soberbios documentales de Javier Corcuera (La espalda del mundo, La guerrilla de la memoria), que, en el primer caso no tiene un pelo de comercial (es una de esas películas que verlas “hace daño”), y en el segundo entre de pleno en una apuesta de recuperación que solamente se casa con la verdad histórica.
El origen de la opción por una película como Salvador no es un secreto para lo que lo conocemos desde el año catapún como el camarada “Melan” de la LCR. En su momento, la Liga, al igual que otros grupos a la izquierda del PSUC se rompieron los cuernos para arrancar la misma línea de movilizaciones que había detenido la mano criminal del Caudillo cuando los juicios de Burgos. Esta actitud rabiosa se manifestaba básicamente de dos maneras, una fue realizando manifestaciones-relámpago que acababan con la destrucción de algunas cristaleras significadas, otra tomando parte en todas las plataformas posibles para denunciar la inhibición de la dirección del PSUC, cuya línea pasó por confiar en la presión de las “personalidades”. Adolfo Castaño, un compañero libertario nos ha contado como un grupo solidario con Salvador pidió la palabra en una reunión de la Assemblea de Catalunya, en la que Antoni Gutiérrez Díaz se cubrió de gloria cuando cortó el envite por lo sano diciendo: “Esto no toca hoy. No está en el orden del día”. Recuerdo que el ambiente que se respiraba en Barcelona, especialmente entre la juventud, era irrespirable. Algunos creíamos que algo así nos obligaba a ponerlo todo patas arriba. Fue una minoría, pero una minoría que se agitó con todas las iniciativas en la acción posible incluyendo cristalerías de los símbolos del Poder. Un veterano del PSUC que me conocía, me recordaba de haber dado un mitin en una reunión de Asamblea de Catalunya, y de haber despedido con un furioso portazo. No me acuerdo pero fue muy habitual.
Pero aparte de eso, Melan pasó también entonces por la Modelo, y por lo tanto, pudo sentir la misma indignación que todos nosotros, y además desde la proximidad. La reconstrucción de la historia de Salvador a partir de su fase final, que ofrece la obra de Escribano facilitaba su adecuación a un guión cinematográfico que se divide en dos tiempos, una primera parte en la que Salvador explica el cómo y el porqué de la opción armada, y una segunda que se centra en la cuenta atrás. Entre sus novedades, la película retoma una diversidad lingüística que recuerda la utilizada en películas como Tierra y libertad. La lengua catalana está presente en un 25% del film, al decir de Roures “básicamente en las relaciones familiares y con los compañeros, porque era imposible hacer la película sin visualizar que había una represión de la dictadura contra la lengua catalana”.

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