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QUE ES EL MARXISMO – PARTE 7:  LA FILOSOFÍA DEL MARXISMO ES EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

QUE ES EL MARXISMO – PARTE 7: LA FILOSOFÍA DEL MARXISMO ES EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

trotsky

En 1939 Trotsky polemizó con los trotskistas de Estados Unidos Burnham y Shachtman, y al hacerlo, demuestra claramente la relación entre el pensamiento político y filosófico; dando una demostración de la filosofía marxista del materialismo dialéctico.(Énfasis añadido por el editor).

ESCEPTICISMO TEÓRICO Y ECLECTICISMO

Los camaradas Burnham y Schatman publicaron, en el número de enero de 1939 de New International un largo artículo titulado “Intelectuales en retirada”.

El artículo, aun conteniendo muchas ideas correctas y observaciones políticas adecuadas, padecía un defecto fundamental. Como se trataba de polemizar con oponentes que se consideran a sí mismos -sin razones suficientes- como “teóricos”, los autores no creyeron necesario tratar el problema en términos teóricos. Era absolutamente necesario explicar por qué los intelectuales “radicales” americanos aceptan el marxismo sin la dialéctica (un reloj al que le falta una aguja). La razón es sencilla. En ningún otro país se ha rechazado tanto la lucha de clases como en la tierra de las “oportunidades ilimitadas”. El rechazo de las contradicciones sociales como fuerza motora del desarrollo social lleva, en el campo del pensamiento teórico, al rechazo de la dialéctica como lógica de las contradicciones. Igual que se considera posible en el terreno político que todo el mundo se convenza de que un programa “justo” es correcto a través del pensamiento inteligente e igual que se cree posible la reconstrucción social mediante medidas “racionales”, en la esfera teórica se considera que la lógica aristotélica, llevada al nivel del sentido común, es suficiente para resolver todos los problemas.

El pragmatismo, mezcla de empirismo y racionalismo, es la filosofía nacional de los EE.UU. La metodología teórica de Max Eastman no es muy diferente de la metodología de templan la sociedad desde el punto Henry Ford -ambos contemplan la sociedad desde el punto de vista de un ingeniero (Eastman, platónicamente)-. Históricamente, la actual actitud de desdén hacia la dialéctica se explica simplemente porque los abuelos y bisabuelas de Eastman y compañía no necesitaron aplicar la dialéctica en la práctica para conquistar territorios y hacerse ricos. Pero los tiempos han cambiado y la filosofía pragmática, como el mismo sistema capitalista americano, ha entrado en crisis.
Los autores del artículo no muestran, porque no serían capaces ni tienen interés en ello, las conexiones internas entre la filosofía y el desarrollo material de la sociedad y explican francamente por qué.

“Los autores de este artículo -escriben sobre sí mismos- difieren profundamente en su apreciación de la teoría general del materialismo dialéctico, pues mientras uno la acepta, el otro la rechaza… No hay nada anómalo en esta situación. El pensamiento teórico siempre está relacionado, de una u otra forma, con la práctica, pero esta relación no es directa ni inmediata; y, como hemos señalado antes, los seres humanos son inconsecuentes con frecuencia. Desde el punto de vista de cada uno de nosotros, el otro padece esta inconsecuencia entre su teoría filosófica y su práctica política, lo que nos debe llevar inevitablemente a desacuerdos políticos decisivos en ocasiones concretas. Pero esto no ha sucedido hasta el presente, ni ninguno de los dos ha podido demostrar que el acuerdo o desacuerdo en el nivel más abstracto de las doctrinas del materialismo dialéctico afecte necesariamente a los asuntos políticos de hoy o de mañana -y los partidos, las luchas y los programas políticos se basan precisamente en estos asuntos concretos-. Ambos esperamos que con el tiempo estaremos cada vez más de acuerdo en las cuestiones más abstractas. De momento, lo que nos preocupa es el fascismo, la guerra y el desempleo. “

¿Qué significa este razonamiento tan asombroso? Cuando “ciertas personas” utilizan un método malo “a veces” llegan a conclusiones correctas, mientras que si otros utilizan un método adecuado “con cierta frecuencia” llegan a conclusiones incorrectas… por lo tanto, el método no tiene mayor importancia. Ya meditaremos sobre el método cuando tengamos más tiempo libre, pero no ahora que tenemos otras cosas que hacer. Imaginemos la reacción de un trabajador que se queja a su capataz de que sus herramientas son malas y recibe la siguiente respuesta.- “Con malas herramientas se puede hacer un buen trabajo, y hay mucha gente que con herramientas buenas sólo es capaz de estropear el material”. Mucho me temo que este trabajador contestaría a su capataz con una frase poco académica. Un trabajador tiene que enfrentarse con materiales duros, que le ofrecen resistencia, y por eso aprecia las buenas herramientas, mientras que un intelectual pequeño-burgués -¡qué rico!- se conforma con utilizar como “herramientas” observaciones vagas y generalizaciones superficiales, porque tiene asuntos más importantes en la cabeza.

Pretender que cada miembro del partido se ocupe personalmente de la filosofía de la dialéctica es una pedantería sin sentido. Pero un trabajador que se ha hecho en la escuela de la lucha de clases tiene, gracias a su propia experiencia, una predisposición al pensamiento dialéctico. Incluso desconociendo el término, acepta rápidamente lo esencial del método y sus conclusiones. Con un pequeño-burgués pasa lo contrario. Naturalmente, hay pequeño-burgueses alineados orgánicamente con los trabajadores, que han llegado a una perspectiva proletaria gracias a una revolución interior. Pero son una minoría insignificante. El problema es diferente con la pequeña burguesía con preparación académica. Sus prejuicios han adquirido forma definitiva en la escuela. Cuanto más éxito han tenido en acumular conocimiento (útiles o no), sin la ayuda de la dialéctica, más capaces se creen de andar por la vida sin ella.
En realidad, utilizan la dialéctica sólo para pulir, afilar o verificar sus instrumentos de análisis, o para romper con el estrecho círculo de sus relaciones personales. Pero cuando tienen que enfrentarse con hechos importantes, se sienten perdidos y recaen rápidamente en sus formas de pensar pequeño-burguesas.

Apela a la inconsecuencia como justificación para un trabajo sin principios teóricos, significa que uno es muy poco fiable como marxista. La inconsecuencia no es accidental, y en política no se la debe considerar únicamente como un síntoma individual. Generalmente, la inconsecuencia cumple una función social. Hay agrupaciones sociales que no pueden ser consecuentes. Los elementos pequeño-burgueses que no han podido desembarazarse de sus viajes, tendencias pequeño-burgueses se encuentran, en un partido de trabajadores, sistemáticamente impulsados a establecer compromisos teóricos con su propia conciencia.
A la actitud del camarada Schatman hacia el método dialéctico, tal como la ha manifestado en el párrafo citado antes, no se la puede denominar más que escepticismo ecléctico. Es evidente que Schatman ha contraído esa actitud entre los intelectuales pequeño-burgueses que consideran adecuadas todas las formas de escepticismo, y no en la escuela de Marx.

ADVERTENCIA Y VERIFICACIÓN

El artículo me asombró tanto que escribí inmediatamente al camarada Schatman: “Acabo de leer el artículo que escribe junto con Burnham sobre los intelectuales. Tiene cosas excelentes. Sin embargo, la parte sobre dialéctica es el peor golpe que usted personalmente, como editor de New International, ha podido darle a la teoría marxista. El camarada Burnham dice: “no reconozco la dialéctica”. Es sincero y todos hemos de reconocerlo. Pero usted dice: “yo reconozco la dialéctica, pero no importa: eso no tiene la menor importancia”.

Relea lo que ha escrito. Esas frases producirán muchísima confusión entre los lectores de New International y son el mejor regalo que podíamos hacerles a los Eatsmans de todas las especies. ¡Muy bien! Pienso hablar de ello públicamente”.

Escribí esta carta el 20 de enero, varios meses antes de esta discusión. Schatman no me contestó hasta el 5 de marzo, diciendo que no entendía por qué había armado tanto alboroto. El 9 de marzo, le respondí en los siguientes términos:

“No rechazo la posibilidad de colaborar con los antidialécticos, pero sí creo que es peligroso escribir juntos un artículo en el que la dialéctica juega, o debería jugar, un papel muy importante. La polémica tiene lugar en dos planos: político y teórico. Estoy de acuerdo con su postura política. Pero su argumentación teórica es insuficiente: se detiene justo en el momento en que debería empezar a ser agresiva. La tarea consiste en demostrar que sus fallos (en tanto que fallos teóricos) se derivan de su incapacidad y su falta de ganas de pensar las cosas a través de la dialéctica. Podemos cumplir esta tarea con un éxito pedagógico muy importante. Pero en vez de hacer eso, usted afirma que la dialéctica es un asunto personal y que se puede ser muy buena persona sin creer en ella”.

Aliándose en “este” tema con el antidialéctico Burnham, Schatman se priva a sí mismo de la posibilidad de demostrar por qué Eastman, Hook y tantos otros empiezan por oponerse filosóficamente a la dialéctica y acaban luchando políticamente contra la revolución socialista. Sin embargo, este es el quid de la cuestión.

La discusión política actual en el partido a confirmado mis temores en medida mucho mayor de lo que esperaba, o más exactamente, temía. El escepticismo metodológico de Schatman ha dado sus tristes frutos en la discusión sobre la naturaleza del Estado soviético.

Empezó Burnham, hace algún tiempo, con la construcción, de forma puramente empírica, basándose en sus impresiones inmediatas, de un estado ni proletario ni burgués, liquidando toda la teoría marxista del estado como órgano del dominio de clase. Schatman, inesperadamente, adoptó una postura evasiva: “Debemos estudiar el asunto más profundamente, ya veremos … “: además, Schatman está de acuerdo con Burnham en que la definición sociológica de la URSS no tiene ninguna relevancia para nuestras “tareas políticas inmediatas”. Permítame el lector referirme de nuevo a lo que ambos escriben sobre la dialéctica. Burnham no la acepta, Schatman dice aceptarla…. pero el milagro de la inconsecuencia les permite llegar a conclusiones políticas comunes.

La actitud de ambos hacia la naturaleza del Estado soviético reproduce punto por punto su actitud hacia la dialéctica.

En ambos casos, Burnham lleva la voz cantante. Esto no es sorprendente, porque él posee un método -el pragmatismo-, mientras Schatman no tiene ninguno. Se limita a adaptarse a Burnham. Aunque no quiere asumir la responsabilidad del anti-marxismo de Burnham, no defiende sus concepciones de los ataques al marxismo de Burnham en el terreno de la filosofía ni en el de la sociología. En ambos casos, Burnham aparece como un pragmático y Schatman como un ecléctico. Este paralelismo de las concepciones de Burnham y Schatman en dos planos diferentes de pensamiento y sobre dos cuestiones de importancia primordial, tiene la gran ventaja de que abrirá los ojos incluso a los camaradas que no tienen ninguna experiencia en el discurso puramente teórico.

El método de pensamiento puede ser dialéctico o vulgar, consciente o inconsciente, pero existe y se da a conocer por sus resultados.

En enero pasado oíamos decir a nuestros autores: “Pero esto no ha sucedido hasta el momento, ni ninguno de nosotros ha podido demostrar que el acuerdo o desacuerdo en el nivel abstracto de la doctrina dialéctica afecte a los problemas políticos concretos de hoy o de mañana…” ¡Ya nos lo han demostrado! Apenas han pasado unos meses y hemos podido comprobar como su actitud frente a una “abstracción”, como el materialismo dialéctico se manifiesta claramente en su actitud hacia el Estado soviético.
Es necesario afirmar que la diferencia entre ambas cuestiones es bastante importante, pero que es política y no teoría. En ambos casos, Burnham y Schatman se unen sobre la base del rechazo y semirrechazo de la dialéctica. Pero en el primero, su unión se dirigía contra los oponentes del partido proletario. En el segundo, se enfrentan con la fracción marxista de su propio partido. Por decirlo así, el frente de operaciones ha cambiado, pero el arma sigue siendo la misma.

Es verdad que la gente es incoherente a menudo. Sin embargo, la conciencia humana tiende hacia una cierta homogeneidad. La filosofía y la lógica deben basarse en esta homogeneidad y no en la incoherencia, es decir, en la falta de homogeneidad. Burnham no reconoce la dialéctica, pero la dialéctica le reconoce a él, se extiende sobre él. Schatman cree que la dialéctica le re conoce a él, se extiende sobre él. Schatman cree que la dialéctica no tiene importancia para las conclusiones políticas, pero podemos ver en las conclusiones políticas de Schatman los deplorables efectos de su actitud desdeñosa hacia la dialéctica. Incluiremos este ejemplo en los libros de texto del materialismo dialéctico.

El año pasado me visitó un profesor ingles de economía política, simpatizante de la IV Internacional.Durante nuestra conversación sobre las vías para llegar al socialismo, se expresó de pronto con el típico utilitarismo inglés, como hubieran podido hacerlo Keynes y otros: “Es necesario determinar una meta económica concreta, elegir los métodos más razonables para conseguirla”. Le hice notar: “Veo que es usted un adversario de la dialéctica”. Me contestó, sorprendido: “En efecto, no la encuentro útil en absoluto”. “Sin embargo, le respondí, la dialéctica me ha permitido determinar la categoría de pensamiento filosófico a la que pertenece usted, sólo por unas cuantas observaciones que ha hecho sobre problemas económicos; sólo esto debería demostrarle que la dialéctica tiene algún valor”. Aunque mi visitante no había dicho ni una palabra sobre ello, estoy seguro de que este profesor anti-dialéctico opina que la URSS no es un estado obrero, que los métodos de nuestra organización son malos, etc. Es posible determinar el tipo general de pensamiento de una persona sobre las bases de sus opiniones sobre problemas concretos y también es posible predecir aproximadamente, conociendo su tipo general de pensamiento, como abordará un individuo una cuestión práctica determinada. Este es el incomparable valor pedagógico del método dialéctico.

Ver parte 8  y  final

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