Inicio Nacional ¡Prometamos jamás desertar!

¡Prometamos jamás desertar!

498
1

por Franco Machiavelo

Un nuevo 11 de septiembre nos enfrenta, inevitablemente, a las contradicciones de Chile: un país que conmemora a Salvador Allende con discursos vacíos, mientras sigue hundido hasta el cuello en el pantano neoliberal. Allende hablaba de dignidad, de soberanía y de emancipación frente a la dependencia de las grandes corporaciones y del imperialismo. Sin embargo, medio siglo después, la política chilena está atrapada en un teatro de sombras donde los herederos autoproclamados del “allendismo” pactan y negocian migajas con las mismas élites que condenaron al pueblo al neoliberalismo perpetuo.
 
El 11 de septiembre no debería ser una ceremonia fría ni un rito burocrático de flores y homenajes televisados. Debería ser un día de furia, memoria y dignidad. Un recordatorio brutal de que Allende no se rindió, que prefirió morir en La Moneda antes que entregar el país a la sumisión. Hoy, en cambio, vemos a una centroizquierda cooptada, dócil, feliz de administrar las reglas del mercado, incapaz de romper la camisa de fuerza que impuso la dictadura y que la “transición democrática” consolidó.
 
Los discursos oficiales hablan de justicia social, pero en la práctica Chile continúa gobernado por los balances de las grandes corporaciones, por los intereses financieros y por las forestales que devoran territorios. Se repite el nombre de Allende como un mantra, pero sus banderas fueron arriadas hace décadas: educación gratuita convertida en negocio regulado, salud pública agonizante mientras clínicas privadas crecen como templos del lucro, y una Constitución que, aunque maquillada, sigue siendo hija ilegítima de la dictadura.
 
Allende creyó en un camino propio, en la posibilidad de un socialismo democrático y soberano. Pero la clase política actual —la misma que se disfraza de progresista— ha desertado de ese horizonte. Prefieren ser administradores obedientes de un modelo neoliberal disfrazado de democracia, antes que herederos fieles de un proyecto de transformación real.
 
Conmemorar el 11 de septiembre no puede significar mirar hacia atrás con nostalgia; debe ser un grito contra el presente vergonzante. Porque si algo nos enseñó Allende fue la obstinación: “prometamos jamás desertar” significa no aceptar que el país siga encadenado al capital financiero y al extractivismo. La traición más grande a Allende no fue su derrocamiento aquel 11 de septiembre, sino el Chile de hoy: un país donde sus supuestos herederos gobiernan con el mismo manual económico de sus verdugos.
 
El legado de Allende no se honra con discursos oficiales, sino con la construcción de un Chile que no le tenga miedo a romper las cadenas del neoliberalismo. Y ese Chile aún no existe, porque el presente —tal cual es— sigue siendo vergonzante.
 
Por eso, hoy más que nunca, no basta con recordar: hay que levantarse, organizarse y luchar. El único homenaje verdadero a Allende es continuar su batalla inconclusa, no en los pasillos del poder, sino en las calles, en los sindicatos, en las comunidades, en cada espacio donde la dignidad sea defendida. Solo así el grito de “¡jamás desertar!” dejará de ser consigna y se convertirá en práctica viva del pueblo en movimiento.
 
 
 
 
 

1 COMENTARIO

  1. No tiene por qué ser una fecha específica, puede ser cualquier día. Ahora ustedes saben que los verdes se preparan para estas «fechas especiales». Y los chanchitos también. Además de Marzo en adelante, del año que viene, la cosa se va poner interesante. Y por favor no fumen esa cochiná . Hay que estar lo más fuerte que se pueda. Tomar y comer en las fondas, es gastar la plata que tanto cuesta ganar para hacer más rico al fondero. El pueblo no tiene patria, solo sirve de carne de cañón.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.