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Perú – A PARTIR DE UN CONFITE

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Por Gustavo Espinoza M.

Feliz, exultante, jubilosa, se ha mostrado la ultra derecha peruana por el triunfo de Javier Milei en los recientes comicios argentinos.  Envueltos en cifras y porcentajes, se han sentido en la gloria Phillip Butter, Francisco de Piérola y Cecilia Valenzuela. Pero quien se ha mostrado particularmente efusiva, ha sido Dina Boluarte.

La dama se puso a partir de un confite con el gaucho, y le hizo llegar un emotivo mensaje el lunes 20;  y al día siguiente, lo llamó   por teléfono para “sentirlo cerca”;  y, además, para invitarlo, a fin que venga al Perú y  le trasmita un poco de las “buenas vibras” que éste acumuló en los últimos meses.  

El ”perfilar imagen” en el escenario exterior y el “ganarse alguito”  para alcanzar relieve y romper la soledad que la atormente; hizo que la precaria inquilina de Palacio, busque obsesivamente amparo, apoyo o enlaces en cualquiera de los escenarios externos, a fin de compensar su exigua popularidad local, que apenas registra un 9% de aceptación ciudadana.

Quizá ella no lo sepa, para alguien de su entorno debió   decirle que ese, no era un buen paso. Después de todo, el señor Milei no es   sólo un político con suerte.

Es también el embrión   de un fenómeno   letal  que busca tomar fuerza y que sembrara muy pronto de terror y muerte a esta área del mundo.

Pronto quienes se alegran hoy por su victoria, se verán en la necesidad de borrar sus palabras, ocultar su alegría  y silbar de costado.

En Argentina, y también en otros países, la ultra derecha tiene la tendencia a encubrir sus desaguisados poniendo como parapeto la palabra “libertad”.

En 1955 cuando el generalato gaucho derribó al gobierno de Perón, sus exponentes -Lonardi, Aramburu y Rojas-   acuñaron el término “Revolución Libertadora” para presentar su aventura golpista. Años después tomó la posta el general Juan Carlos Onganía, y más tarde Carlos Rafel Videla,  que terminó sus días colgado en una celda. .

Pero ese capricho no lo tuvieron sólo militares. También civiles, como  Carlos Saúl Menem y Mauricio Macri sustentaron la misma idea. En el fondo, lo que querían era liberarse ellos del “drama” de vivir en un país en el que el Peronismo había dado voz a  los secularmente oprimidos, “los de abajo”- A los “cabecistas negras”,  no las soportaban más.  

Vargas Llosa, el español por adopción, tampoco soporta a las poblaciones originarias. Eso explica su menosprecio por José María Arguedas, pero también el que haya formado con sus fans de América esa extraña “alianza por la Libertad”, que hoy catapulta al pichón Nazi  aupado en la Casa Rosada.

Hay que decir, entonces, que estos personajes no son nuevos. Vinieron antes también y se presentaron como los militares brasileños del 62 que derrocaran a Goulart: como los uruguayos de Junio del 73 con Bordaberry: como Pinochet y su carnal Contreras, con su propia y siniestra DINA (vaya coincidencia!) incluida.

¿En que terminaron todos esos procesos? ¿Resolvieron los problemas de los pueblos? ¿Promovieron y alentaron el auge, el progreso y el desarrollo de sus países? ¿Encararon exitosamente los retos de la modernidad?   En absoluto.

Quedaron apenas como un trasto en la historia, como ocurriera con los generales Valkov, Zhankov y el Almirante Horthy  que hace más de cien años asomaron como los “precursores” del fascismo.   

Tiene mirada muy corta Dina Boluarte si se encandila con Milei. Finalmente una y otro tendrán el mismo destino. Ella vive ya en el infierno, es decir, en el mundo del desprecio que le depara su pueblo. Y el otro, caerá allí pronto, apenas los argentinos perciban el hedor de su derrota.

Hoy la ultra derecha peruana usa la propaganda a Milei como una  cortina de humo para distraer a la ciudadanía a fin que no perciba sus reales intenciones.

Por lo pronto, persiste en aprobar la creación del Senado y la reelección parlamentaria; impedir la inscripción de nuevos Partidos para “cerrar” el escenario electoral; impedir la participación de los movimientos regionales y locales en provecho de las cúpulas partidistas existentes; y bloquear los comicios internos para democratizar la nominación de candidatos.

De todos modos, Milei y Dina tienen un elemento en común: están dispuestos a matar, para quedarse. Ella ya lo demostró, y acaba de traer directamente de los Estados Unidos a su reciente Ministro del Interior en reemplazo del censurado. Y el argentino, ha anunciado que lo hará recurriendo al brazo armado del Estado para “impedir disturbios”.

Sobre eso, tiene lecciones aprendidas, y ha colocado en su mira a las Madres de la Plaza de Mayo y el Lugar de la Memoria, comenzando por la ESMA. Es claro:  quiere volver por el rastro que dejó el Terrorismo de Estado  

Quizá eso, su “amor por la sangre” (ajena, claro)  es lo que los hace  hoy sonreí,  a partir de un confite.

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