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PASTERNAK, LA REVOLUCIÓN A PESAR DE TODO

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Pepe Gutiérrez-Álvarez

Queda muy lejana la época del estreno Doctor Zivago (1965), que muchos bolsillos humildes fuimos a ver de estreno, entre otras cosas porque decían que se cantaba “La Internacional”, y que al final quedaba claro que la revolución había sacado a Rusia de la extrema miseria y el atraso cultural…

Está basada en la controvertida novela de Boris Pasternak fue adaptada para el cine por Robert Bolt (autor de la obra y de la adaptación cinematográfica de Un hombre para la eternidad, intensa evocación de Tomás Moro, el autor de Utopía). Fue dirigida por el maestro David Lean con la voluntad de contentar a todo el mundo al tiempo que ofrecía una arrebatadora historia de amor que sobrevolaba por encima de todos los avatares revolucionarios comenzando por el “Domingo sangriento” de enero de 1905, descrito en primer plano muy pobremente. Aparte de la referencia que se hace de Kostoied-Amursky “un revolucionario cooperativista de cabello cano que ha estado en todos los campos de trabajo forzado del antiguo régimen y ahora descubrirlos del nuevo”, y en donde Porton encuentra la pista de Kropotkin (aunque el concepto es lo suficientemente amplio para que puede tratarse de más escuelas), y que ante el guardia que declara; “no quiero anarquía”, responde con una declaración desafiante; “¡Viva la anarquía! Soy el único hombre libre en este tren; todos ustedes son ganado”. Seguramente se trata del gesto más airado de una película contenida, lástima que el gesto se pierda en una puntualización, y que la presencia de Klaus Kinski (Yo soy la revolución), tan ligado a personajes excéntricos y desmesurados, le confiera un significado cuanto menos ambivalente que resuena con fuerza en el contexto.

Empero, Lean se explaya en el comprensivo retrato que la novela ofrece de Kostoied-Anursky, un revolucionario cooperativista de cabello cano que ha estado en todos los campos de trabajo forzado del antiguo régimen y ahora descubre los del nuevo. Vista desde el “gallinero”, la película se hizo inolvidable por los actores (Julie Christie en particular), la música de Jarré, los escenarios (españoles en su mayor parte), por el sonido de “La Internacional”, así como por el mensaje básico: a pesar de los pesares la revolución había traído una industrialización y unos nuevos tiempos. Los de Kruschev. Fue el momento en el que la URSS llegó a tener un apoyo notable en la población europea. Luego llegaron los tanques a Praga y todo se fue al diablo: el “socialismo policiaco” comenzó a mostrarse como un modelo de todo lo que no había que hacer.

Hoy el estalinismo aparece como lo que fue: una traición, una aberración burocrática que tenía más de la herencia zarista que de la socialista, “quemada” literalmente en los primeros años de guerra y revolución. La película fue rodada en España con extras que era republicanos que se ganaban la vida de esta y otras maneras informales, y fue interpretada en clave kruschaviana: la revolución al final ganaba la batalla del futuro a pesar de los problemas en su camino.

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