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Noruega está cuestionando lo de tener puros autos eléctricos y las eólicas no son negocio

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Por Adán Salgado Andrade, México

El capitalismo salvaje, con tal de crear nuevos hitos para imponer el híperconsumo, se abandera con causas benéficas, como el combate a la contaminación. Si los proyectos “verdes”, son negocio, entonces los asume, si no es así, los abandona (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/04/al-capitalismo-salvaje-solo-le-interesa.html).

Uno de los casos que ya se está viendo que no son tan convenientes, es el de los autos eléctricos, que en Noruega, están teniendo una gran demanda, pues ya el 87 por ciento de los nuevos autos adquiridos son eléctricos y se ha planteado el objetivo de que para el 2030 estarán prohibidos que se vendan los de combustión interna.

El artículo “Porqué Noruega, el modelo a seguir sobre los autos eléctricos, está reconsiderando su empleo”, publicado por el portal digital Vox, y firmado por David Zipper, expone dicho problema, quien nos introduce a su trabajo comentando que “los autos eléctricos son cruciales, pero no suficientes para resolver el cambio climático. No podemos dejar que nos despojen de otras opciones libres de autos” (ver: https://www.vox.com/future-perfect/23939076/norway-electric-vehicle-cars-evs-tesla-oslo).

Zipper explica que decidió investigar porqué, de repente, Noruega, que estaba tan orgullosa de su programa de tener sólo autos eléctricos en su territorio, comenzó a experimentar problemas y ya no recomienda tanto que sea la única opción para combatir la contaminación y depredación ambiental.

Hace historia de que Noruega, hasta los años 1960’s, todavía era un país predominantemente rural, “pero a partir del boom de la posguerra, comenzó a crecer mucho. Y los autos se vieron como la solución para que la gente migrara del campo a las ciudades, en donde estaban las oportunidades de tener una mejor vida y desarrollarse socialmente. Eso se aparejó con las exportaciones de gas y petróleo, las más abundantes de la economía. Lo que dio a Noruega un buen nivel de vida y que los autos fueran considerados vitales”.

Noruega es un país de 5,597,924 habitantes y un área de 323,802 kilómetros cuadrados (lo que da una densidad poblacional de poco más de 17 habitantes por km2), perteneciente al llamado “primer mundo” que, dice Zipper, gracias al acelerado crecimiento que las exportaciones petroleras le proporcionaron, comenzó a seguir el camino de Estados Unidos, en cuanto a que adoptó masivamente el transporte por automóviles, que el público. En efecto, en muchas ciudades estadounidenses, si no se posee un auto, es imposible transportarse, pues no hay ni taxis o ni apps de taxis.

Como Noruega no tiene industria automotriz propia, siempre ha dependido de las importaciones. “Pero en los 1990’s, preocupados por el medio ambiente, surgieron dos marcas de vehículos eléctricos, Buddy y Think, que aunque muy rudimentarios e ineficientes de acuerdo con los actuales estándares, impulsaron la confianza en que Noruega podría convertirse en un semillero global de la producción de autos eléctricos”.

Como la electricidad, gracias a que es producida mayoritariamente por hidroeléctricas, que abundan en el país, es muy barata, fue otro incentivo más para adoptar los autos eléctricos. Y en cuanto Tesla comenzó a producirlos a inicios de los 2010’s, Noruega empezó a importarlos masivamente, pues el gobierno dio fuertes incentivos para adquirirlos, sobre todo, el no aplicar los $27,000 dólares en promedio de impuesto por cada auto eléctrico nuevo adquirido que impone sobre los vehículos de combustión interna (es un impuesto muy alto, pues es para costear toda la infraestructura carretera, de puentes y túneles necesaria para un país con tantos autos). “Gracias a Noruega por su preferencia. ¡Noruega es fregona!”, les envió un twitter en diciembre del 2022, Elon Musk (quien se cree, falsamente, salvador de la humanidad. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/05/elon-musk-falso-salvador-de-la-humanidad.html).

(Por cierto que es Musk tan detestado ya por muchos, que en Suecia, los autos Tesla importados que llegan a los puertos en barcos mercantes, no son descargados. Es una acción a manera de huelga, pues aquél mezquino se rehúsa a establecer contratos con los trabajadores suecos de talleres que dan mantenimiento y reparan esos autos, con tal de sigan teniendo salarios bajos. Ver: https://www.wired.com/story/sweden-tesla-strike-cleaners/).

Aunque de entrada, fuera de las consideraciones de porqué, como en Noruega, no conviene sólo atenerse a poseer puros autos eléctricos (AE), éstos no son la panacea, por el extractivismo tan masivo y depredador que se está dando (por los metales y minerales que requieren sus baterías y muchos de sus componentes, tales como litio, cobalto, grafito y metales de tierras raras), tanto en tierra y, muy probablemente, en el fondo marino (lo que terminaría de arruinar el mar). No son, de ninguna manera los AE la solución ambiental, sino, simplemente, un nuevo impulso al híperconsumo, como señalé al inicio (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/06/cada-vez-es-mas-evidente-que-los-autos.html).

Por algunos años, todo pareció marchar bien, los noruegos comprando autos eléctricos, muy felices, porque además de que no pagaban el impuesto por la compra, tampoco pagaban casetas, estacionamientos, barcazas para cruzar autos por ríos y hasta podían circular por carriles exclusivos de autobuses de transporte público.

Pero las autoridades de ese país pronto se dieron cuenta de que subsidiar a tantos miles de AE que se han comprado desde entonces, ha sido contraproducente. Primero, porque cada vez tienen menos dinero para emprender proyectos de infraestructura, pues los $27,000 dólares de impuesto por auto, se han ido reduciendo sólo a los de combustión interna, de los que actualmente montan sólo a uno de cada cuatro nuevos vehículos adquiridos. Obviamente, también se reduce el impuesto que aplican por consumo de gasolina.

El segundo problema que señala Zipper es que por estar subsidiando a tanto vehículo eléctrico, en realidad, ha sido una forma de subsidiar a los sectores más pudientes de Noruega, que son los que fácilmente pueden comprarlos, pues por cada 100,000 coronas noruegas extras de ingreso por sector económico, la adquisición de AEs se eleva en 26 por ciento. El subsidio en el 2022, ascendió a $4,000 millones de dólares, equivalentes al 2 por ciento del PIB nacional, que es menos dinero para el país, pero un ahorro para los sectores pudientes. Entre esos sectores, actualmente hay 10 por ciento más de AE que en el 2014. En cambio, entre los sectores de más bajos ingresos, el 67 por ciento no poseen autos”.

Claro, los sectores de más altos ingresos son, por lo general, los que pueden asumir los “adelantos tecnológicos”, si con eso se curan en salud de estar contribuyendo a “limpiar el ambiente”. Los pobres, da igual que existan tecnologías “verdes”. Usarán lo que tengan a su alcance y sólo si pueden hacerlo, claro.

El tercer problema es que se han dejado de realizar y subsidiar en Noruega tecnologías más eficientes, pues no se arregla todo con sustituir autos eléctricos. “El país ha dejado pasar una gran oportunidad para dejar de depender tanto de los autos, aunque sean eléctricos”, le dijo a Zipper Ulrik Eriksen, autor del libro “Un país par cuatro ruedas”, en el que diserta sobre que un empleo tan intensivo de autos en Noruega ha ocasionado que no se desarrollen otros medios. Precisamente es parte del tercer problema señalado por Zipper, que los trenes, los transportes públicos, las bicicletas eléctricas o los transportes de carga igualmente eléctricos, no se subsidian, “lo cual es un error, pues son medios que contaminan mucho menos y son más eficientes”.

Señala Zipper que es el error que se está cometiendo en Estados Unidos al subsidiar fuertemente a los autos eléctricos (que, de todos modos, cada vez se venden menos, por cierto), y que no se impulsan, ni subsidian otros medios, como las bicicletas eléctricas o que se establezca más transporte público.

Eso, hasta en México sucedió, que la masiva construcción de ineficientes autopistas, que cada vez trabajan más saturadas (como en los fines de semana, por ejemplo), mató a los ferrocarriles de pasajeros, que no funcionaban mal (ahora, López Obrador pretende reimpulsarlos, como con el Tren Maya, pero es más bien un proyecto turístico. Más funcional será, en mi opinión, el que va de la capital a Toluca, ese sí, para pasajeros que lo usarían diario).

Volviendo a noruega, por tantos subsidios, los más ricos hasta tienen carros de más, “que ni usan, sólo por comprarlos”.

Todo eso, dice Zipper, ya está llevando a reconsiderar a las autoridades su forma de tratar con los AE. Comenzando porque ya no están totalmente exentos de los pagos en estacionamientos, casetas o barcazas. Y sólo los primeros $45,000 dólares en precio de un AE son subsidiados. Los que excedan ese precio, deberán de pagar, “lo que ha desincentivado la venta de una enorme SUV china, la Hongqi a casi cero” (un error hacer enormes autos eléctricos que serán tragones de electricidad, además de más peligrosos).

No sólo eliminando subsidios, sino haciendo más difícil para la gente usar autos, se trata de desincentivar su empleo. Ciudades como Oslo han eliminado estacionamientos y construido más ciclopistas. Y se han inaugurado nuevas líneas de trenes, para que la gente emplee menos sus autos.

El gobierno noruego destaca como un importante logro la reducción de emisiones contaminantes entre el 2014 y 2023, en un 8.3 por ciento, es decir, un 0.92 por ciento anual, pero no me parece tan significativo, pues si actualmente uno de cada cuatro autos noruegos es eléctrico, suponiendo que ya fueran totalmente así y asumiendo que la reducción se diera en la misma proporción, las emisiones se habrían reducido en un 33 por ciento, así que, comprobado, no bajarían sustancialmente las emisiones contaminantes de CO2, sobre todo.

Como concluye Tiina Ruohonen, asesora climática del alcalde de Oslo. “La verdadera pregunta es si se requiere realmente tener un auto en Oslo. El problema es pensar que los AEs resolverán todos los problemas de transportación y ambientales. En realidad, no lo harán”.

Zipper advierte que es muy importante lección la que está dando Noruega y que “debe de aplicarse en todo el mundo”.

El otro problema al que aludo es que para la empresa Siemens Energy, uno de los mayores fabricantes de turbinas de viento (aerogeneradores), vitales para la energía eólica, está en serias dificultades, tratando de que el gobierno alemán la “rescate” con €15,000 millones de euros, pues “espera fuertes pérdidas este año (2023), luego de que se descubrieron fuertes fallas en su modelo más nuevo de turbina”.

Como ya sabrán, esas turbinas son enormes hélices, digamos, que el viento mueve, lo que hace que funcionen generadores que producen electricidad. También el problema es que, por un lado, las que están en tierra, dejan inútiles terrenos que antes eran para siembras, por ejemplo, o que se construyen en áreas naturales que afectan la fauna y la flora locales. Por otro lado, una vez llegada a su vida útil, las enormes aspas de las hélices, no se pueden reciclar o mínimamente (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/10/los-pozos-de-fracking-y-las-granjas-de.html).

Es decir, tampoco son la panacea para reducir depredación y contaminación. Pero, además, si no son negocio para las empresas que las producen, mucho menos se adoptarán.

En Alemania, se minimiza el problema de Siemens, pues según Claudia Kemfert, experta del Instituto Alemán de Investigación Económica, “aunque sus problemas fueron trágicos, no son emblemáticos de toda la industria”. Pero para muchos expertos, es un problema que está emergiendo en todo el mundo, por los crecientes costos de financiación y construcción que las granjas de viento han creado a las empresas encargadas. “La inflación está poniendo en duda el futuro de proyectos de millones de dólares, lo que pondría en duda los objetivos de establecer energía renovable para ciertas fechas”. No es sólo Siemens, sino la sueca Vattenfall, que hasta dejará de construir una granja de viento por un incremento de 40 por ciento en los costos. Esta empresa había garantizado el precio más bajo por megawatt-hora, de £37.35 al gobierno inglés, pero dice que es ya “imposible sostenerlo”. También SSE y ScottishPower, dicen que los contratos con el gobierno ya no pueden cumplirse, por los altos costos de construcción. Otra con problemas es la danesa Ørsted, que tanto en Inglaterra, como en Estados Unidos, también anunció que no podrá cumplir con los planes para construir granjas de viento. Eso afectará, como señalé, las metas de reducir contaminantes para los plazos que se han impuesto, afirman analistas. “Ni Estados Unidos, ni Europa podrán cumplir con sus metas de reducción de contaminantes que se propusieron” (ver: https://www.theguardian.com/environment/2023/oct/27/is-crisis-at-siemens-energy-symptom-of-a-wider-wind-power-problem).

Finalmente, quizá para que no se alteren los planes de “ayudar al medio ambiente”, Siemens fue “rescatada” con los €15,000 millones de euros solicitados al gobierno alemán (ver: https://www.jornada.com.mx/2023/11/15/economia/021n2eco).

(También, al margen, agrego que hasta una planta de energía nuclear que utilizaría generadores de nuevo diseño, más pequeños y, aparentemente, más seguros, que sería construida en Estados Unidos, se canceló debido al “desinterés” de sus inversionistas que, finalmente, no la vieron como un buen negocio. De todos modos, por mucho que se afirme que ya son mejores los diseños de los reactores, es una energía sumamente peligrosa y sus elementos radioactivos, como el uranio, duran hasta siglos siendo muy activos y letales. Ver: https://www.wired.com/story/first-small-scale-nuclear-plant-us-nuscale-canceled/).

En fin, pero lo que nunca se ha mostrado como la real causa tras la depredación y contaminación ambiental, es el citado híperconsumismo, impuesto por el capitalismo salvaje con su sobreproducción de todo. No es posible que la economía mundial siga creciendo ilimitadamente, pues los recursos planetarios son finitos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/05/no-es-posible-el-crecimiento-economico.html).

Ésa es la verdadera razón detrás de la grave emergencia climática que estamos viviendo, con largas sequías, altísimas temperaturas, graves inundaciones, megaincendios forestales, calentamiento oceánico, derretimiento de polos y glaciares, extinción masiva de flora y fauna, surgimiento de nuevas enfermedades y pandemias…

Si no se acaba con el capitalismo salvaje, no habrá “solución” alguna para resolver todos esos graves problemas, ni autos eléctricos, ni granjas de viento, ni paneles solares… que, por sí mismos, sólo contribuirán a seguir fomentando la dañina sobreproducción.

Que no sigan engañándonos.

Contacto: studillac@hotmail.com

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