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En la “moderna” China, creen en fantasmas

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En México, somos muy dados al culto de la muerte, como ustedes saben. Cuando alguien muere, lo velamos, lo lloramos, lo cremamos o lo sepultamos. Y a los nueve días se hacen rezos y cada año, se les recuerda con misas (a los católicos, claro). Incluso, en algunos sitios, hasta se fotografían con el “difuntito”.

Pero sucede que en China, la supuesta moderna locomotora económica, aunque no se crea, la gente teme mucho a los muertos y a los fantasmas, sobre todo en las zonas urbanas, aborrecen ver a gente fallecida, ¡impensable!, y no pueden los agonizantes morir en una casa o departamento, pues dejan su mala energía.

No sucede eso en las zonas rurales, en donde todavía se vela a los difuntos, respetuosamente. En las ciudades, se cree, queda el “fantasma” de la persona que falleció en algún lugar.

Sobre esa curiosa temática, habla el artículo de The Guardian, titulado “Los fantasmas que espantan a las ciudades chinas”, firmado por Andrew Kipnis, escritor australiano, que también es investigador y profesor de la Universidad de Hong Kong. Nos introduce a su trabajo diciendo que “en el decir popular, el temor a espíritus malvados, es un vestigio de viejas, obscuras costumbres rurales. Pero en la China urbana de hoy, impera la superstición con los muertos. ¿Por qué?” (ver: https://www.theguardian.com/world/2023/nov/14/the-ghosts-haunting-chinas-cities-death-dying-funerals-superstition).   

Comienza Kipnis refiriendo una anécdota, sobre una anciana mujer que, por cambiar un foco, cayó de la silla y se fracturó la cadera. No pudo moverse y aunque pidió ayuda, nadie la escuchó, así que murió. Los vecinos, detectaron el olor del cuerpo putrefacto unos días más tarde. Procuraron no ver el cadáver, pues no se les fuera a “subir el muerto”, como decimos coloquialmente aquí. Hasta que llegaron los policías, fue removido y llevado directo a una funeraria. No tenía familia cercana la mujer, así que se celebró un pequeño funeral y la sepultaron.

El dueño del departamento tuvo que bajar mucho la renta para poder alquilarlo de nuevo. Una estudiante lo tomó, pero comenzó a soñar que la difunta le llamaba, que le decía “vente conmigo”. Y terminó suicidándose, pues no soportó el constante llamado de la anciana. Se aventó al vació del onceavo piso. “La historia me la enviaron y la traduje del chino. Por supuesto, no es verdadera, pero da una idea de lo arraigado que es en la China moderna el temor a los muertos”.

Claro, no puede ser real la historia, pues ¿cómo pudo saberse lo que le sucedía a la chica si se suicidó? Aquí también hay historias similares “reales”, pero fallan en cuanto a que refieren cosas que sólo el o la que falleció, conocerían. 

Por tal temor, en las ciudades, los moribundos deben de fallecer en los hospitales y sólo los que dan servicios funerarios, pueden manejar los cuerpos. Nadie puede reportar que alguien haya muerto en un departamento, “pues todos se verán afectados por el fantasma del fallecido”.

La gente lo cree, tiene  muy arraigada la superstición de que alguien que muera en una casa o en un departamento, “deja su espíritu, que puede ser bueno o malo, pero al fin, espíritu”. Así que nada de muertos, pues se vuelven fantasmas, más, los extraños, “los que se convierten en los malos”.

Y es tan generalizado el temor a los muertos y a los “fantasmas” que dejan, que hasta las “autoridades” han prohibido que se anuncie la muerte de alguien (me pregunto, ¿cómo hicieron durante la pandemia, con tanto fallecido, para ocultarlo?).

Es una contradicción que se dé ese fenómeno en una país “moderno”, con grandes ciudades. Pero es justo en éstas, dice Kempis, en donde el fenómeno se está extendiendo muchísimo. “Las municipalidades no construyen panteones cerca de las ciudades, pues bajan de precio los bienes raíces. Y las funerarias, también deben de estar alejadas. Los trabajadores que laboran en ellas, mienten sobre sus profesiones, cuando se les pregunta a qué se dedican, pues si la gente sabe que hacen eso, son muy despreciados y hostigados, pues se teme que les peguen las malas energías de los muertos. Y hay tres niveles de funerarias: las que tienen total permiso del manejo de los muertos, venta de ataúdes cremaciones o entierros y hasta a anunciarse, las que sólo manejan a los muertos (recogerlos, por ejemplo) y las que venden ataúdes. Pero las tres, deben de trabajar muy reservadamente”, dice Kipnis.

“He realizado una amplia investigación etnográfica en Nanjing, Shanghái, Jinan y Hong Kong y aunque no todo mundo cree en los fantasmas, de todos modos, dan por implícito que existen. Estas personas, toman precauciones especiales, cuando visitan cementerios y funerarias. Dicen que los edificios abandonados están malditos: evitan hablar o tener alguna relación con los muertos, lo que incluye no rentar o comprar departamentos que pudieran estar, dicho en sus propias palabras, ‘embrujados’”, agrega Kipnis.  

Sin embargo, en las zonas rurales, eso no sucede, aclara Kipnis, en donde la gente da sus respetos a los difuntos, los velan en sus casas y los sepultan “y esa gente, no teme que los terrenos en donde hay panteones o el terreno en donde los sepulten, queden ‘embrujados’”.

Más bien, enfatiza, es cosa de la “modernidad”, que en las ciudades, la gente ha perdido sus lazos familiares, está más rodeada de extraños, los muertos en los panteones “se sepultan uno al lado del otro, aunque nunca se hayan conocido”.

Como señalé, la gente común considera “malo” tener un cadáver en un departamento, pues puede maldecir no sólo a tal departamento, sino a todo el edificio. “Por lo mismo, las autoridades obligan a denunciar si alguien descubre un cadáver en un departamento, del que la policía se encargará. Y está prohibido realizar actos públicos que tengan que ver con muertos”.

Y contrario a las costumbres mexicanas de colocar un altar honrando a los muertos, los chinos, la mayoría, los consideran “de mal gusto”. En ciudades como Shanghái y Beijing hasta están prohibidos y si un vecino denuncia que otro tiene un altar, éste es hasta multado. Así de severa es la represión china, hasta en eso.

Seguro que cuando chinos vienen aquí y se enteran del Día de Muertos, han de morir de la sorpresa.

La muerte se asocia con el yin, de la dicotomía yin/yang, explica Kipnis, “y para contrarrestarlo, hay que hacer actividades que den vida, como beber líquidos azucarados y calientes, ir a espacios públicos o realizar el ritual de caminar sobre fuego”. Dice que cuando las personas asisten a un funeral, con tal de contrarrestar la energía negativa yin, caminan sobre fuego, para absorber el yang. ¡Vaya creencia, han de salir todos quemados de los pies, nada de yang!

Y ni pensar, como aquí se hace, de que las cenizas de alguien cremado se esparcieran en un parque o en un lago. “No, eso está prohibido, deja malas energías y las propiedades se devalúan”, le dijo un funcionario a Kipnis, al que le hizo esa pregunta.

Y las ciudades que son abandonadas por remodelación o porque nadie las ocupó, se cree que son perseguidas también por los fantasmas. Bueno, eso hasta aquí, en donde hay casas abandonadas que están, dicen, “malditas” (varios sitios de internet, que relatan casos así. Un ejemplo, aquí: https://www.youtube.com/watch?v=qrqdYBd-lTw).  

Para Kipnis, hay cinco factores, que hacen que las creencias de fantasmas sean más fuertes en las ciudades chinas, que en las zonas rurales. Los enumera así: el primero, sería la separación de los vivos y los muertos en las ciudades. El segundo, el surgimiento de una sociedad extraña. El tercero,  la idealización simultánea de familias que se reducen (por tanta urbanización, no como en los pueblos, que todos se conocen. Dice que eso sucede en los panteones, que, como señalé, juntan uno con otro a extraños, no como en los pueblos, que quedan todos los familiares juntos). El cuarto, es el creciente número de edificios abandonados o en ruinas (eso, hasta aquí, como en el edificio Canadá, que hay la leyenda del cuarto de la niña que vivía en uno de los departamentos. Al irse, ella dejó sus juguetes y la leyenda urbana del sitio dice que siempre están en el mismo sitio, sobre unas repisas, y aunque los tiren, al otro día, amanecen igual, que porque la niña “dejó allí su espíritu. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=cLwGulqy_8g).

Y el quinto factor que señala Kipnis (del que, personalmente, ya he hablado mucho en otros de mis artículos), es el de la represión, que no se quiere que se recuerden hechos como la vergonzosa “Revolución Cultural” (que dejó miles de muertos, así como que destruyó obras de arte o libros “capitalistas”, en nombre de la “revolución”) o Tiananmen, cuando se reprimió genocidamente a una protesta social contra, justamente, el autoritarismo chino. “Esos hechos, siempre están allí, como fantasmas”, dice Kipnis.

Al final, para desgracia de los que rentan o venden departamentos, casas u oficinas, esas creencias, afectan el valor de esos inmuebles, pues como están “embrujados”, por eso bajan de valor (aunque es algo que también sucede aquí, lo de las casas “embrujadas”, que nadie quiere comprar porque sucedió un asesinato allí y están, precisamente “embrujadas”).

Expertos predicen que China estaría ya llegando a un pico de crecimiento. Justamente, el sector inmobiliario, que es el que constituye un 25 por ciento de la economía, está decayendo cada vez más y más – inmobiliarias como Evergrande ya quebraron (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/11/china-podria-estar-llegando-un-pico-de.html).

Pudiera ser que ese factor, lo de las propiedades “embrujadas” y llenas de fantasmas que persiguen a los vivos, tenga también que ver en algo con eso (la gente no querrá irse a vivir a grandes ciudades semivacías, en donde casi nadie vive, por temor a que estén embrujadas, además de lo carísimos que resultan los departamentos).

“Así que al haber más extraños, al ser renovadas o abandonadas las zonas urbanas, al ser reestructurada la economía, al cambiar la sociedad y, sobre todo, al continuar la represión, las memorias fantasmales perseguirán a todos”.

Y son tan fuertes las creencias en fantasmas y lugares malditos, que ni toda la represión del dictador Xi Jinping puede contra ello.

Contra los fantasmas, para su frustración, no puede luchar.

Contacto: studillac@hotmail.com

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