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Los sádicos castigos que recibían los esclavos por “portarse mal”

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Por Adán Salgado Andrade

Los infortunados hombres y mujeres que eran capturados en África, principalmente por mercenarios ingleses, sirvieron para que países como Inglaterra o Estados Unidos, pudieran crecer y afianzarse económicamente. Como bien explica Eduardo Galeano (1940-2015), en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, publicado en 1971, los esclavos negros fueron fundamentales, tanto para el extenuante, explotado trabajo físico, así como para consolidar las fortunas de sus “dueños” y el consecuente desarrollo de esos países y otros, como Holanda, Francia, Bélgica, España o Portugal.

En los obscuros, criminales orígenes que contribuyeron a la formación de Estados Unidos, por ejemplo, una vez que se formó, los esclavos de la parte sur, fueron quienes impulsaron las prósperas plantaciones algodoneras y de otros importantes cultivos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2014/05/estados-unidos-y-el-aberrante-legado-de.html).

Los tratos dados hacia los sometidos esclavos eran peores que los dados a los animales. Uno de ellos, Solomon Northup (1808-1863), en su libro “Doce años como esclavo” – del que se hizo una película –, publicado en 1853, da cuenta de los azotes y otros castigos físicos que sufrían, tanto mujeres, así como hombres, si incurrían en alguna falta, por mínima que fuera (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Solomon_Northup).

Esos brutales “castigos” – que hoy serían motivo de denuncias ante las organizaciones de derechos humanos –, buscaban que la “castigada” o “castigado”, sufrieran lo más posible, no sólo que fueran agredidos físicamente, sino que pidieran clemencia o que los mataran cuanto antes. Muchas de tales criminales torturas, seguramente fueron copiadas de la “Santa Inquisición”, cuyos torturadores, se especializaban en infligir el mayor dolor y sufrimiento, antes de que la condenada o condenado murieran (ver: https://www.history.com/topics/religion/inquisition#the-job-of-inquisitors).

El libro “Slave empire”, escrito por Padraic X. Scanlan, publicado en el 2020 por la editorial Little, Brown Nook Group, refiere los brutales “castigos” que se imponían a los desafortunados esclavos o esclavas que caían en manos de capataces o de sus “dueños” que, como dije, por cualquier pretexto, los torturaban, a veces, hasta que fallecieran. Un extracto de ese libro, es ofrecido por el sitio digital literario Delanceyplace.com, que es en el que baso el presente artículo (ver: https://us5.campaign-archive.com/?e=fa90d7d342&u=6557fc90400ccd10e100a13f4&id=dd711e2102).

Dice Scanlan que “la primera, mayor concentración de africanos esclavizados, que se dio en el Nuevo Mundo, al norte del Ecuador, fue en las plantaciones de azúcar, en el Caribe. El trabajo en esas plantaciones, era quizá el más duro y peligroso de cualquiera durante esa era y el tratamiento hacia los esclavos era excepcionalmente duro. Toda la gente esclavizada, era vulnerable al castigo físico en cualquier momento. Ya fuera que se atrevieran a atacar a colonos blancos o conspiraran para rebelarse, las ejecuciones eran rutinarias y a menudo grotescas. El abogado y abolicionista James Stephen (1758-1832) se impactó al ver cómo fue el juicio de cuatro esclavizados a quienes acusaron, sin pruebas, de haber asesinado a un médico”.  

En esa época, explica Scanlan, a los esclavizados, no se les usaba como testigos, pero en el caso de los cuatro “acusados”, se usó a una mujer esclava, que “tuvo que declarar contra ellos, advertida de que, si no lo hacía, ella sería juzgada también”. Mucha gente estaba segura de que el médico, se había caído y roto el cuello, pero la “justicia” necesitaba alguien a quien adjudicar la muerte del médico, que había sido hallado al pie de unas escaleras, justamente con el cuello roto.

Como fueron hallados “culpables”, a dos, los condenaron a morir en la hoguera, en tanto que los otros dos, fueron “rescatados” por quien afirmada ser su dueño.  “Stephen quedó asqueado, tanto por la brutalidad y crueldad de la ejecución, así como por la forma en que los esclavistas adaptaban las leyes para que satisficieran sus necesidades”.

Claro, además de que la vida de los esclavos, sólo se “valoraba” en términos de lo que se había pagado por ellos. Pero, cuando luego de la guerra civil, gracias a la cual, se abolió la esclavitud en todos los Estados Unidos, un blanco que matara a un ex esclavo, era raro que recibiera algún castigo. Incluso, ya avanzado el siglo XX, también era raro que se llevara a prisión a blancos que asesinaran a negros. Fue el caso de Emmett Till, un adolescente afroestadounidense, cuyo único “delito”, en 1955, fue haberle silbado a una mujer blanca, dentro de una tienda. Esa mujer, se quejó con sus amigos blancos, quienes secuestraron y asesinaron a Till. Se hizo un juicio y se expidió una orden de captura contra los hombres y la mujer, que nunca se llevó a cabo y recién, en junio del 2022, salió a la luz tal orden de arresto, que fue desechada por el comisario encargado de llevarla a cabo (ver: https://www.theguardian.com/us-news/2022/jun/29/emmett-till-warrant-carolyn-bryant-donham-family-arrest).

Continúa narrando Scanlan, en su referido libro, que “en el siglo diecisiete, a la gente esclavizada que se rebelaba, le fracturaban piernas y brazos con martillos y luego la quemaban lentamente, comenzando por los pies y hacia sus cabezas. Esto, le sucedió a un hombre esclavizado de Jamaica, en 1677, a quien le llevó tres horas morir. En 1654, un plantador de las Barbados, le cortó la oreja a uno de sus esclavos y le obligó a comérsela. Otros plantadores, les sacaban los ojos, les cortaban las narices, los castraban o quitaban los senos a las mujeres. Estas y otras similares torturas, continuaron durante el siglo 18, aunque ya fueron menos comunes. Muchos de los plantadores, durante la tardía era de la esclavitud, se defendían entre sí, si eran acusados de mutilación o brutal tortura como castigo. En principio, no la aprobaban. Un buen plantador, pensaba que era contraproducente dar malos tratos, con tal de que sus negocios prosperaban. Pero en caso de rebeliones, casi siempre eran castigadas con extremos, violentos castigos”.

Sí, es de imaginarse lo que les hacían, como el aperrearlos, que les aventaban hambrientos, muy bravos perros, para que los despedazaran frente a otros esclavos, con tal de que sirviera de “escarmiento”. La cinta Django unchained, del 2012, dirigida por Quentin Tarantino, en una escena, da cuenta de ese brutal “castigo” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Django_Unchained).

Los juicios, si los había, casi siempre ocurrían fuera de los juzgados, en donde los plantadores, manipulaban todo a su favor, “anteponiendo los intereses de sus negocios, pues alegaban que la agricultura, era la más importante actividad de su tiempo, pues proporcionaba alimentos, fibras y otras útiles cosas. A mediados del siglo dieciocho, esclavos que perdieran sus herramientas o las destruyeran, que abandonaran los campos, que comieran caña de azúcar fuera del tiempo de la cosecha o que robaran comida o implementos agrícolas, eran golpeados con fuetes para caballos o con palos, por capataces o conductores de carretas o los hacían ponerse pesados anillos de hierro, alrededor de sus cuellos o tobillos”.

Sí, y como dice el referido Northup, un blanco, aunque fuera indigente, podía denunciar y maltratar a un esclavo, por cualquier falta.

Como una forma de divulgar los crímenes de los plantadores hacia los esclavos, dice Scanlan, que éstos, componían canciones, las que se difundían oralmente. Sus letras, narraban a los que se castigaban y cómo lo hacían o a sus torturadores. “Una canción, que circulaba en Jamaica, en los iniciales 1800’s, contaba cuando el dueño de la propiedad Spring Garden, ordenó a sus trabajadores desnudar a un trabajador que estaba enfermo y tirarlo en una barranca para que se lo comieran los buitres. Los hombres, se rehusaron y secretamente curaron al esclavo enfermo, hasta que estuvo totalmente saludable. La canción hablaba sobre el incidente. ‘Llévenlo a la barranca, pero devuelvan su vestimenta y la tabla en la que los transportaron’. Luego, el coro decía ‘¡Oh, Massa, massa! ¡Todavía no estoy muerto! ¡Llévenselo con ustedes’. Esas frases, reflejaban las voces del opresor y de los oprimidos y era una sutil advertencia de que si los esclavizados se unían, no siempre serían dominados”.

Claro, la unión, hace la fuerza.

Finalmente, tantas rebeliones, así como el razonamiento de hombres buenos que se oponían a esa aberración, fue lo que abolió a la infame esclavitud.

Pero en Estados Unidos, los efectos de su esclavista pasado, todavía son resentidos por los afroestadounidenses contemporáneos, quienes, sólo por serlo, son los que más sufren persecución y brutalidad policiaca, incluso, siendo asesinados por cualquier mínima “falta” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/06/racismo-y-brutalidad-policial-en.html).

Saber que pueden ser asesinados por un loco policía – como le sucedió a George Floyd, asesinado por el psicópata “policía” blanco Derek Chauvin, cuando éste hincó su rodilla en el cuello de Floyd, quien murió por asfixia –, es la actual forma de tortura.

Por eso, es que ya están subiendo las compras de armas por parte de afroestadounidenses, para defenderse (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/09/los-afroestadounidenses-compran-mas.html).

Pero los pobres esclavos de esos viejos, terribles tiempos, no tuvieron ninguna opción, más que unirse momentáneamente, hasta que los reprimieran con armas y azotes y los despedazaran con bravos perros.

Así que la esclavitud, es sólo una parte de las infamias que los “civilizados” europeos, han cometido a lo largo de su criminal, saqueadora, mercenaria historia.

Contacto: studillac@hotmail.com

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