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Los inuit de Canadá ya son afectados por el calentamiento global

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Por Adán salgado Andrade, México

El calentamiento global, está dejando sin hielo al planeta. Los polos y los glaciares, se están derritiendo aceleradamente. Groenlandia, es inevitable que se derrita y al hacerlo, el agua resultante, hará que el nivel del mar suba unos 27 centímetros. Y si todo el Antártico se derritiera, dicho nivel marino subiría ¡52 metros!  (ver: https://www.theguardian.com/environment/2022/aug/29/major-sea-level-rise-caused-by-melting-of-greenland-ice-cap-is-now-inevitable-27cm-climate).

El glaciar que existe en el Antártico, el llamado Doomsday, también se derrite aceleradamente y cuando eso suceda, el nivel marino se elevará otros tres metros, aunados a los 27 centímetros mencionados  (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/01/cuando-el-glaciar-doomsday-se-derrita.html).

Ya, las zonas costeras y las islas, están sintiendo los efectos de la elevación marina y el calentamiento global. Es lo que les sucede, por ejemplo, a las Magdalenas de Canadá, que se están erosionando sus costas de piedra caliza, lo que daña caminos y construcciones de esas pequeñas y frágiles islas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/07/como-se-estan-erosionando-unas-islas.html).

Justamente en Canadá, país que bordea el Ártico, es en donde más se resienten los efectos del derretimiento. Y afecta a etnias originarias, como los inuit, que viven cerca de las costas, los que ya sufren el cambiante escenario costero. El artículo del portal digital Hakai Magazine, titulado “Con viejas tradiciones y nuevas tecnologías, jóvenes Inuit mapean su cambiante territorio”, firmado por Cheryl Katz, expone cómo ha debido esa etnia de adaptarse a tierras costeras que emergen, en lugar de hundirse, a aguas superficiales, a menores temporadas de hielo, a hambrientos osos polares que, al no tener focas para cazar, pueden, muchas veces, atacarlos y a la reducción de belugas, ballenas que han cazado desde tiempos inmemoriales, cada vez más escasas (ver: https://hakaimagazine.com/features/with-old-traditions-and-new-tech-young-inuit-chart-their-changing-landscape/).

Video y fotos que acompañan el artículo, muestran la forma de vida de los inuit, que viven en pueblos costeros dentro de la bahía de Hudson, en la región de Nunavut, “parte de las tierras inuit, en la parte más al norte de Canadá” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Inuit#Canada_3).

Uno de ellos es Arviat, un poblado de unos 2,900 habitantes, casi todos inuit. Allí estuvo Katz, estudiando las costumbres que tratan de preservar, así como los peligros que enfrentan cuando navegan por las aguas de la bahía, cazando belugas, cuya carne y grasa, constituyen buena parte de su dieta. Katz dice que tuvo encontrados sentimientos al ver cómo cazaban a las belugas, con rifles y arpones, “pero es lo que han hecho desde hace siglos”.

Y es una parte de las tradiciones que desean preservar entre los jóvenes. Shirley Tagalik quien es nacida en Quebec, llegó hace 45 años al lugar, para estudiarlo por dos años, pero se casó y allí sigue. Fundó la Aqqiumavvik Society, la que organizó el programa Young Hunters (jóvenes cazadores) en el 2012, el que enseña a los jóvenes el arte de cazar ballenas y otras cosas, como el mapeo del fondo marino, pues como el permahielo se está derritiendo, todas las tierras que estaban debajo de él, están emergiendo. Por ello, las aguas en las que navegan para cazar y otras actividades, son cada vez menos profundas y presentan peligrosos obstáculos que dañan a los botes de motor que circulan sobre ellas.

Tagalik dice que se les enseña a los jóvenes a respetar su medio ambiente, “que aprendan a cuidarlo, que comprendan que se cazan ballenas, no por diversión, sino porque son necesarias como parte de su manutención. Y que se preparen para todos los problemas que el calentamiento global les está ocasionando a su tierra natal”.

Rolanda Uquuyuq Tiktaq es una de las chicas que participan en la cacería de belugas. En su primer salida, le enseñaron a usar el arpón. Como dice Katz, podría cuestionarse eso, que en lugar de cazar ballenas, las cuidara. Más, en estos tiempos, en que se han ido extinguiendo. Pero son tradiciones tan enraizadas – como el enajenado culto a la Virgen de Guadalupe en México –, que es difícil erradicarlas. Quizá sólo cuando no halla ya belugas, se termine con eso.

Aunque se comprende que lo hagan, pues, en general, son comunidades de bajos ingresos que, aunque se mantienen de otras actividades – artesanías de madera, textiles, impresión de textos, entre otras –, cazar ballenas y algunas especies terrestres, como el caribú, son todavía parte de su manutención (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Inuit#Canada_3).

Otras cosas que están haciendo los Young Hunters, es mapear las aguas de la bahía que, como dije, cada vez son menos profundas, por las tierras que emergen, debido a que el permahielo que las mantenía sumidas, se está derritiendo. Se da lo que se conoce como ajuste isostático glacial. Es una situación que comenzó hace 16,000 años, cuando capas de hielo de más de tres kilómetros, en la última glaciación, cubrían las tierras del hemisferio norte de la Tierra. Pero cuando esas pesadas capas de hielo, se derritieron, los suelos debajo de ellas, comenzaron a emerger. Y los que estaban a los alrededores de las capas, que se habían expandido, comenzaron a bajar. Por ello, muchas tierras de Canadá o Estados Unidos emergen o se hunden (ver: https://oceanservice.noaa.gov/facts/glacial-adjustment.html).

Tierras emergiendo, son las que afectan a las zonas costeras de la bahía de Hudson, justo en donde habitan los inuit, como en Arviat, por el derretimiento del permahielo. Habitantes que tienen varios años viviendo en el pueblo, como Louis Angalik, de más de 80 años, han ido atestiguando los dramáticos cambios de la costa, como el que cada vez se ha ido alejando más el mar y las aguas, son cada vez menos profundas, casi superficiales en muchas partes. “El cielo, es diferente. El sol, es más alto. Y el mar es menos profundo”, dice, nostálgico.

Y que esté desapareciendo el permahielo, así como el hielo superficial del Ártico, dice Katz, “ha incrementado demasiado el tráfico marino, por lo que varias organizaciones están mapeando los fondos marinos, por las deformaciones que se están dando al emerger dichos fondos, que representan un peligro para los barcos. Ya han sufrido accidentes dos cruceros de lujo. Pero Tagalik, se dio cuenta de que los pueblos inuit, no eran prioritarios, así que se propuso consultar a especialistas, pedir fondos del gobierno y donativos y logró adquirir unos sonares, que registran el perfil del fondo marino. El sistema se llama HydroBlock, que está diseñado para adquirir datos barométricos de alta calidad y que sean fáciles de emplear”.

Para usarlo, se monta el aparato en botes que recorren las aguas cierta distancia, un kilómetro, por ejemplo, dan vuelta y regresan. “Es muy aburrido, es mejor cazar ballenas, pero tenemos que hacerlo, es por nuestro bien”, dice uno de los jóvenes, al que han enseñado a operar el sonar. Se muestra una foto de cómo se monta el aparato a un lado de una lancha.

Y es que el no hacerlo, no darse cuenta de en dónde hay protuberancias que han emergido, puede costar muy caro, pues los botes de varios inuit se han dañado seriamente. Repararlos, es costoso y aunque se tenga el dinero para hacerlo, de todos modos, no hay piezas en el pueblo.

Los sondeos, se suben a una página de FB. Se muestra un ejemplo, en el que los colores rojos, representan las áreas más peligrosas, en tanto que los azules, las más seguras. Los colores pasan del rojo, al naranja, al verde, hasta llegar al azul. “A la fecha, sólo se ha mapeado un 14% de la bahía, por lo que Tagalik busca más fondos, para que haya más equipos y se complete lo antes posible”.

Otra foto muestra a Leo Ikakhik, uno de los guardias que vigilan la presencia de los osos polares. Los pobres osos, buscan comida. No dice Katz si los matan, supongo que sí, pues Ikakhik va armado. Pienso que no es solución matarlos. Más bien, deberían de crear lugares en donde esos pobres, hambrientos osos, pudieran alimentarse.

También usan un trineo de madera, jalado por un vehículo todo terreno, durante el invierno, equipado con sensores, para medir en tiempo real las condiciones del hielo que se forma sobre las praderas “y hacer pública esa información”.

Otra foto muestra a Kukik Bakdere, una mujer inuit, quien ayudó a fundar el programa de los Young Hunter. “Queremos que nuestros jóvenes aprendan todo, no sólo a mapear el fondo marino, sino que observen el viento, las aguas, el comportamiento de los animales y que puedan predecir el estado del tiempo”.

Dice Katz que es muy importante, pues pueden ser víctimas de tormentas invernales cuando están pescando, como le sucedió a Joe Karetak, quien da su testimonio, sobre una vez que una tormenta, casi los mata a su hijo y a él. “Yo doy cursos de sobrevivencia, muy importantes en estas tierras que no dejan de ser hostiles, aún para nosotros”, afirma.

La última foto muestra al cazador Gordy Kidlapic, quien carga a su nieto, Victor, a quien espera enseñarle cómo cazar y sobrevivir en un medio ambiente tan cambiante. “Yo creo que él va a estar muy bien”, dice, esperanzado.

Pero, la verdad, con tantos brutales cambios y transformaciones que la depredación y contaminación, ocasionados por el capitalismo salvaje, están provocando, es muy incierto el futuro de su nieto.

Contacto: studillac@hotmail.com  

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