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Las redes sociales provocan que niños y adolescentes odien sus cuerpos

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Por Adán Salgado Andrade

La mayoría de las redes sociales imponen estereotipos de comportamientos y apariencias. Es muy fácil que niños o adolescentes, sobre todo, tengan una falsa precepción de la realidad, pues son muy influenciables. Incluso, se sugestionan y creen padecer ciertas enfermedades, pero no es que las tengan, sino que imitan a los influencers que las padecen y transmiten cómo es vivir con ellas, los síntomas y así. Por ejemplo, cientos creyeron enfermar del síndrome de Tourette, enfermedad que ocasiona tics extremos. Un canal de YouTube, Gewitter im Kopf (que significa “tormenta en la cabeza”), está hecho y conducido por un joven alemán de 23 años, Jan Zimmermann, quien padece tal síndrome (ver: https://www.youtube.com/channel/UCh2Nc3OwjSwuXrUdFNXqFbQ).

Cientos de adolescentes, chicas y chicos, de repente, iban al doctor, pues decían que tenían la misma enfermedad, pero sólo fue por imitación, de tanto que veían a Zimmermann sacudir la cabeza, contraer la boca y asì (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/09/adolescentes-enfermaron-de-tics-por-ver.html).

Y sigue la mala influencia de las redes, como TikTok, las cuales, difunden falsos estereotipos corporales, que afectan la percepción de niños y adolescentes, llegando a sentirse acomplejados de sus cuerpos. Y sumado al bullying, acoso, los ha llevado a extremos de depresión, aislamiento, anorexia, uso de drogas o alcohol, dejar de usar las redes (lo mejor) y otras cosas.

Es lo que aborda el artículo de The Guardian, titulado “Las redes sociales provocan que niños rechacen sus propios cuerpos”, firmado por Amelia Hill, quien nos introduce a su trabajo con que “un estudio muestra que las redes sociales son un ‘fuerte riesgo’ para gente joven y su autoestima, lo que puede provocar estrés y problemas mentales” (ver: https://www.theguardian.com/society/2023/jan/01/social-media-triggers-children-to-dislike-their-own-bodies-says-study).

Una foto de chicas adolescentes, usando compulsivamente sus celulares, como ya es común actualmente, abre el artículo. Una escena, por desgracia, cotidiana. No se les ve leyendo o, ni siquiera, platicando entre ellas o ellos. Están “juntos”, pero aislados, cada quien con su respectivo celular.

Y nos da Hill resultados del estudio. “Tres de cada cuatro niños, de no más de doce años de edad, rechazan sus cuerpos y se avergüenzan de cómo se ven, lo que se incrementa a ocho de cada diez, en jóvenes de 18 a 21 años. Casi la mitad de los encuestados, de 12 a 21, dicen que se han sentido rechazados, hacen ejercicio en exceso, o se autodañan, pues regularmente son hostigados o troleados por su apariencia física. Cuatro de cada diez, dicen que están estresados y casi cinco, tienen problemas de imagen. Además, 14 por ciento, experimentan problemas alimentarios, como dejar de comer, comer demasiado (para ocasionarse daño), purgarse u ocasionarse el vómito. De todos los que necesitan apoyo, sólo uno de cada diez, estaban recibiendo tratamiento”.

El estudio se hizo en Inglaterra, por la organización de caridad mental stem4, aplicado a 1,024 niños y jóvenes, de 12 a 21 años. “Basada en los resultados, la organización dice que se requieren acciones urgentes”.

Eso debería de hacerse, pero no tanto proporcionar ayuda, ya cuando el daño está hecho, sino, en mi opinión, restringir el tipo de “información” que dan esas redes, las que, como siempre, dicen que “monitorean” los mensajes que se dan y “restringen” los que consideran dañinos, como señaló TikTok a Hill, a quien un vocero de esa red, propiedad del grupo chino ByteDance, le dijo que “no estamos de acuerdo con el estudio, pues regularmente consultamos con expertos de salud, removemos lo que viole nuestras políticas y proveemos recursos para apoyar a cualquier persona que requiera ayuda”.

Dirán eso, pero el estudio es concluyente de que hay varios problemas. La doctora Nihara Krause, fundadora de stem4, citada por Hill, dice que “necesitamos mejorar el entendimiento del impacto de las redes y cómo sus algoritmos, tienden a reforzar su uso por la gente joven y los problemas de salud mental que ocasionan”.

Muestra el artículo unas gráficas con los resultados. Uno de ellos, el más delicado, es que un 30 por ciento de los encuestados, no le cuenta a nadie sobre sus problemas. Eso no es bueno, pues cuando la gente se guarda las cosas, puede llegar al extremo de una fuerte depresión o, peor, el suicidio. En el mundo, tan sólo en el 2016, se quitaron la vida 817,000 personas, por problemas, sobre todo, de depresión y otras perturbaciones mentales (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/02/el-alarmante-incremento-de-los.html).

Otros resultados son que un 23 por ciento, ya no ven a sus amigos, 17 por ciento, dejaron de comer, un 13 por ciento, se autodañaron, un 12 por ciento, se enojaron con alguien que los criticara, un 7 por ciento, abusaron de drogas y alcohol y un 6 por ciento, prefirieron dejar de usar las redes. Como señalé antes, creo que esta última acción, es lo mejor que puede hacerse, ante el embate de redes que, en efecto, usan algoritmos para atrapar más a los usuarios (los bombardean con más basura que los sigue dañando).

Menciona Hill el sonado caso de Molly Russell, una chica de 14 años, que en el 2017, se quitó la vida, “por tantos videos de autodaño y suicidios que ella veía por las redes, y que no deberían de transmitirse, como demanda el padre de la chica, convertido en activista en contra de tal contenido” (ver: https://www.bbc.com/news/uk-england-london-63073489).

También señala que la citada TikTok, transmite videos de “pro-anorexia” “y de material dañino dirigido a menores de 18 años, con un algoritmo que promueve autodaño y desórdenes alimentarios a los pocos minutos de que son presenciados” (ver: https://www.theguardian.com/technology/2022/dec/15/tiktok-self-harm-study-results-every-parents-nightmare).

Señala la doctora Krause que el problema se complica, porque los chicos que buscan ayuda por internet, “sólo son, de nuevo, atrapados por contenidos de los que huyen y que los afectarán todavía más”.

“La encuesta, halló que 97 por ciento de los niños de menos de 12 años, usan las redes sociales. A pesar de que casi el 70 por ciento dicen que tales redes los estresan, los ponen ansiosos y deprimidos – con dos tercios que dicen que se preocupan del tiempo que se pasan en las redes –, el tiempo promedio que emplean conectados es de 3.65 horas”.

Como comento antes, casi ya no se ven a adolescentes leyendo o conversando entre ellos, pues todos están conectados, como autómatas, a sus celulares. Y ahí están los resultados. Seguramente si se hiciera un estudio similar en México, daría similares o hasta peores resultados, pues aquí se aunaría pobreza y precariedad (¿cuántos jóvenes, por ejemplo, son inducidos por las redes a unirse a narcotraficantes y otras redes delincuenciales?).

Lo peor es que los encuestados admiten que, a pesar de los daños, siguen viendo cuanta basura les transmitan las redes “sociales”, que más deberían de llamarse antisociales, por tanto comportamiento negativo que inducen.

Un 95 por ciento, dicen que se sienten “indefensos” cuando dejan de enlazarse con las redes y que “son cuatro veces más proclives a solicitar ayuda a través de las redes, que platicando con familia o amigos”.

Sí, las redes, simplemente, los atrapan, y ya no hay vuelta atrás. Sucede con las redes, como hace décadas, cuando dominaba la televisión, que hasta se hicieron experimentos en Estados Unidos, con gente que era teleadicta, de verla cuatro horas o más al dìa. Las sometieron a semanas o meses sin prender los aparatos. Muchos, se deprimieron tanto, que hasta pensaron en suicidarse, por la falta de sus “gustados programas” (ver el libro “La droga que se enchufa”, escrito por Marie Winn y publicado en 1981: https://books.google.com.mx/books/about/La_droga_que_se_enchufa.html?id=kv27AAAACAAJ&redir_esc=y).

El incremento de ansiedad es notorio, pues un 70% dijeron experimentarla, un 65 por ciento, tienen baja autoestima y depresión y un 17 por ciento, presentan ya problemas de comportamiento.

Todo eso se conjunta para llevar a lo peor, como dije, quitarse la vida.

Uno de los encuestados, un joven, dijo que “las redes definitivamente me están afectando negativamente. Los jóvenes, nos comparamos constantemente con gente de buena apariencia que aparece en el internet. En TikTok, la gente que ves es fenomenal, por los algoritmos, y eso nos hace sentir muy mal”.

Otro comentó que “las redes tienen un fuerte impacto en cómo nos vemos. Me presiono porque trato de verme como algo que ha sido editado y alterado. Si no existieran las redes, no me compararía con nadie o no me compararían. Simplemente, seguiría con mi vida”.

Varios activistas, entre ellos el padre de la mencionada Molly Russell celebran la encuesta y sus resultados, pues es una forma de “demostrar el daño que ocasionan redes como TikTok y que se les pueda obligar a hacer cambios drásticos en sus contenidos y en sus algoritmos, para que ya no hagan tanto daño”.

Desgraciadamente, se ha dicho los mismo de la otra nefasta red, Facebook, que hasta discursos de odio ha permitido en su contenido y, fuera de multas y amonestaciones, sigue transmitiendo cuestiones nefastas (siguen habiendo, incluso, sitios fraudulentos, que “venden” productos muy “atractivos”, vintage, en oferta, pero son simples scams para robar el dinero de los incautos que son atrapados).

Ese es, por tanto, el daño que ocasionan las lucrativas redes sociales – para sus dueños, claro.

Son parte del capitalismo salvaje que nos domina. Y si siguen deprimiendo y llevando hasta al suicidio a adolescentes y jóvenes, ni modo. Primero está el business as usual.

Contacto: studillac@hotmail.com  

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