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Las contaminantes fábricas de papel

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Por Adán Salgado Andrade, México

Es cotidiano el empleo del papel, en distintas formas. Sea en un libro, un periódico, el papel de baño, los pañuelos desechables, las servilletas, los envoltorios, los cuadernos y libretas escolares…

Son muchas sus aplicaciones. Sin embargo, la fabricación de papel es muy depredadora y contaminante. “El consumo de papel ha subido en los últimos 40 años, lo que ha incrementado la deforestación, pues un 35% de los árboles cortados, son usados para hacer papel. Los árboles viejos, sólo suman un 10%, pero es controversial el dato. El desperdicio de papel en Estados Unidos es del 40% de toda la basura producida cada año, que son alrededor de 71.6 millones de toneladas anuales, tan sólo en dicho país. El trabajador promedio estadounidense, imprime 31 páginas por día. Además, los estadounidenses, usan del orden de 16,000 millones de tasas de papel también cada año” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Paper#Environmental_impact).

Aunque hay que señalar que también se usa el bagazo de caña, principalmente, para hacer el papel de baño.

Por otro lado, su fabricación, requiere de cloro, lo que emite grandes cantidades de compuestos orgánicos clorados, incluyendo dioxinas, que ocasionan problemas de salud, como reproductivos, inmunes y hormonales. Aunque sigue siendo menos emisor de contaminantes, pues “en el 2012, emitió esa industria el 0.9% de los gases efecto invernadero. En tanto que las tecnologías digitales, en el 2019, emitieron un 4% y se estima que para el 2025, podría ser de 8%” (ver fuente citada).

Es que todo, absolutamente todo, es contaminante. Varias veces se piensa que es menos contaminante no imprimir, pero de acuerdo con el dato referido, es más contaminante lo digital. Y es claro, pues para que funcionen cosas como computadoras, celulares, tablets, pantallas, servidores y otros dispositivos, se necesita una fuente constante de electricidad, lo que contamina, sea de la fuente que sea, energías “verdes” o combustibles fósiles. Aunque actualmente, de todos modos, ni el 20% de la electricidad producida es por energías verdes, así que, en efecto, es más contaminante lo digital que el papel.

Pero, de todos modos, fabricar papel es igualmente polucionador y depredador, sobre todo, por los millones de árboles que se usan y los mencionados químicos empleados en su hechura.

El artículo de la revista digital Hakai, titulado “El precio del papel”, analiza el caso de una fábrica de papel que existe en Columbia Británica, Canadá, la Crofton, desde 1957 y que a pesar de varias actualizaciones en su equipo, sigue contaminando el sitio. Firmado por Larry Pinn, señala que “comunidades costeras alrededor del mundo contienden con los tóxicos legados de las fábricas de papel” (ver: https://hakaimagazine.com/features/the-price-of-paper/).

Una foto del complejo Crofton abre el artículo. En el 2019, la empresa Paper Excellence Canada, lo adquirió.

Se encuentra en la isla Vancouver, a la orilla del río Salish. Por décadas, ha dejado su huella de contaminación. Fabrica el papel mediante dos procesos. En uno, la separación de las astillas de madera (los árboles son previamente molidos) de las fibras, se logra empleando electricidad. Ese método, es para obtener el 40 por ciento de la pulpa de madera, el ingrediente principal del papel. El otro 60 por ciento, lo genera con el llamado proceso kraft, que consiste en “cocinar” las astillas con químicos, con mucho calor y a presión, para “disolver la lignina, que es el compuesto natural que da la consistencia a la madera y que, sin él, las plantas y árboles no tendrían estructura”.

Con el proceso kraft, se produce una fibra más fuerte, para fabricar papeles más finos, en tanto que el proceso mecánico, el que usa electricidad, no usa químicos y rinde más, pero produce un papel de menor calidad. “El proceso kraft, produce un residuo llamado licor negro, que es quemado y esa combustión es usada para hervir agua y generar vapor para producir electricidad y reducir los costos. Pero también produce sulfato de sodio y otros compuestos sulfúricos, que se van a la atmósfera, junto con óxidos de nitrógeno y bióxido de carbono”.

Por eso es que contaminan no sólo agua, como ríos o lagos, las fábricas de papel – sobre todo las costeras –, sino que emiten esos gases a la atmósfera. Es que todo lo fabricado requiere combustión, la principal generadora de tantos gases efecto invernadero.

Los efluentes que el proceso suelta al océano – pues, por desgracia, buena parte de las aguas negras mundiales van a dar a los océanos, pues pocas son las que se tratan –, “el principal problema que presentan, es lo tóxicos que son esos residuos, por los sólidos suspendidos que se generan, así como que afectan el oxígeno del agua, reduciéndolo, por los químicos que contienen. La falta de oxígeno, no permite que las bacterias y otros microbios marinos, descompongan la materia orgánica”.

Señala Pinn que ya desde los 1980’s y 1990’s, las fábricas de papel fueron el objetivo del control ambiental, por la emisión de dioxinas cloradas y de furanos, como se llama a los polucionadores orgánicos persistentes, POP’s, “los que llegan a la cadena alimenticia con fuertes consecuencias para la salud y los organismos marinos».

“La exposición a los POP´s, se ha ligado con varios efectos tóxicos en humanos y animales, los que incluyen problemas reproductivos y de crecimiento, daño al sistema inmune, cambios hormonales y cáncer”.

Justo como lo mencioné arriba, los problemas de salud que ocasionan esos químicos – al igual que los miles que usan muchas industrias en todo el mundo –, están ocasionando un súbito incremento de cánceres y otros enfermedades crónico-degenerativas. Nos estamos suicidando involuntariamente.

También por esos contaminantes, en el caso de aves como las ardeidos, una especie de garzas, disminuyó mucho su población, antes de que Crofton adoptara medidas para disminuir su polución. “Ahora, se han repoblado varias colonias de esas aves”.

De todos modos, la empresa, a pesar de los avances logrados – como modernización de varios equipos y mejores sistemas de combustión –, sigue contaminando y frecuentemente se le aplican multas, “porque todavía tiene emanaciones accidentales arriba de los límites”. Aunque la mayoría de tales multas, “son por problemas con sus trabajadores, como en el caso de la muerte de un operador de un camión y uno, de un trascabo. En el primer caso, tuvo que pagar $75,000 dólares. Y en el segundo, otros $75,000. “Lo irónico es que ha pagado menos por la contaminación arriba de los límites autorizados. En el 2019, pagó sólo $13,490 dólares por el exceso de emisiones de dos chimeneas, que tuvieron lugar en el 2017 y en el 2018”.

O sea, puede seguir contaminando, pero no tanto. Y, como se ve, todo se arregla con multas.

De hecho, Crofton, señala Pinn, es de las papeleras más contaminadoras del mundo, a pesar de la  modernización del equipo que ha hecho. “Como es vieja, contamina más que las plantas modernas, como una que está en Chile, la UBC de Rojas, que hasta recicla el agua usada y la deja bebible”.

Por ello, el gobierno local, hace poco, le otorgó 5.85 millones de dólares, para mejorar la eficiencia de sus calentadores para producir vapor.

Crofton produce unas 700,000 toneladas anuales de papel, a su máxima capacidad, pero como últimamente está bajando la demanda de papel, por las tecnologías digitales, está en unas 400,000 anuales. “Por lo mismo, ya también fabrica productos para envolturas, como bolsas cafés para tiendas de comida rápida, cosas que la gente usa diariamente y que prefiere, en lugar del plástico”.

En efecto, si se tiene algo de conciencia ecológica, han de preferirse las envolturas de papel a las plásticas o las de cartón, que también es orgánico.

Y es una de las empresas que más trabajadores contrata en el área, unos 600 actualmente, además de que contribuye con 4 millones de dólares canadienses, un 13 por ciento, de los impuestos recaudados localmente, “más que otras empresas del lugar”.

Han servido, por supuesto, los esfuerzos para hacer menos contaminante a Crofton, “pues la gente, ya no nota los antiguos olores, tanto del medio ambiente, como de lo que tiraba al río, pero sigue contaminando”.

Uno de los vecinos, a los que la empresa cita cada mes para informar sobre sus operaciones y los avances anticontaminación, dice que le enseñan muchas gráficas y otras cosas, “pero yo no soy un experto, así que ni sé si están cumpliendo o no. Quizá, tendría que contratar a uno”.

También señala ese vecino que “de todos modos, creo que es mejor usar una envoltura de papel, que una plástica. Es cuestión de perspectivas”.

En efecto, en ese sentido, al menos, el papel, aunque no se recicle, al ser orgánico, se pudre y descompone. Además, se recicla, en mayores cantidades que el plástico (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/01/el-papel-mas-ecologico-y-reciclable-que.html).

Lo cual no quiere decir, repito, que sea bueno producir tanto papel que, la mayoría, sobre todo, el que sirve para empacar, sólo se tira.

Pensemos en los cientos de miles de árboles que se cortan y muelen para hacer esas desechables envolturas.

Es otro ejemplo, pues, de la cultura del desperdicio que nos ha impuesto este sistema capitalista salvaje. Matar a seres vivos para convertirlos en basura.

Desechemos, sí, pero a ese depredador sistema.

Contacto: studillac@hotmail.com

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