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La amenaza militar de EEUU en el Caribe que pone en riesgo a miles de chilenos

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Infosurglobal

Por Juan Fran Torres

Santiago de Chile, 15 de noviembre de 2025. Después de meses de asedio militar estadounidense en el mar Caribe y de ataques contra pescadores colombianos y trinitenses, que terminaron con la muerte de varios de ellos, recién ahora el Gobierno de Gabriel Boric, a través de la Cancillería se dignaron a emitir un comunicado. Un pronunciamiento tibio, tardío y claramente insuficiente, sobre todo considerando los constantes ataques por parte de la Casa Blanca en contra de los presidentes, Gustavo Petro y Nicolás Maduro.

Mientras tanto, Estados Unidos ha ejecutado acciones bélicas, asesinatos extraterritoriales y operaciones de hostigamiento, generando el rechazo de organismos internacionales de derechos humanos, incluido del Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, entre otros.

La obsesión de EE.UU. por los recursos de Venezuela

En su afán por apropiarse de los recursos naturales venezolanos, Washington continúa promoviendo maniobras militares frente a las costas de Venezuela, en una escalada que recuerda los peores momentos del intervencionismo norteamericano en América Latina.

La llegada del portaavión, USS Gerald Ford a aguas del Mar Caribe.

Aunque el gobierno de Donald Trump ha estudiado desde hace tiempo un ataque directo contra Venezuela, sus propios informes de inteligencia advierten que el país caribeño posee la capacidad militar suficiente para defenderse, lo que ha generado dudas en la Casa Blanca por el costo político y militar que significaría semejante aventura bélica. Venezuela desde hace mucho tiempo ha venido preparándose para un eventual ataque de EEUU y los gobiernos de China, Rusia y especialmente Irán le han suministrado apoyo logístico y militar para este escenario.

La comunidad chilena en Venezuela: una memoria viva que Chile no puede ignorar

Lo que desconoce el gobierno de Chile y la cancillería, es que, en Isla Margarita, territorio venezolano, vive una numerosa comunidad de chilenos y chilenas que llegaron como exiliados políticos tras el golpe cívico-militar encabezado por el criminal Augusto Pinochet. Mientras en Chile se vivía persecución, tortura, desapariciones y exilio, Venezuela abrió sus brazos al pueblo chileno, otorgándoles hogar, dignidad y refugio.

Hoy, cinco décadas después, esos mismos compatriotas han declarado públicamente que no permitirán una intervención extranjera en la tierra que los acogió cuando Chile fue silenciado a sangre y fuego. Son trabajadores, familias, profesionales y luchadores sociales que se sienten parte del destino de Venezuela y defenderán su soberanía ante cualquier agresión imperialista.

Este hecho involucra no solo a Venezuela, sino también al Estado chileno. Mientras Estados Unidos y Europa legitimaban la dictadura asesina de Pinochet, fue Venezuela con su generosidad y su solidaridad quien ofreció casa, educación, trabajo y protección a miles de chilenos perseguidos. Ese gesto histórico no puede ni debe olvidarse.

Responsabilidad urgente del Estado de Chile

Es gravísimo que la Cancillería y el Gobierno de Chile mantengan un silencio casi absoluto frente a las maniobras guerreristas y colonialistas impulsadas por el gobierno de Donald Trump en el Caribe. Estas acciones buscan desestabilizar a un país soberano mediante la amenaza militar y el terror comunicacional. Chile no puede permanecer neutral. En un contexto de tensión militar continental, la neutralidad no es diplomacia: La neutralidad es complicidad.

Mientras los gobiernos de América Latina desde Colombia hasta Brasil han condenado estas maniobras, La Moneda opta por una postura ambigua, insegura y desconectada de la realidad regional.

La paz de América Latina no puede seguir subordinada a los intereses geoestratégicos de Washington. Chile tiene una responsabilidad histórica, moral y política que no puede continuar evadiendo. Proteger a los miles de chilenos y chilenas que viven en Venezuela, así como resguardar la paz regional, debería ser un deber ineludible del Estado chileno, un deber que hasta ahora no se ha cumplido.

Mientras Estados Unidos despliega buques de guerra y posiciona frente a las costas venezolanas al portaaviones nuclear más grande del mundo, el USS Gerald Ford, la Cancillería chilena guarda un silencio que resulta inaceptable. Esta amenaza militar se concentra precisamente en la zona de Isla Margarita, donde reside una numerosa comunidad de compatriotas que llegó a Venezuela buscando refugio cuando Chile era sometido al terrorismo de Estado de la dictadura cívico-militar.

Hoy, esas familias viven nuevamente bajo riesgo, no por decisiones del gobierno venezolano, sino por la escalada bélica promovida por Estados Unidos, que pretende desestabilizar a un país soberano mediante intimidación militar abierta. Frente a este escenario, Chile no puede seguir actuando como un espectador pasivo: la defensa de su gente y la defensa de la paz continental deben ser prioridad absoluta.

Pescadores temen por su vida y de su seguridad en el Caribe

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