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La acumulación por desposesión a debate

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Kalewche

Ilustración: Capitalism, de Karl Wiener. Fuente: www.meisterdrucke.uk



Hace ya algunos años que David Harvey, prolífico autor marxista, acuñó la noción de acumulación por desposesión con la finalidad de exponer el carácter bifacético de la acumulación capitalista. En el presente artículo debatiremos la génesis, constitución y posterior despliegue de esta categoría, así como sus postulados centrales. Entendemos que la categoría desarrollada por Harvey retiene la esencia de las críticas lumxemburguianas a los modelos de reproducción ampliada de Marx, a partir de la cual se derivan serias consecuencias analíticas para el estudio del patrón de reproducción de capital de la llamada periferia capitalista. Plantearemos la –tal vez– algo provocativa hipótesis de que la acumulación por desposesión opera en el marco de una relación de complementariedad subordinada con los procesos de reproducción ampliada del capital. De este modo, la acumulación por desposesión aparece como un conjunto de mecanismos e interdicciones basados en la violencia directa, que allanan el camino a los procedimientos y legalidades sobre los cuales descansa la reproducción ampliada, modalidad hegemónica de acumulación de capital. De este modo, la acumulación por desposesión sería una modalidad de acumulación plenamente subordinada a la reproducción ampliada.


I

El antecedente más inmediato –y elaborado– al que recurre Harvey para diseñar su teoría de la acumulación por desposesión lo podemos situar en el análisis de la acumulación de capital desarrollado por la gran revolucionaria polaca Rosa Luxemburgo, estrella roja de cientos de batallas libradas por la causa socialista. En el marco de su disputa político-estratégica con el revisionismo bernsteiniano, Luxemburgo se aboca al diseño y formulación de una teoría marxista de la crisis no basada en los principios de la reproducción ampliada. Acertaba afirmando que Bernstein, al extirpar mediante una operación mistificadora la teoría de la crisis de los esquemas marxianos, contribuía a derruir el suelo granítico de la necesidad objetiva de la revolución.1 Entiéndase: si las crisis no forman parte consustancial de las contradicciones internas de la acumulación capitalista, entonces no tendría sentido proponer la superación de las relaciones capitalistas de producción mediante una revolución socialista. Sin embargo, Luxemburgo creía que esa teoría no podía ser dialécticamente derivada de los esquemas de reproducción ampliada de Marx, ya que en los mismos se apoyaba la plétora de reformistas que negaban las consecuencias caóticas y tumultuosas de la acumulación. La negativa a derivar dialécticamente la teoría de la crisis de los esquemas de reproducción ampliada presentados por Marx, por haber entendido que justificaban las posiciones neoarmonicistas del revisionismo, colocó a Luxemburgo en una encerrona teórica difícil de resolver sin caer en una perspectiva exogenista.

Veámoslo del siguiente modo. Para Luxemburgo, una vez que descontamos del producto social total aquella porción destinada al consumo de la fuerza de trabajo y de los propios capitalistas, y lo relativo a la reposición del capital constante, persiste un excedente de mercancías que contienen el plusvalor requerido por la clase capitalista para ampliar la escala de su producción. “¿De dónde, pues, pueden salir los compradores, los consumidores para esa porción social de mercancías sin cuya venta no sería posible la acumulación? Hasta ahora, hay una cosa clara, y es que esos consumidores no pueden salir de la clase obrera ni de la clase capitalista” (Luxemburgo, 1915, p. 9). Este excedente, desde su perspectiva, no puede ser adquirido por los capitalistas –lo que para Luxemburgo sería un absurdo–, con lo cual se abre una “brecha de demanda” imposible de cerrar (sin el recurso a algún elemento externo), con una porción significativa del plusvalor que no puede ser realizado en los márgenes internos de la acumulación capitalista.

“Acaso se contestará que esta masa acrecentada de mercancías volverá a ser consumida al año siguiente por el intercambio mutuo entre los capitalistas, empleándose por todos ellos para acrecentar nuevamente la producción, y así sucesivamente, de un año para otro. Pero esto no sería más que un tiovivo que giraría en el vacío sin cesar. Esto no sería acumulación capitalista, es decir, acumulación de capital-dinero, sino todo lo contrario: producir mercancías simplemente por producirlas, lo que desde el punto de vista capitalista constituye el más completo absurdo” (Luxemburgo, 1915, p. 9).

Sin embargo, lo que Marx demuestra a través de los esquemas de reproducción ampliada –duramente atacados por Luxemburgo– es que, aun siendo contradictoria (de allí el absurdo), la acumulación es lógicamente viable y el sistema se encuentra en condiciones de realizar internamente la totalidad de la plusvalía producida. Convendría responder con Lenin,

“El desarrollo de la producción (y, por consiguiente, del mercado interior) a cuenta más que nada de los medios de producción parece algo paradójico y constituye, indudablemente, una contradicción. Es una auténtica ‘producción para la producción’, la ampliación de la producción sin la correspondiente ampliación del consumo. Pero esto no es una contradicción de la doctrina, sino de la vida real2: es, precisamente, una contradicción que corresponde a la naturaleza misma del capitalismo y a las restantes contradicciones de este sistema de economía social” (Lenin, 1981, p. 46).

Lenin veía en las posiciones luxemburguianas una reedición de los argumentos de los populistas rusos que él mismo había combatido con tenacidad un tiempo atrás. Los populistas buscaban demostrar la inviabilidad del capitalismo en Rusia a la manera subconsumista clásica: dado que los trabajadores producen más de lo que pueden consumir por medio de su participación a través de los salarios, el mercado interno sería incapaz de absorber los excedentes generados y permitir el despegue capitalista en Rusia. Shaik (2006) apunta: “es sumamente sorprendente la constancia de la noción según la cual la demanda de bienes de consumo es el regulador esencial de la producción global” (p. 318). La idea de que el capitalismo produce para el consumo y no, fundamentalmente, para la ganancia, es –a las claras– errónea. Al relegar el departamento I al rol de apéndice del departamento II, la demanda de bienes de producción termina siendo «derivada» de la demanda de bienes de consumo: este es el principio básico del subconsumo. Empero, los bienes de producción también pueden ser utilizados para fabricar otros bienes de producción, y las leyes generales de la acumulación de capital así lo demandan: “según la ley general de la producción capitalista, el capital constante crece con más rapidez que el variable… El sector de la producción social que fabrica medios de producción debe, por consiguiente, crecer con más rapidez que el que produce artículos de consumo” (Lenin, pp. 43-44). La inversión neta en el departamento I desempeña un papel crucial en la capacidad del sistema capitalista para absorber parte del producto social y realizar la plusvalía. Lo que demuestran los ejemplos de Marx es que, si los capitalistas realizaran la cantidad apropiada de inversión, ciertamente podrían vender sus productos y obtener las ganancias esperadas, (Shaik). Para Luxemburgo, el admitir que la reproducción ampliada es posible conduce directamente a la claudicación de toda política revolucionaria, y es, por tanto, inaceptable. Shaik, en cambio, nos plantea que, partiendo de los esquemas de reproducción ampliada del capital, podemos arribar a la idea de un sistema de acumulación autolimitado y no ilimitado, como creía Luxemburgo que sucedería si se aceptaba la posibilidad de la realización del plusvalor en el interior de las fronteras del modo de producción capitalista. Así, la demanda efectiva no es el principal factor limitante de la acumulación de capital, sino que lo es el capital mismo: “el verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital”. En su afán de acumular por acumular, el capitalismo tiende a socavar sus propias bases de sustentación, generando crisis de rentabilidad que repercuten negativamente en la inversión neta y, en sus fases más desarrolladas, dan lugar a crisis de magnitudes colosales que sacuden el sistema en su conjunto. Lo que subyace, bajo la compleja maraña de fenómenos económicos y sociales altamente fetichizados, es la tendencia de las ganancias a caer, como resultado de un aumento progresivo de la composición orgánica del capital.3 Ahora bien, si Rosa, en Reforma o Revolución, parece abrazar la posibilidad de una tasa de ganancia decreciente, en La acumulación de capital y en su Anticrítica, en línea con las críticas a los esquemas de reproducción ampliada del tomo II de El capital, la desestima supinamente:

“O bien queda el consuelo, un tanto nebuloso, de un modesto ‘experto’ del Dresdener Volkszeitung, el cual, después de haber aniquilado totalmente mi libro, declara que el capitalismo perecerá finalmente ‘por el descenso de la cuota de beneficio’. No sé cómo el buen hombre se imaginará la cosa. Si es que en un momento determinado, la clase capitalista, desesperada ante la escasez de los beneficios, se agotará colectivamente, o si declarará que, para tan míseros negocios, no vale la pena molestarse y entregará las llaves al proletariado. Sea de esto lo que fuere, el consuelo se evapora con sólo una afirmación de Marx: por la observación de que, “para los grandes capitales, el descenso de la cuota de beneficio se compensa por la masa” (Luxemburgo, 1915, p. 20).

La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no excluye, en modo alguno, la posibilidad de que aumente la masa absoluta de plusvalía apropiada por el capital. Incluso la masa de ganancia puede aumentar cuando se esté dando un descenso paulatino de la tasa general de ganancia, como resultado de la disminución de la proporción del capital variable con respecto al capital constante. En este sentido, Marx plantea que se trata de una ley de “doble filo”, ya que, por un lado, mientras desciende la tasa de ganancia, por el otro, aumenta la masa de ganancia. Sin embargo, como la elevación en la composición orgánica del capital hace que una cantidad cada vez menor de trabajo vivo ponga en movimiento una cantidad cada vez mayor de medios de producción, resulta que cada parte alícuota del producto total absorbe menos trabajo vivo, ergo, menos trabajo excedente. “A medida que se acentúa… en proporciones enormes el descenso absoluto de la suma de trabajo vivo añadido a cada mercancía, disminuirá también la masa de plusvalía que en ella se contiene”(Marx, 1959, p. 226).

A largo plazo, una disminución de la rentabilidad puede dar lugar a una situación donde el capital adicional no genere más, o incluso menos, plusvalía que el capital original. Esto significa que la producción adicional no se traduce en un aumento proporcional de las ganancias, con lo cual, hay un exceso de capital acumulado en relación a la capacidad de generar ganancias. “La tasa decreciente de ganancias conduce a una crisis generalizada por medio de su efecto sobre la masa de ganancias” (Shaik, p.55). En un debate reciente, en torno a la «masa» y la «tasa» de ganancias, que involucró a dos de los referentes intelectuales más importantes del pensamiento económico marxista, Michael Roberts y –claro está– el propio David Harvey, este último parece no estar del todo de acuerdo con la importancia que le atribuyó el mismo Marx a la –en sus propias palabras– “ley más importante de la historia económica moderna” y, señala (con cierta sorna), haciendo referencia a los análisis de Roberts respecto de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, “si empezó a caer en 1850, ¡debería haber llegado ya a cero!» (cit. en Roberts, 2021). Aquí, observamos una nota de concordancia para nada despreciable entre Luxemburgo y Harvey. Ambos parecen creer que es más probable “la extinción del Sol”, que las crisis producidas por el descenso de la tasa de ganancia.


II

Vimos que Luxemburgo decreta la insuficiencia de demanda efectiva para esa porción social de mercancías sin cuya venta no sería posible la acumulación, definiendo de este modo problemas en la realización del plusvalor.

“Para que pueda haber acumulación, necesariamente tienen que existir clientes distintos para la porción de mercancías que contienen la ganancia destinada a la acumulación (…). Así se explica que, desde los primeros momentos, se desarrollase entre la producción capitalista y el medio no capitalista que la envolvía un proceso de intercambio en que el capital, al mismo tiempo que encontraba la posibilidad de realizar en dinero contante su plusvalía, para los fines de su capitalización intensiva, se aprovisionaba de las mercancías necesarias para desarrollar su propia producción, y, finalmente, se abría paso para la conquista de nuevas fuerzas de trabajo proletarizadas, mediante la descomposición de todas aquellas formas de producción no capitalistas” (Luxemburgo, 1915, pp. 9-11).

La realización de la plusvalía solo es posible en la medida que se abren al modo de producción capitalista mercados no capitalistas. Así, la existencia de un medio no capitalista, o extracapitalista, se vuelve condición de posibilidad del sistema. De aquí, que, una vez consumadas la descomposición y disolución de las formas de producción no capitalistas, la acumulación de capital chocaría con sus límites históricos. Asimismo, en su forma concreta de manifestarse en la realidad, los intercambios capitalistas con medios no capitalistas presentan características singulares y diferenciales a las de la reproducción ampliada. Se nos disculpará la larga extensión de la cita que sigue a continuación:

“Por consiguiente, la acumulación capitalista tiene, como todo proceso histórico concreto, dos aspectos distintos. De un lado, tiene lugar en los sitios de producción de la plusvalía (…). Considerada así, la acumulación es un proceso puramente económico, cuya fase más importante se realiza entre los capitalistas y los trabajadores asalariados, pero que en ambas partes, en la fábrica como en el mercado, se mueve exclusivamente dentro de los límites del cambio de mercancías, del cambio de equivalencias. Paz, propiedad e igualdad reinan aquí como formas, y era menester la dialéctica afilada de un análisis científico para descubrir cómo en la acumulación el derecho de propiedad se convierte en apropiación de propiedad ajena, el cambio de mercancías en explotación, la igualdad en dominio de clases. El otro aspecto de la acumulación del capital se realiza entre el capital y las formas de producción no capitalistas. Este proceso se desarrolla en la escena mundial. Aquí reinan, como métodos, la política colonial, el sistema de empréstitos internacionales, la política de intereses privados, la guerra. Aparecen aquí, sin disimulo, la violencia, el engaño, la opresión, la rapiña” (Luxemburgo, 1913, p. 224).

El análisis respecto de la «acumulación dual» al que arriba Luxemburgo, fundamentando cada paso teórico en los esquemas del subconsumo, introduce algunos elementos polémicos y problemáticos. Una de las conclusiones lógicas que resultan de la caracterización en cuestión es la siguiente: en los ámbitos extracapitalistas predominan mecanismos extraeconómicos de transferencia de excedentes. Volveremos sobre este aspecto más adelante.

Tales son los cimientos teóricos sobre los que Harvey edifica su categoría de acumulación por desposesión, exponiendo el carácter dual de la acumulación de capital y su “unidad orgánica”. Harvey, eximio estudioso de la tradición marxista, no soslaya lo problemático del enfoque subconsumista en Luxemburgo, y señala: “Pocos serían los que aceptaran hoy día la teoría luxemburguista del subconsumo como razón de las crisis (…) El desajuste que Luxemburgo creía apreciar se puede cerrar fácilmente mediante la reinversión que genera su propia demanda de bienes de capital y otros inputs” (Harvey, 2004, p. 112). Sin embargo, en su libro The Limits to Capital, pareciera que Harvey vuelve elípticamente sobre la crítica de Luxemburgo a los modelos de reproducción ampliada del tomo II de El capital, basamento de su propia versión de la crisis estrechamente ligada a problemas de demanda efectiva:

“Tomadas directamente tal como son, divorciadas completamente del proyecto global de Marx, los modelos merecen las enérgicas denuncias a las que Luxemburgo los somete. Y, de hecho, Luxemburgo es bastante acertada en su objeción principal: que Marx, en ningún lugar, explica en sus esquemas de reproducción de dónde provendrá la demanda efectiva que servirá para realizar el valor de las mercancías en el intercambio” (Harvey, 1984, p. 175).

Luxemburgo, en el fragor del debate con las posiciones neoarmonicistas del revisionismo, introdujo el supuesto extremo de plantear la imposibilidad de la acumulación de capital sin un medio extracapitalista que permitiera realizar el plusvalor. Claramente, Harvey rehúye de esta idea. Empero, señala que el sistema siempre necesita de un “afuera”, y, parodiando la jerga posmoderna, también señala que, si necesita de un “otro” para estabilizarse, “el capitalismo puede hacer uso de algún exterior preexistente (…) o puede fabricarlo activamente” (Harvey, 2004, p. 114). En este último punto se diferencia de Rosa, quien no creía en esta segunda posibilidad. Ahora bien, si el «afuera» engendrado por el capital emerge de las profundidades «internas» del sistema, ¿cabría plantear una relación de externalidad? ¿O será que –más bien– el capital crea y recrea las condiciones necesarias para realizar la plusvalía y ampliar la producción en aras de acumular por acumular? Aún más, podríamos preguntarnos si, al igual que Luxemburgo, también cree Harvey que, una vez agotada la posibilidad de ese «afuera», la crisis entraría en una fase terminal. Todas estas preguntas no agotan la originalidad del pensamiento de Harvey, pero sí nos permiten entrever algunas lagunas teóricas en su obra.


III

Este enfoque, que busca amalgamar –de una forma un tanto ecléctica– la concepción luxemburguiana de la bancarrota del capital, algunos análisis sobre el imperialismo de Hannah Arendt y una visión particular del derrotero de la acumulación de capital a lo largo de la geografía histórica del capitalismo, puede dar lugar a usos confusos –y por momentos problemáticos– de la acumulación por desposesión. Galafassi y Composto arguyen que si la reproducción ampliada de capital

“…se presenta como un proceso principalmente económico, que cobra preeminencia durante los períodos de estabilidad y crecimiento sostenido, el despojo se expresa generalmente en procesos extraeconómicos de tipo predatorio y toma las riendas en momentos de crisis, a modo de ‘solución espacio-temporal’ o ‘huida hacia adelante’. Esto significa que la producción de excedentes puja sobre las fronteras –internas y externas– del sistema, para la incorporación permanente de nuevos territorios,ámbitos, relaciones sociales y/o mercados futuros que permitan su realización rentable” (Galafassi y Composto, 2013, pp. 5-6).

Vemos cómo la matriz del subconsumo se cuela y permea algunos usos de la categoría. No solo esto, sino que, además, vuelve la idea, en extremo problemática, de que en aquellos territorios asediados por la sed de ganancia del capitalismo central, priman los procesos de acumulación por desposesión por sobre los procesos de reproducción ampliada del capital; idea que, como expusimos anteriormente, puede ser lógicamente derivada del enfoque luxemburguiano. De este modo podríamos plantear, al menos, dos objeciones esenciales: en primer lugar, uno de los grandes descubrimientos de Marx, en relación al análisis comparado del modo de producción capitalista con otros modos de producción pretéritos, fue el haber explicitado que el capitalismo, a diferencia de los modos de producción anteriores, erigía su reproducibilidad a través de la producción de plusvalía por la vía de la coerción económica, es decir, bajo el dictado oculto de la ley del valor. Hizo falta –parafraseando a Luxemburgo– la dialéctica afilada de un análisis científico para rasgar el manto de opacidad impuesto por el fetichismo de las relaciones mercantiles así tornar explícita la ignominia de supuestos «intercambios equivalentes» entre trabajadores y burgueses. Esto de ninguna manera quiere decir que la reproducción ampliada opere libre de violencia en el «reino de la armonía», como parece deslizar Luxemburgo en su análisis. Podría pensarse en el tendal de trabajadores muertos que han dejado las luchas sindicales a lo largo de la geografía histórica del capitalismo.

El proceso de acumulación de capital es eminentemente violento. Ya lo señaló Marx: el capital acumula incesantemente riqueza en un polo y miseria en el otro. Pero en este proceso, el eje de la acumulación es la reproducción ampliada y la extracción de plusvalor, y los procesos de acumulación por desposesión solo operan de manera subordinada a los designios de las leyes generales de la acumulación, barriendo aquellas trabas que impiden el «normal» funcionamiento de procedimientos y legalidades sobre las que descansa la acumulación de capital. Por esto, proponemos comprender a la acumulación por desposesión en el marco de una relación de complementariedad subordinada con los procesos de reproducción ampliada. La expropiación por medio de la violencia directa, característica de modos de producción pretéritos, no constituye la norma en el régimen capitalista de producción. La explotación se funda en mecanismos económicos mucho más difíciles de discernir en la madeja fetichizante de los intercambios mercantiles, pero no por ello menos cruentos y virulentos. La confusión adquiere proporciones gigantescas al analizar procesos relativamente actuales como los de las privatizaciones:

“La forma contemporánea del despojo adquiere su expresión visible y condensada en la oleada de privatizaciones de bienes y servicios públicos que ha cubierto al mundo en las dos últimas décadas: tierras, medios de comunicación y transporte (puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, compañías de aviación), telecomunicaciones (telefonía digital y sistemas satelitales), banca y servicios financieros, petróleo y petroquímica, minas y complejos siderúrgicos, sistema de seguridad social (salud, educación, vivienda) y hasta fondos de pensión y retiro de los trabajadores” (Gilly y Roux, 2009, p. 39).

Cabría preguntarse si, efectivamente, en este punto nos topamos con procesos de expropiación a través de la violencia directa, ajenos a las llamadas leyes generales de la acumulación capitalista, o si las privatizaciones están insertas en el «ADN» del capitalismo, como consecuencia y resultado de los esquemas de concentración y centralización del capital.

Una segunda objeción, que adquiere suma relevancia para el estudio y análisis de las dinámicas de acumulación de capital en la periferia, tiene que ver con la idea de que, en regiones como Latinoamérica, tienen preeminencia los mecanismos de acumulación por desposesión por sobre los esquemas de reproducción ampliada, parafraseando a Luxemburgo. Esta aseveración puede conducir a la homologación de la situación actual, caracterizada por numerosos autores como “situación de dependencia”, con la situación colonial, acarreando serios equívocos. En lo fundamental, no son los mecanismos extraeconómicos los que aseguran el traspaso de valores entre estados formalmente independientes (como sí sucedía en el período colonial), sino que, en el marco de la dependencia, estas transferencias se realizan sobre la base de procedimientos y legalidades que descansan en las leyes generales de la acumulación. A esta conjunción de elementos y mecanismos económicos se la ha denominado genéricamente como “los condicionantes estructurales de la dependencia”5, y los procesos de acumulación por desposesión allanan el camino, por medio de la violencia, para su correcto y «normal» funcionamiento.


Reflexiones finales

Si bien Harvey hace énfasis, al igual que Luxemburgo, en la “unidad orgánica” existente entre los procesos de reproducción ampliada y de acumulación por desposesión, señalando que, a lo largo de la geografía histórica del capitalismo, la acumulación por desposesión podría imponerse por sobre los procesos de la reproducción ampliada, reintroduce bajo un nuevo ropaje los esquemas luxemburguianos. Confundir las formas contemporáneas que adquiere la explotación con modelos extemporáneos puede influir negativamente en los diagnósticos teórico-políticos. El despojo, en un marco de complementariedad subordinada, opera subsidiariamente a los procesos de reproducción ampliada y de transferencia de valor entre formaciones sociales. La violencia directa allana el camino al «correcto» accionar de los llamados condicionantes estructurales de la dependencia.

Como vimos, algunas de las consecuencias teórico-analíticas planteadas por este enfoque pueden ser problemáticas. Por eso vale la pena someterlas a debate, bajo el arduo pero necesario ejercicio de la crítica.

Santiago Díaz


NOTAS

1 Esto último no implicaba recaer en una versión teleológica de la historia, entendida como marcha ineluctable hacia el socialismo, sino que implicaba, más bien, en palabras de Luxemburgo –y sigue implicando, aún hoy–, la siguiente dicotomía: socialismo o barbarie capitalista.
2 El resaltado es nuestro.
3 Un tratamiento más extenso de la denominada ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia puede encontrarse en mi artículo “Acumulación, crisis y extractivismo”. Para mayor nivel de detalle y análisis, se puede consultar a Shaik (2006).
4 Territorios casi siempre vinculados a la periferia capitalista.
5 Véase nuestro trabajo “Valor y precio en los marcos de la dependencia”.


BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ, Santiago, “Acumulación, crisis y extractivismo”, en Jacobin Latinoamérica, 1° de noviembre de 2023, disponible en https://jacobinlat.com/2023/11/01/acumulacion-crisis-y-extractivismo.
—: “Valor y precio en los marcos de la dependencia”, en Revista Sociedad, n° 47, UBA, 2023, pp. 253-264, disponible en https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/revistasociedad/article/view/9369/7939.
GALAFASSI, Guido y COMPOSTO, Claudia, “Acumulación por despojo y nuevos cercamientos: el caso de la minería a gran escala en la Patagonia argentina”, en Cuadernos del CENDES, vol. 30, n° 83, Caracas, ago. 2013, pp. 75-103.
GILLY, Adolfo y ROUX, Rhina, Capitales, tecnologías y mundos de la vida. El despojo de los cuatro elementos, Bs. As., CLACSO, 2009.
Harvey, David, The Limits to Capital, Oxford, Basil Blackwell, 1984.
—: El nuevo imperialismo, Madrid, Akal, 2004.
LENIN, Vladimir, El desarrollo del capitalismo en Rusia, Moscú, Progreso, 1981.
Roberts, Michael, “La tasa y la masa de beneficio”, en Sin Permiso, 1° de septiembre de 2021, disponible en www.sinpermiso.info/textos/la-tasa-y-la-masa-de-beneficio.
LUXEMBURGO, Rosa, La acumulación del capital, 1913, disponible en www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm.
—: La acumulación de capital, o en qué han convertido los epígonos la teoría de Marx. Crítica de las Críticas (“Anti-Crítica”), 1915, disponible en www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm.
SHAIK, Anwar, Valor, acumulación y crisis. Ensayos de economía política, Bs. As., RyR, 2006.

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