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¿HACIA DONDE VA BORIC?

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por Diego Carmoni

GABRIEL BORIC SALIÓ VICTORIOSO. EL 19 DE DICIEMBRE, EL EXACTIVISTA ESTUDIANTIL DE 35 AÑOS HIZO HISTORIA AL CONVERTIRSE EN EL PRESIDENTE MÁS JOVEN DE LA NACIÓN, DESPUÉS DE UNA SEGUNDA RONDA DE VOTACIÓN. EN SU VICTORIA, DERROTÓ CÓMODAMENTE AL CANDIDATO NEOFASCISTA JOSÉ ANTONIO KAST.

Los últimos años han traído muchas turbulencias políticas a Chile. Las protestas que culminaron en el Despertar de Chile por los malos niveles de vida y la desigualdad barrieron la nación a fines de 2019 y principios de 2020. Provocadas por un aumento de precios en el sistema de metro de Santiago, las manifestaciones antigubernamentales se extendieron a otras ciudades y fueron seguidas por gigantescas marchas y un enorme entusiasmo por los trabajadores, la juventud y las mujeres.

Tanto el levantamiento por la Dignidad, como el aumento del apoyo a Boric en la campaña de este año sugirieron porque la mayoría de los chilenos estaban hartos del estatus quo bajo Sebastián Piñera, el presidente de derecha que estuvo primero en el poder desde 2010 hasta 2014 y nuevamente desde 2018. Kast, quien ganó la primera ronda de votación en noviembre y equiparado con Donald Trump, Jair Bolsonaro de Brasil y el neofascismo, se postuló en una plataforma que vilipendiaba a los inmigrantes, se comprometía a tomar medidas enérgicas contra el crimen y defiende a brazo partido al régimen de Pinochet, termino repudiado en las urnas.

Gabriel Boric de izquierda Apruebo Dignidad, integrada por el Partido por la Igualdad, el Frente Amplio y el Partido Comunista, entre otros, hizo campaña por reformas sociales.  Propuso aumentar los impuestos para las empresas, aumentar el gasto público e implementar protecciones más fuertes para las mujeres y los grupos indígenas. Gabriel Boric se convertiría en el presidente más joven de la historia de Chile, quien comenzó su carrera política desde las movilizaciones estudiantiles del 2011 a través de la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

En Santiago y en varias comunas del país se realizaron caravanas y actos para festejar los resultados. El acto central se realizó en las cercanías de Metro Universidad de Chile, en un acto multitudinario que expresa una amplia expectativa para quienes acompañaron las demandas de la rebelión contra el «Chile de los 30 años», porque muchos votaron para que no salga el ultraderechista José Antonio Kast, quien es una amenaza directa para los derechos de los trabajadores, mujeres y diversidad sexual. Para parar Kast muchos votaron sin mucho entusiasmo tras el rol de Boric en el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” que le salvó el pellejo a Piñera y propició la impunidad.

Descendiente de inmigrantes croatas, Boric creció en Punta Arenas, en la región de la Patagonia sur de Chile. Su padre, un ingeniero químico de una compañía petrolera, era miembro del partido demócrata cristiano. Boric se mudó a Santiago para estudiar derecho en la Universidad de Chile, un título que no completó. Saltó a la fama pública cuando, en 2011, se convirtió en la cara de un movimiento de protesta izquierdista que presionó para transformar el sistema educativo privatizado del país. La protesta condujo a reformas parciales y Boric siguió una carrera en la política. Se presentó con éxito a las elecciones parlamentarias de 2013 y fue reelegido cuatro años después.

Cuando estallaron las protestas por los niveles de vida en octubre 2019, Boric rompió con sus aliados de izquierda y respaldó un acuerdo político con Sebastián Piñera para iniciar un proceso para reemplazar la constitución de la era de la dictadura con el fin de restaurar la calma, llamando a un Acuerdo por la Paz, a pesar de que el gobierno, dejo unas 30 personas muertas, docenas que perdieron un ojo y algunos quedaron ciegos. Boric se proyectó como un dirigente “responsable” y dispuestos a llegar acuerdos con la derecha.

Una Convención Constitucional de 155 miembros, elegida en mayo de este año, está trabajando en un nuevo borrador. El texto final se someterá a referéndum en 2022. Si bien muchos en la izquierda han elogiado la oportunidad de consagrar los derechos humanos y los valores socialdemócratas en la constitución, los opositores han advertido que la versión de los Dos Tercios respaldada por Boric limito claramente la soberania de la convergencia constitucional.

En la campaña electoral que gano el fin de semana pasado, Boric llamo a la regulación de la economía capitalista, en lugar de la nacionalización. También, condeno abiertamente a los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua, al estilo como lo hace la derecha. Él, particularmente en las últimas semanas, ha enfatizado la necesidad de un cambio gradual, yendo paso a paso.

Sus mesuradas declaraciones fueron un claro intento pragmático de cortejar al centro, en lugar de una señal de ideología o intención de gobierno. Pocos días antes de las elecciones. Esta táctica,

le dieron a Boric un mandato definitivo para el cambio: ganó el 56 por ciento de los votos con la participación en su nivel más alto desde que Chile eliminó el voto obligatorio en 2012.

Dirigiéndose a una multitud reunida el 19 de diciembre en Santiago, para celebrar el triunfo, dijo: «Voy a ser el presidente de todos los chilenos, ya sea que hayan votado por mí o no». Para darse a la tarea de unir a un país polarizado cuando asuma el cargo el 11 de marzo, y facilitarse trabajar con un congreso políticamente dividido. Su discurso de victoria indica que está buscando construir puentes, con todos los partidos tradicionales.

El objetivo de Boric es introducir una socialdemocracia al estilo europeo que amplíe los derechos económicos y políticos para atacar la persistente desigualdad, con los antiguos programas de la socialdemocracia europea Keynesianos. Su programa comenzó con una visión de la izquierda, durante un periodo personifico un desafío a la jerarquía más antigua de los partidos tradicionales. Hoy día se le ve en buenas migas con los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, los mejores exponentes de la Tercera Vía que no hicieron mas que reforzar la economía neoliberal heredada de Pinochet. En el pasado, Boric dijo durante su etapa izquierdista:  «Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba. No tengan miedo de los jóvenes que quieren cambiar Chile».

Pero ahora ha adoptado un tono más conciliador, que se concentró en atraer a votantes centristas que quieren mantener la economía de mercado, pero mejorar los servicios públicos. «Cuenten conmigo para unir a Chile, no para dividirlo», dijo. «En mi gobierno nadie va a arriesgar lo que hemos logrado». Hoy Boric mostrado su hilacha socialdemócrata para negociar con oponentes políticos, a los cuales critico fuertemente en el pasado y que le sirvieron para desarrollar su carrera política. La victoria fue reconocida de acuerdo con las tradiciones republicanas de la burguesía chilena y mundial, apretones de manos entre vencedores y vencidos, ilustrando gráficamente que aquí se acabo la batalla electoral de clases, y solamente se repetirá en cuatro años más.

Cuando era más joven, Boric animo al régimen de Venezuela para «profundizar la revolución bolivariana», hoy día los repudia. Boric es muy capaz de forjar acuerdos y negociar alianzas, su moderación ya ha causado tensiones con los izquierdistas más radicales en su coalición, incluidos los comunistas a quienes necesitará para gobernar, y dar estabilidad con un partido que trabajo con la Bachelet. Pero, en su gobierno que se avecina, enfrentara desafíos si los activistas se sienten traicionados por su giro hacia la derecha socialdemócrata y se reinician las protestas.

Por otro lado, el hecho de que Kast haya perdido no significa que haya desaparecido por completo de la etapa política. Su partido de derecha ha ganado una tremenda presencia en las elecciones parlamentarias, su frente tiene 50 escaños en el parlamento. Y también en el Senado, son una fuerza para tener en cuenta. Y aunque Kast perdió las elecciones, la participación fue tan alta que se convirtió en el sexto candidato más votado en Chile. La extrema derecha de Kast fue derrotada en las urnas, sin embargo, el constante desplazamiento hacia el centro político por parte de Boric durante su campaña, pone en duda la posibilidad de liberar a todos los presos políticos de la revuelta.

Desde ya Boric comenzó a buscar el diálogo con la oposición, para poder gobernar, se ha visto que su tímido programa de reformas al final será moderado. Ahora se ha puesto en duda la Ley de Indulto a las y los presos de la revuelta y que el fin a las AFP fueran un punto intransable. Diversos personeros y economistas de la ex Concertación desembarcaron en su comando con el objetivo de resguardar la exigencia de los grandes empresarios de mantener pilares claves del neoliberalismo. Así, Boric se comprometió a respetar el presupuesto 2022 que propicia un duro ajuste fiscal con el fin de los IFE e hizo honores a la exigencia de “responsabilidad” fiscal.

Todos los guiños van en la dirección de formar una nueva alianza entre la izquierda reformista y la ex Concertación, una especie de Nueva Mayoría 2.0, con el apoyo explícito de Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, la Democracia Cristiana y la social democracia internacional.

El triunfo de Kast en primera vuelta y el fortalecimiento de la derecha en el parlamento generó una fuerte respuesta para frenar el neofascismo. Esta fuerza que se expresó en las urnas debe expresarse en las calles para retomar las demandas de octubre que hoy todos quieren enterrar, incluyendo el propio Gabriel Boric. Partiendo por exigir indulto a las y los presos de la rebelión y la desmilitarización del Wallmapu y luchando por demandas sociales urgentes como es el fin a las AFP, un salario mínimo de $600.000 con reajuste automático según la inflación, fin a las listas de espera y la precarización de la salud, frenando los despidos en la salud. Pensiones, salarios, salud, vivienda son las urgencias populares por las cuales debemos luchar.

La votación del domingo pasado, logro ponerle un freno a la extrema derecha, no obstante, el fenómeno político que se gesta alrededor de Kast y su partido, está lejos de desaparecer con el resultado electoral. La extrema derecha se ha fortalecido en el parlamento, desde donde seguirán intentando boicotear cualquier medida que vaya en favor de la liberación de los presos políticos de la revuelta. Al mismo tiempo que ha ido instalando consignas fascistas contra los inmigrantes, refugiados, diversidades sexuales y la negativa a transar con las demandas del pueblo Mapuche.

Para pelear por la liberación de los presos políticos de la revuelta, es necesario enfrentar la política negacionista de la derecha, pero también la política socialdemócrata reformista de Gabriel Boric y el Frente Amplio. Por esto, se vuelve urgente exigir a través de la movilización la libertad de las y los presos políticos, por un el indulto general ahora, sin dilaciones. Y por la verdad, el juicio y castigo a los responsables políticos y materiales de la represión y las violaciones a los derechos humanos. El candidato Kast en su discurso aprovechó de enviarle un mensaje al presidente electo: «el equilibrio que está en el parlamento, también le va a servir a Gabriel Boric para gobernar». El equilibrio del que habla Kast en realidad es el respeto de todo el orden existente que ha sido profundamente cuestionado desde la rebelión de 2019.

Todo el discurso, metodología y acuerdos que Boric, esta desarrollando, no es más que un plato recalentado en Microondas, que huele fétido, y se llamó en el pasado: “La Tercera Vía entre el capitalismo y el socialismo”. Represento una visión de las reformas de mercado, nueva gestión pública y el aumento del consumo, un cambio del capitalismo de ahorro a un capitalismo de préstamos fáciles, el triunfo de una nueva era de ‘keynesianismo privatizado’ liderada por los gobiernos de David Lange, Bill Clinton, Tony Blair y Gerhard  Schröder, y la austeridad que instalaron Felipe González y François Hollande. Decían rechazar la sociedad de mercado, pero aceptaron la economía de mercado

Así que optaron por el pragmatismo, una forma de «socialismo sin doctrinas». La broma favorita de Lionel Jospin,” rechazamos la sociedad de mercado» pero «aceptamos la economía de mercado», fue parte de esta tendencia gradualista. Otros se negaron a andar por las ramas. «Nunca pongas impuestos sobre la renta, compañero», le dijo Paul Keating al joven Tony Blair antes de que el Nuevo Laborismo llegara al cargo en Gran Bretaña en 1997. «Quítatelo de cualquier manera que quieras, pero haz eso y te arrancarían las jodidas tripas».

El himno de la Tercera Vía en realidad tenía dos versos, el primero para el mercado y el segundo en contra. Una vez Tony Blair fue a tranquilizar, a una reunión de sindicalistas que estaban en contra de las fuerzas del libre mercado. Dos horas después, después tuvo un almuerzo junto a un grupo de ejecutivos de negocios, para decirle exactamente lo contrario.

Boric, sin ser un militante de un partido socialdemócrata, no está haciendo mas que seguir los pasos de sus predecesores socialdemócratas de darle una cara mas humana a la explotación capitalista. El capitalismo de rostro humano es la modalidad de capitalismo defendida por los partidos socialdemócratas o autodenominados como de centroizquierda. Pretenden posible un estado del bienestar o salir de la crisis manteniéndose dentro del capitalismo y así lo hacen creer a su electorado.

En la práctica, en el capitalismo de rostro humano o capitalismo B, la burguesía mantiene la propiedad privada de los medios de producción, es decir, la explotación mediante la venta de la fuerza de trabajo y la plusvalía, como en todo capitalismo. En los gobiernos protagonizados por estos partidos socialdemócratas, se llevan a cabo privatizaciones y reformas laborales que recortan derechos a la clase trabajadora al igual que en los gobiernos abiertamente de derechas. Tras el mensaje de votar con ilusión, esperanza, por un cambio, etc., se encuentra oculta la salvación y la continuidad del sistema capitalista.

La rebelión de octubre de 2019 no debe olvidarse. Fue un movimiento de masas con carácter insurreccional que denunció el régimen de 30 años de «transición democrática». Después de la dictadura, este régimen consolidó el poder de las principales fuerzas capitalistas y dejó intactas las fuerzas armadas. El movimiento de hace dos años era extremadamente poderoso. Su punto álgido fue la huelga general del 12 de noviembre, que precipitó el acuerdo del 15 de noviembre entre los partidos del régimen para salvar al gobierno.

En ese período, Gabriel Boric jugó un papel crucial en la forja de dicho acuerdo, lo que produjo serias diferencias dentro del Frente Amplio y otras organizaciones sociales. Miraron con recelo la naturaleza contrarrevolucionaria del llamado Acuerdo de Paz y una Nueva Constitución y la forma antidemocrática en que se firmó. El gobierno se salvó en un momento en que el movimiento estaba en su apogeo. Dadas las iniciativas de autoorganización, autodefensa y acción directa desde abajo, existía la posibilidad de construir un poder separado fuera de las instituciones burguesas.

Ante el estancamiento y la fragmentación en las cámaras parlamentarias, el gobierno de Apruebo Dignidad se verá obligado a profundizar aún más la política de conciliación con la derecha. Hay, por supuesto, una alternativa. Podrían optar por apoyarse en el movimiento en las calles, en las organizaciones sociales y obreras, que con su fuerza impondrán una agenda de cambio transformador que va más allá del marco del capitalismo. Esto es, desafortunadamente, menos probable.

Lo que se necesita es un liderazgo decidido a llevar a cabo las demandas de la Rebelión de Octubre. La asamblea constituyente se formó como un medio para responder preguntas sobre pensiones, educación, salud, trabajo, etc. Debemos tener certidumbre y claridad estratégica ante esta compleja situación. No podemos permitirnos un liderazgo vacilante que se disculpe por todo. Necesitamos una tendencia política dispuesta a galvanizar toda la fuerza y el ingenio de la clase obrera. Para luchar contra la derecha, debemos confiar en la organización de todas las fuerzas progresistas de la sociedad: jóvenes, mujeres y trabajadores. Necesitamos un liderazgo que, en lugar de negociar para salvar al gobierno, busque coordinar estas capas a nivel regional y nacional.

En esta hora urgente, estas fuerzas progresistas movilizadas deben conectarse con las mejores tradiciones revolucionarias de la clase obrera chilena: de Luis Emilio Recabarren, los Cordones Industriales, de la lucha contra la dictadura y la rebelión de octubre. Debemos levantar la bandera de la lucha socialista y el gobierno de la clase obrera: la única manera de barrer finalmente el régimen capitalista podrido.

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