Inicio Análisis y Perspectivas ¡FERNANDO CERIMEDO ELIGIÓ A LOS PRESIDENTES DE AMÉRICA LATINA!

¡FERNANDO CERIMEDO ELIGIÓ A LOS PRESIDENTES DE AMÉRICA LATINA!

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por Franco Machiavelo

La política latinoamericana no se comprende solo mirando las urnas. También hay que observar cómo se construyen percepciones, miedos, enemigos y mensajes destinados a convertir la mentira repetida en verdad colectiva.

En ese terreno aparece Fernando Cerimedo como símbolo de una nueva forma de hacer política: la guerra cultural permanente, donde las redes sociales se convierten en trincheras ideológicas y el poder busca controlar el sentido común.

La tesis es contundente: Cerimedo no necesitó ocupar un palacio presidencial para influir sobre quienes llegaron a él. Su poder estaría en construir el escenario cultural y emocional que presentó a determinados candidatos como la única alternativa posible.

Argentina, Chile, Colombia, Perú y Bolivia forman parte de un fenómeno continental. La expansión de las derechas radicalizadas expresa una crisis social, pero también una batalla por la conciencia colectiva.
La vieja política buscaba conquistar votos.

La nueva maquinaria digital busca conquistar la percepción de la realidad.

LA GUERRA CULTURAL COMO LUCHA DE CLASES
La dominación moderna no funciona solo mediante la economía o la coerción estatal. También opera cuando las ideas de quienes dominan parecen naturales e inevitables.

El trabajador empobrecido culpa al inmigrante. El jubilado, al pobre. La clase media endeudada, al funcionario público. Mientras tanto, los verdaderos centros de poder permanecen fuera del debate.
La guerra cultural puede lograr que los explotados defiendan las estructuras que reproducen su explotación.

Las redes sociales potencian ese fenómeno. Ya no hace falta convencer racionalmente: basta con bombardear a la sociedad con mensajes, videos, memes, acusaciones, mentiras y cuentas coordinadas hasta que la repetición sustituya a la evidencia.

LOS BOTS Y LA FABRICACIÓN DEL “SENTIDO COMÚN”
Los bots no necesitan ganar una elección. Pueden simplemente hacer parecer mayoritaria una idea que quizá no lo sea.

Cuando miles de cuentas repiten lo mismo, quien piensa diferente comienza a sentirse aislado. Así, una opinión artificialmente amplificada se convierte en presión social real.

No se trata solo de decirle al ciudadano qué pensar, sino de construir el ambiente donde ciertas ideas parezcan normales, inevitables y mayoritarias.

CERIMEDO COMO SÍMBOLO DE UNA MAQUINARIA CONTINENTAL
Cerimedo no creó por sí solo la ultraderecha latinoamericana. Esta surgió de crisis económicas, corrupción, inseguridad, frustración social y descontento acumulado.

Pero un operador digital no necesita crear la crisis para aprovecharla:
debe identificarla, amplificarla, convertirla en indignación, transformar la indignación en miedo y el miedo en voto.

Argentina, Chile, Colombia, Perú y Bolivia tienen realidades distintas, pero en todos existe una disputa por interpretar el descontento social.

La ultraderecha comprendió algo que sectores progresistas tardaron en entender:
quien abandona la batalla cultural también abandona una parte de la batalla política.

NO GANARON SOLO LAS URNAS: GANARON EL RELATO
La pregunta no es únicamente quién obtuvo más votos, sino:
¿Quién consiguió definir de qué hablaba la sociedad?

Cuando el debate se concentra en inseguridad, inmigración, corrupción, odio a la política tradicional y miedo al “comunismo”, desaparecen temas como salarios, desigualdad, derechos sociales y concentración de la riqueza.

Una sociedad puede votar libremente dentro de un debate condicionado por grandes operaciones comunicacionales.

La democracia puede conservar las urnas y perder calidad deliberativa.

EL PELIGRO PARA LA DEMOCRACIA
El problema no es solo la existencia de políticos de ultraderecha, sino que una maquinaria convierta la mentira en herramienta permanente, la indignación en combustible electoral y el odio en identidad colectiva.

El adversario deja de ser un ciudadano y se transforma en enemigo. La política deja de ser conflicto democrático y se convierte en guerra.
Por eso, atribuir

Pero sí puede contribuir a fabricar el clima político en el que una opción se vuelve dominante.
No basta con preguntar quién ganó.

Hay que preguntar:
¿Quién construyó el miedo?
¿Quién fabricó los enemigos?
¿Quién decidió qué indignaciones se volverían virales?

Cuando una sociedad ya no distingue entre realidad y propaganda, mayoría real y mayoría fabricada, la batalla política no se libra solo en las urnas.

Se libra dentro de la conciencia de cada persona. 

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