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Exequiel Ponce: maestro proletario

Exequiel Ponce: maestro proletario

DIARIO UNIVERSIDAD DE CHILE

Pensaba en las cabezas ajenas y en la suya pensaban otros aparte de él. Este es el verdadero pensamiento.

                                                                         Bertolt Brecht

Exequiel Ponce, dirigente obrero y del PS, se había iniciado en las luchas sindicales y políticas unos diez años antes del golpe de Estado del 11 de septiembre que puso fin al gobierno del Presidente Allende y obligó a luchadores, como él, a dirigir desde la clandestinidad. Desde entonces pasó a la historia de nuestro pueblo, su figura para siempre sería la de un “compañero”, la más alta a que podía alcanzar un ser humano, decíamos en esos tiempos.

El Viejo, como le llamábamos quienes compartimos sus ideales e ilusiones, era un joven militante obrero, antes en la industria y luego trabajador del Estado en el puerto de Valparaíso, destacado por su sabiduría política, su notable capacidad de situarse en la realidad social, comprender lo que ocurre en el trato con los otros, decidir y organizar la acción de muchos para cambiar la sociedad y terminar con el orden del capital.

Autodidacta, todos los que le conocían se daban cuenta al instante de su sólida formación política y su mentalidad abierta. Inolvidable. Se puede decir que pensaba en la inteligencia de su pueblo y su pueblo pensaba en la de él. El suyo era un pensamiento de verdad (si aplicamos la reflexión de ese gran intelectual universal que fue Bertolt Brecht).

Recuerdo que lo conocí allá por el año 1965, cuando los obreros portuarios decretaron un paro nacional y Exequiel fue a Antofagasta a encontrarse con los dirigentes sindicales del puerto para acordar los modos de la acción. Yo era sólo militante de base de un partido que se oponía al paro por estar en el gobierno (la DC). Nos tocó entonces una experiencia políticamente dramática, acordamos el paro y se nos amenazó de expulsión. Exequiel dedicó entonces todo un largo día a enseñarnos cómo superar el drama: no estábamos solos, la experiencia larga demostraba que la represión sería ineficaz, había que unir todas las fuerzas, había que pensar el futuro y cómo cambiar realmente la sociedad y la economía. Un maestro.

Le encontramos después en el puerto de Valparaíso y unimos esfuerzos para ayudar al sector de Exequiel que buscaba dirigir el PS y que más tarde lo llevó a la Comisión Política. Y el lunes 10 de septiembre de 1973 en la noche, después que la mesa de la CUT se reuniera con el Presidente Allende, Rolando Calderón, su compañero más cercano en la dirección del partido, le llevó a él y a los dirigentes que lo esperaban la información de que el desenlace era inmediato, había que prepararse para lo impensado. Fue la última vez que en democracia nos comunicamos con Exequiel.

Dos años después, en plena dictadura, con ocasión de una reunión clandestina con un dirigente de otro partido, Exequiel le dice al joven militante que lo lleva a la reunión (Máximo Pacheco, hoy destacado ejecutivo empresarial, todavía militante y hasta precandidato a presidente), las siguientes palabras:

“Compañero, te quise invitar a esta cerveza, primero porque me produce mucha alegría ver que hay gente joven como tú que está ayudando. Creo que nosotros, como generación, cometimos muchos errores, y como generación de dirigentes la lucha que estamos dando tiene sentido solamente porque existe gente como tú que nos va a reemplazar, porque nosotros somos hombres muertos. Nosotros no vamos a sobrevivir a esto. Y te quise invitar a esta cerveza porque lo único que justifica nuestra lucha es que haya una generación como tú que le dé sentido”

Lúcido, Exequiel sabía que su pueblo tenía por delante una lucha larga, que quizás no termina nunca, era de “los que luchan toda la vida y por eso son indispensables” (palabra de Brecht, también). De los que siempre tiene esperanza.

Un mes más tarde, el 25 de junio de 1975, a la 1.30 de la madrugada, fue secuestrado por la DINA junto con la militante Michelle Peña, y desde entonces permanece desaparecido. Exequiel Ponce fue un viejo joven maestro proletario, ejemplo de un saber de pueblo democrático, de los que quedan pocos.

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