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“En EEUU no habrá revolución ni guerra civil”: Entrevista al internacionalista Sergio Rodríguez Gelfenstein

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“En EEUU no habrá revolución ni guerra civil”: Entrevista al internacionalista Sergio Rodríguez Gelfenstein


Quienes pronostican de que las protestas en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd derivarán en una rebelión generalizada, una revolución social o una guerra civil están equivocados, pues el foco del asunto interesa solo a una minoría racial que, además, no tiene un liderazgo ni tampoco conciencia de clase.

Así piensa el internacionalista Sergio Rodríguez Gelfenstein, quien analizó la situación en entrevista exclusiva para LaIguana.TV.


-Hay quienes dicen que esta ola de disturbios y protestas hunde definitivamente a Donald Trump, quien se encamina a perder las elecciones. Otros aseguran que lo fortalece porque radicaliza las posiciones y él vive del radicalismo. A su juicio ¿gana o pierde Trump con este giro inesperado de la campaña?

-Lo primero que hay que considerar es que los negros en Estados Unidos representan 13% de la población. Y ese segmento es abrumadoramente votante del Partido Demócrata. Entonces, en términos electorales, Trump está agrediendo a un sector opositor, que ya no le favorecía antes de estos eventos. Por otro lado, en términos más estructurales hay que decir que el racismo es un fenómeno permanente en EEUU, es intrínseco a ese país. Yo era un niño entonces, pero recuerdo que en los años 60 estaba aquel movimiento de Panteras Negras, que incluso asumió la lucha armada y llegó a adquirir gran fuerza, sobre todo en las Olimpíadas de México de 1968, cuando los atletas estadounidenses negros ganadores de medallas alzaban el puño y miraban al piso mientras sonaba el himno. Eso demostraba la raigambre del movimiento. Pero siempre estuvo circunscrito a los negros. Cada cierto tiempo, cuando ocurre este tipo de hechos, como el que acaba de pasar ahora, sucede lo mismo con mayor o menor fuerza. Esta vez ha sido muy fuerte, mucha gente lo compara con lo que ocurrió después del asesinato de Martin Luther King. Pero sigue siendo un movimiento racial, no tiene ninguna otra connotación. Se circunscribe a un sector minoritario de la población de EEUU. No hay que confundirse. Hay gente hablando de revolución en EEUU y de crisis del sistema político. No hay que equivocarse pensando que esto lleva a las puertas de una rebelión social que vaya a producir cambios sustanciales. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los negros en EEUU votan por el Partido Demócrata, pero en las internas se inclinan por la derecha demócrata. En esta ocasión, le dieron el apoyo a Joe Biden en contra de Bernie Sanders. Así que tampoco podemos engañarnos pensando que se trata de negros libertarios, antisistema. No. Son negros que están luchando, y es bueno que lo hagan, en función de los intereses de su raza, que es discriminada, explotada, expoliada, lo cual se manifiesta en la pandemia, cuando, siendo apenas 13% de la población global, son entre 24% y 25% de los contagiados, es decir, el doble de la proporción. En EEUU han creado una serie de mitos sobre el supuesto fin del racismo. El tercer lunes de enero celebran el Día de Martin Luther King, que es feriado a escala nacional; en el béisbol, el 15 de abril todos los peloteros usan el número 42, por Jackie Robinson, que fue el primer afroamericano al que le permitieron jugar en las Grandes Ligas. Pero, finalmente, a esos mismos negros lo montan en un barco y vienen a invadir a Venezuela sin problema. Ninguno de sus líderes tiene la entereza, la estatura moral, la fuerza de ideas que tuvo Muhammad Alí, que siendo el boxeador más grande de la historia, renunció al título mundial y fue a la cárcel y fue sometido a persecuciones porque se negó a participar en una guerra en la que no creía, la de Vietnam. Tampoco olvidemos que Obama es negro y fue el que inició la persecución contra Venezuela en las dimensiones que tenemos ahora. ¿Dónde están Obama y otros negros, como Condoleezza Rice y el general Colin Powel? Están en el bando de los poderosos, del sistema, de los opresores. Entonces, creo que la respuesta de Trump es calculada, en el sentido de que está golpeando a una población que no le favorece y está incentivando acciones que son bien recibidas por ese sector de la población, los WASP (blancos anglosajones protestantes, el segmento más conservador). Los negros en EEUU, además, no tienen ningún tipo de conciencia de clase, están en contra de los latinos, persiguen a los inmigrantes. No estamos hablando de una revolución social o política, sino, si acaso, de una rebelión racial. El único que he escuchado planteando esto en términos políticos sustanciales, en términos de clase, es el director de cine Spike Lee. Hizo un planteamiento sólido. Todos los demás lo han hecho en términos de la marginación de los negros, pero no en términos del sistema y de la estructura del capital. Entonces, insisto, no va a significar grandes cambios sociales y políticos porque para ello tendrían que incorporarse los marginados, las mujeres, los inmigrantes y los desempleados, que son millones, pero obviamente no han estado en esas protestas.

-Trump ha planteado desde un principio la opción de disparar armas de fuego contra los manifestantes. Esto es particularmente grave en un país hiperarmado, donde hay ejércitos paralelos de gente fanatizada. ¿No existe la posibilidad de una guerra civil, tal vez focalizada?

-No, para nada. No la habrá porque no es un problema de la mayoría, sino de los negros. Puede haber una guerra racial local. Ayer Biden se reunió con unos líderes negros y su propuesta fue que si llega la presidencia, dará instrucciones para que la policía no les dispare al pecho, sino a las piernas. Y dijo que buscará el control del armamento de los ciudadanos. Esa es una jugada electorera de un candidato mudo, que no ha aparecido en todo el Covid-19. Yo creo que todo eso es calculado porque saben que en EEUU hay un gran fervor por el uso de las armas y es una mayoría tan aplastante la de los blancos que nadie se atreve a desafiarla. Además, a ese grupo se sumarán seguramente los latinos y otros grupos, en el caso de que haya un conflicto violento racial. Por eso, en esa hipótesis, los negros serán aplastados, a un costo de miles o de cientos de muertos. Si Trump dijo que era aceptable que por el Covid-19 murieran 200 mil personas, que mueran 100 mil negros no es una cosa que le pueda preocupar mucho.

-¿Qué opina del papel que han desempeñado en este caso los organismos internacionales, las organizaciones no gubernamentales y la prensa, todo este aparataje que se muestra tan riguroso frente a situaciones análogas o aparentemente similares en otros países, como Venezuela?

-Bueno, las contradicciones entre Trump y ciertos sectores de los medios de comunicación vienen de antes, porque esos medios son expresión de los intereses de la oligarquía financiera, a la que Trump no representa. Esas contradicciones son las que se han manifestado en la manejo de la información sobre el coronavirus y que llevaron incluso a Trump a emitir un decreto para perseguir a Twitter y a Facebook. Sin embargo, nuevamente hay que decir que en EEUU una cosa es la política interna y otra es la política internacional. Esta última es de Estado y los medios de comunicación están incorporados en esa dinámica. En estos momentos, por ejemplo, más que Venezuela, está en el tapete el tema de Hong Kong, donde frente a hechos absolutamente similares, EEUU expresó apoyo abierto, hasta el punto de tomar medidas totalmente insólitas e injustificadas, que ahora se le revierten. Pero esa reversión también va a ser manejada por la prensa en términos de lo que ya estamos acostumbrados: en Hong Kong es una lucha por la democracia y en EEUU son actos vandálicos, protagonizados por ultraizquierdistas nazifascistas. América Latina en esto no cuenta, porque las oligarquías locales de Chile, Brasil, Colombia están tomando medidas similares. La represión en Chile es bárbara y no se le denuncia. Y esa diferenciación clara entre política interior y política exterior hace que mientras el país está en esa situación, EEUU sigue en lo suyo, presionando a Venezuela, moviendo tropas en Europa y en los mares de Asia. En cuanto a los organismos internacionales, debo decir que a pesar de ser uno de los críticos más radicales de esa señora llamada Michelle Bachelet, creo que en este caso asumió una postura más fuerte de lo que yo había previsto.

Fuente: Iguana TV Venezuela

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