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Emmanuel Todd: «La tercera guerra mundial ya comenzó»

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Politika

Hay estudiosos cuyo nivel de análisis, basado en un sólido trabajo de investigación, y en una no menos sólida base intelectual, superan ampliamente la banalidad de la propaganda política. Emmanuel Todd es uno de ellos. Decir que Todd es brillante, es poco decir. Uno puede compartir, o no, sus puntos de vista. Pero su aporte a la reflexión es imprescindible. Esta entrevista es una preciosa contribución a la inteligencia colectiva.
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Emmanuel Todd: «La tercera guerra mundial ya comenzó»
Por Alexandre Devecchio – publicado en Le Figaro (París), el 12/01/2023
Traducción y edición de Luis Casado

ENTREVISTA
Más allá del enfrentamiento militar entre Rusia y Ucrania, el antropólogo insiste en la dimensión ideológica y cultural de esta guerra y de la oposición entre el Occidente liberal y el resto del mundo que pertenece a una visión conservadora y autoritaria. Los más aislados no son, según él, los que creemos.

Emmanuel Todd es antropólogo, historiador, ensayista, prospectivista, autor de numerosos libros. Varios de ellos, como «La caída Final», «La Ilusión económica» o «Después del Imperio», se han convertido en clásicos de las ciencias sociales. Su última obra ,» La Tercera Guerra mundial ya comenzó», se publicó en 2022 en Japón y ha vendido más de 100.000 ejemplares.

Pensador escandaloso para algunos, intelectual visionario para los demás, o «rebelle destroy» según sus propias palabras, Emmanuel Todd no deja indiferente. El autor de “La Caída Final”, que predijo ya en 1976 el colapso de la Unión Soviética, se había mantenido discreto en Francia sobre el tema de la guerra en Ucrania. El antropólogo ha reservado hasta ahora la mayoría de sus intervenciones sobre el tema al público japonés, incluso publicando en el Archipiélago un ensayo con el provocativo título: La Tercera Guerra Mundial ya comenzó. En esta entrevista para Le Figaro detalla su tesis iconoclasta. Recuerda que si Ucrania resiste militarmente, Rusia no ha sido aplastada económicamente. Una doble sorpresa que hace que, según él, el resultado del conflicto sea incierto.

LE FIGARO. ¿Por qué publicar un libro sobre la guerra en Ucrania en Japón y no en Francia?

Emmanuel TODD. Los japoneses son tan anti-rusos como los europeos. Pero están geográficamente lejos del conflicto, por lo que no hay un sentimiento real de urgencia, ellos no tienen nuestra relación emocional con Ucrania.

Y en Japón no tengo el mismo estatus que en Francia. Aquí tengo la absurda reputación de ser un «líder rebelde», mientras que en Japón soy un antropólogo, un historiador y un geopolítico respetado, que se expresa en todos los principales periódicos y revistas, y del que se publican todos los libros. Puedo expresarme allí en un ambiente sereno, lo que hice primero en revistas, luego publicando este libro, que es una recolección de entrevistas. Este trabajo se llama La Tercera Guerra Mundial ya comenzó, con 100.000 copias vendidas al día de hoy.

Es obvio que el conflicto, en pasar de una guerra territorial limitada a una confrontación económico global, entre todo Occidente por un lado y Rusia, respaldada por China, por otro lado, se ha convertido en un guerra mundial.

LF: ¿Por qué este título?

Porque esta es la realidad, la Tercera Guerra Mundial ya comenzó. Es verdad que comenzó “en pequeño” y con dos sorpresas. Partimos en esta guerra con la idea de que el ejército de Rusia era muy poderoso y que su economía era muy débil. Se pensaba que Ucrania iba a ser aplastada militarmente y que Rusia sería aplastada económicamente por Occidente. Ahora bien, ocurrió todo lo contrario. Ucrania no ha sido aplastada militarmente a pesar de que a la fecha perdió el 16% de su territorio; Rusia no ha sido aplastada económicamente. En el momento en que hablo, el rublo ha ganado un 8% frente al dólar y un 18% frente al euro con relación a la víspera de la entrada en guerra.

Así es que hubo una suerte de malentendido. Pero es evidente que el conflicto, pasando de una guerra territorial limitada a un enfrentamiento económico global, entre todo Occidente por un lado y Rusia respaldada por el China, por otro, devino una guerra mundial. Aun si la violencia militar es baja comparada con la de las guerras mundiales anteriores.

LF: ¿No está exagerando? El occidente no está directamente involucrado militarmente…

Proporcionamos armas de todos modos. Matamos rusos, aun si no nos exponemos nosotros mismos. Pero sigue siendo cierto que los europeos estamos sobre todo comprometidos económicamente. Por lo demás sentimos nuestra verdadera entrada en guerra por la inflación y la escasez.

Putin cometió un gran error al comienzo, que presenta una gran interés socio-histórico. Quienes trabajaban (investigaban) sobre Ucrania en vísperas de la guerra consideraban ese país, no como una democracia naciente, sino como una sociedad en descomposición y un «Estado fallido» en devenir. Nos preguntábamos si Ucrania había perdido 10 millones o 15 millones de habitantes desde su independencia. No podíamos decidir porque Ucrania no ha realizado un censo desde 2001, clásica señal de una sociedad que le tiene miedo a la realidad.

Pienso que el cálculo del Kremlin fue que esta sociedad en descomposición colapsaría al primer impacto, o incluso diría » bienvenida mamá » a la santa Rusia. Pero lo que descubrimos, por el contrario, es que una sociedad en descomposición, si es alimentada por recursos financieros y militares del exterior, puede encontrar en la guerra un nuevo tipo de equilibrio, incluso un horizonte, una esperanza. Los rusos no podían preverlo. Nadie podía.

LF: Según usted, esta guerra no es no solo militar y económica, sino también ideológica y cultural…

Me expreso aquí sobre todo como antropólogo. Hubo estructuras familiares en Rusia más densas, comunitarias, algunos de cuyos valores han sobrevivido. Hay un sentimiento patriótico ruso que es algo de lo que aquí no tenemos idea, nutrido por el subconsciente de una nación familia.

Rusia tenía una organización familiar patrilineal, es decir, en la que los hombres son centrales y ella no puede adherir a todas las innovaciones occidentales neo-feministas, LGBT, transgéneros… Cuando vemos la Duma rusa votar una legislación aún más represiva sobre la «propaganda LGBT», nos sentimos superiores. Puedo sentirme así como un occidental ordinario. Pero desde un punto de vista geopolítico, si pensamos en términos de poder blando (soft-power), es un error.

En el 75% del planeta, la organización parental era patrilineal y allí pueden sentir una fuerte comprensión de las actitudes rusas. Para el colectivo no occidental, Rusia afirma un conservadurismo moral reconfortante. América Latina, sin embargo, está aquí del lado Occidental.Cuando hacemos geopolítica, nos interesamos en múltiples ámbitos: las relaciones de poder energéticas, militares, producción de armas (que re-envía a la relaciones de fuerza industrial). Pero también está la relación de fuerzas ideológica y cultural, lo que los estadounidenses llaman el «soft power”.

La URSS tenía una cierta forma de soft power, el comunismo, que influyó en parte de Italia, los chinos, los vietnamitas, los serbios, los trabajadores franceses… Pero el comunismo era aborrecible para todo el mundo musulmán por su ateísmo y no inspiraba nada de particular a la India, fuera de Bengala Occidental y Kerala.

Ahora bien, hoy en día, Rusia tal como se reposicionó como arquetipo de una gran potencia, no solo anticolonialista, sino también patrilineal y conservadora de costumbres tradicionales, puede seducir muchos más lejos.Los estadounidenses se sienten traicionados por Arabia Saudita, que se niega a aumentar su producción de petróleo, a pesar de la crisis energética debida a la guerra, y toma de hecho el partido de los rusos: por una parte, por supuesto, por interés petrólero. Pero es evidente que la Rusia de Putin, devenida moralmente conservadora, se ha vuelto simpática para los saudíes, de los cuales estoy seguro que no entienden los debates estadounidenses sobre el acceso de las mujeres transgénero (definidas como hombres desde la concepción) al baño de señoras.

Los periódicos occidentales son trágicamente divertidos, no paran de decir: «Rusia está aislada, Rusia está aislada». Pero cuando miramos los votos de las Naciones Unidas, constatamos que el 75% del mundo no sigue a Occidente, que entonces aparece muy pequeño.Si se es antropólogo, se puede explicar el mapa, por un lado de países clasificados con un buen nivel de democracia por The Economist (es decir, la anglo-esfera, Europa…), por otra parte los países autoritarios, que van de África hasta China, atravesando el mundo árabe y Rusia. Para un antropólogo, este es un mapa banal.

En la periferia «occidental» encontramos los países de estructura familia nuclear con sistemas de parentesco bilaterales, es decir, donde las parentelas masculina y femenina son equivalentes en la definición del estatus social del niño. Y en el centro, con el grueso de la masa afro-euro-asiática, encontramos organizaciones familiares comunitarias y patrilineales.

Se ve entonces que este conflicto, descrito por nuestros medios de comunicación como un conflicto de valores políticos, es en un nivel más profundo un conflicto de valores antropológicos. Es esta inconsciencia y esta profundidad que hacen peligrosa la confrontación.
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