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El “Grito” en la política reciente: A propósito de los dichos de Yasna Provoste

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por Juan Carlos Gómez Leyton

Al momento de lanzar públicamente su candidatura pre-presidencial la Presidenta del Senado y militante de la Democracia Cristiana Yasna Provoste señalo que “Les quiero decir por qué ahora, con más fuerza he aceptado este desafío. Desde acá acepto porque aquellos que queremos transitar en paz, aquellos que queremos transformaciones profundas para nuestro país somos muchos más que aquellos que solo se dedican a gritar y creen que la violencia puede resolver las dificultades de nuestro país”.

Con esta declaración la senadora Provoste busca separar aguas con todos aquellos sectores sociales y políticos que, fundamentalmente, en octubre del 2019, durante la insurrección popular anticapitalista, “gritaron” con toda su fuerza que había que poner fin al régimen político corrupto de la democracia autoritaria como el modo de acumulación capitalista en su forma neoliberal que ha devastado durante medio siglo la vida humana y la naturaleza. La senadora como buena representante del decadente Partido Demócrata Cristiano asume hoy una postura semejante a la adoptada y levantada por este partido en la década de los años ochenta cuando distinguieron entre aquellos que tenían las “manos limpias”, para identificar a los sectores que habían luchado “pacíficamente” en contra de la dictadura militar y aquellos que tenían las manos “manchadas con sangre” por haber asumido la violencia política contra la dictadura militar.

Esta postura intransigente tuvo una serie de consecuencias políticas, tan solo para nombrar la más importante: la aceptación y legitimación de la institucionalidad autoritaria, es decir, la Constitución Política de 1980, por parte de la Democracia Cristiana (DC) y sus aliados, aglutinados en la Alianza Democrática (AD), primero en 1984, cuando el expresidente Patricio Aylwin, plantea la salida político-jurídica, que implicaba, la aceptación de hecho de la Constitución Política de 1980 (CP80) y, con mayor fuerza a finales del año 1986, luego del fracasado intento de asesinato del dictador parte de un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Desde 1986 en adelante la DC y la AD condenaron toda acción directa contra la dictadura. Cancelaron las movilizaciones sociales y se dispusieron a ingresar a la “institucionalidad” política que ofrecía la dictadura. La CP80, a pesar de ilegitimidad y su “autoritarismo democrático” fue considera como el mejor refugio político para ponerse a salvo de lxs “violentistas” y por cierto de lxs “gritones” de años ochenta. Sin considerar que lxs “gritones” y “violentistas habían iniciado en mayo de 1983 las jornadas nacionales de protesta en contra de la dictadura.

Nuevamente, la DC y su candidata pre-presidencial asumen una posición política que tiene como objetivo tranquilizar a los sectores dominantes de la sociedad chilena. Así lo hicieron en 1973, cuando justificaron el golpe de Estado en contra del gobierno de Salvador Allende, en 1986 cuando aceptaron administrar el régimen social, político y económico que había ayudado a instalar y ahora cuando concurrieron a firmar el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución en 2019 y más recientemente, la postura política de Provoste, al asumir la presidencia del Senado, de sofocar el descontento popular con los “mínimos comunes”.

En este texto quisiera reflexionar políticamente sobre el “GRITO” que es una forma de referirme a lxs “gritones”. Para tal efecto, voy a republicar un texto que elabore cuando se cumplió un año de la Revuelta Popular de octubre de 2019, que fue publicado en El Rodriguista. Considero que puede ser útil para comprender la importancia que tiene “el grito” y lxs gritones en la historia. Si no hubiera sido por los cientos de gritos de lxs estudiantes secundarios en Octubre del 2019 no estaríamos en la actual coyuntura histórica. Es lo que no entiende la senadora Provoste como muchos otrxs en la sociedad chilena.

El Grito es ¡¡¡Evade!!!

Hablando o escribiendo, -nos dice el teórico marxista John Holloway- no es difícil olvidar que en el principio no fue el verbo sino el Grito. Ante la destrucción de vidas humanas por el capitalismo neoliberal, emerge el grito de horror, de tristeza; pero, sobre todo, un grito de rabia, un gran grito de negación: ¡¡¡Evade!!!

Este es nuestro punto de partida de esta breve reflexión teórica, histórica y política, por cierto, de oposición, de resistencia, de negatividad, de lucha. Asumimos que el papel de la teoría política y social crítica, específicamente, del materialismo histórico, es elaborar y relaborar ese Grito, expresar su fuerza y contribuir a su poder, mostrar cómo el grito resuena aun, a través de la sociedad, del tiempo, de la historia y se ve en las formas políticas y sociales que permita a contribuir a aumentar su resonancia.

No solo se trata de interpretar el Grito sino volverlo teoría política, teoría para la acción social colectiva, y esta es una tarea urgente. Es urgente porque el capitalismo neoliberal se está volviendo más y más frágil no solo por la acción actual de la pandemia de Covid-19, sino por su agotamiento histórico, y, por esa razón, se hace más y más terrorista, más y más peligroso para la vida humana y para la naturaleza.

El capitalismo neoliberal está devastando al planeta. No obstante, resiste. Por ello, la resonancia del Grito debe durar, en tanto dure el neoliberalismo. La teoría critica debe no quedarse muda o morderse la lengua, debe ser otra resonancia de ese gran grito. Hacerse lucha.

Hace más de un año, entre el 14 y el 18 de octubre 2019 un poderoso y multitudinario Grito trono y retumbo por toda la red del tren subterráneo (Metro) de la Ciudad de Santiago de Chile: “¡EVADIR, ES UNA FORMA DE PROTESTAR”!  gritaron a todo pulmón cientos de jóvenes secundarios, al momento que entraban a tropel en las rutinarias, silentes y tranquilas estaciones del Metro.

El estrepitoso Grito estudiantil dio inicio a la mayor insurrección social y política de todas las rebeliones acontecidas no solo a nivel nacional sino a nivel mundial que ha debido enfrentar, en sus más de 40 años de vigencia, la dominación neoliberal. El Grito fue replicado y ampliado por millones de ciudadan@s que buscaron desordenadamente por hacer realidad la principal demanda política, social e histórica pintada, impresa y rayada en cada pared libre de las ciudades del país: “el neoliberalismo nació en Chile y en Chile muere”.

El Grito como un trueno infernal o celestial sonó con tal fuerza al interior de la sociedad neoliberal chilena que hizo estallar en mil pedazos la “pax neoliberal transitiva” establecida por los gobiernos pos-dictatoriales (1990-2020). Aunque, esa “pax” había sido agrietada en varias oportunidades a lo largo de los últimos 30 años, especialmente, cuando en el año 2006, se dio inició con la llamada “revolución pingüina” de las y los estudiantes secundarios, del ciclo de protestas de impugnación social, económica y política de la dominación neoliberal.  Sin embargo, el fin definitivo de la paz neoliberal, se verificará entre el 14 de octubre del año 2019 al 16 de marzo de 2020. A partir de esta última fecha, se ha impuesto en la sociedad la “paz de los cementerios”, pues, los más de 45.000 muertos que se han producido a consecuencias de la acción del Covid-19 sino también y fundamentalmente por la miserable, torpe y criminal acción del gobierno de Sebastián Piñera.

Si bien, el Grito de la ciudadanía insurrecta tuvo y tiene potencia destructiva y una profunda negatividad. También, es un grito de vida. El “evade”, fue y es, un poderoso NO a todo lo construido a lo largo de casi medio siglo (1973-2020) por el capitalismo neoliberal.

El Grito abrió una gran grieta en la sociedad neoliberal. Trizo toda la estructura institucional político de la democracia posdictatorial. Se trató de un No, que buscaba negar, sobrepasar y/o saltar como una forma de salir del capitalismo. Fue el sonido del trueno que llamaba y convocaba a cambiar la dirección de la historia de la sociedad chilena. Esta, la historia, como se sabe, es imposible de cambiarla, de transformarla, sin luchar, sin violentarla. Jamás, el cambio histórico estructural ha sido pacifico. Durante cinco meses (octubre 2019 a marzo de 2020) la violencia rebelde e insurgente popular, recorrió y agitó al país.

Por eso, el “evadir” de las y los jóvenes como de las y los ciudadanos rebeldes e insurgentes no fue de ninguna manera un acto político pacifico, sino todo lo contario fue un gran salto político e histórico cargado de violencia social, política y simbólica. Pues, implicaba eludir-saltar, sobrepasar, lo establecido, quebrar el orden, modificar: el tiempo y el espacio como también a las, les y los sujetos sociales, o sea, se estaba cambiando, transformando, la historia.

El Grito fue acompañado por la acción directa, a través de ella agrietaron, fracturaron, la dominación del capitalismo neoliberal. Toda la estructura político institucional establecida por la dictadura y por los gobiernos de la democracia posautoritaria, tiene, gracias a esa acción daños estructurales, imposibles de ser reparados, por acuerdos cupulares entre las dirigencias de los partidos políticos tanto del orden como de aquellos que se mueven en el espacio no institucional. Esa fórmula política empleada permanentemente, por la clase política tradicional desde 1990 hasta el 2019, ya no es posible, esta irremediablemente, fracturada. Nada deberá ser como antes. Solo, la fuerza destituyente y constituyente popular y revolucionaria construirá la nueva historia. Esta aun no nace ni la anterior no concluye.

Al “Grito” que precede a la violencia, se instala, el miedo. Violencia y miedo esa dialéctica histórica-política que configuró a la sociedad chilena (desde 1541) y a la sociedad neoliberal en 1973, siempre en estado de latencia, se volvió hacerse presente en el Chile de hoy.

La violencia como el miedo político han sido los dos ejes históricos-políticos sobre los cuales las elites dominantes, en diversos momentos de la historia de la formación social chilena, han construido e impuesto su dominio.

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