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EL EXTREMISTA COMO ESTEREOTIPO

EL EXTREMISTA COMO ESTEREOTIPO

Pepe Gutiérrez-Álvarez

El canon del “radical” (o sea que va que va la raíz) es uno de los estereotipo más trillado u convencionales de los profesionales. Ellos (que declaran la guerra a Irak, que regalan el dinero a los Bancos, que crean una reforma laboral que deja a la mayoría social bajo las pezuñas de los empresarios, etc.), son los moderados en tanto que los que lo denuncian son los extremistas.

Semejante ordenación tiene su historia y uno de sus capítulos más conocidos fue el protagonizado por Serguéi Netcháev (1847-1882), un radical ruso que acabó convertido en un ejemplo de fanático sin escrúpulos para el imaginario político la reacción.

Conocido sobre todo por sus relaciones con Bakunin y el lugar que estas relaciones tuvieran en el conflicto de éste con Marx. Era hijo de un obrero, fue maestro Había sido el fundador de la organización revolucionaria, ultracentralizada, La Venganza Popular (1869), que tenía como objeto acelerar la destrucción de la autarquía zarista, y atribuyéndose datos falsos y mitificadores, como que era el representante de la AIT y miembro de un Comité Revolucionario de toda Rusia. Pudo engañar a Bakunin que le otorgó un distintivo especial con la inscripción en la inexistente Alianza Revolucionaria Europea-Comité Central.

Netchaev escribió un Catecismo Revolucionario, en el que recomendaba poner en pie métodos de lucha brutalmente despiadados e inmorales. Según Netcháev, el revolucionario debía de despreciar y odiar toda la ética social existente, lo justificaba todo en aras de un triunfo, consideraba inmoral cualquier obstáculo. Estos principios los aplicó en el caso de Iván Ivanov, miembro de la organización creada por Netcháev. Ivanov protestó contra los métodos de su jefe, fue sentenciado y asesinado.

El hecho fue utilizado pródigamente por la propaganda de la autocracia zarista que destruía a la gente desposeída. También fue utilizado con todos sus matices Dostoievski en El poseído (que fue llevado al cine por Andrzej Wajda en 1988), y en fecha más recientemente por un “arrepentido” Jorge Semprún en su novela Netcháev vuelve (Netchaïev est de retour). Dos películas más que no convencerían para nada.
Se trataba ante todo de desprestigiar el movimiento revolucionario clandestino. La imagen de Netcháev fue un grave problema para Bakunin y es justo decir que creó una leyenda de revolucionario sin escrúpulos que sería ampliamente utilizada por la derecha para tratar las biografías de Lenin, Fidel Castro, y cualquier otro en la literatura, el cine y la TV.

Para la juventud revolucionaria rusa, la cuestión de Netcháev, fue un tremendo golpe desmoralizador y contribuyó al rechazo generali¬zado de las conspiraciones de tipo blanquista. Confino (Michael), Violence dans la violence (Le debat Netchaev-Bakunine), Maspero, París, 1974. Se trata por lo tanto de un caso que los hubo y los sigue habiendo. El revolucionario no está libre de posibles problemas mentales y morales, el problema comienza cuando se generaliza y sobre todo cuando se hace desde el cinismo de los privilegios y los poderes establecidos.

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