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Ecuador – Treinta años de la Conaie, una de las organizaciones sociales más potentes del continente

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Comunidades en movimiento

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador ha derribado a tres presidentes y ha protagonizado 14 levantamientos en poco más de 20 años. Estos días volvió a cimbrar los poderes del país andino.

Raúl Zibechi

Brecha, 1-7-2022 https://brecha.com.uy/

«La organización nacional opera como una red descentralizada, que agrupa a no menos de 2 mil organizaciones de base, comunidades, centros, cabildos y comunas, que operan como gobiernos territoriales», escribe el historiador Pablo Ospina para responder por qué la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) sigue siendo el núcleo de la protesta y la resistencia al neoliberalismo en Ecuador (Nueva Sociedad, 27-VI-22).

En efecto, la fuerza del movimiento indígena radica en las áreas rurales, tanto en la abigarrada región andina como en la más dilatada de la Amazonia, que en Ecuador son los principales reductos de la movilización social. Cuando confluyen ambas regiones, todo puede suceder en este país. Y cuando se suman los sectores urbanos, como viene sucediendo en los últimos años, la potencia del movimiento parece arrolladora.

En este paro-levantamiento, que ya lleva casi tres semanas, los indígenas llegados a Quito cuentan con el apoyo de las periferias urbanas, en particular, las del sur y el suroriente, y algunos barrios del norte. Por primera vez, además, las elites y las clases medias altas se empezaron a movilizar contra lo que consideran una «invasión india» a sus reductos urbanos (véase «Doce días de pie», Brecha, 24-VI-22).

Una historia de confluencias

En la Conaie, fundada en 1986, se agrupan tres grandes confederaciones regionales que reúnen 53 organizaciones de base. Se trata de la amazónica Confenaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana), la Ecuarunari (Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa) y la Conaice (Confederación de Nacionalidades y Pueblos Indígenas de la Costa Ecuatoriana).

Entre las tres, representan a los 18 pueblos y 15 nacionalidades indígenas de Ecuador. Lejos están los tiempos en los que apenas había una sola nacionalidad, la ecuatoriana, como corresponde a un Estado-nación moderno, que consideraba a estos grupos como mestizos y no como indígenas, en su intento de asimilación y folklorización de sus culturas. La reivindicación de las nacionalidades se ha multiplicado como consecuencia, precisamente, de la movilización colectiva, que fue acuñando conceptos inéditos, como los de territorios (antes había uno solo), autogobiernos y autonomías.

Una nacionalidad puede albergar varios pueblos. El caso más palpable es el de los kichwas de la sierra andina. La Ecuarunari, que los representa, nació en 1972. Es la más veterana de las tres confederaciones y la más importante, por su trayectoria y su capacidad de movilización. Su nombre inicial fue Ecuador Runakunapak Rikcharimuy (Movimiento de los Indígenas del Ecuador), pero en 2001 se renombró Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador. En los hechos, los kichwas pasaron a denominarse como una nacionalidad que alberga 17 pueblos indígenas y un pueblo afro. Otavalo es uno de esos pueblos, el más conocido fuera de fronteras. Se trató de un proceso interno, de casi tres décadas, que fue convergiendo con los demás procesos de la costa y la Amazonia.

La amazónica Confenaie, por su parte, organiza 1.500 comunidades en seis provincias, cuenta con 11 nacionalidades, entre ellas, los kichwas amazónicos, los shuares, los achuares y los secoyas. Algunas de estas comunidades están integradas por unos pocos miles de personas, pero se diferencian entre sí por sus lenguas, sus formas de vida y sus tradiciones.

La estructura organizativa de la Conaie es similar a la de una central sindical. El Congreso es la instancia superior y cuenta con un consejo de gobierno, con un presidente (Leonidas Iza en este período), una vice y ocho dirigentes en las áreas de comunicación, mujer, salud, juventud, territorios, internacional, y nacionalidades y pueblos. La organización cuenta con una radio y un canal televisivo.

Su cultura organizativa tiene también connotaciones sindicales, ya que los congresos son grandes eventos en los que las diversas tendencias y corrientes se disputan el liderazgo, con grandes tensiones internas, que han provocado amargas disputas. En 1996, la Conaie decidió crear el movimiento político electoral Pachakutik, comandado por la propia confederación, que ha sido exitoso en algunas provincias de la Sierra y la Amazonia. Su mejor performance en las urnas fue en 2021, con la candidatura presidencial de Yaku Pérez Guartambel, que alcanzó el 20 por ciento de los votos y estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta, contra el candidato correísta (véase «La batalla de las urnas», Brecha, 12-II-21).

Cambiar el país

El levantamiento indígena y popular del Inti Raymi, en junio de 1990, comenzó con la ocupación de la iglesia de Santo Domingo, bajo el lema «Tierra, cultura y libertad», y continuó en siete provincias con el cierre de carreteras en las entradas y las salidas de las ciudades, y la toma de haciendas y edificios públicos. Las demandas giraban en torno a los derechos territoriales y el reconocimiento de la plurinacionalidad.

La sublevación le cambió la cara al país. Los indígenas se instalaron en el centro del escenario político y consiguieron que la Constitución de 1998 reconociera a Ecuador como un país pluricultural y multiétnico. A partir de ese momento, la Conaie se convirtió en un referente de los movimientos, las organizaciones y los colectivos sociales de Ecuador, incluidos los sindicatos. Las formas de acción colectiva de los indígenas, como el levantamiento y los bloqueos, comenzaron a ser adoptadas por otros actores sociales.

Luego vendrían otros levantamientos, que marcarían la historia del país. En 2000, cuando el presidente Jamil Mahuad imponía la dolarización y los bancos quebraban, la Conaie impulsó una poderosa protesta que puso en pie parlamentos populares en varias provincias, como órganos de contrapoder popular. El 21 de enero de 2001, los indígenas avanzaron sobre el Congreso, apoyados por un grupo de coroneles del Ejército. Debieron replegarse, pero Mahuad fue depuesto. Aquel año, en rebelión contra las medidas de ajuste económico, las organizaciones confederadas lanzaron la consigna que ya gritaban los manifestantes en la calle y que en adelante sintetizó su relación con los sectores populares: «Nada solo para los indios».

Las alianzas han sido múltiples, tanto por arriba como por abajo. Lo más llamativo sucede en las relaciones con organizaciones urbanas que se movilizan en apoyo de los levantamientos: el Frente Popular, con base en agrupaciones estudiantiles y de maestros; el Frente Unitario de Trabajadores, de sindicatos obreros, y una multitud de colectivos no estructurados jerárquicamente: feministas, ambientalistas, cristianos, barriales, estudiantiles.

En opinión de Ospina, hay una clara división del trabajo entre las 2 mil organizaciones de base de la Conaie: «Las estructuras territoriales superiores, que actúan en los ámbitos provincial, regional y nacional, funcionan como estructuras reivindicativas y de coordinación. Pero las estructuras comunitarias operan en una lógica autonomista; esto es, en lugar de centrarse exclusivamente en la reivindicación del Estado, se dedican directamente a resolver los problemas locales. Manejan el riego, administran el trabajo de construcción y mantenimiento de la infraestructura, ejecutan proyectos productivos, resuelven conflictos vecinales y ejercen una justicia comunal en casos civiles y penales». Lo cierto es que la Conaie no puede etiquetarse como movimiento sindical ni campesino, y no adhiere a las lógicas clasistas, pero tampoco debería ser considerado únicamente indígena, preocupado solo por el autogobierno territorial, ya que, en realidad, es un híbrido entre varios movimientos.

Desafiar el sentido común

Al finalizar el levantamiento de 2019, que triunfó al derrotar un paquete de ajustes lanzado por el presidente Lenin Moreno e inspirado por el Fondo Monetario Internacional (véase «País de lucha», Brecha, 11-X-19), las comunidades organizadas entregaron, a través de la Cruz Roja y organismos de derechos humanos, a más de 200 policías que habían «retenido» durante los combates callejeros.

Al poner fin a la lucha, convocaron un «parlamento indígena y de los movimientos sociales», en el que confluyeron 200 organizaciones de estudiantes, mujeres, jóvenes, campesinas, obreras y pequeños productores. Comenzó a sesionar en la enorme sede de la Conaie y fue recorriendo todo el país, difundiendo el programa elaborado para salir de la crisis.

En ese sentido, su primer presidente, Luis Macas, sintetizó en un texto de 2000 su visión de la confederación: «No somos un gremio de campesinos, como se nos ha considerado desde la sociología tradicional, incluso aquella de izquierda, por lo tanto, nuestra lucha debería ser una lucha reivindicativa, en torno al parcelamiento de tierras y la reforma agraria» (ICCI, 15-VI-00). Son naciones y pueblos en movimiento los que han venido protagonizando levantamientos cada dos años, desafiando los saberes institucionalizados y el sentido común de las izquierdas y los movimientos sociales.

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