Inicio Análisis y Perspectivas ¡¡DIGNIDAD: “Vivir de pie”… COMPLICIDAD: “Vivir arrodillados”!!

¡¡DIGNIDAD: “Vivir de pie”… COMPLICIDAD: “Vivir arrodillados”!!

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por Franco Parisi

En este país se levantó una arquitectura de poder tan fina como brutal: un sistema que no sólo administra la economía, sino también el sentido común, el lenguaje, las expectativas y hasta la idea misma de lo posible. Lo que algunos llaman “pactos de transición” no fueron más que contratos tácitos firmados entre élites políticas ansiosas por gobernar y viejos guardianes del orden económico heredado. Así, el continuismo neoliberal de la dictadura se disfrazó de democracia renovada, mientras el pueblo siguió pagando la cuenta.

La complicidad tomó forma en partidos que prometieron cambios pero terminaron cuidando las llaves del mismo modelo que decían combatir. Se arrodillaron ante mercados, tecnócratas y empresarios, aceptando que la dignidad podía ser administrada como si fuera un bien transable. Se convirtieron en gestores obedientes de una maquinaria diseñada para que pocos decidan y muchos obedezcan; para que la desigualdad no sea un problema político sino un hecho inevitable; para que el dolor social quede atrapado en estadísticas frías y discursos de “crecimiento”.

En ese paisaje, la dignidad del pueblo fue secuestrada: convertida en slogan vacío, usada en campañas, negociada en comisiones, postergada una y otra vez mientras los mismos grupos acumulaban poder, tierra y privilegio. Las luchas sociales, criminalizadas por quienes jamás caminaron descalzos ni tomaron un bus a las seis de la mañana, fueron reducidas a “problemas de orden público”. Y los neoliberales lamebotas, esos administradores dóciles del despojo, levantaron el dedo moral para juzgar mientras ellos mismos seguían arrodillados ante el dinero y el miedo.

Pero hay algo que este sistema jamás ha logrado —ni podrá lograr—: domesticar por completo la memoria, el coraje y la rebeldía de quienes entienden que la vida sólo vale vivida de pie. Allí, donde brota la organización comunitaria, la defensa del territorio, la solidaridad, la conciencia crítica y el grito que no se apaga, emerge la verdad que tanto temen: que un pueblo de pie es ingobernable para los poderosos.

La verdad nos hará libres.

Siempre de pie, nunca arrodillados.

¡Arriba los que luchan!

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