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De transporte caótico, anarquía urbana y exposición fotográfica contra la gordofobia

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Por Adán Salgado Andrade, México

Por estos días, la línea 1 del Metro, está cerrada, de su tramo Zaragoza, hasta Balderas. Claudia Sheinbaum decidió dejar su legado, renovando esa línea que fue inaugurada desde 1969, justificando que, por su antigüedad, se necesita hacerlo. Quiere quitarse de encima el estigma que le ha dejado el que se haya derrumbado un tramo de las línea 12 – la llamada línea Dorada –, en el 2021 (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Accidente_del_Metro_de_la_Ciudad_de_M%C3%A9xico_de_2021).

Dice que no se han realizado renovaciones a esa línea, lo cual es falso, pues bajo la administración de su antecesor en el cargo, Miguel Mancera – quien ahora es senador –, ordenó costosas renovaciones de todas las estaciones. Muy seguramente, fueron corruptas, pues se trató, sobre todo, de obras estéticas, que agregaron techos a las salidas o cambiaron los acabados de los andenes. Si no se hicieron mejoras a vías o instalaciones eléctricas, sería algo que también se debería de investigar, cuánto dinero se gastó en esas obras cosméticas y quiénes salieron corruptamente beneficiados. Pero, ya ven, hay intocables.   

La mencionada renovación costará $37,000 millones de pesos, “financiados a veinte años”. Dijo Sheinbaum que iba a haber afectaciones – como se están dando, en efecto –, con su disimulado despotismo, “pero el objetivo fundamental es disminuir los riesgos” (ver: https://www.forbes.com.mx/invertira-cdmx-37000-mdp-en-renovacion-de-linea-1-del-metro/).

Claro, es muy fácil anunciar que habrá afectaciones, cuando Sheinbaum o sus funcionarios encargados de esas obras, no están usando la alternativa que dieron para sustituir, de momento, el necesario servicio del Metro. Desde la comodidad de sus oficinas y escritorios, “planean” el funcionamiento de esta megaurbe, sin sufrir todas las molestias que están ocasionando con todas sus obras, mal planeadas la mayoría. Tendrían que probar todos esos funcionarios y funcionarias, qué tan bien o no, está funcionando la “alternativa” que dejaron para sustituir, por tanto tiempo, al necesario Metro.

A fin de cuentas, es, también, un súper negocio, para todas las partes involucradas. Y la deuda estará allí, como dijo, “diecinueve o veinte años”, que los capitalinos contribuiremos a pagar con nuestros impuestos.

Yo, decidí probarla, acudiendo al Centro de la ciudad de México, lugar emblemático, en donde se encuentran muchas cosas, como productos o servicios, que, difícilmente, se encuentran en otros lugares.

Y comparto mi experiencia sobre el hecho.

Abordé desde la estación Gómez Farías, la alternativa, autobuses de RTP, en los cuales, se puede pagar con monedas o con la tarjeta, los cinco pesos que sigue costando el pasaje (Sheinbaum, prometió que no subirá la tarifa). Era, poco más de la una de la tarde, o sea, hora no pico.

Todo iba bien, digamos, hasta que llegamos a San Lázaro. De allí, el intenso tráfico, dificultó el recorrido. Si en el Metro, a esa hora, llegar a Pino Suárez no habría llevado más de veinte minutos, tomó casi cuarenta. Y el punto en donde uno desciende, está alejado de la estación del mismo nombre. La gente que quiera “transbordar”, debe de caminar unos diez minutos o más, dependiendo de su condición física, para hacerlo. Además, debe de prever el cambio del boleto que entrega el conductor del autobús, para que pueda hacer el transbordo, pues podría pagar doble, si no lo hace.

Como dije, el caótico tráfico, alarga bastante el recorrido. Quizá los autobuses que van directo a Pino Suárez o a Balderas, hagan menos tiempo. Pero testimonios de personas que hacen ese recorrido, me han asegurado que, al menos, son veinte minutos más, así que tomen sus precauciones. En sus trabajos o lugares de estudio, no tomarán en cuenta ese gran inconveniente y podrían sancionarlos – o hasta despedirlos –, si llegan tarde. Es lo que Sheinbaum y su equipo, no están considerando, muy seguramente.

Salvado ese inconveniente, caminé desde la improvisada “estación” de Pino Suárez, hasta la calle de Donceles. De todos  modos, es más fácil caminar por el Centro, que arriesgarse a acudir en auto, tanto por el intenso tráfico, así como por la falta de estacionamientos suficientes. Pueden verse las colas de vehículos, tratando de ingresar a alguno y, eso, si todavía tiene lugar.

En Donceles, están los pocos negocios fotográficos que aún siguen revelando rollos. Todavía me gusta retratar cosas en forma análoga, con mi cámara de 35 mm. Es emocionante ver las fotos que se obtuvieron ya reveladas.

Durante el recorrido, pude apreciar la gran movilidad de vehículos y gente transitando, visitando cuanto inimaginable negocio se ubica en esa populosa zona, no por quienes viven allí, sino por los que en ese lugar laboran y los que consumen servicios, como el fotográfico, o productos, sean zapatos, telas, ropa, ferretería, medicamentos, esoterismo, celulares, electrónica, papelería… la pandemia, es cosa del pasado. La gente es por lo que menos se preocupa ya, a pesar de que la quinta oleada está presente (y adivinar si vaya a haber más oleadas, durante este interminable evento sanitario).

Me llamó la atención que, en varios sitios, el olor a mariguana quemada es intenso. Se ven a muchas personas fumando, como si nada, luego de que ese psicotrópico, ya fue autorizado como “uso recreativo” (ver: https://elpais.com/mexico/2021-06-28/la-suprema-corte-da-via-libre-al-uso-recreativo-de-la-marihuana-en-mexico.html).

Así que a los sensibles o intolerantes al humo producido, pues deben de ser tolerantes, ni hablar.

Parte del obligado recorrido es el Zócalo, cuya plancha, está cercada. No hay, como en otras ocasiones, gente caminando sobre ella. Hay un campamento de personas exigiendo que López Obrador atienda sus peticiones sobre salud. Pero nada más. A pesar de la “plena libertad”, está cerrada al paso peatonal la plaza. No sé si se esté preparando un “magno evento”, como los que suelen hacer, conciertos costosos, por ejemplo (de hecho, se tiene programado el 21 de octubre de este año, 2022, un concierto de Juan Manuel Serrat, para quienes gustan de ese músico. Ver: https://www.proceso.com.mx/cultura/2022/6/29/joan-manuel-serrat-dara-un-concierto-gratuito-en-el-zocalo-de-la-cdmx-288676.html).

Más adelante, se encuentra uno con los grupos de danzantes mexicas, los llamados concheros, que, desde siempre, han estado allí, a un lado de la catedral ofreciendo sus bailes – mal llamados “prehispánicos” –, sahumerios – “¡Pase a la limpia, con lo que guste cooperar!”, ofrecen los ataviados danzantes –, artesanías y hasta fotos – pagadas, claro – junto a ellos, con tal de retroceder el tiempo a esos distantes, gloriosos pasados, cuando la herencia colonial maldita, como la llamo, todavía no nos había sometido a cuanta infamia hemos sufrido los pueblos conquistados, desde entonces.

Allí, también, como contraste, está el Museo del Templo Mayor, en donde algunos restos físicos de la Gran Tenochtitlan, todavía se encuentran, mudos testigos de la destrucción que experimentó esa gran urbe, a manos de los criminales, bandidos mercenarios que, a sangre, fuego, arcabuces, caballos, armaduras… acabaron con ella.

La arrasaron para construir sobre sus restos sus iglesias, palacios y lujosas casas, usando a todos los sometidos pueblos antiguos, sin distinción de etnias, mal alimentándolos, sobreexplotándolos – en ese entonces, el promedio de vida para los sometidos, sufridos trabajadores, era de no más de veinticinco años – y empleándolos como si fueran simples animales de tiro. Bien narra todas esas infamias y crueldades, el libro “Los señores de la Nueva España”, del oidor Alonso de Zorita (1512-1585), quien dio fe a Felipe II (1527-1598), de tantos abusos y explotación contra los naturales, cometidos por encomenderos, mercenarios y hasta religiosos (ver: https://dbe.rah.es/biografias/6649/alonso-de-zorita).

Ese lugar es, repito, un duro recordatorio del sometimiento pasado y del que todavía ejerce España, con tantos bancos y empresas que siguen ejerciendo un control neocolonial en nuestro país y en América Latina (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2014/06/la-neoconquista-espanola.html).

Llegué a la calle de Donceles, buscando el número del negocio de revelado, que había buscado por internet. A diferencia de los años 1990’s, cuando estaba en todo su apogeo la fotografía análoga en color, capturada con cámaras de 35 mm, de todo tipo, ahora, ya casi no hay lugares en donde revelen rollos. Los hay de los que tienen servicios de impresiones para fotos digitales. En esos años, hasta había servicios rápidos, en donde el revelado e impresión de fotos, en algunos, era de una hora. Hoy, debe uno de esperar al siguiente día, para tenerlas

Como fue en el negocio fotográfico llamado “Citlalli”. Sorprendentemente, todavía son muy accesibles los precios. Las impresiones más pequeñas, cuestan dos pesos cada una. Pero los rollos, son muy caros ya. El Fuji, de 36 exposiciones, ASA 200, que antes de la pandemia costaba $96 pesos, aproximadamente, ahora vale ¡$290! Claro, como es tecnología que ya tiene poca demanda, se va encareciendo, pero, seguramente, seguirá, pues continúa entre buena parte de la población mundial, yo diría, el entusiasmo que comparto por la fotografía análoga.

Como, pensé de antemano, no sería tan fácil llegar al Centro en el caótico transporte, decidí hacer varias cosas, aprovechando el mismo viaje.

Luego de dejar los rollos y pagar el obligado anticipo – $200 pesos, en  mi caso –, decidí continuar hacia el segundo punto de mi recorrido.

Ése, fue el Centro de la Imagen, un museo en donde se exhiben trabajos fotográficos. Está a un lado de la Ciudadela, cerca del Metro Balderas, detrás de la biblioteca. Como ya señalé, es mejor recorrer el Centro caminando, que en transporte, dado lo caótico del tráfico, que siempre lo ha caracterizado y que al crecer esta megaurbe en habitantes y vehículos, ha empeorado.

Por el camino, contemplé todo tipo de arbitrariedades. Entre ellas, las cometidas por los motociclistas, en mi opinión, quienes más violan todo tipo de reglamentos y reglas de urbanidad. Por ejemplo, cuando está el semáforo en verde, para que pasemos autos y peatones, en una esquina, algunos se siguen, sin guardar el más mínimo respeto de las personas que cruzamos, como me sucedió en tres ocasiones. No sólo eso, sino que invaden calles en sentido contrario, se distraen viendo sus celulares, no usan casco, se les atraviesan a otros vehículos, invaden banquetas y así.

Otra de las arbitrariedades que contemplé, fue la de ciclistas irresponsables que, igualmente, no respetan el paso de los peatones, van en sentido contrario, invaden los carriles exclusivos del Metrobús y así. Muchos de ellos, repartidores de comida, mediante apps, hasta arriesgan la vida, con esas prácticas, incluso, peligrosas.

Y, una arbitrariedad más, por supuesto, vehículos que se pasan el alto, casi aventándolo a los peatones, se estacionan en ciclovías, dan claxonazos continuos por su exigencia de pasar primero y otras cosas que, quienes conducen, seguramente tendrán presentes.

También, se ve la pobreza, a pesar de que se pretenda ocultar. Abundan las personas en condición de calle. Algunas, emiten no muy agradables olores, que pueden percibirse a unos tres metros de distancia. Son los pobres olvidados por la sociedad, lo que llamaba el gran economista alemán Karl Marx (1818-1883), los “despojos” del ejército industrial de reserva, los que “salen sobrando”. No podemos juzgarlos, decir “¡Ay, son flojos, que se pongan a trabajar!”, pues no conocemos las circunstancias – muy tristes y duras, la mayoría – que los llevaron a esa lamentable condición. Allí están y se debería realizar un mayor esfuerzo por parte de las “autoridades” para rescatarlos y, si es posible, reintegrarlos a la sociedad (bueno, y eso de “reintegrar”, ¿qué significaría?, ¿qué vuelvan a ser autómatas-consumidores – como los llamo –, como nos trata de convertir este sistema capitalista salvaje, a quien sólo le interesa imponer el consumo compulsivo, como su única forma de sobrevivencia? Quizá seamos nosotros los que estamos mal, y no, los indigentes. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2013/09/decadencia-neoliberal-automatas.html).

Luego de ese recorrido, que me llevó a las anteriores reflexiones, llegué al Centro de la Imagen. Amenazaba una lluvia que, repentinamente, se alejó. Así que pude realizar el recorrido sin mojarme. Con tal de dar una falsa imagen, de mostrar una “linda ciudad”, fueron removidos todos los comerciantes que estaban sobre Balderas, justo, a un lado de la biblioteca y del Centro de la Imagen. Esos comerciantes, quienes vendían libros, discos, artesanías, ropa y otras cosas, hasta eran parte del recorrido turístico de quienes visitan el sitio. Pero, como dije, todo, con tal de mostrar una ciudad perfecta, sin vendedores ambulantes, sin pobreza. Luego, al preguntar a una mujer, que a dónde los habían movido, quien todavía tiene un puesto de dulces en esa acera, me indicó que estaban frente al mercado de la Ciudadela, a un lado del parque. Bueno, al menos los respetaron, pero no han de tener las mismas ventas. Supongo que todo eso se hizo durante la pandemia, la que ha servido para autoritarismos de ese tipo.

En ese museo fotográfico, hay dos exhibiciones. Una, la de la fotógrafa, pintora y artista Mariana Yampolsky (1925-2002), llamada “Mariana entre cuerpos extraños”, en la que se pueden apreciar fotografías y litografías que produjo esa prolífica creadora. Todas las fotos exhibidas, en blanco y negro, dan cuenta del interés que tuvo por la provincia mexicana que, como dice uno de los textos de la presentación, “fue porque crecí en provincia y siempre me atrajo todo lo campirano”. Hay fotos de campesinos, mujeres, hombres, niños… haciendo cosas, recogiendo cosechas de maíz, caminando, celebrando, bailando o, simplemente, posando. De Hidalgo, de Tlacotalpan, de San Luis Potosí, entre otros sitios.

Muy recomendable esa exposición, que muestra, en poéticas imágenes, las duras condiciones de la vida rural, tan llena de carencias, pero aceptada con resignación, como diciendo los fotografiados, “¡Aquí estamos, existimos, véannos!”.

Había poca gente en el lugar, a pesar de que es gratuito. Y las pocas personas que entraron, no se detuvieron, como yo, a ver la descrita exhibición. Se ve que tenían prisa por ver la, digamos, estelar.

Ésa, es la de la fotógrafa Patricia Aridjis (Michoacán, 1960). Son fotos en color, de mujeres desnudas, con sobrepeso, a las que Aridjis, abordó en la calle, les dijo que era fotógrafa, y que “me gustaría retratarlas”. Algunas, las menos, aceptaron. Y otras, incluso, le permitieron retratar sus rostros (ver: https://www.jornada.com.mx/2022/07/21/cultura/a03n1cul).

Por eso la prisa de los contados visitantes que se dirigían, directamente, a esa exhibición, titulada Mujeres de peso.

El trabajo es una severa crítica a los estereotipos creados en torno al cuerpo, sobre todo, el de la mujer, a la que se le imponen cánones de “belleza” comerciales, las mujeres “bellas” son las que tienen “buena figura”, perfecta, nada de gordura o celulitis. Desgraciadamente, por esa absurda imposición, esas mujeres con sobrepeso, son estigmatizadas, porque no se parecen a las “súper modelos” de modas o a glamurosas actrices.

Un video adicional, muestra a mujeres que fueron entrevistadas, dando sus testimonio de cómo han sufrido en la vida por ser “gordas”, burlas, no sólo de extraños, sino hasta de familiares. “A mí, siempre que me veían mis hermanos, empezaban con el oinc, oinc… de que allí venía la marranita. Me puse a adelgazar, pero siguieron, yo creo que ya era la costumbre”. Otro testimonio, es de una mujer que hasta llora, “¡siempre me han visto mal, despreciándome todos los hombres!” y así, muy dolorosas declaraciones.

Al término de la exhibición, hay hojas y pluma para que la gente escriba sus impresiones. En una, puede leerse “Me ha costado 3 años de terapia entender que mi cuerpo es una parte importante de quien soy y que al rechazarlo, me estoy rechazando a mí misma, que no es necesario que me castigue por cumplir estándares de belleza. Cuando era más joven, tenía dismorfia corporal y me veía obesa en el espejo, aunque ahora, al ver mis fotos, noto que no era así. Además, me sentía poco valiosa, y me restaba importancia. Por eso, cada que pensaba en una cualidad mía, la invalidaba, diciéndome ‘aunque sea gorda’. Ahora, sé que si lo soy o si lo fuera, no importa, el cuidar mi cuerpo, se trata de amarlo y no de castigarlo”.

He ahí lo que puede ocasionar la discriminación hacia las personas con sobre peso, la llamada gordofobia, que hasta terapias psicológicas deban de tomar, con tal de no sentirse rechazadas(ver: https://copred.cdmx.gob.mx/storage/app/media/infografia-gordofobia.pdf).

Así que la prisa de ir directamente hacia esa exhibición era, en mi opinión, una combinación de curiosidad con morbo, de ver a mujeres con sobrepeso desnudas. Pero espero que esos visitantes, hayan aprendido que a una persona, sea mujer, hombre o de la diversidad sexual que sea, no se le debe de juzgar por su cuerpo, sino por su espíritu, por sus ideas, por su progresismo, por su sensibilidad, por su compasión. Lo que yo llamo ser pensante, alguien que tiene como cualidades ser sensible, consciente, solidario, compartido, amoroso, compasivo, inteligente… ¡algo que este sistema que nos busca estandarizar, no desea que seamos!

Terminada esa parte de mi cometido, salí del museo.

Lo siguiente, fue dirigirme a la calle de San Pablo, en donde la especialidad son las tiendas de bicicletas. Es muy característico del Centro, que haya calles en donde se agrupan comercios de determinado giro. Tenía que comprar una cámara de una de mis bicicletas, rodada 27.

Usé calles paralelas a Fray Servando Teresa de Mier, para conocer otras partes o recordar aquéllas que, hace años, frecuentaba. Frente a la Ciudadela, está la construcción que, en su momento, albergó al Cine Ciudadela, de esos viejos cines que alegraban la vida de los citadinos, entre los años 1960’s y parte de los 1990’s. Ahora, sólo es un abandonado edificio, grafiteado en toda su fachada. Muchos de esos grafitis, sorprenden, pues están ejecutados en la parte más alta de aquélla. Deben de haber usado hasta escaleras, los que hicieron esa forma del llamado arte urbano.

De nuevo, el recorrido caminando, da más detalles de los comercios o las cosas que se encuentra uno. Como el Mercado de las Flores. Al ver los arreglos, me pregunto si todos serán adquiridos o, como sucede siempre con la sobreproducción, varios se pudran y se desechen. Muy probablemente, pues luce vacío.

También, veo de nuevo la arbitrariedad de ciclistas y motociclistas irresponsables, que invaden banquetas, sentidos contrarios, sin que “autoridad” alguna intervenga, incluso, patrullas presentes, nada hacen para regularlos.

El recorrido, me llevó a la calle de República del Salvador. La parte que va de Lázaro Cárdenas, hasta Isabel la Católica, está especializada en artículos electrónicos, como celulares, equipos de sonido, algunas de instrumentos musicales, partes electrónicas, pilas y cosas similares.

Luego, desde Isabel la Católica, lo que abunda son farmacias, ópticas, así como sitios en donde se venden productos esotéricos (los usados para hacer “embrujos”, “amarres”, encontrar trabajo, novia, novio…todo lo que la creencia popular piensa que se arreglará con pócimas, jabones, lociones…), hierbas (a veces, mejor que los medicamentos de patente para curar ciertas afecciones ), envases plásticos para elaborar ungüentos, medicamentos, cremas… y muchas cosas más.

Y se trata, tanto de establecimientos en locales, así como vendedores ambulantes.

La otrora, emblemática Farmacia París – “Vamos a la París, allí es más barato y encuentras de todo”, era el dicho generalizado hace algunas décadas –, que siempre estaba atiborrada de clientes, ahora, luce vacía, igual que la que está en contra esquina, la “Nosarco”. Es el resultado de la “modernidad”, de tantas otras farmacias que han surgido, además de la venta en línea de medicamentos. Como está sucediendo con muchos negocios, antes tan prósperos, que han sucumbido ante la agresiva competencia capitalista y sus cambios tecnológicos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/04/el-calentamiento-oceanico-altera-los.html).    

Y el tramo de 5 de Febrero, hasta 20 de Noviembre – como ven, los nombres concuerdan con la Plaza de la Constitución, en alusión a eventos históricos –, está especializado en negocios de telas, materiales para confeccionar maletas, cojines, ropa y así. Vi a varias personas cargando grandes bolsas de plástico, conteniendo una especie de hule espuma verde, seguro para hacer cojines o almohadas. Me pregunté, al verlas, ¿cómo harán para conseguir un transporte para que las traslade a ellas y sus voluminosas bolsas? Así que ¡todo un mosaico muy diverso se puede ver en tan sólo una calle del populoso Centro.

Llegué, finalmente a la calle de San Pablo. Esa calle, es una extraña conjunción de tolerancia, entre negocios de bicicletas y trabajadoras sexuales, las que, no tan discretamente, se paran frente a aquéllos, esperando, expectantes, al cliente que, venciendo el morbo social, se aventure a solicitar sus servicios. En mi caso, puedo decirles que nunca he acudido a ellas. Sin embargo, he escuchado a hombres, decir que “¡estuve con una chamacona!”, así, como si fuera una gran conquista. No ven que sólo compraron el cuerpo de la chica que, por una cantidad de dinero, se los vende unos minutos, pero no su corazón. Para ellas, es un necesario trabajo, no les quedó de otra. No se les debe de juzgar, pero es doloroso ver a algunas de ellas muy jovencitas, tímidas, quienes, no teniendo otra alternativa laboral, se han aventurado y hasta arriesgado a dedicarse a ello (les comparto un cuento que escribí al respecto: http://www.artemiorevista.com/index.php/articulos/category-list/29-poesia-ensayo-poema-literatura/228-trabajadora-sexual-cuento-por-adan-salgado).

Una de ellas, es de las que se ve que tiene poco tiempo dedicándose a ofrecer sus servicios corporales. Bajita, delgada, usa cubrebocas. La mayoría, más versadas en la profesión, no cubren ya su cara, quizá, con la intención de atraer más a los clientes, que les vean el rostro, para ver si así se animan.

Me acerco a la chica, sacó doscientos pesos de mi cartera. “Hola, amiga, ¿me podrías aceptar este dinero? Sin ninguna intención, es para que no te vayas sin nada, por si no hay nada”, le digo. La chica, presta, los toma, agradeciendo mi gesto. No pretendo mostrarme como el héroe de la película. Sé que ese dinero, remediará, quizá, ese día, pero la chica seguirá allí, no teniendo otra cosa qué hacer para sostenerse económicamente. Probablemente, sea madre soltera. Pero es lo que hará, hasta que pueda conseguir algo más conveniente.

O puede que no, y esa actividad, le resulte más redituable, que dedicarse a un trabajo muy mal pagado, que la explote por un salario miserable, como lo son el 80% de los trabajos que se ofrecen en este país que, cuando mucho, ofrecen dos salarios mínimos (ver: https://www.mexicosocial.org/la-mayoria-gana/).

Bien, pues luego de esas reflexiones y de mí, digamos, buena acción del día, entré a un establecimiento grande, en donde venden todo tipo de bicicletas y refacciones. También, había pocos clientes. Se ve que los estragos ocasionados por esta larga pandemia, continúan. La mayoría de negocios de todo tipo, apenas si están despegando, en mi opinión (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/03/la-pandemia-y-sus-estragos-economicos.html).

Adquirí la cámara que requería.

Como ya era tarde, más de las cinco, la hora pico, el tráfico, era caótico. La avenida Circunvalación, estaba convertida en un estacionamiento.

Así que decidí regresar a casa, caminando, pues no son más de cinco kilómetros desde allí.

De todos  modos, repito, así se aprecian más detalles de los lugares que se recorren.

Tomé la calle de Antonio Gurrión, sobre la que nunca había caminado. Muchas de sus partes, se pierden entre los puestos del comercio informal, pues hay que decir que, para millones de personas, es la única alternativa para sostenerse económicamente (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/12/economia-informal-la-verdadera.html).

Pasando la Cerrada de Carretones, ya se libera, no hay más puestos ambulantes. Muy contrastante con el caos que presencié minutos antes.

Llegué a Congreso de la Unión, en donde estuvimos otros peatones y yo, más de cinco minutos, esperando a cruzar, pues el policía que daba el paso a los autos – ¡siempre primero! –, nunca nos lo dio a nosotros. Tuvimos que permanecer sobre la banqueta, hasta que se despejara algo la avenida, para cruzar.

He ahí la falta de preparación de esos servidores públicos, quienes no priorizan al peatón, como está claramente señalado en el reglamento de tránsito que se debe de hacer (ver: https://elpais.com/internacional/2015/12/15/mexico/1450138882_493717.html).

De esa clara falta de urbanidad hacia el transeúnte, caminé sobre la calle llamada “Stand de Tiro”, no sé si “homenajeando” al sitio en donde la corporación policiaca de la ciudad, recibe eficientes lecciones para aprender a usar sus armas, con tal de que cumplan perfectamente sus represivas labores.

Me llamó mucho la atención que, en una parte de esa calle, hubiera pedazos de palmeras y árboles, tirados, descuidadamente. Fue una dolorosa escena de ecocidio. Supuestamente, varios árboles y palmeras han sido tirados por las recientes tormentas. Pero si es así, no me parece conveniente que hayan dispuesto de esa forma tan burda de sus restos. Es como si halláramos un cadáver de una persona, tirado en la calle, no sepultado en un panteón.

Lo peor, repito, es que están esos restos casi frente al campo de tiro. Me pregunto ¿hay tanta indolencia en las “autoridades” como para actuar de esa forma tan anárquica?

Seguí mi caminata.

Llegué a Francisco del paso y Troncoso. Hay un crucero con un semáforo para la gente que, igual que antes, no respetan automovilistas, ni motociclistas. Ya saben, es más valioso su tiempo que el de los demás, sobre todo, los simples peatones. Lo peor es que, luego de varios minutos que tarda en conceder el paso, sólo da ¡16 segundos para cruzar! Así que personas que tengan dificultades para caminar, se verán en apuros para hacerlo, arriesgándose a que cafres les avienten sus vehículos.

Como he estado diciendo, todo es muy caótico en esta anárquica ciudad.

Después, pretendí sacar dinero de un cajero de HSBC, pero me intimidó un indigente, que allí se refugiaba de las inclemencias de una lluviosa tarde. ¡Vaya buñeluesco surrealismo!

Luego, la también muy concurrida Avenida Ignacio Zaragoza, hizo su aparición.

Por ella, siguió mi recorrido.

Allí, lo notorio son las “terminales alternativas” para ir a estados como Oaxaca o Chiapas. En una de ellas, hay un letrero que indica: “Tapachula, salida 6:15, $650 pesos”.

Sí, porque además de estar en esos irregulares lugares, no en las centrales camioneras, tienen demanda por sus bajos precios. En la TAPO, la central camionera de san Lázaro, el boleto cuesta por lo menos, $1,488  pesos.

Y vi unos tres sitios de esos, en donde largas filas de personas estaban por abordar el autobús en cuestión. Varias, se notaba que eran extranjeros, por sus acentos. Incluso, vi unos haitianos, de los que cada vez hay más en el país, dado que Haití es cada vez más difícil para vivir, por tanta violencia y pobreza (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/09/pobreza-extrema-y-delincuencia-imperan.html).

Pues seguí mi camino, “sin nada criticar”, como decía el buen Chava Flores (1920-1987), en su emblemática canción “La casa de Lupe”.

Y pasé frente a la mal llamada “Plaza Aeropuerto” que, por falta de espacio, no alcanza las dimensiones de las que sí lo son, ofreciendo sólo algunos negocios, un par de restaurantes, un banco y un cine.

Varios empresarios se “sobaron” las manos, cuando se pretendió desaparecer el aeropuerto actual, Benito Juárez – que, corruptamente, el nuevo, corrupto y antiecológico, se iba a hacer en Texcoco, pero que AMLO, por fortuna, paró su construcción – y se decía que, en su área, se harían zonas residenciales y grandes plazas comerciales.

Así que, ni modo, la gente a la redonda, se tiene que conformar con ese remedo de plaza comercial.

Luego, crucé Boulevard Aeropuerto.

Allí, está el Walmart, esa transnacional que casi ha monopolizado el comercio al menudeo en México, habiendo adquirido a los emblemáticos almacenes “Aurrerá”, además de haber construido cientos de sucursales por todo el país. Se pierden 150 empleos en el sector de ventas cuando se abre una tienda Walmart y 25% de los negocios cercanos, dentro de 6 kilómetros a la redonda, cierran sus puertas  (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2013/01/los-negativos-efectos-del-emporio.html).

¡Y allí, a un lado de la tienda, sobre la avenida Zaragoza, me encontré con Baby, una persona en condición de calle, que hacía mucho, no veía!

Es un afroestadounidense de Luisiana, quien ha hallado en la caridad, una forma de vivir en México. Tiene cierto carisma, quizá porque vea la gente que es extranjero, que hace que le den dinero o alimentos. Yo, en particular, lo solía ver cada semana, ayudándolo con dinero y alimentos. Incluso, le compré unas buenas botas, pero, de repente, se perdió.

Se ve mal. Antes, me decía que hasta se bañaba, se cortaba el cabello. Ahora, se ha descuidado, huele a sudor añejo, no trae ya las botas que le obsequié – “Se me rompieron”, justifica – y se ve desmejorado. Siempre me ha dicho que es un misionero que tiene 10,038 años de vida y que fuerzas malignas, lo persiguen, para “chuparle la sangre”. En su momento, escribí un artículo sobre él (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/03/conversando-con-un-misionero-de-10038.html).

Pero me dio gusto verlo, que no haya quedado  muerto por allí, olvidado por la ignominia humana.

Con Babi, concluí el recorrido, viendo, sobre la calzada Zaragoza, los atiborrados autobuses, sustitutos del Metro, que tratan de avanzar por un muy congestionado tráfico.

Me llevó mi amigo a la reflexión, de que una persona como él, pueda vivir minimalistamente. Su única preocupación, es la de procurarse algo de comer a diario.

No tiene que ir al Centro, para satisfacer su necesidad consumista, como nos la han impuesto.

Como comento y pregunto arriba, ¿la reintegración social, es volvernos consumistas?

Mejor, que no reintegren.

Contacto: studillac@hotmail.com

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