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De cómo a un repartidor de app, le robaron su vehículo, con sus hijos dentro

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Por Adán Salgado Andrade

La llamada gig economy, es un término que se refiere a los trabajadores independientes, tales como freelancers, conductores, repartidores, contratistas independientes o a los que se alquilan por un proyecto, temporalmente o por tiempo parcial.

Ese tipo de empleos, se han posibilitado e incrementado últimamente, gracias a las llamadas apps, aplicaciones que pueden ser usadas en computadoras o, más aún, en celulares, permitiendo que las personas puedan trabajar por su cuenta, ser sus “propios jefes”. No sólo implica que dichas personas puedan laborar en su ciudad, sino, incluso, que puedan acceder a trabajos foráneos, de otros países (ver: https://whatis.techtarget.com/definition/gig-economy).

No sólo trabajadores independientes, han sacado provecho de la tecnología, sino que hasta empresas tan explotadoras, como la nefasta Amazon, la que ofrece un portal, denominado Mechanical Turk, “que es un mercado laboral colectivo, que facilita que individuos y negocios, se conecten entre sí, para hallar al empleado idóneo para una empresa o a la empresa idónea, para un empleado” (ver: https://www.mturk.com/).

Cobra una “comisión”, independientemente de si al empleado le pagan o no o lo denigrante que sea tal empleo, pues, por ejemplo, cuando se trata de trabajos de identificación de imágenes, a muchos, los obligan a ver imágenes grotescas de gente decapitada o mutilada, para “mejorar sistemas de Inteligencia Artificial”, con tal de identificar imágenes prohibidas y que sean censuradas. A otros, se les piden encuestas. Cuando las terminan, el demandante (requester) puede decidir, arbitrariamente, que no está bien hecha la encuesta y negar el pago. Pero como ya fue entregada, puede ser que sí le sirva, pero haya puesto el pretexto de que estaba mal, con tal de no pagar. El portal no tiene forma de evitar eso. Ah, pero sí, como dije, cobra, tanto al trabajador que recibió el trabajo, como al demandante (ver: https://gizmodo.com/horror-stories-from-inside-amazons-mechanical-turk-1840878041).

El término gig, fue tomado de la jerga usada por los músicos, cuando se les contrata por una sola vez. Lo que aquí se denomina un hueso (ver: https://dictionary.cambridge.org/us/dictionary/english/gig).

Los empleados que más se han desarrollado en ese tipo de autoempleo, son los repartidores de cosas, sobre todo, durante la pandemia. Pueden entregar de todo, desde paquetes de todo tipo, hasta alimentos.

Uno de tales empleados es el chino-estadounidense Jeffrey Fang, destacado entre sus amigos por su eficiencia. Fang, no trabajaba para una sola plataforma, sino para varias: Lyft, Uber, Amazon Flex, Kango, DoorDash, Instacart y Uber Eats.

Eso, porque tenía que sacar mucho dinero para mantener a su esposa, la que vivía en Beijing, con los padres de ella. Pero, debido a su eficientismo, Fang perdió de vista la seguridad, no sólo de su vehículo, sino hasta de sus hijos, que lo acompañaban, algunas veces, pues no tenía tiempo de estar en casa para atenderlos, debidamente. Es lo que expone el artículo de Wired, titulado “Pensó que podía ser más listo que la economía gig. Pero estaba equivocado”, firmado por Lauren Smiley (ver: https://www.wired.com/story/gig-economy-uber-lyft-doordash-jeffrey-fang/).

Todos lo consideraban una leyenda, incansable, que ganaba lo que quería, pues recurriendo a programas que le permitían ordenar por importancia las entregas más lucrativas, dejaba al último las menos lucrativas.

Nacido en Taiwan, su padre era importante ejecutivo de Cummins’, la empresa multinacional fabricante de motores diésel. A los doce años, toda su familia, se mudó a Estados Unidos, a Washington, pues la empresa requería que su padre estuviera allí. De hecho, el nombre original de Jeffrey era Shao-yu, “pero prefirió el de Jeffrey, para simplificarlo”. Dede allí, quedó fascinado con ese país.

Pero cuando Jeffrey cumplió 15 años, que apenas se iba acostumbrando a vivir en Estados Unidos, de nuevo, a su padre, lo cambiaron de residencia y lo enviaron a trabajar a China. Claro que era un muy buen puesto, así que la familia de Fang era acomodada. Incluso, su madre, adquirió una casa en Estados Unidos “como inversión”, cuando vivieron.

A Fang, le fue ofrecido que estudiara en la universidad de Beijing, pero, para decepción de sus padres, “dejó los estudios, seguro de que eso, no era lo suyo”,

Y regresó a Estados Unidos, dejando a quien fuera su novia, una chica china, en China, con tal de hacer fama y fortuna entre los estadounidenses. Se fue a San Francisco, en donde vivían unos parientes y su hermano estaba terminando la high school.

Comenzó vendiendo joyas y, luego, a los 22 años, se metió de corredor de bolsa, “ganando sólo $40,000 dólares al año, sin contar los bonos”. De todos modos, sacó un crédito para una casa que costaba $638,000 dólares, la que perdió al poco tiempo, como sucedió con muchos estadounidenses, afectados por la recesión, quienes perdieron sus empleos o su salario, no les alcanzaba, como fue el caso de Fang, quien habría requerido un mínimo de $2,500 dólares mensuales para pagar la hipoteca. Como tenía que enviar dinero a su chica y viajar dos veces al año a China, los gastos superaban su salario.

En el 2014, se casó, finalmente. Pero cuando se regresó a Estados Unidos, se enteró de que su esposa, ya estaba embarazada”. “Tenía forzosamente que ganar más dinero y comencé a trabajar como repartidor, en el 2008, pues ya era la moda y todo mundo, requería que le llevaran cosas”, dice a Smiley.

Y eso lo hizo, gracias a que su padre le había prestado un Acura TL. “En dos horas, me gané setenta y un dólares. Y dije, esto es lo mío”.

Y comenzó, trabajando en Lyft, una de las primeras apps, que ofrecía servicio de taxi, pero que luego también se dedicó a la paquetería. Y ganó, no los $1,500 dólares a la semana, que un veterano le aseguraba que era lo más que podría percibir. “Me esforcé mucho y llegue a ganar hasta $2,500 a la semana”.

Hasta formó una especie de club, con otras personas, que pronto se hicieron sus buenos amigos. Se pasaban tips, trabajos y entregas, con tal de tener más entradas. Era el 2015, y la competencia era férrea entre Lyft y Uber, los que para ganar clientes, bajaban las tarifas. Pero los afectados eran los conductores, pues recibían menos dinero por las entregas.

No sólo eso, sino que comenzaron a crearse otros servicios de paquetería y más y más gente, se incorporaba a ellos, viéndolos como una solución a su desempleo. Obviamente, al haber más competencia, los ingresos, comenzaron a bajar para Fang y sus amigos. Dos de ellos, dejaron de hacerlo y buscaron trabajos como diseñadores. Otro, se puso a estudiar administración.

Pero Fang, insistió en que el futuro era la entrega de cosas. Y siguió aferrado con la manejada y la entrega de todo el día.

Para complicación suya, su esposa, ya con tres hijos, decidió que lo mejor era que ya también los niños y ella, se fueran a vivir a Estados Unidos. Y los problemas de Fang se incrementaron, pues, como ya tenía que atender a su familia, tenía menos tiempo para las entregas.

Pero, de todos modos, se ahorró los veinte mil dólares que le salía viajar dos veces a China cada año.

Su deterioro físico, era evidente, pues tanto había trabajado en eso, muchas veces sin dormir, que no tenía ni 40 años, cuando ya las canas le abundaban.

Era muy ahorrativo, pues cuando sus amigos y él se reunían para comer, en horas desahogadas, ordenaba sólo una sopa y se comía las sobras de los demás. “Me decían el señor Scrooge, pero no me importaba. Lo más importante era mi familia y para ella era la mayor parte del dinero que ganaba”, lo cita Smiley.

Para el 2017, con tanta competencia, sus entradas bajaron mucho más.

Incluso, cuando se hizo un esfuerzo público para que Lyft y Uber trataran como empleados a sus conductores y no como asociados, Fang estuvo de acuerdo, porque, decía, les darían un sueldo fijo, y eso era mejor que nada.

Pero ganó la propuesta de que era mejor que sólo les dieran los servicios médicos y seguros y sólo si lograban determinado número de viajes. Eso fue gracias a que esas empresas, hicieron una negativa campaña, diciendo que si se aprobaba la moción de que todos fueran sus empleados, “muchos serían despedidos”. Pero, lo que en realidad hicieron, fue defender sus mezquinos intereses, con tal de seguir explotando a sus “socios conductores”.

La pandemia, significó un respiro para Fang, pues casi todo el 2020, sus ingresos mejoraron, porque subieron las compras en línea y las entregas de tales productos. “Llegaba a sacar hasta tres mil dólares semanales, muy buenos”.

Una psoriasis nerviosa le dio en la espalda y en la nuca, de tantas presiones a que se sometía por ganar más y más. “Llegaba a mi casa, y me ponía a revisar el celular, para ver qué entregas había. Es algo que se te hace vicio, y ya no me sentía a gusto, si no era revisando el celular, manejando o entregando algo”.

Y es que con tres hijos pequeños y su esposa china, que no sabía inglés, ni tendría posibilidad de trabajar en algo, no le quedaba de otra a Fang.

Pero la situación que le hizo entrar en razón, que no todo era trabajar y trabajar, fue cuando se convirtió en víctima de los robos hechos a los repartidores como él. Justo porque, por la pandemia, esos crímenes han incrementado los hurtos de los carros, motos o bicicletas de repartidores o a taxistas de Uber o de otras plataformas. Muy seguramente, de tantas presiones que Fang tenía en la cabeza, ni por enterado estaba.

Los ladrones, aprovechan que los repartidores dejan sus autos encendidos y abiertos, con tal de arrancar lo antes posible para dejar el siguiente pedido. Están tan presionados, que los de Amazon, por ejemplo, deben de orinar en botellas plásticas o defecar en bolsas de plástico, con tal de cumplir con las 400 entregas que muchos llegan a realizar diariamente (ver: https://jalopnik.com/amazon-driver-losing-his-cool-shows-exactly-what-is-wro-1847007519?utm_source=gizmodo_newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=2021-06-01).

Los robos, no se limitan a quitarles sus autos o vehículos de cualquier tipo, sino que hasta los matan. Y eso ha metido algo de miedo en los repartidores o taxistas de apps, pues temen, no tanto por lo que les puedan robar, sino por sus vidas (ver: https://www.nbcnews.com/business/business-news/gig-workers-fear-carjacking-other-violence-amid-spike-violence-crimes-n1264987).

Y tantos robos y asesinatos están sucediendo, que de nuevo ha prosperado la iniciativa de que esas apps, consideren como empleados a sus repartidores, para obligarlas a darles sueldos fijos y más prestaciones. Y sería lo justo, pues son empresas que no gastan, más que en los softwares necesarios para que conductores y/o repartidores trasladen a gente o paquetes. Nada más. No deben de comprar vehículos, ni celulares, ni necesarios datos de internet, que todo eso corre a cuenta del conductor o repartidor.

Así que la noche del 6 de febrero del 2021, Fang debía de entregar un paquete en una zona residencial. Decidió llevar a su hijos de 4 y 2 años con él, sentados en los asientos traseros, puestos sus cinturones de seguridad, con helados y la película de Shrek 2 en la videopantalla de su minivan, una Honda Odyssey. Su esposa le había pedido que se los llevara, para que ella y su hijo mayor de seis años, pudieran concentrarse, pues ella lo regularizaría en una de sus clases de la primaria, por lo de las “clases en línea”.

Justo dejó encendido el motor del auto, para que sus hijos pudieran seguir viendo la cinta.

Le costó caro, pues un hombre estaba sentado del lado del conductor, cuando regresaba Fang de entregar el paquete. “¡¿Qué carajos haces allí?!”, le gritó. Echó a correr, pero, en ese momento, alguien le arrebató su celular, que era “toda el alma de mi vida, pues allí tenía todo, mis contactos, mis apps, todo”.

Y persiguió al ladrón, quien prefirió aventarle su celular.

Pero eso fue sólo el distractor, pues cuando Fang regresó a donde estaba su vehículo, ¡ya lo habían robado, con todo y sus hijos!

De inmediato, se puso en contacto con DoorDash, la app para la que en ese momento estaba trabajando.

Gracias a que, de inmediato, un ejecutivo de esa empresa, comenzó a hacer llamadas y a movilizar a la policía, Fang, incluso, pudo transmitir un mensaje radial, en el que pedía a los ladrones que se quedaran con todo, pero que le devolvieran a sus hijos, sanos y salvos. “Les pido, por favor, que me los devuelvan, ellos son lo más importante que tengo”, pidió, llorando, por el radio.

Y dio resultado, pues, por la tarde, una patrulla localizó a la Honda, que estaba abandonada en una carretera cercana. Por fortuna, los hijos de Fang, estaban allí, sanos y salvos. Y nada le robaron.

Pues habría que decir que se portaron decentes y humanos esos ladrones. Otros, no lo hubieran hecho o quizá sólo le habrían regresado a los niños.

Fang, con eso, aprendió la lección. Está buscando dedicarse a otra cosa, pues no ve que los empleados gig tengan mucho futuro, porque la competencia se incrementará y cada vez disminuirán más y más sus ingresos.

De hecho, lo vemos en México, en donde cada vez hay más apps de taxis, como Uber, Didi, Lyft y otras. Así como los servicios de reparto de comida, como Uber Eats o Didi Food. En mi consideración, se están saturando o ya lo están.

Un amigo reportero de Fang tuvo la iniciativa de crearle un fondo para los estudios de sus hijos en la plataforma GoFundMe, gracias a la cual, se reunieron $155,000 dólares. “Sé que eso, no me resuelve mis problemas futuros, pero ya es un ahorro para enviar a mis hijos al colegio en el futuro”, dice Fang.

Por desgracia, es tanta la competencia entre los empleados gig, que hasta problemas entre ellos hay. “En la primavera, una serie de violentos enfrentamientos, provocaron las muertes de empleados de DoorDash y Uber Eats en la ciudad de Nueva York, Chicago y Washington DC”, señala Smiley.

Y se puso a estudiar Fang notaría y cómo sacar licencias para bienes raíces. “Realmente, me rehabilité, aunque no me lo crea ni mi esposa”, le dice a Smiley, sonriendo.

Quizá a tiempo, antes de que un ataque al corazón, lo hubiera matado o unos ladrones, lo hubieran asesinado.

Contacto: studillac@hotmail.com

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