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Cuidado con Kast

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El Quinto Poder

Todo parecía indicar que la candidatura de José Antonio Kast sería funcional a la de Sebastián Sichel; según suponían unos, la radicalidad discursiva de Kast lo hacía más de centro y más agradable, sumando votos donde no los había. Sin embargo, estaría pasando lo contrario. Hoy parece que en la derecha está en disputa el lenguaje explícito en vez del cubierto de palabras que no dicen nada. Quien más dice orgullosamente defender ciertos principios que combinan el gremialismo y el neoliberalismo, heredado del periodo dictatorial, es el que tiene más posibilidades de quitarle el puesto al que representa lo mismo, pero soterradamente.


Hay quienes quieren certezas de otra índole, como la seguridad y el combate de la delincuencia, y creen que esto se soluciona apelando a cierto patriotismo, a una política identitaria en que los límites mentales glorifican los territoriales.

El candidato del Partido Republicano tiene todo lo que al viejo derechista le gusta; es sarcástico, se asume de derecha sin complejos y ataca a todo adversario, ya sea democratacristiano, comunista o del Frente Amplio, con noticias falsas que están instaladas en el inconsciente colectivo de ese sector. Ya lo hizo con Yasna Provoste al acusarla de robarse dinero del Ministerio de Educación, cuestión que está comprobada que no es así, y emplazó a Gabriel Boric, debido a sus dichos en el pasado relacionados con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.  Esto último lo hace suponiendo y haciendo suponer intereses terroristas en el candidato de Apruebo Dignidad, lo que funciona muy bien en los convencidos de que en la izquierda se aglomeran todos los intereses malvados.

Sichel no logra aquello. Por más que haya intentado darle señales al sector duro sacando a colación su experiencia laboral en el mundo privado, lo siguen mirando con desconfianza. No quieren otro Sebastián Piñera; no quieren sentirse defraudados por quien saben que los defraudará.

No hay que olvidar, también, que existe una masa despolitizada que ya no se dejará influir por quien diga no ser lo que es. Hay quienes quieren certezas de otra índole, como la seguridad y el combate de la delincuencia, y creen que esto se soluciona apelando a cierto patriotismo, a una política identitaria en que los límites mentales glorifican los territoriales. Lo vimos en Iquique, donde personas quemaron pertenencias de inmigrantes alojados en lugares públicos de la ciudad. Ellas, debido a que disfrazan su ignorancia de inteligencia conspiranoica, son azuzadas por discursos como el de Kast.

El abanderado “republicano”, al salirse de los estratos altos en los que obtiene su gran cantidad de votos, podría alimentar ese relato que permea a la clase media baja y que consiste en responsabilizar de un problema sistémico a habitantes de otros países. En particular, en este caso, venezolanos. Puede recurrir a dos cosas para aprovechar de culpar a sus oponentes: la manera en que el gobierno ha tratado el tema migratorio, asociando a Sichel con ese fracaso, y, como siempre se suele hacer, hablar de Venezuela y establecer una relación entre ese gobierno y Gabriel Boric. Relación que, es más que claro, no existe. Pero eso no importa. Lo que resulta es poner mentiras en las cabezas de quienes quieren buscar responsables.

¿Es simplón todo lo que hace o podría hacer Kast para obtener votos? 

Claro que sí. El hermano de Miguel Kast tiene una inteligencia muy relativa y que se limita al discurso corto, a la acusación infundada, insistiendo en ella hasta que a algunos le parezca cierta. Su campaña se sustenta exclusivamente en el (mal) sarcasmo, como señalamos en un comienzo, y en el tono tranquilo con el que culpa a gente de cosas sin arrepentirse ni pedir perdón cuando se le hacer ver que está equivocado. La equivocación no está contemplada en su público. Y si es que la advierten, igual siguen insistiendo en ella. Lo primordial es convencerse a ellos primero. No olvidemos que, aunque diga condenar el estallido del 2019, la derecha gritona y escandalosa también es parte de este. Solo busca respuestas en otro lado.

¿Hará todo esto ganar a Kast? 

No. Pero sí amenaza a quienes quieren repetir el piñerismo con otro nombre y otro rostro.

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