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Cuba – «Estructuralmente, la Revolución se cerró hace medio siglo»

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JACOBIN
UNA ENTREVISTA CON

El historiador Fabio Fernández Batista sostiene que la Revolución cubana, entendida como proceso de cambio estructural, se cerró a mediados de los años setenta. Lo que existe desde entonces, afirma, es una sociedad posrevolucionaria cuyo destino vuelve a estar en disputa.

Imagen: Fabio Fernández Batista, fotograma de una entrevista en el programa La sobremesa, producido por la revista La Joven Cuba.

Entrevista por Simón Vázquez

Nos encontramos con Fabio Fernández Batista en el Hotel Presidente en medio de una Habana sorprendentemente silenciosa. El camarero nos advierte que la luz ha marchado y que no les quedan botellas de agua así que solo podemos tomar café. Es un hombre tranquilo de modales amables y buen conversador. Organiza sus ideas de forma muy clara y es abierto en sus críticas. Una de las voces más sorprendente del panorama intelectual actual crítico sin dudas, pero fiel a los principios rectores de la justicia social.

Fabio, nacido en La Habana en1988, es doctor en Ciencias Históricas, profesor de Historia de la Revolución Cubana en la Universidad de La Habana y vicepresidente primero de la Unión de Historiadores de Cuba y autor de Apuntes para una Historia de la Revolución cubana (Ediciones Temas, 2026). Actualmente forma parte del Podcast La Reunión dentro del medio digital La joven Cuba. Se define como militante de izquierdas convencido de que el cambio que Cuba necesita debe darse «a partir de la propia lógica del sistema» y no por una ruptura radical. Desde ahí sostiene una tesis que incomoda a un lado y a otro: la Revolución, entendida rigurosamente como proceso de cambio estructural, se cerró hace medio siglo. Lo que existe desde entonces es una sociedad posrevolucionaria –que no possocialista– cuyo destino vuelve hoy a estar en disputa.

SV

Empecemos por Fabio Fernández Batista, es doctor en Ciencias Históricas, profesor de Historia de la Revolución Cubana en la Universidad de La Habana y vicepresidente primero de la Unión de Historiadores de Cuba y autor de Apuntes para una Historia de la Revolución cubanatuarte, para un público que no es cubano.

FFB

Soy historiador. Me gradué en 2012 y desde ese momento he ejercido como profesor en la Universidad de La Habana, especializado en Historia de la Revolución Cubana. Políticamente hablando, siempre me he ubicado como un militante de izquierda, pero con la convicción de que en Cuba hay muchas cosas que cambiar, cosas que van desde la dinámica económica hasta transformaciones en la manera en la que concebimos la política en el país. Yo tengo la convicción de que ese cambio debería darse a partir de la propia lógica del sistema, que tiene todavía ciertos niveles de conexión —en mi opinión cada vez más desgastados— con la Revolución cubana, con sus grandes metas, con sus mejores propósitos. Formo parte del grupo de los que cree que deberíamos ser capaces de transformar el país a partir de ese acumulado y no en una lógica de ruptura radical.

Sobre todo porque esa ruptura radical, en el contexto que estamos viviendo, tiene una posibilidad tremenda de moverse por un cauce muy conectado con la derecha. Eso es un temor vital que va conmigo: la idea de que un cambio radical en Cuba, en las condiciones geopolíticas en las que nos encontramos, generaría una lógica de subordinación a los Estados Unidos y crearía las condiciones para que se articulara como fuerza en el poder un núcleo muy reaccionario de derecha. Ese mundo es el que se nos vendría encima. Yo milito en contra de que ese mundo llegue.

SV

Sostienes que el período de la Revolución ha acabado y que estamos en un momento posrevolucionario.

FFB

Si nos ponemos científicos, una revolución es un proceso en el cual ocurre un cambio estructural de un determinado sistema de relación: un cambio radical donde la vieja sociedad es demolida y se construye un nuevo orden. En esa perspectiva, en el caso de Cuba, en el año 59 arranca un proceso de esa dimensión, y buena parte de los autores que se han acercado a él entienden que ese cambio estructural se consuma de forma bastante clara para inicios o mediados de la década del 70. Es decir, se demuele el viejo orden, vamos a llamarle burgués, y se construye un nuevo orden revolucionario. En el instante en el que ese orden revolucionario se ha constituido, se podría decir que la Revolución terminó y que dio lugar a una sociedad posrevolucionaria.

Es decir: cuando yo utilizo el calificativo de posrevolucionaria no estoy estableciendo una distinción desde el punto de vista ideológico. Esta sociedad posrevolucionaria es hija de la Revolución. Es el nuevo mundo creado por la Revolución.

SV

No es postsocialista.

FFB

No es postsocialista, así es, exactamente. Hay una distinción.

SV

¿Qué cronología manejas?

FFB

Hoy los historiadores tienen varias versiones. Hay quien habla de que la Revolución fue tan cortica como 59-61. Hay quien la lleva hasta el 68, con la Ofensiva Revolucionaria, que rompe los últimos reductos del capitalismo en la pequeña propiedad. Y hay quien la lleva —y son la mayoría— hasta mediados de los 70, cuando se produce la institucionalización: Congreso del Partido, Constitución, el fin de la provisionalidad. Es un orden nuevo que se consuma jugando con el molde que venía de la Unión Soviética, en un contexto donde Cuba se había pasado la primera década intentando encontrar un camino propio, un socialismo a la cubana. Si me preguntan mi punto de vista: 75, 76. Yo lo cierro ahí.

Ahora, hay maneras de entender la Revolución cubana como viva: si ya no es un proceso acotado en un período, sino un proyecto, un conjunto de ideales, puedes decir que está viva hoy porque hay gente que sigue defendiendo esos principios. Ojo: eso nos pondría en una contradicción interesante. Quizás algunas de las decisiones tomadas por el Gobierno estarían a contrapelo de lo que sería el proyecto de la Revolución.

Y hay una última idea, para mí también muy iconoclasta: que quizás ya no está viva la revolución del 59, pero que en Cuba se viene dando otra revolución. ¿Cuál? El proceso que implica la restauración de la dinámica del capitalismo. Siempre me gusta insistir en que, aunque generalmente conectamos el significante «revolución» con un significado ideológico vinculado a las causas de la izquierda, si nos ponemos estrictos, revolución es todo cambio estructural. Por tanto, podría haber una revolución que no tuviera un sentido progresista. Quizás en la Cuba de los últimos 30 años hemos vivido una revolución de ritmo más lento, pero que nos está hablando del fin de la estructura nacida en el año 59 y de la conformación de un nuevo escenario marcado por las reglas del capitalismo.

SV

¿Cuáles fueron los elementos originales del proceso cubano, en comparación con procesos como el ruso o el chino?

FFB

Uno muy importante es que hubo una revolución que con bastante rapidez desemboca en un proceso de construcción anticapitalista sin que estuviera delineada desde el inicio una fuerza vinculada a la ideología comunista como punta de proa. En la Revolución rusa y en la china hay un partido comunista que encabeza el proceso o que muy rápidamente se convierte en su centro. En Cuba no pasa así: el Partido Socialista Popular (PSP) es marginal, ni siquiera participa de manera seria en el esfuerzo insurreccional, y después se incorpora a la revolución a remolque.

Es una revolución que tuvo en sus inicios una flexibilidad ideológica muy grande, la idea de buscar respuestas que nacieran de la condición especial, subdesarrollada, periférica de Cuba, a dos pasos de su gran enemigo, que es Estados Unidos. Toda la década del 60 es una pugna entre el socialismo a la soviética y el socialismo a la cubana, que decía que en Cuba debemos hacer las cosas distintas porque nuestro contexto es diferente y porque el modelo soviético está marcado por errores que aquí no queremos repetir.

A eso se suma una tradición nacionalista propia que venía dándose desde por lo menos el siglo XIX. José Martí era un paradigma respecto a qué tipo de república queremos construir, qué tipo de ciudadano queremos formar. No es que aquí hubo gente que se leyó a Marx y empezó a pensar la realidad desde el Manifiesto Comunista: había una tradición propia que se articula, mejor o peor, con lo que viene del marxismo.

SV

Estamos en el centenario del nacimiento de Fidel Castro, figura clave de la historia de Cuba. ¿Qué valoración crítica harías como historiador?

FFB

Cuando yo pienso en Fidel, enseguida lo conecto con Simón Bolívar, desde la perspectiva de que ambos fueron hombres con mucha luz, pero también con sombras en el despliegue de su accionar como figura pública.

Yo creo que en Fidel hay dos cosas que fueron fundamentalmente positivas: la defensa de la soberanía nacional, un camino independiente para Cuba; y la apuesta por un escenario social marcado por la justicia. Justicia social y soberanía nacional fueron las dos grandes banderas que ondeó toda su vida. Detrás de esas banderas deberíamos ponernos todos hasta el día de hoy.

Ahora, si tuviera que ponerte mis peros, te diría unos cuantos. Fidel no logró entender ni concebir prácticas que garantizaran el permanente ejercicio del control popular sobre la dinámica política, ni mecanismos eficientes de participación de la gente en la toma de decisiones. No fue capaz de generar una dinámica en la cual el disenso —que objetivamente está presente siempre en una sociedad— tuviera espacios suficientes para expresarse. El proyecto democrático que la Revolución cubana, dígase Fidel Castro, puso sobre el tapete mostró desde bien temprano lagunas importantes, que crecieron a medida que la mística de la Revolución se agotaba.

Y te diría otro: Fidel encarnó esa lógica del hiperliderazgo caudillista, vestido de un voluntarismo tremendo, que en un escenario de no suficiente control popular llevó a que, quizás por lo que podrían casi interpretarse como caprichos de un hombre, el país se viera involucrado en tareas que no fueron necesariamente las mejores. Creo que es un hombre que se quedó demasiado anclado a respuestas a la transición socialista construidas desde los socialismos históricos del siglo XX. Yo les digo siempre a mis estudiantes: quizás le estoy pidiendo mucho a Fidel. Pero Fidel no tuvo la capacidad de ser en simultáneo Mao y Deng Xiaoping.

Son unos cuantos peros, pero siempre, siempre los salvo. Yo creo que su obra para Cuba es positiva, aunque la Cuba mejor que debemos construir tiene que ser capaz de debatir críticamente ese legado.

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