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¿Cómo se fabrica una noticia?, asunto Nicaragua

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por José A. Amesty Rivera

Hay un viejo dicho que dice que una mentira da la vuelta al mundo, mientras la verdad apenas se está
poniendo los zapatos. Hoy podríamos actualizarlo diciendo que, un titular recorre el planeta mucho antes de
que alguien tenga tiempo de escuchar un discurso completo.

Eso fue precisamente lo que pasó hace unos días con unas declaraciones del presidente de Nicaragua Daniel
Ortega, casi de inmediato comenzaron a aparecer titulares asegurando que Ortega anunció que ya no habrá
más elecciones en Nicaragua. La noticia se propagó rápidamente por periódicos, portales digitales y redes
sociales, para millones de personas quedó instalada una idea muy simple, el Gobierno nicaragüense había
decidido eliminar definitivamente las elecciones.

Sin embargo, cuando uno escucha el discurso completo descubre que la historia es bastante más compleja,
Ortega dijo: Aquí no volverán a haber elecciones, pero no terminó ahí, enseguida explicó que impulsaría
reformas legales, junto con la Asamblea Nacional, para impedir que personas o grupos que, según el
Gobierno, reciben financiamiento extranjero para promover golpes de Estado o acciones contra el país
puedan llegar al poder mediante elecciones.

Alguien puede pensar que esta propuesta es correcta o equivocada, este debate pertenece al terreno de la
política y es otro tema. Lo que aquí interesa es algo distinto, ¿los grandes medios informaron exactamente lo
que dijo Ortega o construyeron una noticia diferente?

El investigador estadounidense Michael Parenti, politólogo e historiador, lleva décadas estudiando cómo
funcionan muchas de las grandes empresas de comunicación, su idea principal es sencilla, la manipulación
casi nunca consiste en inventar una noticia, es mucho más efectivo contar solo una parte de la historia, así lo
explica en su artículo Métodos de manipulación de los medios de comunicación. Y esto es justamente lo que
parece haber ocurrido en este caso, cortar una frase para que termine diciendo otra cosa.

El primer recurso de la manipulación mediática, según Parenti, consiste en tomar una frase aislada y
separarla del resto del discurso, es como si alguien dijera, Si siguen entrando armas al barrio, tendremos que
cerrar la calle, y al día siguiente el titular fuera, Vecino propone cerrar todas las calles. Las palabras son
reales, pero el significado cambia por completo.

Esto ocurrió con la frase, Aquí no volverán a haber elecciones. Casi ningún titular explicó enseguida que
Ortega estaba hablando de impedir la participación electoral de grupos que, según su Gobierno, actúan con
financiamiento extranjero para promover un cambio de régimen, cuando se elimina el contexto, el público
termina entendiendo otra cosa, es como mostrar solo la mitad de un rompecabezas.

Otra práctica que Parenti considera muy frecuente, consiste en mostrar únicamente las piezas que convienen.
Muchos medios destacaron la frase más impactante del discurso, pero dejaron fuera casi todo lo demás: la referencia a reformas legales, la participación de la Asamblea Nacional y la explicación sobre el financiamiento extranjero, no hace falta mentir, basta con enseñar solo la parte que produce el efecto buscado.

Parenti sostiene que muchas veces la censura moderna no consiste en esconder una noticia, sino en contarla
incompleta. Es como entrar al cine cuando la película ya lleva una hora, veremos peleas, discusiones y
disparos, pero no entenderemos por qué están ocurriendo, esto pasa cuando una noticia elimina los
antecedentes.

En gran parte de la cobertura internacional, apenas se recordó que el Gobierno nicaragüense sostiene que en
2018 hubo un intento de golpe de Estado financiado desde EEUU, tampoco se explicó que existen leyes
similares en otros países para regular el financiamiento político extranjero.

Uno puede aceptar esta interpretación o rechazarla, lo importante es que el lector tenga derecho a conocer por
qué el Gobierno dice lo que dice, sin esa parte de la historia, todo parece surgir simplemente del capricho de
un gobernante.

Cuando un medio lleva años presentando a determinado gobierno como una dictadura, cualquier noticia
nueva termina encajando en ese mismo relato, ya no importa tanto lo que ocurrió, sino que la información
confirme una narrativa que ya estaba construida.

Así, una propuesta para modificar una ley electoral termina convertida en un supuesto anuncio del fin de las
elecciones; es como si cada pieza nueva tuviera que entrar, a la fuerza, en un rompecabezas que ya estaba
armado desde hace tiempo.

Otro recurso consiste en reducir problemas complejos a una sola persona. En lugar de discutir si un país debe
o no permitir financiamiento extranjero para partidos políticos, toda la conversación termina girando
alrededor de Daniel Ortega. El debate desaparece y solo queda el personaje, esto facilita construir historias
donde unos aparecen siempre como los villanos y otros siempre como los defensores de la democracia.
También influye qué noticias se amplifican y otras pasan casi desapercibidas. La frase sobre las elecciones
ocupó titulares internacionales durante horas, en cambio, las explicaciones posteriores, el discurso completo
y los detalles sobre las reformas legales apenas tuvieron difusión; la primera impresión quedó instalada, y
todos sabemos que una rectificación nunca viaja tan rápido como un escándalo.

América Latina conoce muy bien este libreto. Lo ocurrido con Nicaragua no es un caso aislado, en nuestra
región existen varios ejemplos en los que grandes medios internacionales han sido acusados de construir
relatos parecidos.

En Venezuela, durante años muchas noticias hablaron sobre todo de la crisis económica, el desabastecimiento y la migración, mientras dedicaban mucho menos espacio al impacto de las sanciones económicas impuestas por EEUU y sus aliados. No se trata de negar los problemas internos del país, sino de señalar que el panorama quedaba incompleto cuando uno de sus factores más importantes apenas aparecía mencionado.

En Bolivia, tras la salida de Evo Morales en 2019, buena parte de la prensa internacional habló durante
semanas de una “renuncia” provocada por protestas ciudadanas. Con el paso del tiempo, investigaciones
periodísticas, estudios académicos e incluso algunos organismos internacionales, comenzaron a utilizar con
mayor frecuencia el término “golpe de Estado” o reconocieron el papel decisivo de las Fuerzas Armadas y la
Policía en aquellos hechos. Sin embargo, la primera versión ya había dado la vuelta al mundo.

Algo parecido ocurrió con el informe de la Organización de Estados Americanos sobre las elecciones
bolivianas de 2019. Durante meses fue presentado como una prueba definitiva de fraude electoral, después,
investigaciones independientes de universidades y centros especializados cuestionaron seriamente las
conclusiones estadísticas del informe, pero esas rectificaciones nunca tuvieron una difusión comparable a la
acusación inicial.

En Brasil, durante el proceso judicial contra Luiz Inácio Lula da Silva, numerosos medios presentaban cada
nueva acusación como si la corrupción ya estuviera demostrada; años después, varias sentencias fueron
anuladas y el juez Sergio Moro fue duramente cuestionado por su actuación, sin embargo, el daño político ya
estaba hecho.

En Honduras, el derrocamiento de Manuel Zelaya en 2009, fue presentado por muchos medios como una
“sucesión constitucional” o una “crisis institucional”, evitando durante bastante tiempo utilizar la expresión
“golpe de Estado”, pese a que un presidente había sido detenido por militares y expulsado del país.
En Cuba, buena parte de la prensa internacional informa constantemente sobre las limitaciones económicas y
políticas de la isla, pero muchas veces dedica mucha menos atención al efecto acumulado de más de seis
décadas de bloqueo económico por parte de EEUU; una vez más, el problema no es hablar de las dificultades
internas, sino hacerlo como si el bloqueo no existiera.

También podrían mencionarse otros casos, como el golpe contra Salvador Allende en Chile en 1973 y el
papel del diario El Mercurio, o la cobertura del golpe contra Hugo Chávez en abril de 2002.

La tarea del periodismo debería ser ayudar a los ciudadanos/as a comprender la realidad, no conducirlos
hacia una conclusión ya decidida. No hace falta inventar una noticia falsa, basta con cortar una frase, ocultar
un dato importante, empezar la historia por la mitad, repetir siempre el mismo enfoque o dar mucho más
espacio a unas voces que a otras; y, sobre todo, conseguir que el público crea que ya conoce toda la verdad
cuando, en realidad, solo le han mostrado una parte del cuadro.

El caso de Nicaragua sirve para entender cómo funciona este mecanismo. Más allá de las simpatías o diferencias que cada persona pueda tener con el Gobierno sandinista, cualquier ciudadano merece conocer el discurso completo antes de sacar sus propias conclusiones; porque una democracia necesita ciudadanos/as informados, y un ciudadano/a realmente informado nunca se conforma con el primer titular que aparece en su pantalla.

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