Cuando algunos funcionarios y actores estadounidenses hablan de las tierras raras de Penco como si “les pertenecieran”, no es una metáfora inocente ni una errata diplomática. Es geopolítica explícita disfrazada de seguridad nacional y de mercado libre.
Hace pocos días, el embajador de Estados Unidos en Chile publicó en sus redes que los minerales estratégicos como las tierras raras son “cruciales para la seguridad nacional de EE. UU.”, posicionando así un recurso chileno dentro de la lógica de su propio aparato de defensa y poder económico internacional. Esta no es una frase técnica: es una declaración de intención estratégica que intenta redefinir intereses soberanos chilenos como si fueran intereses estadounidenses. �
El Ciudadano
La razón detrás de ese discurso no es filantropía: es dependencia tecnológica y militar. Las tierras raras son esenciales para imanes de alta eficiencia, baterías, sistemas de defensa y tecnología avanzada —y, con China dominando cerca del 90% de la producción mundial, Washington está desesperado por asegurar y relocalizar cadenas productivas fuera de Asia. �
blog.investchile.gob.cl
Empresas con vínculos estadounidenses o con capital que circula en Wall Street han entrado de lleno en este juego. Firmas como Aclara Resources, que promueven el proyecto en Penco, están alineadas no solo con intereses empresariales, sino con estrategias geopolíticas estadounidenses y europeas de “seguridad de suministro”. Delegaciones diplomáticas extranjeras, incluidas de la Unión Europea, han visitado el proyecto justamente porque las tierras raras son vistas como piezas clave en la competencia global por los recursos críticos. �
BioBioChile
Dentro de ese marco, escuchar que esas tierras “son de Estados Unidos” no es un error de traducción: es la lógica del capital y de las grandes potencias. Un embajador que llama a minerales ajenos “esenciales para nuestra seguridad” está presionando políticamente al Estado chileno para que actúe en función de intereses externos, no necesariamente del bienestar y la soberanía chilena. �
El Ciudadano
Este discurso choca con la realidad concreta en Penco. Las comunidades locales, autoridades municipales y organizaciones ambientales han rechazado el proyecto por la falta de planes de mitigación ambiental claros y por la ausencia de un diálogo real y respetuoso con la población que vive ahí. �
TVU Concepción +1
Decir que las tierras raras de Penco “son de Estados Unidos” es, entonces, un acto de codicia estratégica y discursiva que busca:
imponer una narrativa que naturaliza el interés externo por encima de la soberanía chilena;
justificar injerencia política y económica bajo la etiqueta de “seguridad nacional”;
presionar para que decisiones ambientales y de permiso se aceleren según intereses globales, no locales.
La pregunta que debemos hacernos no es técnica ni económica solamente, sino política y ética: ¿quién decide sobre los recursos estratégicos de Chile —su gente, sus comunidades, su Estado soberano— o las potencias que quieren controlarlos bajo la excusa de la seguridad?
La soberanía no se defiende con discursos diplomáticos tibios, sino con claridad política, respeto por las comunidades afectadas y una discusión profunda sobre quién se beneficia y quién paga los costos reales de esta industria estratégica.











