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Chile – Cuatro meses de gobierno y sus cuatro escollos. Por Ibán de Rementería

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Le Monde Diplomatique, edición chilena

Se acostumbra a decir que la mejor demostración del fracaso de los partidos políticos es la tendencia a la polarización política que se hace manifiesta en los procesos electorales, pese a que las consultas por medio de las encuestas de opinión tienden a marcar al centro como preferencia de identidad política. Es más, una revisión, no exhaustiva, de las opiniones de las personalidades políticas están siempre marcadas por la nostalgia de los sectores no radicalizados de la polarización contraria, aquí en el país los adeptos a Chile Vamos (Renovación Nacional, Unión Demócrata Independiente y Evopoli) añoran al socialismo democrático (Partido por la Democracia, Partido Socialista y Partido Liberal), legítimo heredero de la Concertación de Partidos por la Democracia, mientras que estos evocan con nostalgia a aquellos, ante el auge del Partido Republicano y Partido Nacional Libertario. Mientras que los radicales (PR) y democratacristianos (PDC) se añoran a sí mismos en sus lentos pero inexorables procesos de liquidación final como experiencia histórica del centro político.

Por las izquierdas, además de la singularidad del Partido Comunista hasta el fin de la Concertación, también hemos tenido liderazgos alternativos de izquierda extrapolítica, como la personalidad exuberante de Marco Enriquez-Ominami, cuyos apellidos pretendían evocar las dos caras extremas de la práctica política de las izquierdas: el heroísmo militante y la militancia funcional, sus reiterados esfuerzos presidenciales fracasados en las campañas muestra que una personalidad recia y buenos apellidos políticos ya no son suficientemente convocantes. También ha probado suerte política el periodismo pausado y riguroso del presentador de noticias más creíble de la pantalla como era Alejandro Guillier, capital mediático que perdió en ese intento electoral. Otra periodista rigurosa y prestigiada en las radios y la “pantalla chica”, con gran influencia en la opinión pública ha sido Beatriz Sánchez, quien se embarca como candidata presidencial de las nuevas izquierdas en las elecciones de 2017, constituyendo así el acto fundacional avant la lettre de lo que devendrá luego en el Frente Amplio, la nueva izquierda. Pero la nación chilena prefirió darle una segunda oportunidad a Sebastián Piñera, como representante de la derecha empresarial y democrática, como ya le había dado una segunda a Michelle Bachelet, gobierno que además mostró que la turbies no era ajena a la izquierda. Las rondas presidenciales Bachelet, Piñera, Bachelet, Piñera, mostraba palmariamente una política agotada en propuestas y carente de liderazgos.

Agotamiento de las ofertas políticas a la cual responden las y los chilenos masivamente con más de un millón y medio de personas por las calles de Santiago a partir del 18 de octubre de 2019, protestando por todo sin que se sepa qué demandan, lo cual es amenazantemente nominado por la prensa como el “estallido social”. Luego, este excepcional proceso social es “arreglado” con diversos acuerdos políticos de salón, de los cuales se auto excluyen los partidos de los extremos políticos, el PC y la nueva izquierda, además, sin contar con la representación de los movilizados, pues, “no se sabe quiénes son”. El acuerdo político se construye y concreta en un arreglo normativo convocando a una asamblea constituyente, llamado la Convención Constitucional, para elaborar una nueva carta magna, donde el espíritu del agotamiento de chilenas y chilenos se refuerza rechazando con un 80% de los votos la constitución de Pinochet-Guzmán; entonces, se convoca a la asamblea constituyente con mayorías de izquierda independientes y autónomas, que no representan a los partidos políticos de izquierda tradicional (PC, PS y PPD), donde sólo el PS obtiene una representación consistente junto con las de Revolución Democrática y Convergencia Social, que luego conformarán el Frente Amplio. La derecha tradicional y la nueva extrema derecha del Partido Republicano y los Nacional Libertarios in nuce resulta subrepresentada en esta tarea constitucional.

Pero, el ejercicio de la soberanía constitucional en los debates conduce al vértigo político del espectáculo en la validación de los particularismos representados por el feminismo, el indigenismo, los LGTBI (diversidades sexuales e identidades de género) y otros derechos legítimos y variados, por cierto siempre escamoteados o negados, que expresan la cultura woke de los despertares; pero esas amplias discusiones son casi sin palabra ni mención sobre los derechos sociales esenciales a la salud, a la previsión social, a la educación y a la vivienda, los que por lo mismo no aparecen en los debates, pese a que en las encuestas siempre son prioritarios. Todo lo cual, en las consultas populares mismas para su aprobación derivan al agotamiento reiterado, primero, con el rechazo por el 62% de los votos a la propuesta constitucional progresista de la Convención (septiembre 2022); luego, el agotamiento consultivo devenido en fatiga política es ratificado con el rechazo por el 56% de los votos (diciembre 2023) a la propuesta constitucional conservadora, pues bien: concluimos y seguimos en un estado de aletargado agotamiento político constitucional con la plena y olvidada vigencia actual de la constitución Pinochet-Guzmán.

Entretanto, y en ese mismo espacio temporal, la confrontación presidencial en 2021 entre Boric y Kast marca la imposibilidad de instalar una alternativa del centro político, la que primero se resuelve a favor de la nueva izquierda que debe recurrir a la vieja izquierda para poder gobernar, cuando se debe asumir que las y los chilenos le dan la espalda a la nueva propuesta constitucional progresista, con lo cual manifiestan su creciente agotamiento que se convierte en fatiga, para rechazar también la propuesta constitucional conservadora.

No es de repetir aquí todas las vicisitudes políticas del gobierno del presiden Boric. Finalmente, en las pasadas elecciones presidenciales el alza a los extremos políticos se ratifica con la candidatura comunista de Jeannette Jara por las izquierdas y de José Antonio Kast por las derechas, entonces las y los chilenos no asumen el riesgo de un keynesianismo que quiere permanecer encubierto y, pendularmente, optan por la extrema derecha que al menos garantiza la seguridad ciudadana y la derrota del crimen organizado. La política ya nada tiene que ver con la redistribución del ingreso para asegurar la demanda interna (demanda agregada) y así el virtuoso crecimiento económico; pues no, ahora la tarea patriótica es la derrota del Tren de Aragua y todas las otras formas del crimen organizado.

Entre el vértigo y el agotamiento político que se ha tratado de describir, aparece una experiencia singular como es el oportunismo de derecha “clasemediera” que ha venido representando Franco Parisi como candidato presidencial, primero como independiente en 2017, que logró el 10,11% de los votos, luego con su Partido de la Gente (PDG), que si bien, consigue una representación parlamentaria significativa en la campaña de 2021, con el 12,8% de los votos, llegando a seis diputados, esta se auto licuó hasta la nada en la indefinición política y la ausencia de su líder que vive con su familia en EEUU. Ahora en las pasadas elecciones con el 19,7% de los votos ha logrado otra representación consistente de 14 diputados, es un partido que se reclama de la representación de la “clase media emergente”, con al menos una consigna de extremo centro: “Ni facho ni comunacho”, su líder afirma que no están en la oposición al gobierno, sino que “somos proposición”, mientras que su hermana la diputada Zandra Parisi afirma que el PDG “es el partido más importante de la oposición, creo que el gobierno también lo ve así”, y por eso está obligado a pactar con él. En fin, el PDG es el resumidero de la política nacional, en el doble sentido de ser un suelo muy poroso que absorbe con facilidad a la diversidad de la política nacional y, también, lugar donde van a dar las aguas servidas. El oportunismo como norma interna del PDG está plenamente reconocido con la instauración de la Green Cart con la cual no obliga a los parlamentarios de PDG a votar con la mayoría que acordaron. Hoy, lo que no está claro son las opacas negociaciones del PDG no informadas por las partes con un gobierno que cuenta con una mayoría parlamentaria consistente -42 diputados Cambio por Chile y 34 Chile Vamos-, quien, como se ha visto, también negocia tanto con el PPD como con el PS, ya sea explícita o implícitamente, como lo muestra el conflicto de liderazgos en el PS.

Lo que se va haciendo cada vez más claro es que Parisi quiere recoger el legado de centro derecha que dejó Sebastián Piñera, amenazado por la hegemonía de la extrema derecha republicana y libertaria, -sobre todo amenazada por el riesgo de otro estallido social-, pero lo claro es que el oportunismo no resuelve eso, decimos el oportunismo sobre si los problemas de la gente los debe resolver el Estado o el mercado. Pues sucede que la clase media emergente que se mueve entre el empleo inestable pero al mejor pago posible y el auto emprendimiento de muchos riesgos, grandes sacrificios y pocos éxitos, o todos ellos a la vez, quiere a la vez, y sobre todo cuando le sobreviene que “no alcanza para el mes” o la salud doblega el presupuesto familiar, que el Estado, en lo concreto el gobierno, responda por ellos.

Cuatro son los hechos políticos más importantes que marcan estos cuatro meses de gobierno del presidente Kast: por una parte, para la imposición de la Megarreforma Tributaria, caracterizada por tres hitos: (1) rebaja el impuesto a las ganancias de las grandes empresas, del 27% al 23%, (2) instaura la integración tributaria por la cual si pagó la empresa su impuesto el empresario no lo paga por sus ganancias allí obtenidas, y (3) la invariabilidad tributaria por la cual estos impuestos no cambiaran por 25 años si se invierte en el país.

En cambio, desde la gente el hecho político más importante es su rechazo a la gestión del gobierno, cosa que nunca antes había acontecido tan rápido, hoy según Cadem la aprobación del presidente Kast es de sólo el 39% y el rechazo se eleva al 56%. Según Criteria, la aprobación del mismo sería del 37% y la desaprobación del 52%. Este rechazo arrancó con la torpe alza de los combustibles a causa de la guerra de EEUU contra Irán por la no aplicación del MEPCO, fondo para eso previsto. Este es el segundo hecho político.

Pero el hecho de opinión más importante hoy es el cambio de prioridades, según Cadem e IPSOS, mientras que la preocupación por la delincuencia solo es referida por el 61% de la población, en cambio, economía y empleo es la primera preocupación del 67% de esa población. No olvidar que este gobierno ganó las elecciones proponiendo la tarea patriótica de derrotar al Tren de Aragua y todas las otras formas del crimen organizado. Ya lo más preocupante hoy no es el temor a ser víctima de la delincuencia, sino que la angustia de no llegar a fin de mes con el presupuesto familiar (mal que mal algo así como el 70% de las familias debe el 70% de sus ingresos). Este es el tercer tema político en desarrollo.

Además, mientras que la población se ve tan agobiada con la imposibilidad de llegar a fin de mes que cambia su preferencia problemática de la seguridad a ciudadana por el “crecimiento económico”. Por otra parte, por el gobierno se trata de establecer a como sea, junto y a continuación de la reforma tributaria que rebaje los impuestos a las grandes empresas, a los grandes empresarios y los grandes contribuyentes, que se debe imponer la reforma laboral, renegociando la jornada de 40 horas, la protección ante el despido injustificado y bloqueando la negociación ramal, ésta que es la base de la organización sindical contemporánea, en el proceso de desarrollo de la productividad del trabajo y las fuerzas productivas, con la asunción de nuevas tecnologías como la tecnologización y automatización del trabajo y la inteligencia artificial. Este es el cuarto tema político que se viene.

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Ibán de Rementería- Corporación Ciudadanía y Justicia

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