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Che Guevara, Símbolo de Lucha- Parte 5: Guerrillerismo y Marxismo

Che Guevara, Símbolo de Lucha- Parte 5: Guerrillerismo y Marxismo

 ernesto-che-guevaraNingún revolucionario desarrolla ideas en un vacío social o en total aislamiento. En este sentido, las ideas que desarrolló y apoyó el Che Guevara no eran ninguna excepción. Mirando la vida del Che, nadie que se considere revolucionario, que luche contra la explotación y la opresión, puede cuestionar su heroísmo, determinación y sacrificio personal. Para cuando llegó a Cuba estaba entusiasmado con la idea de que el socialismo habría de construirse por toda Latinoamérica para liberar a las masas de la explotación y al continente de la dominación imperialista.

Sin embargo, el Che carecía de una comprensión clara de cómo podía hacerse esto y qué clase social tendría que jugar el papel dirigente para lograrlo. Desde el punto de vista marxista, la deficiencia más importante en las ideas del Che era que subestimaba el papel de la clase trabajadora para derrocar el capitalismo y construir el socialismo.

Debido a las condiciones específicas que existían en Cuba, esta deficiencia no le impidió derrotar a Batista o que llegara al poder la fuerza guerrillera con la que el Che luchaba. Debido a factores internacionales y al ímpetu de la revolución, tampoco impidió el derrocamiento del capitalismo en Cuba (como se verá en capítulos siguientes).

Pero sí configuró el carácter del nuevo régimen que habría de emerger tras el triunfo de la revolución. Además, cuando las ideas del Che hubieron fueron aplicadas más tarde a otros países de Latinoamérica, donde las condiciones objetivas eran muy diferentes, fracasaron. Muchos revolucionarios genuinos y heroicos emplearon sus energías y no pocos dieron susvidas intentando aplicar sus ideas incompletas.

Lo que el Che no absorbió de sus estudios de literatura marxista fue la experiencia de la Revolución Rusa de 1917 y las ideas de la Revolución Permanente. Concretamente, no comprendió el papel de la clase trabajadora incluso en países donde ésta constituya una minoría en la sociedad.

Desgraciadamente, tras la llegada al poder de la clase obrera rusa, la revolución no resultó victoriosa en los países desarrollados industrializados. La victoria bolchevique permaneció aislada. Una combinación de intervención militar de los ejércitos imperialistas occidentales y de guerra civil agotó al movimiento obrero ruso. Aunque el capitalismo permaneció derrotado en Rusia durante un periodo histórico prolongado de tiempo, hasta la restauración capitalista de 1989/92, la clase trabajadora estuvo desposeída políticamente de su control de la sociedad. Este control le fue usurpado por la emergencia de una despiadada élite burocrática y privilegiada.

El Che no fue capaz de comprender las lecciones de la Revolución de 1917 ni de los acontecimientos posteriores. Hacer esto y aplicar las lecciones de estos acontecimientos a las condiciones específicas emergentes en Latinoamérica requería un gigantesco y audaz salto adelante en la comprensión y visión política. En aislamiento y bajo la influencia de acontecimientos e ideas alternativas, el Che no pudo completar el salto que se requería y se requiere aún para aplicar los métodos del marxismo a las condiciones concretas que existen en el continente.

Bajo el capitalismo, la clase trabajadora se ve obligada a luchar colectivamente mediante huelgas, manifestaciones y ocupaciones etc. para ganar concesiones y defender sus intereses. Por supuesto, donde sea necesario, el movimiento obrero también necesita organizar su propia defensa del ataque armado de los patronos y de los que defienden sus intereses.

El papel decisivo de la clase obrera en la revolución social surge debido a la conciencia colectiva de clase que se desarrolla en los centros de trabajo, que le permite preparar las bases para la gestión y control democrático colectivo de la sociedad. Esto sienta las bases para establecer una democracia obrera que inicie la tarea de construir el socialismo. Al incorporar en su programa socialista los intereses de otros sectores explotados de la sociedad, la clase trabajadora puede ganar su apoyo para llevar adelante la revolución y derrocar el feudalismo y el capitalismo. Así, el proletariado juega el papel dirigente en la revolución y en la construcción del socialismo.

La Lucha Rural y el Marxismo

Los campesinos pobres, a la vez que pueden jugar un importante papel revolucionario en la lucha, carecen de la conciencia colectiva de clase que predomina entre la clase obrera. El campesinado, debido a su aislamiento en las zonas rurales y a su relación económica con la tierra, con su estrecha e individualista visión provinciana, no puede jugar el mismo papel en la revolución que los trabajadores en las ciudades.

El marxismo, a la vez que defiende el papel dirigente de la clase trabajadora en la revolución socialista, también reconoce la importancia de la lucha en el campo, especialmente entre los jornaleros y los sectores más pobres del campesinado.

Incluso hoy, tras una masiva urbanización social en Suramérica, existen importantes vínculos entre las zonas rurales y la población urbana, especialmente la clase obrera. Este es significativamente el caso en Centroamérica. Los trabajadores de las ciudades vuelven periódicamente al campo para trabajar o ayudar a sus familias que siguen allí. Parte de los sectores pobres de la ciudad, que habitan en barriadas o en la periferia de las grandes ciudades, viven casi como campesinos en las afueras de los centros industriales.

Estos sectores de la población son susceptibles de verse afectados por los movimientos rurales y, con frecuencia, adoptarán los métodos de lucha empleados principalmente por campesinos y trabajadores rurales. Estos métodos de lucha incluyen las ocupaciones de tierra y la formación de contingentes de grupos armados para luchar contra el ejército, la policía y los sabuesos armados utilizados por los terratenientes para proteger sus intereses. Bajo ciertas condiciones estos movimientos en el campo pueden explotar como antesala de movimientos en las ciudades y pueden estimular la confianza de los trabajadores urbanos.

Este proceso se ha visto recientemente en el levantamiento Zapatista en Méjico (milicia radical fundamentalmente rural) y en el movimiento explosivo de los campesinos sin tierra brasileños organizados en el MST (Movimiento Sem Tiera).

Un programa marxista revolucionario apoyaría dichas luchas en el campo y daría los pasos para incorporarlas al movimiento obrero en las ciudades. No obstante, jugarían un papel auxiliar del movimiento en las ciudades.

El Che, influenciado por una combinación de factores, sacó otras conclusiones que subestimaban el papel de la clase obrera. Sus conclusiones se desarrollaron durante un periodo de tiempo y se fueron formando mediante sus observaciones, discusiones y participación en el movimiento cubano. Sus ideas se expresaron de forma más clara en artículos y publicaciones tras la conquista del poder por el Movimiento 26 de Julio en 1959. Una de las explicaciones más completas de su política hay que encontrarlas en su obra Guerra de Guerrillas, que no se publicó hasta 1960.

Una Concepción Diferente

En parte como resultado de su propio trasfondo social y porque no fuese un miembro activo de ninguna organización en el movimiento obrero, el Che nunca participó activamente en las luchas del proletariado propiamente dichas. Aparte de alguna actividad en Guatemala, su única participación activa en la izquierda revolucionaria fue mediante el Movimiento 26 de Julio y la lucha guerrillera en Cuba. Debido a esto, no pudo comprender el potencial y fuerza revolucionaria que los trabajadores poseían como clase.

Las experiencias e ideas políticas a las que se vio expuesto tuvieron inevitablemente un importante impacto en la formulación de sus hipótesis. Era susceptible a estar bajo la influencia de las poderosas tradiciones de las luchas históricas por todo el continente latinoamericano. Las guerras de independencia dirigidas por Simón Bolívar, que incluso planteó la idea de la unificación de todo el continente, la lucha de Sandino en Nicaragua, de Martí en Cuba y de otros durante el siglo XIX, junto a la Revolución Mejicana (1910-18) y los ejércitos campesinos de Zapata y Pancho Villa, todo forma parte de una fuerte tradición en el continente y está grabado en la actitud de los activistas políticos.

Estas luchas se dieron en una época histórica anterior, cuando el proletariado y el movimiento obrero se encontraban sólo en las fases más tempranas de su concepción. Desde ese periodo, la clase obrera se ha desarrollado enormemente por toda la región.

En Cuba, hacia 1953, según Hugh Thomas, sólo el 42% de la población trabajadora estaba empleada en el campo. A finales de los 50 había unas 200.000 familias campesinas y 600.000 jornaleros. En las ciudades se encontraban 400.000 familias del proletariado urbano, de las cuales 200.000 familias estaban empleadas como camareros, sirvientes y vendedores ambulantes. El peso social de la clase obrera cubana era mucho mayor a finales de los ’50 que el de la clase obrera rusa en 1917.

Además del peso de la tradición histórica, el Che también estaba influenciado al principio por las ideas expresadas por el peruano Pesce. Pesce articulaba las teorías que él y Maríategui habían empezado a defender durante los años 20. Ellos revisaron el análisis clásico del marxismo sobre el papel de la clase obrera y el campesinado, dándole más importancia a éste último en la revolución socialista. El Che también se sintió atraído por la victoria del ejército campesino de Mao Tse Tung en 1949 y por la lucha de liberación nacional de Vietnam. Sin duda, también estuvo influído por algunos de los escritos de Mao.

Los partidos comunistas latinoamericanos, aunque a nivel formal se adherían a la clase trabajadora en las ciudades, seguían la política de apoyo a los Frentes Populares. Esta política intentaba limitar las luchas de las masas para que no sobrepasaran los intereses del capitalismo. El Che y una amplia capa de la juventud latinoamericana consideraban esta política demasiado “dogmática” y buscaban algo más “radical”.

Para el Che, las ideas que defendía constituían un intento de aplicar un análisis “marxista” nuevo a las condiciones específicas de Latinoamérica. Fue incapaz de formular otra alternativa al papel pusilánime de los partidos comunistas que el de defender la lucha guerrillera como fuerza motriz de la revolución por todo el continente.

Debido a esto, la clase dirigente en la revolución era el “campesinado con una ideología proletaria”. Tal y como lo expresó en un discurso publicado en junio de 1960 titulado ‘Las Responsabilidades de la Clase Obrera en Nuestra Revolución’, ” … no es ningún secreto que la fuerza del movimiento revolucionario estuviera principalmente entre los campesinos, y secundariamente entre la clase obrera … Cuba, como todos los países subdesarrollados, no posee un proletariado poderoso.” El Che seguía diciendo en su discurso ” … el obrero a veces se convertía en un individuo privilegiado.”

En realidad, la posición “primaria” de los campesinos en la revolución redujo a la clase obrera a jugar el papel auxiliar. Todo lo contrario de lo que el marxismo explica, que la clase obrera es la clase capaz de jugar el papel dirigente en la revolución y de construir el socialismo.

Era cierto que los trabajadores en las ciudades de Cuba en la época disfrutaban de un nivel de vida más elevado que los campesinos en el campo. Detrás de la idea de una clase obrera “privilegiada” subyace la idea de que el potencial revolucionario de cualquier grupo social está sólo determinado por la profundidad de su pobreza. Lo que el Che no entendió fue el papel potencial de la clase obrera debido a su posición como clase. Un factor que contribuyó a que el Che llegara a esas conclusiones era el tímido papel de los dirigentes comunistas.

En su obra Guerra de Guerrillas el Che vuelve a menospreciar el papel potencial que puede jugar la clase obrera. Refiriéndose a las “tres contribuciones” que Cuba ha hecho en la estrategia revolucionaria, el Che argumenta: “La tercera contribución es fundamentalmente de naturaleza estratégica, y es una reprimenda a aquellos que dogmáticamente afirman que la lucha de las masas se centra en los movimientos urbanos, olvidando por completo la inmensa participación de la gente del campo en la vida de todos los países subdesarrollados de Latinoamérica.” Continúa argumentando que las condiciones represivas que existen en las ciudades dificultan el movimiento obrero organizado. La situación, continúa, es más fácil en el campo, donde los habitantes pueden ser “apoyados por las guerrillas armadas”.

El Che de nuevo no entiende el punto central sobre el papel de los trabajadores como clase para construir el socialismo y reduce la cuestión de la revolución a un tema importante, la logística. El problema radica en cómo se pueden superar las dificultades que encuentra el movimiento en las ciudades. El Che, desgraciadamente. huye de esta cuestión a las montañas donde las guerrillas pueden “apoyar” a los habitantes del lugar.

Teoría Foco

En la misma obra afirma que ” … el lugar para la lucha armada debe ser básicamente el campo”. Los centros de guerrilla descansarían sobre el apoyo del campesinado y actuarían para inflamar un movimiento que derrocara los regímenes establecidos -la teoría “foco”. Cuando el Che defendía esta tesis, fue desarrollada en una política definida por Regis Debray, el intelectual francés que la generalizó por todo el continente y fuera de sus fronteras. El Che citaba a Debray en 1963 en un artículo titulado ‘Construyendo un Partido de la Clase Obrera’: “Fuimos del campo a la ciudad, de lo menor a lo mayor, creando el movimiento revolucionario que culminó en La Habana”.

Más que guerrillas que “crearan” el movimiento revolucionario, lograron llenar un vacío político y tomar la iniciativa. Esto fue posible debido a la situación objetiva específica que se desarrolló en Cuba. Cuando el Che intentó aplicar sus ideas a otros países de Latinoamérica, terminaron en fracaso.

Los marxistas reconocen que, bajo ciertas condiciones específicas, una lucha guerrillera en el campo donde la clase obrera no está jugando el papel dirigente, puede resultar victoriosa y derrocar al régimen existente.

Sin embargo, sin una clase obrera conscientemente a la cabeza del proceso revolucionario, no será posible establecer un nuevo régimen basado en la democracia obrera que pueda comenzar la tarea de construir el socialismo.

A pesar del enfoque equivocado del Che hacia estas cuestiones, su apoyo a la idea del socialismo habría de tener un profundo efecto en los procesos que se dieron dentro del Movimiento 26 de Julio y en la dirección futura del proceso revolucionario en Cuba.

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