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Capitalismo Global en Crisis: El colapso de Wall Street en 2008

Capitalismo Global en Crisis: El colapso de Wall Street en 2008

wall-street-locuraPeter Hadden, Socialist Party, CIT en Irlanda.

30 de octubre de 2008.

Según todos, el lunes 29 de septiembre fue un día malo para el capitalismo mundial. La noticia que el congreso estadounidense había rechazado el paquete de rescate de $700 billones de dólares, pese a que el Secretario de Tesoro, Henry Paulson, literalmente había suplicado “arrodillado”, causó una caída libre de las bolsas de valores por todo el mundo. Las acciones estadounidenses registraron su peor pérdida desde la caída del “Lunes Negro” de octubre de 1987.

Asimismo, creció la cantidad de bancarrotas bancarias. Un analista financiero de Londres habló con incredulidad de la noticia que cinco bancos habían colapsado antes del almuerzo. Entre estos estaba el sexto prestador bancario más grande de los EEUU, Wachovia, previamente considerado bastante seguro para que antes fuese presentado como un salvador potencial del banco de inversión fracasado, Morgan Stanley. Fuera de los EEUU, bancos fracasados de Bretaña, Bélgica, Alemania e Islandia fueron rescatados por tomas, inyecciones de capital o mediante nacionalización parcial o total.

Después de todo, un día malo, pero no el primero y definitivamente no el último que vamos a ver antes de que la economía toque suelo de esta crisis. Consultado sobre cuantos de los 8,500 bancos estadounidenses sobrevivirían, Ken Lewis, ejecutivo general del Bank of America, dijo francamente sin aumentar confianza, “más o menos la mitad”. El diagnostico para los bancos europeos es poco mejor.
Inicialmente, el congreso votó “no” al paquete por el temor de una reacción furiosa de votantes estadounidenses pero también porque algunos republicanos todavía mantuvieron el punto de vista, expresado por el congresista republicano, Jeb Heensarling, que este tipo de “intervención estatal” en el mercado “libre” es un “camino resbaloso al socialismo”.

Este punto de vista ahora está en la minoría entre los capitalistas de los EEUU y el mundo. Gobiernos, incluyendo los gobiernos derechistas que más abrazaron al neoliberalismo, han sido forzados a respirar largo y profundo, y aceptar que la alternativa a la inyección de cientos de billones de dólares de dinero estatal en un intento de recapitalizar los bancos y poner crédito una vez más al sistema, es un colapso financiero, y una recesión económica de la gravedad de lo que ocurrió en los años 30’s.
Entre 1928 y 1933, hubo alrededor de 11,000 fracasos bancarios en los EEUU. Fue el miedo de que esto pudiera pasar otra vez que impulsó al congreso volver a votar y aprobar una versión alterada del paquete de rescate de Paulson.

Pese a las protestas de algunos neoliberales intransigentes, esta forma de intervención del estado no tiene nada que ver con el socialismo. El estado ha dispuesto usar los impuestos del pueblo para comprar la basura toxica de paquetes de deuda sin valor, que han sido dispersado por el sistema financiero mundial. La deuda está siendo nacionalizada pero, donde es posible, cualquier cosa que podría rendir ganancias está siendo fusionado o vendido a precios por el suelo a instituciones rivales.
Tampoco, es nada nuevo, incluso en la época reciente de neoliberalismo y desregulación financiera. Cuando las instituciones de Ahorros y Prestamos Estadounidenses colapsaron los fines de los años 80’s, el estado intervino con una nacionalización de facto y un rescate de $153 billones de dólares.

Los mercados financieros de Suecia fueron des-regulados en 1985. Dentro de un par de años, habían acumulado un montón de préstamos sin valor y el sector bancario tuvo que ser rescatado. El gobierno tomó control de dos de los siete bancos más importantes. También tiró billones de “Kronas suecas” a un banco “malo”.

Una diferencia entonces—aparte de la escala más contenida—fue el hecho de que el crecimiento posterior de los EEUU y la economía mundial generó un alza de los precios de bienes y estas instituciones pudieran recuperarse. El estado fue capaz de reasumir su “servicio normal” y devolverlas al sector privado.

Esta vez, las perspectivas para el capitalismo mundial, aún aceptando que el rescate con respaldo congresista ofrece un especie de red de seguridad, no son tan optimistas. Incluso si evitamos una recesión muy profunda, es probable que cualquiera recesión sea seguida por un periodo prolongado de estancamiento. La explosión de la burbuja económica japonesa de los fines de los años 80’s fue seguida por una década pérdida de estancamiento y deflación. El capitalismo mundial puede enfrentarse contra de un escenario similar—o peor. Probablemente este es el precio que será cobrado por la fiesta especulativa y el crecimiento dirigido por burbujas de la última década y media.

Los economistas ahora están culpando completamente a los especuladores financieros y poniendo toda su esperanza para un futuro mejor en la doctrina “nueva” de regulación financiera.

No cabe duda de que la especulación y avaricia—especialmente de los mercados financieros de las sombras—han jugado un rol importante llevándonos al lugar donde estamos ahora.

Ayudado por el crédito barato, una burbuja financiera se expandió en los años previos a la contracción del crédito—y mientras seguía expandiéndose, hasta la aventura más riesgosa pareció segura. El ‘apalancamiento’, —cuando una suma inicial de capital está respaldado por un préstamo mucho más grande para hacer una inversión o una compra, llegó a niveles sin precedente—en algunos casos hasta 100 a 1. El ‘apalancamiento’ permite un porcentaje alto de ganancia sobre el capital inicial, mientras todo anda bien; por eso, en periodos de auge, las instituciones financieras se encontraron compitiendo en una carrera de apalancamiento para aprovecharse de la bonanza de ganancia. Pero en tiempos malos, el apalancamiento significa que una contracción pequeña resulta en una caída robusta.

¿Inversiones sin riesgo?

Las ganancias, y junto con ellas, beneficios enormes para todos los que estaban al centro de todo esto, fueron promovidos a causa de la idea de que los nuevos, y cada vez más complejos vehículos que fueron inventados para ‘empaquetar’ las transacciones financieras las habían convertido en “sin riesgo”. Instrumentos de crédito, empaquetados de acuerdo con formulas de computadora muy complejos, que al fin de todo fueron basados en premisas subyacentes—o índices de crédito—que terminaron siendo equivocadas, fueron vendidos como inversiones “sin riesgo”.

Por años, y especialmente durante los primeros años de este siglo, la palabra “mágica” para los especuladores fue “asegurización”[1]. Paquetes de “valores”[2], respaldados por otros paquetes de seguridades, pero en último termino basado en hipotecas impagables, y otras deudas, fueron ‘empaquetados’ y vendidos. De un papel mínimo de los mercados financieros, avanzamos rápido al punto donde dos tercios de préstamos hipotecarios fueron “asegurizados” de esta manera. Pero ahora la mayoría de economistas admiten, y la contracción de crédito corriente prueba, que esta “dispersión” de riesgo se ha convertido en “contagio” de riesgo, y los efectos tóxicos están siendo sufridos mundialmente.

Pero no es sólo un problema de unos cuantos especuladores que podrían ser controlados por la regulación. Algún grado de especulación es inherente en el sistema financiero, donde las bolsas de valores siempre han sido una forma de apostar, y donde por mucho tiempo ha habido mercados de futuros y otras formas de apostar para ganar dinero. Lo que hemos visto recientemente no es otra cosa que el sistema llevado a su extremo.

Las instituciones financieras, y los que las manejan, existen para ganar dinero—y lo más que puedan. Incluso mientras el paquete de rescate de Paulson estaba siendo debatido en el congreso estadounidense, Wall Street estaba buscando formas de aprovecharse de ello. Algunas empresas abogaban por la inclusión de todas formas de deuda mala, no sólo hipotecas. Otros resistían cualquier sugerencia de que los salarios de los ejecutivos fuesen minimizados, indicando que no iban a aceptar la oferta del dinero si esto fuese una de las condiciones.

No es posible controlar lo que no es tuyo. La regulación sin nacionalización y control popular no es ninguna solución. Cualquier persona que lo duda debe ver el sector supuestamente muy regulado de la energía del Reino Unido donde los dueños privados tienen la capacidad de dictar los términos y gozan de ganancias enormes.
Quizás la crisis, por el momento, está concentrada en el sistema financiero, pero es una crisis del sistema entero, no solamente un problema de los mercados des-regulados de dinero. La fiesta financiera especulativa, y la explosión masiva de crédito son síntomas de las debilidades subyacentes del capitalismo.

Las últimas dos décadas han visto el ascenso fenomenal del poder global del capital financiero. En 1980, el total de bienes financieros globales fue aproximadamente igual al Producto Interior Bruto (PIB) mundial. En 2005, fueron 3,7 veces el PIB mundial.
Esta dominación creciente del capital financiero, junto con su creciente enfoque en inversiones especulativas al corto plazo es una señal de la falta de confianza de la clase capitalista entera en el futuro de su sistema. Ha habido falta de inversión en los sectores industriales y de manufactura que producen riqueza y en investigación y desarrollo. Al contrario, el capital ha perseguido la ganancia al corto plazo, algunas veces tan corto plazo que beneficios enormes eran dados por cada acuerdo nuevo. Toda la compra y venta frenética de los mercados financieros ha tenido más que ver con la redistribución de valor que la creación de valor nuevo.

El surgimiento de China

El crecimiento de la economía mundial desde los principios de los años 90’s ha sido basado en los factores relacionados de dinero barato—y, por eso, deuda—inflación baja y mano de obra barata. Tratando con estos factores en el orden revés, el surgimiento de China, y al grado menor de India y Rusia, más o menos dobló la fuerza laboral mundial, sumando alrededor de 1,5 billones de obreros nuevos. Sin un incremento correspondiente de la cantidad de capital invertido en el sistema, el resultado ha sido la disminución del costo de salarios y un incremento enorme de ganancias.
China, en particular, se ha convertido en la fuerza laboral del mundo de productos básicos de consumo, que son producidos y vendidos baratos, a causa de sus bajos salarios y condiciones labores de semi-esclavitud. La inundación de bienes baratos chinos al mercado mundial ha mantenido la inflación baja y, asimismo, el desarrollo fenomenal de China ha aumentado la demanda para, y también el precio de, materias primas y de esta manera ha ayudado evitar la amenaza opuesta de deflación.

El mercado sostenido por el crédito

El crédito y la deuda en expansión han sostenido el mercado para los bienes que han rebalsado de China. Este mercado se ha concentrado en los EEUU, donde los ciudadanos estadounidenses han actuado como el consumidor del mundo de último recurso, tomando prestado el dinero que les ha permitido seguir comprando. Han podido hacer esto debido a la fuerza de burbujas sucesivas, primero fue el incremento dramático de precios de acciones—el auge del dot.com—y, más reciente, la burbuja de precios de vivienda.

El dólar se mantuvo fuerte, pese a un déficit inmenso, sólo porque una parte del superávit chino—y más reciente el de otros países, incluyendo los países productores del petróleo—fue reciclado otra vez en los EEUU, parte de ello en las compañías financieras que ahora están con problemas. Un cuarto de las reservas chinas han sido invertidas en instituciones ligadas con el gobierno estadounidense, incluyendo las recién nacionalizadas empresas hipotecarias, Fannie Mae y Freddie Mac. Por el otro lado, el dólar fuerte mantuvo barato a los productos chinos y el poder estadounidense de comprarlos.

Ahora, mientras los problemas de los mercados financieros empiezan a afectar la economía real, este balance delicado amenaza con perderse rápidamente. Salarios congelados, poco crédito y precios más altos de productos de consumo todos son factores que, junto con la incertidumbre creciente, tendrán un impacto pesado sobre los gastos de consumo en los EEUU y otros lugares.

Hay evidencia de que muchos hogares de los EEUU al principio respondió a la deuda hipotecaria usando sus tarjetas de crédito para pagar sus deudas en vez de perder sus casas. Todo esto anuncia una baja dramática de gastos de consumo mientras los trabajadores tratan de pagar sus préstamos y rellenar sus ahorros.
Hace poco tiempo, los economistas nos estaban asegurando que la emergencia y integración completa de China e India dentro de la economía globalizada garantizaría el crecimiento perpetuo, hasta el horizonte económico y más allá. Luego, cuando la contracción de crédito llegó, hubo una nueva “línea”—que India y China se “des-acoplarían” del resto de la economía mundial y escaparía de la crisis. Más recientemente, los defensores de “des-acoplamiento” se han quedado en silencio.
Han pasado caídas fuertes de las bolsas de valores de China e India y especialmente de Rusia, donde la bolsa se ha cerrado de emergencia varias veces para prevenir que el mercado de valores colapsara completamente. El gobierno ruso ha tenido que depositar billones en el sistema bancario mientras el gobierno indio ha sido forzado a gastar $7 billones de sus reservas para apoyar la rupia. Pese a un rescate anterior de $500 billones de dólares, los bancos chinos, de acuerdo con el libro de David Smith, El Dragón y el Elefante, todavía están considerados por muchos economistas como “una catástrofe económica esperando pasar”.

Cualquier baja del “poder de comprar” de las mayores economías inevitablemente impactará las exportaciones chinas y luego su economía domestica. El crecimiento del volumen de exportaciones ya ha sido reducido a la mitad este año. Una baja del dólar lo impactará aún más, haciendo las importaciones chinas—y otras importaciones—más caras dentro de los EEUU. También, desvalorizará los bonos en dólar de China, Rusia, los estados del golfo y otras naciones con superávit. Sin embargo, una retira de los dólares de los Fondo Soberanos de Riqueza podría causar el colapso continuado del dólar y esto exacerbaría el problema.

La crisis ya se ha extendido a la economía real. Cifras de la zona europea muestran que su economía se contrajo en el segundo trimestre de este año, y hay pocas señales de un mejoramiento desde este entonces. Irlanda, anteriormente el actor económico más fuerte de Europa, es el primer país de la zona europea de declararse oficialmente en recesión. La economía japonés también se contrajo en el segundo trimestre y ahora podría estar en recesión. De acuerdo con una análisis anual, tanto las ventas al por menor como la producción industrial de los EEUU ya son negativas, y la mayoría de los economistas están anunciando un menor crecimiento de la economía total antes del fin del año.

Las crisis interrelacionadas

Un peligro para el capitalismo es que esto se convierta en una crisis interrelacionada, cuando una serie de problemas podría causar nuevos problemas los cuales, también, podrían agravar los problemas originales. Este efecto de contagio se sintió en los principios de la crisis japonesa, donde los bancos reaccionaron a la caída de la propiedad inmobiliaria cortando los préstamos. Luego, la baja económica causó una segunda ola de impagos.

Hoy, con restricciones estrechas sobre el crédito, con las tasas de créditos inter-bancarios a niveles históricos haciendo que el poco crédito que hay sea aún más caro, se pone más difícil y costoso para las empresas tomar prestado dinero. Si esto continúa—y se han tomado medidas desesperadas de lubricar los mercados con dinero estatal en un intento de evitar esto—la recesión probablemente sea aún más larga y profunda.
Charles Morris, en su libro, The Trillion Dollar Meltdown, nota que, aunque la mayoría de las empresas, mediante una combinación de ganancias altas y pocos gastos de capital, pasaron por los años de crecimiento con grandes balanzas de efectivo, hubo una “cola” de deuda corporativa mala llegando a alrededor de $5,7 trillones antes del fin de 2006. Una contracción de crédito en el contexto de una recesión podría empeorar la situación, dejando que los bancos se enfrentan contra de una nueva ola de impagos de deuda, esta vez de deudores corporativos en vez de individuales.

Las medidas que se están tomando para tratar de prevenir el colapso del sistema financiero podrían causar, por si mismos, problemas posteriormente. Los billones que se están gastando para re-capitalizar los bancos y garantizar malos préstamos dejan menos para gastar en otras cosas. Esto hace más difícil al gobierno aflojar el presupuesto o tomar medidas para superar la recesión profunda gastando más.
Es imposible decir con certeza cuán profunda o prolongada será la recesión. Pero la única certeza que los economistas ahora reconocen es que todavía habrá muchas malas noticias.

Estos acontecimientos ya han debilitado fuertemente la ideología de los defensores del capitalismo. Su ofensiva ideológica en contra del movimiento de la clase obrera y en contra de las ideas del socialismo ha sido detenida. Pasará mucho tiempo antes de que tengamos que escuchar otra vez sobre “el fin de la historia”, o “el fin del estado”, o de “la supremacía absoluta del mercado libre” o cualquier otra de las consignas del neoliberalismo.

Son los ideólogos y apologistas del capitalismo quienes ahora están huyendo, intentando encontrar nuevas justificaciones para un sistema que claramente no funciona. Es ahora de que el movimiento de la clase obrera, que estuvo retrocediendo ideológicamente—y en términos organizativos también—puede asumir nuevamente la ofensiva.

La defensa de la alternativa socialista opuesta a la locura económica del capitalismo ahora puede hacerse de una manera que será entendida, aceptada y promovida por la clase trabajadora. Las fortunas personales de los 15,000 pagadores de impuestos más ricos de los EEUU tienen un valor de $384 billones de dólares. ¿Por qué debemos utilizar los impuestos de los obreros para salvarlos a ellos y su sistema?
¿Por qué las nacionalizaciones deben ser una cama económica de recuperación para las instituciones enfermas del capitalismo? ¿Si las empresas en bancarrota pueden ser tomadas de la noche al día, por qué no se puede nacionalizar a las empresas con altas ganancias? Por qué no pueden ser puestos bajo el control democrático de los trabajadores y del pueblo para que el dinero generado sea utilizado para el beneficio de la sociedad entera y no para llenar los bolsillos de los que ya son super-ricos. Los acontecimientos que ahora están dominando los títulos de las noticias cada día están proveyendo un argumento incontestable para el socialismo.

[1] En español a veces se traduce también como ‘titularización’.
[2] ‘Securities’ en ingles.

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